La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59
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No importa cómo se lo mire, Pyo Jaebeom parecía no ser consciente de sus propios sentimientos.

O quizá sí lo era, pero no encontraba una razón para prestarles atención.

Fuera cual fuera el caso, había algo que era seguro.

—No siga tanteando las cosas. Nunca se sabe lo que puede pasar después.

La gripe debía de haberle afectado la cabeza.

Sus verdaderos sentimientos acababan de escaparse de esa manera.

Eunsol suspiró y cerró los ojos.

Sinceramente, solo esperaba que aquel resfriado pasara sin problemas.

Una vez se recuperara, tendría que averiguar cómo conquistar a Pyo Jaebeom, que seguía manteniendo la distancia.

Si todo en la vida saliera exactamente como uno lo planea, ¿podría siquiera llamarse vida?

Por supuesto, algunas personas consiguen todo lo que desean.

Pero Eunsol sabía con certeza que él no era una de ellas.

Si hubiera nacido con suerte, no habría pasado años atrapado en papeles secundarios mientras escuchaba que era un actor terrible.

—Haah…

—¿Tiene frío? ¿Quiere que envuelva otra vez la compresa en una toalla?

Jaebeom, que acababa de colocarle la bolsa de hielo sobre la frente, preguntó de inmediato al escuchar su suspiro.

Eunsol, con los ojos entrecerrados, negó con la cabeza.

Aunque solo fuera eso, de algún modo el mareo parecía empeorar.

Antes no había sido tan intenso, pero con el paso del tiempo sentía que su estado físico se deterioraba gradualmente.

—No… Cof… Cof. Cof.

Apenas abrió la boca para negarse, la tos lo interrumpió.

Una tos suave se mezcló con el aire que exhalaba.

Al verlo, Jaebeom frunció el ceño y le limpió el cuello y el rostro con una toalla húmeda.

—Esto es serio. ¿Por qué no vamos al hospital?

—No es para tanto.

Las medidas que tomarían allí no serían muy diferentes de lo que estaban haciendo ahora.

A menos que el ajetreo propio del hospital le impidiera descansar adecuadamente.

—Ojalá la fiebre bajara un poco…

Escuchando los murmullos de Pyo Jaebeom, Eunsol cerró los ojos.

Eso aliviaba un poco el mareo y le hacía sentir algo mejor.

—Duerma. Yo me quedaré aquí a su lado.

—No puedo dormir…

Si al menos tuviera sueño, sería agradable.

Pero su mente estaba completamente despejada.

Eso lo hacía aún peor.

Todo su cuerpo ardía, pero sus nervios estaban completamente concentrados en la mano apoyada sobre su frente.

‘¿Por qué precisamente esto…?’

Más que la mano, lo que lo inquietaba era el tenue aroma que escapaba de Pyo Jaebeom.

Al principio creyó que era simplemente el olor corporal.

Pero aquella extraña sensación dentro del aroma le hizo darse cuenta de que no era eso.

Eran feromonas.

‘Ah, ¿por qué está haciendo esto?’

¿Por qué podía percibirlas tan claramente hoy, cuando antes jamás las había notado?

Antes, Pyo Jaebeom había dicho que su propio aroma llenaba el aire.

Incluso se le pasó por la cabeza la idea de que él hubiera liberado sus feromonas para contrarrestarlo.

—¿Es porque tiene frío? Aguante un poco más. Dicen que así es como baja la fiebre.

Pyo Jaebeom parecía haber malinterpretado la razón de su suspiro.

Incapaz de decirle la verdad, Eunsol solo pudo morderse débilmente el labio.

Si solo fuera frío, no habría problema.

El verdadero problema era que, en lugar de bajar la temperatura de su cuerpo, un calor extraño parecía acumularse.

‘¿Qué es esto? Me estoy volviendo loco.’

Incluso aquella sensación pulsante parecía más que un simple dolor muscular provocado por el resfriado, dejando a Eunsol completamente confundido.

—Eunsol-ssi.

¿Cuánto tiempo había pasado?

Pyo Jaebeom pronunció su nombre suavemente.

—¿…Eh? Ejem… ¿Sí?

Su voz se quebró y salió extraña, así que se aclaró la garganta antes de responder.

Pero Pyo Jaebeom no dijo nada.

Preguntándose qué ocurría, Eunsol abrió los ojos y sus miradas se encontraron al instante.

—¿Lo está haciendo a propósito?

—¿Qué?

—Sus feromonas se han vuelto más fuertes que antes. Esto es un problema. Necesita controlarlas.

—¿Mis feromonas?

Eunsol respiró profundamente, intentando percibirlas.

Pero lo único que podía oler no eran sus propias feromonas.

Solo las de Pyo Jaebeom.

Ligeramente amargas.

—Entonces debería controlar un poco las suyas.

¿Quién era el que estaba haciendo que la situación fuera incómoda?

¡Qué descaro!

Pero ante aquella queja, Pyo Jaebeom mostró una expresión de desconcierto.

—¿Qué quiere decir?

—Sus feromonas. Han estado saliendo desde hace rato.

La mirada de Pyo Jaebeom estaba llena de incredulidad.

Eso solo consiguió poner más nervioso a Eunsol.

—¿Mis feromonas? Eso es absurdo.

