La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 123

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—Vamos a movernos —dijo Jaebeom.

Jaebeom levantó sin esfuerzo el cuerpo de Eunsol, que se encontraba completamente débil tras alcanzar el límite de su resistencia.

—Oh…

Eunsol ni siquiera había tenido tiempo de limpiarse adecuadamente.

¿Piensa salir así?

Abrió la boca para decir algo, pero al ver el rostro acalorado y seductor de Jaebeom, decidió callarse.

Si lo provoco ahora, estaré en problemas.

Los ojos de Jaebeom ardían como si pudieran incendiarse en cualquier momento. Si intentaba detenerlo ahora, podrían terminar teniendo otra ronda en la bañera en lugar de llegar a la cama.

Las rodillas de Eunsol todavía le dolían por lo de antes, así que quería evitar esa situación.

Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que su decisión tampoco había sido precisamente la correcta.

Sintió cómo lo recostaban sobre la cama.

Jaebeom se inclinó sobre él.

Solo cuando sus miradas se encontraron, Eunsol comprendió que los ojos del alfa parecían lanzar chispas.

Un instante después, Jaebeom volvió a apoderarse de sus labios.

Era un beso intenso, como si quisiera devorarlo.

En contraste, las manos que sostenían la cabeza de Eunsol y acariciaban su cuello y sus hombros eran tan delicadas que aquella diferencia le robó el aliento.

—Mngh… ah… mmm…

Eunsol se dio cuenta demasiado tarde de que gemidos vergonzosamente dulces escapaban de sus labios.

Sonaba como si estuviera pidiendo más.

Avergonzado, apoyó las manos sobre el pecho de Jaebeom para apartarlo, pero se estremeció al sentir la presencia amenazadora entre sus piernas.

La fuente de aquel calor, incluso más ardiente que la temperatura de sus cuerpos, era evidente.

Jaebeom no era el único alterado.

El cuerpo de Eunsol también reaccionaba.

—¡Ah… ngh!

Cuando sus labios se separaron, Jaebeom sujetó la pierna derecha de Eunsol y la elevó.

Al ver su pierna apoyada sobre aquel hombro firme, Eunsol apenas tuvo tiempo de reaccionar.

—¡Ah!

Su cintura se arqueó.

—Ha… ah…

Una intensa sensación recorrió su espalda y le arrancó el aire de los pulmones.

La fuerza de la embestida posterior convirtió sus pensamientos en un completo desorden.

El cuerpo le tembló.

Solo podía jadear.

Sentía como si todos sus nervios se hubieran concentrado en un único punto, mientras destellos blancos aparecían ante sus ojos.

Jaebeom besó de manera desordenada sus párpados, sus mejillas y sus labios antes de separarse.

Eunsol ya ni siquiera sabía si el ligero escozor que sentía era real.

—¡Hah… ah! ¡Detente… ah!

Terminó rindiéndose rápidamente ante Jaebeom, que seguía llevándolo hasta el límite sin darle tregua.

—¿Quieres que vaya despacio?

Cuando Jaebeom le susurró al oído, Eunsol asintió de inmediato.

Entonces, como si quisiera tranquilizarlo, depositó pequeños besos sobre el puente de su nariz, la mejilla y la oreja.

Sin embargo, aquello no era más que un engaño.

—¡Ngh! ¡Ah!

La presión que creyó que se había retirado volvió a hacerlo estremecer.

Eunsol lanzó un grito agudo y echó la cabeza hacia atrás.

Jaebeom recorrió su cuello con los labios y deslizó lentamente la lengua sobre la piel caliente.

—Jae… Jaebeom… ah… ngh…

Intentó pronunciar su nombre, pero el movimiento volvió a interrumpir sus palabras.

Lo único que podía hacer era aceptarlo.

—Es… demasiado… haa…

Aunque quisiera apartarse, le resultaba imposible.

La postura hacía que la cercanía entre ambos se sintiera aún más profunda.

—Hnghhhh…

La posición volvió a cambiar.

Jaebeom inclinó más el cuerpo y aumentó la velocidad.

Eunsol negó con la cabeza, incapaz de soportar aquella sensación que parecía atravesarlo por completo.

Todo su cuerpo ardía.

Estaba empapado en sudor hasta el punto de que su cabello se pegaba a su piel.

Por eso ni siquiera se dio cuenta de que su propio cuerpo reaccionaba involuntariamente.

—……Ah.

Solo lo notó cuando la mano de Jaebeom lo hizo volver en sí.

—No… basta…

La voz de Eunsol salió débil y temblorosa.

Todo su cuerpo estaba ya saturado de excitación, y aquella nueva estimulación provocó otra oleada de placer que hizo que se le erizara la piel.

