La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 7

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—¿No me llamaste jefe?

Cuando se lo señaló, los ojos estrechos de Eunsol se abrieron de par en par y sus pupilas se movieron inquietas. Las comisuras ligeramente elevadas de sus ojos no lo hacían parecer un depredador feroz, sino más bien un gato con la cola erizada.

—N-no. Eso, quiero decir… e-el ambiente era…

Resultaba divertido cómo lograba decir todo lo que quería incluso mientras tartamudeaba.

—¿C-cómo debería llamarlo? U-usted nunca me lo dijo.

—¿Siempre tartamudeas así?

—¿No?

¿Ves? Se está poniendo a la defensiva.

No había forma de que realmente le tuviera miedo. Si fuera así, no estaría plantado delante de la doctora de esa manera.

Quizá él también se dio cuenta, porque Eunsol volvió a mirar alrededor con disimulo.

—¡E-es porque usted me está mi-mirando mal ahora mismo!

¿Qué clase de tratamiento era «usted» en ese contexto?¹

—¡Puhaha!

Jaebeom finalmente soltó una carcajada.

—Este tipo es hilarante.

Incluso Kwak Sang sacudió la cabeza con incredulidad.

En toda su vida, era la primera vez que veía a alguien comportarse con tanta insolencia frente a su jefe… no, frente a su superior.

Para ser exactos, normalmente quienes lo hacían terminaban con brazos o piernas rotas, dientes perdidos o el rostro deformado.

Pero Jaebeom reía como si algo le resultara divertido, e incluso se limpió las lágrimas con un dedo.

—Es cierto. Olvidé presentarme.

Jaebeom sacó un estuche plano y plateado del bolsillo de su saco.

Tomó una tarjeta y se la tendió a Eunsol.

—¿Qué haces? Tómala.

Eunsol miró el pequeño rectángulo que se agitaba frente a sus ojos y luego lo aceptó.

Sobre el fondo negro, las palabras Pyo Jaebeom, director ejecutivo de Sunshine Savings Bank estaban grabadas en dorado.

¿Quién hace tarjetas de presentación con estos colores?

No era un bar ni un club de entretenimiento.

Era innecesariamente llamativa.

—Eh… entonces… ¿director ejecutivo?

Eunsol probó con cautela aquella forma de dirigirse a él.

—Será mejor que me llames así.

Jaebeom sonrió de lado.

Pero aquella sonrisa parecía una burla.

¿Y banco de ahorros?

Él pensaba que solo era un jefe gánster.

Aunque, pensándolo bien, por eso se vestía con tanto estilo y salía a trabajar.

—Entonces mi presentación está hecha. Ahora escuchemos la de Lee Eunsol-ssi.

Jaebeom no prestó ni una pizca de atención a la doctora, que todavía temblaba sin saber qué destino le esperaba, y fijó los ojos en Eunsol.

Tenía un rostro que, a ojos de cualquiera, parecía provocativamente omega, y la forma en que sostenía una afirmación tan absurda le resultaba intrigante.

—N-no, lo que pasa es que…

Eunsol se mordió el labio y empezó a devanarse los sesos.

Por más vueltas que le diera, no tenía sentido.

Aunque hubiera transmigrado a un drama, ¿cómo podía cambiar su rasgo?

Normalmente, en esos casos, la configuración oculta era que siempre había sido omega, pero recesivo, y no lo sabía.

Pero Eunsol jamás había escuchado algo así de su abuela.

Mi padre habría sido indiferente de todos modos.

Recordaba claramente a su abuela yendo al ayuntamiento para sacar su registro de rasgos y presentarlo en la escuela cuando se transfirió.

—No… pero… ¿por qué el hombre que dice ser mi padre fue a verlo a usted, director ejecutivo?

Como no conocía el pasado del protagonista omega en el drama, cambió de tema con lo primero que se le ocurrió.

Después de decirlo, se dio cuenta de que de verdad tenía curiosidad.

¿Cómo había acabado el padre del protagonista llevándole el registro de rasgos de su hijo omega a Pyo Jaebeom?

No, al protagonista alfa.

—Debió de ver un anuncio buscando un omega.

Las palabras casuales de Pyo Jaebeom hicieron que Eunsol ladeara la cabeza.

—¿Qué?

—¿Por qué? ¿Es extraño?

—Eh… ¿usted dijo que publicó un anuncio buscando un omega?

¿Realmente lo había hecho así?

Cuando preguntó de nuevo, incrédulo, Jaebeom asintió con total descaro.

Guau.

Era un método escandaloso.

¿Todos los gánsteres son tan creativos?

El padre que acudió a él después de ver aquello tampoco se quedaba atrás.

Jaebeom observó a Eunsol, que sacudía la cabeza y chasqueaba la lengua como si el asunto no tuviera nada que ver con él, como si estuviera contemplando algo curioso.

Luego hizo una seña a la doctora, que todavía temblaba.

—¿Qué haces? Vete.

—¡Sí!

La doctora respondió de inmediato, se apresuró a recoger sus cosas y corrió hacia la entrada.

Eunsol miró la espalda de la doctora, que desapareció a toda prisa como si temiera que alguien la persiguiera, y volvió en sí al escuchar un chasquido de dedos.

—¿Ahora todas tus preguntas están respondidas?

—¿Qué? Sí…

Eunsol juntó las manos con educación e inclinó la cabeza.

Estaba mirando hacia la puerta cuando vio la sartén tirada junto a la entrada, y aquello le recordó lo que había hecho.