Él mismo aspiró rápidamente.

Realmente no se había dado cuenta.

Luego, al percibir que efectivamente había liberado una pequeña cantidad de feromonas, abrió los ojos de par en par.

—¿Qué demonios está pasando?

—Pues… cof… ¿cómo voy a saberlo?

Yo soy la víctima aquí.

De todas las ocasiones posibles, tenía que percibir el aroma de un alfa precisamente cuando todo su cuerpo ardía por la fiebre, provocando aquella extraña reacción.

Eunsol mordió el interior de su mejilla.

Por suerte estaba cubierto por la manta.

De lo contrario, su excitación habría sido demasiado evidente.

—Apresúrese a controlarse.

Eunsol apretó los puños bajo las mantas.

Su mirada descendió hacia la muñeca marcada por las venas, luego hacia el cuello recto y firme.

Quería hundir la nariz allí y aspirar las feromonas con más fuerza.

Más que eso, deseaba algo aún más explícito.

—Ah…

Tan solo imaginarlo parecía estimularlo.

Al sentir cómo la humedad se extendía entre sus piernas, Eunsol cerró los ojos.

—¿Eunsol-ssi? ¿Se siente mareado?

Una vez más, Pyo Jaebeom cometió un error magnífico y formuló una pregunta completamente fuera de lugar.

Sinceramente, era suficiente para volver loco a Eunsol.

—No. Solo… quiero estar solo, así que deje eso ahí.

Sentía que, si continuaban así, acabarían teniendo problemas.

Pero Jaebeom, que él pensó que se marcharía enseguida, permaneció sentado con expresión preocupada.

—¿Por qué no se va?

Por favor, vete.

Si desaparecía la fuente de toda aquella provocación, podría calmarse un poco.

Eunsol rezó silenciosamente mientras lo miraba.

Solo podía actuar así porque estaba convencido de que Pyo Jaebeom no comprendía su situación.

Pero él permanecía allí, mirándolo con el ceño fruncido, sin moverse ni un centímetro.

—Aun así, ¿cómo voy a dejar sola a una persona enferma?

Eso era lo que se llamaba una amabilidad inútil.

—Yo mismo me pondré la compresa en la frente. No puedo dormir de todos modos, así que me las arreglaré solo.

—No. Yo se la cambiaré más tarde.

—Entonces puede volver más tarde, ¿no?

—Pero si hago eso, tendrá que llamarme y alzar la voz. ¿No sería aún más difícil para usted?

¡El verdadero problema es que usted está aquí!

Eunsol lamentó su situación mientras volvía a mirarlo.

—Lo siento. Estoy discutiendo con alguien enfermo. Ya lo entendí, así que no tiene que mirarme de esa manera. Volveré a tiempo.

Quizá al ver sus ojos húmedos, Pyo Jaebeom finalmente decidió retroceder.

Por fortuna, no insistió más.

Eunsol no bajó la guardia hasta que lo vio darse la vuelta, abrir la puerta y salir.

—Huuuuu…

Por fin solo, dejó escapar un extraño sonido parecido al de un zombi y se quedó mirando el techo.

La frente se le había adormecido por la bolsa de hielo.

Pero su cuerpo seguía ardiendo.

Bueno, eso podía atribuirse a la gripe y a los dolores musculares.

Por desgracia, había otra cosa que lo hacía sentirse incómodo.

—¡¿Por qué no desaparece?!

Su voz tembló de frustración.

Cuando Pyo Jaebeom se fue, las feromonas alfa que había liberado sutilmente comenzaron a disiparse poco a poco.

Eso estaba bien.

El verdadero problema era que la parte inferior de su cuerpo se volvía cada vez más sensible conforme pasaba el tiempo.

Eunsol abrió mucho los ojos y miró fijamente el techo.

—Ssangssang, Ddungddung. No lo malinterpreten. Su padre no es un pervertido así, ¿de acuerdo?

De hecho, Eunsol alguna vez se preguntó seriamente si quizá era asexual.

Para ser sincero, incluso cuando se dio cuenta de que sus sentimientos por Pyo Jaebeom iban más allá de una simple admiración, jamás imaginó una relación física.

Lo que Eunsol había deseado era simplemente poder actuar junto a él.

—Juro que eso era lo que quería…

Entonces, ¿por qué la situación había cambiado tanto?

‘Definitivamente son las feromonas.’

Ese era el origen del problema.

Haberse convertido en un omega después de transmigrar.

Por eso Pyo Jaebeom había dicho que necesitaba un hijo y lo había llevado a la cama casi todas las noches.

Y debido a las feromonas, él no había podido resistirse y terminó cayendo por completo.

‘Abuela, por mucho que te preocuparas por mí, esto es demasiado. ¿Por qué tuviste que crear una situación así?’

Al final, Eunsol terminó culpando resentidamente a su propia abuela materna.

Intentó desviar sus pensamientos hacia otra cosa, pero no ayudó demasiado.

—Haa…

Eunsol soltó otro suspiro.

Cerró los ojos con fuerza, luego los abrió y miró hacia la puerta.

Por suerte, estaba completamente cerrada.

Mientras tuviera cuidado, todo estaría bien.

Después de todo, Pyo Jaebeom no entraría a menos que él lo llamara.

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