La Esposa es lo Primero - Capítulo 90

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  4. Capítulo 90 - Interrogatorio
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Fuera del estudio del Pabellón Tingfeng, un grupo de guardias y sirvientas estaba custodiando la puerta, pero ninguno se atrevió a entrar.

 

 

 

—¿Crees que es bueno para Dachen hacer negocios con extranjeros?—. El Emperador Hong Zheng se sentó detrás del escritorio y estaba jugando con una copa de cristal en su mano.

 

 

 

—Este servidor piensa que la gente del extranjero codicia los productos de Dachen, pero lamentablemente no tienen una manera adecuada de obtenerlos—. Mu Hanzhang se paró frente al escritorio, y bajando sus cejas, sus pronunciadas palabras fueron calmadas, ni humildes ni autoritarias: —Este servidor ha mirado el libro de cuentas del tributo del extranjero, y cuando estaba en el sureste, también le preguntó a los comerciantes de Jiangnan sobre el precio de las mercancías. Y se dice que un chi* de seda se puede cambiar por diez monedas de oro, que equivalen a dos taels de oro.

 

 

 

—Hanzhang, ¿por qué hasta ahora recién te has vuelto un funcionario?—. El Emperador Hong Zheng sonrió, sin responder las palabras ajenas de hace un momento. —Desde el día en que te casaste y entraste a la familia real, debiste haber sido llamado funcionario.

 

 

 

Mu Hanzhang frunció sus labios y dijo un poco avergonzado: —Este servidor lo tiene en cuenta.

 

 

 

Cuando Jing Shao entró y vio esta escena, encontró que no había un estado de hostilidad mutua, y en su lugar, el ambiente lucía verdaderamente jovial y armonioso. Ante ello, no pudo evitar sentir un poco de asombro.

 

 

 

—¿Dónde has estado?—. Cuando el Emperador Hong Zheng vio entrar a Jing Shao, inmediatamente controló su sonrisa.

 

 

 

—Este hijo suyo ha ido a despachar a un amigo—. Le respondió Jing Shao con honestidad murmurando en su corazón que si ese era de verdad su Padre Emperador. ¿Pero por qué no actuaba adecuadamente en cuanto lo vio?

 

 

 

El Emperador Hong Zheng lo miró con profundidad durante un largo rato, y luego miró hacia abajo y tomó el libro militar que estaba a un lado para leerlo: —¿Sabías que el Rey de Huainan apareció en la capital recientemente?

 

 

 

—¿El Rey de Huainan?—. Jing Shao echó un vistazo a su Wang Fei: —Este hijo no lo sabía.

 

 

 

—¿No lo sabes?—. El Emperador Hong Zhen cerró el libro que estaba densamente anotado, y se levantó para caminar hacia Jing Shao: —¿A quién has despachado hoy?

 

 

 

Jing Shao sintió una sacudida en su corazón, pero no se reflejó en su rostro. Si el interrogatorio de su padre era así, debe ser porque sabe de qué Gu Huaiqing se ha ido de la capital. Pero ciertamente no estaba seguro si Jing Shao fue el que lo había despachado. Así que tal vez ese idiota de Jing Yu no le había dicho tonterías a su padre sin antes haber obtenido algún botín a cambio: —Un amigo hablador.

 

 

 

—¿Un amigo que vive en Jiangnan, y que conociste en «La casa del Inmortal borracho»—. El Emperador Hong Zeng lo miró con frialdad.

 

 

 

¡La casa del Inmortal borracho! Jing Shao sintió que hubo un ruido sordo en su cabeza. Al hablar de la Casa del inmortal borracho, ¡su padre debe saber que esa persona era Gu Huaiqing! Después de un momento de vacío en su mente, de repente recordó las palabras dichas por Duo Fu en las que Jun Qing le indicó que dijera hasta la muerte que no conocía a Gu Huaqing y que este era sólo un amigo que vive en Jiangnan, pero su padre nunca había enviado a alguien para detenerlo en cuanto se había enterado de que Gu Huaiqing iba a escapar, así que sólo había venido para probar si es que Jing Shao estaba coludido con el Rey de Huainan.

 

 

 

Sólo por un momento, Jing Shao miró a su padre y dijo con calma: —Lo conocí en Jiangnan. Ha venido a la capital para pasar el rato. Y hoy se enteró de que su madre estaba gravemente enferma en casa, por lo que estaba muy ansioso por dejar la ciudad, así que me pidió ayuda.

 

 

 

 

 

Tan pronto como terminó de hablar, una fuerte bofetada cayó sobre el rostro de Jing Shao, y Wang Ye se asombró de inmediato.

