La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62
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El incidente con Pyo Jaebeom terminó siendo una bendición disfrazada. El dolor de cabeza punzante, los escalofríos que recorrían su cuerpo y la fiebre abrasadora habían desaparecido por completo cuando despertó.

—Haaah…

Gracias a eso, Eunsol se encontró reflexionando sobre lo susceptible que era su propio cuerpo a la tentación.

—No. Solo fue porque se había acumulado demasiada tensión durante todo este tiempo. Claro. No hay otra razón. Solo eso.

Se convenció de ello mientras se llevaba una mano a la frente. Aún sentía un ligero calor, pero podía decirse que la fiebre ya había desaparecido por completo.

—Sí. De todos modos, nunca me enfermo por mucho tiempo.

Una de las fortalezas de Eunsol era que rara vez se enfermaba y, cuando lo hacía, se recuperaba rápidamente. Además, esta vez ni siquiera había necesitado medicamentos.

Simplemente resultó que Jaebeom lo había ayudado de una forma bastante extraña, lo que terminó provocando aquello…

—¡Maldición!

Al recordar la situación de antes de quedarse dormido, Eunsol se estremeció de vergüenza y se incorporó de golpe.

Sin embargo, su mirada acabó dirigiéndose hacia la parte inferior de su cuerpo. La manta lo cubría, pero la situación definitivamente era distinta a la de antes de quedarse dormido.

El problema, si es que había uno, era que no conseguía sentirse aliviado por aquella sensación.

—¡Voy a lavarme! Necesito bañarme.

Eunsol salió apresuradamente de la cama, intentando interrumpir la cadena de pensamientos que, cada vez que tenía oportunidad, se desviaban hacia lugares incómodos. Entró al baño, se quitó la ropa rápidamente y, al pasar frente al lavabo, se encontró mirando el espejo colgado en la pared.

Entonces sus labios, aún hinchados, llamaron su atención.

—¿Qué es esto?

Nunca se le habían hinchado así, salvo cuando comía algo extremadamente picante o le picaba un mosquito, así que se quedó desconcertado.

Eunsol abrió ligeramente la boca mientras se acercaba al espejo. Su labio inferior estaba completamente hinchado. Incluso había una pequeña costra formándose.

Al instante, el incidente con Pyo Jaebeom regresó a su mente.

—Ay, en serio…

Después de concluir que aquello era consecuencia del apasionado beso que habían compartido, cerró los ojos y volvió a abrirlos.

¿Por qué recordaba cada sensación? La forma en que la lengua se movía dentro de su boca, la manera en que se rozaba contra la suya.

El calor le subió inmediatamente al rostro.

Al parecer, su resfriado todavía no había desaparecido por completo. Y para apagar aquel calor, no le quedaba otra opción que ducharse cuanto antes.

Desesperado por escapar de la realidad, Eunsol apartó rápidamente la vista del espejo y se colocó bajo la ducha. Con las prisas por levantar la palanca, ni siquiera pensó en regular la temperatura del agua.

—¡Ah, está fría!

Sobresaltado, retrocedió de inmediato.

—¿Señor Eunsol?

Al escuchar aquella voz familiar, Eunsol se volvió y vio a Pyo Jaebeom observándolo con sorpresa.

—¡Ah!

¿Cuándo había entrado?

Igualmente sobresaltado, Eunsol dio un paso atrás y soltó un jadeo al sentir el frío sobre la cabeza y la espalda.

—Haa… ¿Qué está haciendo?

Pyo Jaebeom se acercó de inmediato, introdujo la mano bajo el agua para comprobar la temperatura y suspiró. Luego giró la llave hasta dejar el agua tibia.

—Entré porque pensé que ya era hora de levantarse. ¿Por qué está tomando una ducha fría teniendo un resfriado? Además, está embarazado. ¿No es algo que debería evitar?

Mientras escuchaba el regaño, Eunsol se quejó para sus adentros.

«Exactamente. ¿Y quién te dijo que aparecieras de repente? ¡Me pregunto si se da cuenta de que esto tampoco es bueno para los gemelos!»

Por supuesto, no dijo nada porque sabía que discutir aquello ahora no cambiaría nada.

—Parece que tiene algo que quiere decir.

—No. Solo me preguntaba por qué vino.

—¿Por qué más? Vine porque estaba preocupado por la condición de Lee Eunsol. No esperaba encontrarlo así, así que estoy un poco desconcertado.

Cuando la mirada de Pyo Jaebeom se posó sobre él, Eunsol se cubrió el pecho con ambas manos.

Al verlo, Pyo Jaebeom soltó una risa incrédula.

—¿Qué? ¿Pensó que iba a hacerle algo?

—No, no lo pensé.

—Bueno, sí. Intentar esconderse desde el principio hace parecer que usted tenía pensamientos impuros.

—¡Le digo que no! Ah, salga. Déjeme bañarme, rápido.

Sabiendo por experiencia que seguir discutiendo solo terminaría en su derrota, Eunsol empujó la ancha espalda de Pyo Jaebeom.

Cuando su mano húmeda lo tocó, Pyo Jaebeom arqueó una ceja. Aquella sensación fría y húmeda despertó en él una emoción extraña.

—¿Seguro que estará bien solo?

—Por supuesto. Ya estoy completamente recuperado.

—¿Ya?

Cuando Pyo Jaebeom colocó una mano sobre su frente, Eunsol contuvo la respiración por reflejo. Se obligó a mantener los ojos medio abiertos, esforzándose por parecer tranquilo.

Por supuesto, eso no impidió que su corazón, que ya latía con fuerza, se acelerara aún más.

—¿Q-qué…?

