La forma correcta de sobrevivir a una novela de cautiverio y decadencia - Capítulo 106
—¿Vas a dejar entrar al presidente Jang a la casa?
Jaebeom frunció el ceño como si hubiera escuchado algo que no debía. Pero Eunsol permaneció completamente tranquilo.
—Sí.
—¿Por qué?
—Escuché que estuvo viniendo todos los días a ver a los bebés mientras yo estaba dormido.
El presidente Jang lo hacía únicamente porque extrañaba a los gemelos. Jaebeom estuvo a punto de decir que Eunsol no tenía por qué responsabilizarse de eso, pero un pequeño quejido salió del cochecito y él abrió en silencio la puerta trasera.
—Solo quiero que los niños sepan que tienen a más personas además de sus padres en quienes apoyarse —dijo Eunsol mientras observaba a Jaebeom desmontar el cochecito y asegurarlo en la parte trasera del automóvil—. Yo crecí solo con mi abuela, pero nunca me sentí solo porque siempre había adultos amables en el vecindario. Quiero que los gemelos también tengan eso.
—Está bien.
Si eso era lo que su esposo deseaba, entonces la respuesta de Jaebeom ya estaba decidida. Miró a los gemelos acostados en sus asientos, sonrió y pensó:
De verdad sabe cómo desestabilizarme.
No era algo que cualquiera pudiera hacer, conmover el corazón de otra persona con una sola palabra o una sola mirada. Jaebeom pensaba que Eunsol ya poseía ese don. Lo único que necesitaba era una base sólida que lo respaldara.
Al incorporarse, Jaebeom dirigió la mirada hacia el automóvil que seguía con el motor encendido detrás de ellos.
No es que me guste la idea.
Él podía encargarse de todo por sí solo, pero si quería algo más seguro, no existía un muro más sólido que el presidente Jang.
—Me sentaré atrás.
—De acuerdo.
Jaebeom ayudó a Eunsol a sentarse junto a los gemelos, le abrochó el cinturón y luego se acomodó en el asiento del copiloto. Solo entonces el automóvil abandonó el hospital y emprendió el camino de regreso a casa.
Apenas había pasado una semana desde la última vez que Eunsol salió al exterior, pero el paisaje le parecía distinto. Quizá era porque las flores de primavera estaban ahora en plena floración, flores que antes no estaban allí. Naturalmente, recordó su conversación con Jaebeom, cuando le dijo que la primavera era la estación perfecta para comenzar algo nuevo.
¿De verdad podría hacerlo?
Al mirar hacia adelante, vio a Jaebeom hablando por teléfono. Debía de haberse acumulado mucho trabajo mientras atendía sus asuntos a distancia desde el hospital.
—No hace falta presionar para obtener cifras más altas. Juguemos sobre seguro. Ya no somos una empresa prestamista, ¿verdad? Mantengan los préstamos equilibrados y basados en la solvencia.
Su tono, tranquilo pero firme, hacía difícil imaginar que se trataba del mismo hombre que apenas una semana atrás batallaba con pañales y biberones.
Probablemente a Jaebeom se le da mejor trabajar que cuidar niños.
Al final, los gemelos serían responsabilidad de Eunsol. Sin embargo, ya había cinco empleados esperándolos en casa, así que realmente no tenía mucho que hacer por sí mismo.
—También bajen los objetivos. Concéntrense en préstamos personales y para pequeños negocios, no en grandes empresas. Ya tenemos suficiente de eso. Proteger ahora a los pequeños prestatarios dará frutos más adelante.
La manera en que analizaba la situación y organizaba un plan con tanta claridad era la de un auténtico hombre de negocios.
Claro, dijo que nació en una familia chaebol.
No era extraño que le resultara tan natural. Algunas cosas simplemente no desaparecen.
—Eunsol, ¿quieres comer algo?
—¿Eh? Ah, no realmente. ¿Por qué?
Eunsol, que se había perdido en sus pensamientos, parpadeó sorprendido.
—Para cuando lleguemos ya será la hora del almuerzo.
—Ah…
—¡Por favor díganos qué le gustaría comer! ¡Lo tendré listo de inmediato! —intervino Bulgom alegremente desde el asiento del conductor.
—No se me ocurre nada…
Eunsol giró la cabeza hacia atrás. El automóvil del presidente Jang los seguía a cierta distancia, sin acercarse demasiado ni intentar adelantarlos.
Después de pensarlo un momento, tomó su teléfono. La llamada se conectó enseguida.
—¿Eunsol? ¿Qué ocurre? ¿Al final ese automóvil te resultó incómodo?
—No, para nada.
—¿De verdad? Entonces, ¿qué sucede?
—Bueno…
El semáforo se puso en rojo. Jaebeom se volvió de inmediato. Por su expresión era evidente que sabía perfectamente con quién estaba hablando Eunsol, y tampoco le gustaba. Su mirada dejaba claro que solo lo toleraba porque Eunsol así lo quería.
—Quería preguntarle si hay algo que le gustaría comer cuando lleguemos.
—¡Oh…!
El presidente Jang exclamó de alegría. Fue tan fuerte que incluso Jaebeom debió escucharlo, porque su expresión se ensombreció todavía más.
