La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 50
—Me parece adorable lo perceptivo que es Jongjong. Ese pequeño parece bastante inteligente. ¿Los gatos no suelen olvidar rápidamente las cosas que pasaron antes?
—Aunque se vea así, es un pequeño muy valioso con pedigrí. Tiene que tener al menos ese nivel de inteligencia.
—¿De verdad? ¿De dónde salió Jongjong?
—¿Eh?
—Escuché que es de raza pura. ¿Lo adoptaste? ¿Lo compraste? ¿De dónde lo trajiste?
Cuando Eunsol preguntó aquello, Pyo Jaebeom abrió la boca para responder, pero la cerró enseguida.
Abrió y cerró los labios varias veces, incapaz de dar una respuesta adecuada.
Los ojos de Eunsol brillaron.
‘¡Es esto!’
Había estado pensando en cómo hacer que Pyo Jaebeom cuestionara la existencia del gato.
Ya había explorado su trabajo y sus aficiones, pero también quería que tomara conciencia de la presencia de Jongjong. Sin embargo, no se le ocurría ninguna forma adecuada.
Pero ahora, al surgir el tema de cómo había llegado Jongjong a la casa, se presentaba una oportunidad natural para que pensara en él.
—¿No lo recuerdas?
—Mmm… Espera.
—¿No figura en el pedigrí de Jongjong? ¿Qué edad tiene?
Ante las preguntas consecutivas de Eunsol, Pyo Jaebeom bajó la mirada hacia el gato.
Como Jongjong siempre había estado en la casa con él, nunca se había detenido realmente a pensarlo.
‘¿Cuándo fue?’
No.
¿Siempre estuvo allí?
¿Alguien se lo trajo?
¿Lo adoptó él mismo?
Eso no tenía sentido.
Pyo Jaebeom conocía bien su propia personalidad y sabía que no era alguien tan sentimental.
Sobre todo, pasaba constantemente de un hotel a otro, por lo que nunca se había atrevido a incorporar un ser vivo a su vida.
Sin embargo, en algún momento, aquel gato de abundante pelaje apareció a su lado.
No podía recordar ni la razón ni la fecha en que Jongjong llegó.
Por primera vez, Pyo Jaebeom empezó a cuestionarse la existencia del gato.
Pero más que eso, le preocupaba el comportamiento extrañamente evasivo de Eunsol.
—Solo léelo. Ya te dije que no es difícil. Es una recopilación de críticas de películas, entrevistas con actores y cosas así.
—¿Eh?
Jaebeom bajó la vista hacia los objetos frente a él con expresión desconcertada.
Dentro de su campo de visión estaban los libros y revistas que Eunsol había amontonado unos días antes, insistiendo en que los leyera.
Cuando intentó tomar al gato para apartarlo, Eunsol lo siguió, así que le preguntó por qué, y al final resultó que quería que leyera aquellos libros.
—¿Por qué insistes tanto en que lea?
—Y no vuelvas a hablar de educación ni nada de eso.
—¿O si no?
—Solo intento encontrar algo en común con el director.
La razón había cambiado sutilmente.
—¿No dijiste antes que era para entender mis aficiones?
—Bueno… Quise decir que también podría ser eso.
La forma en que desviaba la mirada lo delataba por completo.
Él mismo parecía no darse cuenta.
‘La forma en que insiste tanto en ver películas juntos también resulta sospechosa.’
¿Así que era eso?
Jaebeom concluyó que Eunsol lo presionaba tanto para que leyera porque quería compartir su afición con él.
—¿Y tú qué vas a hacer mientras leo esto?
—¿Yo? ¿Qué se supone que debo hacer?
—Si alguien da algo, también tiene que recibir algo a cambio.
¿Por qué preguntas algo tan obvio?
No existe el almuerzo gratis.
¿Todavía no has aprendido esta verdad que yo ya comprendí?
Supongo que así son los jóvenes.
Entonces Jaebeom recordó repentinamente que Eunsol afirmaba tener veintisiete años y que, en realidad, no pertenecía a ese mundo, sino que había poseído accidentalmente a un personaje de un drama.
Jaebeom dirigió la mirada hacia el gato, que estaba sentado sobre el escritorio moviendo la cola con descontento.
Como la información se negaba obstinadamente a aparecer en su memoria, envió de inmediato un mensaje a Kwak Sang.
Le preguntó si el gato había sido comprado o si alguien se lo había regalado.
Pero la respuesta no llegó enseguida.
—¿Por qué dijiste que podría ser una de mis aficiones? ¿Es algo parecido a adaptarte a mis gustos?
—Bueno… supongo que, en cierto modo.
Su mirada evasiva ya era bastante sospechosa, pero Lee Eunsol se mantuvo firme.
—Dímelo sinceramente.
—¿Qué?
Olvídate del gato.
No podía quedarse de brazos cruzados mientras Lee Eunsol seguía poniéndolo a prueba de aquella manera.
Pyo Jaebeom decidió que debía aclarar aquel asunto de una vez.
—¿Te gusto?
—¡¿Qué?!
La reacción que obtuvo fue completamente honesta.
—Yo… yo… no… es que…
Era realmente un espectáculo.
Aquel pequeño rostro pálido se tiñó de rojo a una velocidad asombrosa.
Mientras observaba a la persona incapaz de ocultar sus emociones, que las mostraba todas sin reservas, Jaebeom se rascó la nuca.
Su corazón se agitó.
Pero no sabía cómo lidiar con ello, así que solo abrió y cerró las manos repetidas veces.