—Quizá sea porque está mojado, así que no estoy seguro. Pero parece que la fiebre ha bajado bastante. De todas formas, me quedaré aquí por si acaso.

—¡Le dije que estoy bien!

¿Qué podría pasar?

Eunsol negó vigorosamente con la cabeza, completamente frustrado. Ya era bastante difícil que siguiera recordando cosas embarazosas incluso cuando Pyo Jaebeom no estaba cerca.

—¿Está seguro de que se encuentra bien?

—Sí, de verdad.

—Mmm…

Pyo Jaebeom volvió a observar detenidamente a Eunsol.

Quizá debido a la iluminación amarillenta, su rostro parecía especialmente sonrojado.

Lo mismo ocurría con las comisuras de sus ojos.

Sin embargo, lo que más llamaba la atención eran sus labios hinchados.

—Ah.

Sorprendido por aquella repentina comprensión, Jaebeom se cubrió la boca y la barbilla con la mano.

Aun así, no pudo contener el leve sonido que escapó de sus labios.

Cuando Eunsol lo miró confundido, él se limitó a apartarse el cabello con la misma mano, como si no hubiera sucedido nada.

—Entonces deje la puerta abierta mientras se baña. Lo esperaré en la habitación.

—¡Pero qué demonios…!

¿Qué estaba pasando dentro de esa cabeza?

Ya era bastante vergonzoso pedirle que se marchara, ¿y encima respondía de esa manera?

Por supuesto, cualquiera podría pensar que Pyo Jaebeom solo estaba preocupado por él. Pero considerando la situación nada inocente que habían compartido antes de dormir, ¿no era natural pensar de otra manera?

—Lo entiendo. Ya entendí, así que por favor váyase.

Eunsol agitó la mano hacia Pyo Jaebeom como si espantara una mosca.

Pyo Jaebeom frunció ligeramente el ceño, aparentemente insatisfecho, pero en lugar de añadir algo más, simplemente se apartó.

Por supuesto, no cerró la puerta.

El único consuelo era que la rendija apenas tenía el ancho de una articulación de un dedo.

Aun así, eso bastaba para que Eunsol fuera consciente de la presencia de la persona que estaba fuera. Decidió terminar de bañarse lo más rápido posible.

Pensando que solo durante el servicio militar se había duchado tan deprisa, Eunsol salió del baño después de secarse el cuerpo y el cabello en apenas diez minutos.

No, en realidad se detuvo junto a la puerta antes de salir.

Había dejado toda su ropa en la cesta de la ropa sucia al entrar.

Eso significaba que tendría que salir así.

—Haaah…

Dicen que cuando la suerte te abandona, incluso al caerte de espaldas te rompes la nariz.

Exactamente así se sentía en ese momento.

¿Qué debía hacer?

Se mordió el labio y el dolor regresó con más fuerza de lo habitual.

Al darse cuenta de que aquello era la secuela de aquel intenso beso, se cubrió el rostro con ambas manos.

Se frotó con fuerza la frente y las mejillas, apartó las manos y finalmente decidió salir.

De lo contrario, solo estaría demostrando lo mucho que le afectaba la presencia de Pyo Jaebeom.

Después de decidirse, Eunsol giró el pomo de la puerta.

Pero justo cuando estaba a punto de salir, se detuvo al ver la ropa cuidadosamente colocada frente a él.

—Le dejé ropa para que se la pusiera.

Como si hubiera notado que Eunsol salía del baño, Pyo Jaebeom habló.

Sin responder, Eunsol mantuvo la vista al frente y tomó los pantalones.

Después se puso la camiseta por la cabeza. Le quedaba bastante más holgada de lo normal, pero decidió no darle importancia y salió con aparente naturalidad.

—Mmm… Parece que esta ropa le queda un poco grande.

Al escuchar esas palabras, volvió a mirar lo que llevaba puesto.

—La saqué del cajón, pero supongo que la talla no era la adecuada. Más importante aún, ¿cómo se siente?

—Estoy bien.

—Sí, realmente parece estar mejor.

Aquella sonrisa era exactamente la del actor Pyo Jaebeom que Eunsol recordaba.

Sin embargo, por alguna razón, le resultaba incómodo sostenerle la mirada, así que apartó los ojos en silencio.

—¿Por qué se siente tan cohibido? Incluso vamos a tener hijos.

—No diga esas cosas…

¿Es que ese hombre no tiene ninguna conciencia de sí mismo?

Al ver la expresión juguetona de Jaebeom, Eunsol comprendió que lo había dicho a propósito para molestarlo.

—Señor Lee Eunsol, parece que tiene un carácter bastante impulsivo.

—A veces tiendo a alterarme.

Pero Eunsol lo miró fijamente, dando a entender que aquello ocurría especialmente cuando estaba con ciertas personas.

Sin embargo, no estaba claro si Pyo Jaebeom realmente se había dado cuenta.

—Por ahora, siéntese aquí.

—¿Por qué?

Como Pyo Jaebeom señaló la cama, Eunsol reaccionó con cautela.

Pero cuando él mostró deliberadamente lo que tenía en la mano, el que terminó avergonzado fue Eunsol.

—Solo voy a tomarle la temperatura.

En su mano había un termómetro doméstico.

Eunsol, que ni siquiera se había recuperado de la vergüenza inicial, se sentó obedientemente.

Fingió no escuchar la suave risa que sonó a su lado.

Bueno, ¿qué se suponía que debía hacer?

¡Todo era culpa de Pyo Jaebeom por actuar de manera tan sospechosa desde el principio!

Sin embargo, culpar a otros no podía ocultar que sus orejas se habían puesto completamente rojas.

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