—Entonces, ¿qué debería hacer ahora Lee Eunsol?

Antes al menos lo había llamado Lee Eunsol-ssi, pero ahora incluso eso había desaparecido.

Eunsol pensó en aquel cambio de trato y encogió los hombros.

No se le ocurría nada.

Movió los ojos de un lado a otro, buscando una respuesta, y apenas logró recordar el contenido del contrato.

—Eh…

Decía que había entregado toda su libertad corporal a Pyo Jaebeom hasta quedar embarazado.

—¡Eek!

Al llegar a ese pensamiento, Eunsol retrocedió de golpe tambaleándose.

Más aún, cruzó ambos brazos y se cubrió el pecho.

Fue instintivo.

Pyo Jaebeom sonrió de lado con expresión desdeñosa.

Pero Eunsol lo miró con ojos cautelosos.

No lo hará a plena luz del día, ¿verdad?

Aunque no parecía alguien a quien le importara eso.

—Por tu culpa me alteré, y ahora tengo hambre. Prepárame algo.

—¿Qué?

—¿O prefieres que te arrastre a la cama ahora mismo?

—¡No!

Solo pensarlo lo hizo estremecer, así que Eunsol corrió de inmediato hacia la cocina.

Escuchó una risa detrás de él, pero no se atrevió a mirar atrás.

Se devanó los sesos pensando qué debía cocinarle.

Pero, debido al impacto de aquella exigencia inesperada, no se le ocurría nada.

Si siguiera su corazón, habría recalentado el estofado de pasta de soya que había sobrado del desayuno y se lo habría servido, pero si hacía eso, esta vez Pyo Jaebeom de verdad no lo dejaría pasar.

Abrió el refrigerador y revisó los ingredientes.

Primero vio brotes de soja orgánicos.

Después, pastel de pescado.

¡Arroz con brotes de soja y pastel de pescado salteado picante como guarnición!

Sí.

Con eso podía cocinar y servir la comida en diez minutos.

Decidió el menú de inmediato, tomó los brotes de soja y los lavó bajo el agua corriente.

Luego los dejó escurrir en un colador.

Tomó una olla gruesa, puso primero los brotes de soja y encima colocó el arroz que había preparado por la mañana.

Añadió tres cucharadas de agua y ajustó la cocina de inducción al fuego más bajo.

Volvió a abrir el armario y encontró chile en polvo, salsa de soya, azúcar y semillas de sésamo.

Intentó sacar del refrigerador ajo picado, cebollín y aceite de sésamo, pero encontró varias latas de atún apiladas.

—Oh… con eso también queda rico.

Tomó rápidamente una lata y escurrió el aceite.

Luego cortó el pastel de pescado en trozos adecuados, puso aceite en la sartén y lo salteó.

Normalmente lo habría sazonado con salsa de soya para darle un sabor dulce y salado, pero como el plato principal era arroz con brotes de soja, decidió que algo picante combinaría mejor, así que usó la salsa que ya había preparado.

El aroma picante se extendió por el aire y le abrió el apetito.

Mientras tanto, de la olla con la tapa cerrada empezó a salir el olor de los brotes de soja bien cocidos.

—¿Ya estará listo?

Eunsol abrió la tapa, revisó el contenido, asintió y apagó el fuego.

Llevó los platos a la mesa y asomó la cabeza fuera de la cocina.

—¡Venga a comer!

Como si hubiera estado esperando esas palabras, Pyo Jaebeom apareció.

Su caminar arrogante le recordó a un leopardo.

—¿Tú no vas a comer?

Pyo Jaebeom se sentó a la mesa, miró los platos e inclinó ligeramente la cabeza.

—Ah, sí. Comeré después.

Eunsol respondió con las manos detrás de la espalda.

Por supuesto, por dentro refunfuñaba que si comía con él ahora, acabaría con indigestión.

—Comamos juntos.

—¡Sí!

Aquel pensamiento desapareció al instante con una sola orden de Pyo Jaebeom.

—¿Ni siquiera sabes cuándo será tu celo?

En el momento en que escuchó aquella pregunta, la cucharada de arroz con brotes de soja que había levantado quedó congelada en el aire.

—…Así es, ¿no?

Parpadeó y respondió con la boca abierta como un tonto.

—Cierto. Si me convertí en omega, entonces también tendré un ciclo de celo…

Al darse cuenta, la nuca se le calentó.

¿Ese es el momento en que un alfa y un omega ruedan por ahí como bestias?

Eunsol no era exactamente inocente, pero tampoco tenía idea de lo que aquello implicaba en realidad.

Lo había visto indirectamente en los medios, pero eso era como observar un incendio desde la otra orilla del río.

Incluso al imaginar que podría ocurrirle a él, no conseguía hacerse una imagen clara.

—Hmm…

Pyo Jaebeom cruzó los brazos.

Su mirada recorrió el torso de Eunsol, luego su cuello, mandíbula, labios, nariz, ojos, cejas, frente y coronilla.

Incapaz de soportar aquella mirada, Eunsol apartó los ojos.

No sabía qué era exactamente, pero estaba seguro de que no debía encontrarse con los ojos del alfa.

El escrutinio persistente no mostraba señales de terminar.

—Entonces no se puede evitar.

Después de un minuto que se sintió como medio año, Pyo Jaebeom habló con un tono significativo.

¹ En el original, Eunsol usa una forma muy torpe y excesivamente formal para decir «usted», algo parecido a «la respetada persona de ese lado». Por eso Jaebeom lo encuentra absurdo.

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