—No… bueno… es que…
Mirar aquel rostro sonrojado, rojo como una fruta madura bajo el sol del verano, hizo que la garganta de Jaebeom se secara.
Y además estaban aquellas dulces y frescas feromonas, cargadas de emociones.
Era una expresión que le quedaba perfectamente a Lee Eunsol.
—¿Eh? ¿De verdad?
Sin embargo, Jaebeom todavía no comprendía qué sentimientos albergaba él mismo.
Estaba demasiado concentrado en haber descubierto por fin la razón del comportamiento de Eunsol.
—¿Desde cuándo?
Eunsol se quedó sin palabras ante aquella incómoda pregunta.
Se mordió nerviosamente los labios y jugueteó con los dedos, incapaz de mantener las manos quietas.
Su mirada se desvió hacia la puerta.
Parecía dispuesto a salir corriendo.
Realmente se comportaba como un gato.
—¿No vas a responder?
—No… bueno… es que…
Eunsol encogió los hombros y se balanceó nerviosamente sobre los talones.
Mientras observaba su vacilación, sin saber si decir la verdad o no, Jaebeom terminó de hacer sus propias conclusiones sin demasiada dificultad.
—¿Quieres decir que te sentiste así desde la primera vez que me viste?
La reacción de Eunsol era demasiado evidente.
Las comisuras de los labios de Jaebeom se elevaron mientras observaba aquellos ojos redondos y muy abiertos.
¿Cómo podía ser tan adorable?
Así que le había gustado desde el principio y aun así había fingido lo contrario.
Por alguna razón, aquello le producía una extraña sensación de satisfacción.
Pero, en lugar de analizar sus propios sentimientos, Jaebeom siguió concentrándose en los cambios de Eunsol y chasqueó la lengua con desaprobación.
—Últimamente te estabas volviendo demasiado obvio.
—¿Cuándo hice eso?
—No te hagas el tonto. Has sido así desde el principio. Fingiste estar borracho para aferrarte a mí, actuaste como si hicieras las tareas domésticas por casualidad para quedar bien.
—No hice eso.
Aunque pongas esa expresión de injusticia, ya no voy a dejarme engañar.
—Últimamente ha sido aún peor, ¿no? Estabas emocionado por cocinar algo que me gustara. Y ahora vienes con excusas como «esto podría gustarle al director» solo para buscar una oportunidad de hacer algo conmigo.
—¡No es eso en absoluto!
Eunsol golpeó el suelo con el pie, con una expresión que parecía a punto de volverlo loco.
—Cuidado. Eso no le hace bien a Ssangssang y Ddungddung. ¿Por qué no te sientas?
Al mencionar a los gemelos con tanta seriedad, Eunsol no tuvo más remedio que sentarse en el sofá.
Sin embargo, apenas se apoyó en el borde del asiento, como si estuviera listo para levantarse en cualquier momento.
—¿O qué? ¿No te gusto?
Incapaz de negar aquellas palabras, aquellos labios suaves volvieron a cerrarse.
Jaebeom soltó una risa astuta.
Sentía como si una duda que había arrastrado durante mucho tiempo finalmente hubiera obtenido respuesta.
Pero enseguida borró la sonrisa de su rostro.
—Bueno, si eso es lo que sientes, no voy a impedírtelo.
Jaebeom habló con un tono ligeramente burlón.
Un omega que llevaba a sus dos hijos supuestamente estaba enamorado de él.
Para Jaebeom aquello no suponía ningún problema.
No le perjudicaba en absoluto.
—Si me pediste cambiar el contrato de forma tan indirecta porque te gusto, puedo entenderlo.
Eunsol no pudo interrumpirlo como hacía normalmente.
Tuvo que seguir escuchando.
—Pero, Eunsol, recuerda una cosa. Que conozca tus sentimientos no significa que vaya a aceptarlos. ¿Entendido?
Había una cosa que Jaebeom había aprendido mientras atravesaba aquel mundo:
Lo más peligroso era tener a alguien a quien sintiera la obligación de proteger.
Aunque la expresión nublada de Eunsol dejó un sabor amargo en su boca, Jaebeom no retiró sus palabras.
No podía arriesgar su futuro por una alegría momentánea.
Eso no beneficiaría a ninguno de los dos.
—Tenlo presente.
Eunsol bajó la cabeza ante aquellas palabras tan directas.
Él ya sabía que Pyo Jaebeom jamás le abriría su corazón.
‘¿Desde el principio fue él quien malinterpretó todo?’
La única razón por la que Eunsol había estado rondándolo todo ese tiempo era devolverle los recuerdos que Pyo Jaebeom había olvidado.
Pero si profundizaba en sus verdaderos motivos, en el fondo existía un deseo genuino de llevarse bien con él.
Esperaba que, si lograba despertar al actor y no al jefe mafioso Pyo Jaebeom, él pudiera verlo de otra manera.
Quizá por compartir la misma experiencia de haber transmigrado dentro de un drama.
—De todos modos, leeré esto, así que puedes irte.
Al menos Pyo Jaebeom había prometido leer la revista.
Eunsol decidió conformarse con eso.
‘¡¿Quién dijo que tenías que enamorarte de mí de inmediato?!’
Mientras murmuraba entre dientes, salió del estudio.
Por desgracia, no se dio cuenta de que Jongjong intentó seguirlo rápidamente, pero Pyo Jaebeom lo atrapó antes.
Una vez afuera, Eunsol se quedó de pie un momento, sin saber qué hacer.
Entonces, de repente, recordó las fotografías que había recibido en el hospital aquel mismo día.