—No puedes llegar solo. Hagámoslo juntos.

Jaebeom no mostraba ninguna intención de ceder.

—¡Ah! ¡Oye…!

Eunsol intentó apartarlo, pero Jaebeom no le dio oportunidad.

Era desesperante sentir que el momento que estaba a punto de alcanzar se detenía una y otra vez.

—Ha… ah… ya lo entendí… ngh…

Quiso decir: Lo entiendo, así que déjame ir. O terminemos esto de una vez.

Pero antes de que pudiera hablar, la lengua de Jaebeom volvió a invadir su boca.

El beso parecía dispuesto a consumirlo por completo.

La mano con la que había intentado detenerlo fue presionada contra la cama y sus dedos terminaron entrelazados.

No podía moverse.

Solo le quedaba soportar la intensidad de Jaebeom.

El calor que nacía dentro de él terminó por inundarlo completamente.

—Ha… ah… hah… ah…

Sus cuerpos se rozaban, transmitiéndose un calor abrasador que arrancaba gemidos imposibles de contener.

Fue entonces cuando los ojos de Eunsol se abrieron de golpe.

Oh, no.

Aquello que había creído que ya había alcanzado su límite se hizo aún más evidente.

Eunsol se aferró al brazo de Jaebeom con tanta fuerza que sus dedos palidecieron.

—No…

Aunque finalmente expresó su negativa, ya era demasiado tarde.

—Shh. Está bien. Está bien, Eunsol.

Quizá debió detenerlo cuando vio aquella expresión en sus ojos.

Pero, como siempre, el arrepentimiento llegaba demasiado tarde.

Jaebeom acercó los labios a su oído y le susurró que todo estaba bien.

A primera vista parecía un gesto dulce, pero la sensación que lo envolvía seguía siendo implacable.

—Haah…

El cuerpo de Eunsol tembló.

Las lágrimas que se habían acumulado en las comisuras de sus ojos descendieron lentamente por sus mejillas.

Esta vez, unos labios cálidos rozaron la comisura de su boca.

Eunsol frunció el ceño.

Era como causar la herida y luego ofrecer el remedio.

—Tú… tú… ngh…

Se aferró a Jaebeom mientras temblaba.

Sentía como si todo su interior estuviera hirviendo.

Aquella sensación entumecía sus pensamientos y volvía borrosa su razón.

La realidad se alejaba lentamente, arrastrada por el placer.

Por eso dicen que quienes poseen un segundo género son como bestias.

Si aquello era el precio por haberse dedicado únicamente al rodaje mientras dejaba a su alfa encargarse de los niños, entonces quizá era algo que debía soportar.

—Eunsol.

Aquella voz dulce lo sacó de sus pensamientos.

Después llegó un beso suave, uno que parecía derretirle la lengua.

Los ojos nublados de Eunsol se posaron sobre Jaebeom.

—Haaaa…

Solo se dio cuenta de que el beso había terminado cuando un largo suspiro abandonó sus labios.

Permanecieron así durante un tiempo, explorándose mutuamente.

No era el beso apasionado y devorador de antes.

Era un contacto destinado a aliviar la añoranza acumulada durante la separación.

Resultaba irónico que, incluso entonces, la cercanía entre ellos siguiera recordándole constantemente su presencia.

De todas formas… ya debe haber terminado.

Con ese pensamiento de alivio, la conciencia de Eunsol comenzó a hundirse poco a poco en un lugar que no era exactamente el sueño ni tampoco el desmayo.

Por desgracia, el alfa que había pasado tanto tiempo cuidando a los gemelos sin poder estar junto a su omega todavía no parecía satisfecho.

¿Acaso el médico no había advertido que una separación prolongada podía provocar ciertos efectos?

—Hng…

Medio dormido, Eunsol dejó escapar un pequeño gemido.

Era porque sus cuerpos, aún unidos, volvieron a moverse.

—Shh, está bien.

¡¿Qué quieres decir con que está bien?!

Quiso responder.

Quiso protestar.

Pero su conciencia ya se encontraba a medio camino del sueño y ni siquiera tenía fuerzas para hacerlo.

Gracias a eso, Jaebeom fue el único que siguió actuando a su antojo.

Pensando que aquello era verdaderamente increíble y desconcertante, Eunsol terminó por perder completamente la conciencia.

Él se encargará de todo.

Ahora había llegado a un punto en el que resultaba imposible abrir los ojos, incluso aunque alguien intentara despertarlo.

Aun así, Eunsol confiaba en que, incluso si se quedaba dormido de aquella manera, Jaebeom jamás lo dejaría solo en ese estado.

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