—Yo no voy a cocinar —murmuró Eunsol con cierta incomodidad mientras esperaba la respuesta.
Entonces Jaebeom intervino.
—Eunsol, dijiste que querías una hamburguesa. Pide eso.
—¿Una hamburguesa?
El presidente Jang debió haberlo escuchado, porque su voz regresó aún más fuerte a través del teléfono.
—¿Qué? ¿Una hamburguesa?
Eunsol hizo una mueca. Lo había mencionado antes, pero ¿por qué sacar el tema justo ahora?
—Sí. Hay una hamburguesería artesanal muy famosa de camino a casa. Si haces el pedido con anticipación, la tendrán lista para llevar cuando pases.
Así que por eso lo había mencionado. Eunsol suspiró internamente al ver la sonrisa astuta de Jaebeom, que casi parecía maliciosa. Como era de esperar, el presidente Jang cayó directamente en la trampa y aceptó de inmediato.
—¡Muy bien! Nos vemos más tarde.
En cuanto terminó la llamada, el automóvil del presidente Jang se apartó hacia un lado y giró en dirección a la hamburguesería. Eunsol se sintió algo culpable, pero Jaebeom solo sonrió, fingiendo no darse cuenta. Cuando el semáforo cambió, su automóvil dejó muy atrás al presidente y continuó el camino.
Tres meses pasaron en un abrir y cerrar de ojos desde que Eunsol recibió el alta. El tiempo que pasó junto a los bebés estuvo lleno de alegría y calidez.
Cuando llamaba sus nombres, sus diminutos dedos se movían en respuesta, y cuando él sonreía, sus pequeñas bocas también se curvaban.
Observar aquellos pequeños cambios llenaba sus días de una emoción que nada más podía reemplazar. Y después de celebrar ayer, de manera sencilla, los cien días de los bebés, sintió que su corazón jamás había estado tan lleno.
Todo era maravilloso, pero…
—Mm… mmm…
—¿Sí? ¿Está rico?
Sacado de sus pensamientos por el suave sonido del bebé, Eunsol bajó la mirada hacia el pequeño cuerpo que sostenía en brazos.
La mayor parte del cuidado de los gemelos se repartía entre varios empleados, pero cuando se trataba de alimentarlos o jugar con ellos, Eunsol siempre lo hacía personalmente. Jaebeom había insistido en dejar todo en manos del personal, pero Eunsol no estaba de acuerdo.
Creía que, para crear un vínculo con los bebés, necesitaba pasar tiempo con ellos directamente, así que dos veces al día, sin falta, los sostenía en sus brazos.
—Bebes muy bien, Eunwoo.
Sonrió al observar los pequeños labios del bebé aferrados al biberón. Momentos como ese hacían que quisiera verlos crecer todos los días.
Pero cuando terminaba de cuidar a los niños y aprovechaba su tiempo libre para ver películas o dramas, algo dentro de él comenzaba a vacilar. Quizá era porque las palabras de Jaebeom seguían resonando en su mente.
En la televisión se reproducía un drama que había estado siguiendo últimamente. A pesar de su argumento absurdo y de una historia casi ridícula, las actuaciones eran buenas. La escena actual mostraba a dos personas intercambiando palabras desesperadas.
«¡Yo te protegeré, así que no vuelvas a decir que te irás!»
El protagonista alfa sujetaba los hombros temblorosos del omega.
«¡Cuando estoy a tu lado siento que desaparezco!»
«¡No digas eso! ¡No tengo ninguna razón para existir si no estás conmigo!»
«¿No lo entiendes? ¡Eso es exactamente lo que me hace sentir inútil!»
El omega apartó al alfa de un empujón.
Las líneas eran clichés, pero las emociones crudas en sus ojos y en sus voces permanecían.
Aquella desesperación entre ambos, como si solo pudieran verse el uno al otro, atravesó la pantalla y resonó dentro de él. No era algo que pudiera expresarse completamente con palabras, pero aun así lo sintió.
—¿Podría yo actuar con tanta desesperación?
Eunsol recordó sus propias actuaciones. Rara vez había tenido la oportunidad de expresar emociones así. La mayoría de sus papeles eran pequeños: un oficinista que chocaba con el protagonista en un pasillo, se disculpaba y desaparecía de la escena.
Pero si algún día obtenía un papel como ese…
—¿Qué haces aquí sentado tan quieto?
Sintió una suave calidez sobre la frente, seguida del aroma familiar. Después, su cuerpo fue atraído con delicadeza hacia alguien. Eunsol apartó la mirada del televisor y se encontró con los ojos de Jaebeom.
—¿La oferta que me hiciste antes sigue en pie?
—Sí. Entonces, ¿por fin te decidiste?
Eunsol asintió. Ver cómo el rostro de Jaebeom se iluminaba al instante terminó de convencerlo.
Sí, era esto.
Nunca había abandonado realmente la actuación. Ese apego persistente era la razón por la que seguía pensando en ello una y otra vez.
—Sí. Quiero actuar.
Eunsol volvió a asentir. Jaebeom lo observó un momento y luego sonrió con suavidad.
—Muy bien. Entonces hazlo.