 

 

—¡Eres un hombre con carácter, tú sabes que esa persona es el Rey de Huainan, Gu Huaiqing!—. El Emperador Hong Zheng lo miró con el sentimiento de odiar al hierro por no convertirse en acero*. Este hijo era capaz y había sido criado salvajemente. No es como un príncipe ni un nieto en absoluto. En cambio, es como un guerrero. Tiene un carácter fuerte y presta atención a la lealtad, lo que era realmente irritante.

 

 

Jing Shao había sido golpeado y brotaba sangre desde las comisuras de su boca, pero a él no le importaba cubrirse su cara. Él solamente se sorprendió por un momento y se arrodilló en el suelo con un golpe: —Este hijo no lo conoce. Él sólo dijo que su nombre es Gu Qing. También lo he conocido por casualidad en Jiangnan. Este hijo siempre lo ha conocido sin saber su identidad, este hijo…—. La voz de Jing Shao parecía muy nerviosa, como si hubiera escuchado una noticia tan impactante desde el principio, y ahora estuviera atónito.

 

 

—Padre Imperial, también he conocido a esa persona en Jiangnan. Y el príncipe realmente no conocía su identidad—. Mu Hanzhang también se arrodilló junto a Jing Shao.

 

 

El Emperador Hong Zheng lo miró, y la expresión en su rostro se volvió un poco más lenta, porque Mu Hanzhang había admitido desde el principio que el amigo que Jing Shao había despachado es el que habían conocido en Jiangnan. Si albergara motivos ocultos, definitivamente Jun Qing no diría tal cosa. Así que volvió sus ojos hacia Jing Shao, y vio que ya no estaba nervioso, sino que estaba molesto, y parecía un poco incómodo de esa forma. —¿Por qué aún no lo aceptas?

 

 

—Este hijo no se atrevería a hacer eso—. Jing Shao bajó su cabeza, pero aun así su tono fue un poco brusco.

 

 

—No he dicho que te confabulaste con el Señor Feudal, ¿por qué aún no lo aceptas?—. El Emperador Hong Zheng estaba casi exasperado con la situación.

 

 

—¡Sobre la identidad del Rey de Huainan, el Emperador se la dijo al Cuarto Príncipe, pero no a este hijo!—. Jing Shao levantó su cabeza para mirar a su padre, aunque lo había dicho para hacer caer al Cuarto Príncipe, lo que dijo había llegado desde su corazón. Siempre había conocido la parcialidad del Emperador Hong Zheng. No importaba cuántos errores cometiera Jing Yu, al final nunca eran nada. Pero por el contrario, siempre había sido duro con Jing Shao, tanto que lo terminaron encerrando por unos irrazonables cargos.

 

 

El Emperador Hong Zheng se quedó sin palabras por un momento, y luego recordó que no le había dicho nada al Cuarto Príncipe. Antes, una persona de la corte que había sido visitada por el Rey de Huainan se lo había reportado y justo ahora lo sabía por eso, pero, entonces, ¿cómo se había enterado Jing Yu de eso? Ante ello, caminó de un lado a otro en la habitación dando unos pasos con sus manos colocadas detrás de su espalda: —No quieres pensar sobre en dónde te equivocas, y al contrario, ¿me estás echando la culpa a mí?

 

 

—Este hijo no se atrevería a hacer eso—. Jing Shao golpeó con su cabeza, y obviamente aún no aceptaba nada.

 

 

El Emperador Hong Zheng lo señaló con las yemas de sus dedos mientras temblaba de la ira: —Vas a mantenerte en silencio y a reflexionar sobre tus propios errores en este Palacio. ¡Sin mi voluntad, no podrás ir a ningún lado!

 

 

—¡Padre Emperador, cálmese!—. Mu Hanzhang apresuradamente quería ayudar a Jing Shao con una frase. —¡Wang Ye!

 

 

—Este hijo sigue la orden—. Jing Shao parecía haberse recuperado, e inclinó su cabeza para hacer una reverencia y aceptar su equivocación.

 

 

—¡Humph!—. Resopló el Emperador Hong Zheng con frialdad, se sacudió sus mangas y se dio la vuelta para retirarse, y cuando estaba por irse de la casa, dijo: —Hanzhang escribirá los estatutos que ha dicho y me los mostrará mañana.

 

 

—¡Sí, Emperador!—. Le respondió Mu Hanzhang apresuradamente y se levantó para despedir al Emperador.

 

 

El Emperador Hong Zheng agitó su mano para indicarle que no era necesario que lo despidiera, y llevando a sus guardias y eunucos con él, se fue lleno de ira.

 

 

Después de un momento de silencio, Mu Hanzhang caminó hacia Jing Shao y se agachó para mirarlo: —El Emperador ya se ha ido.

 

 

Jing Shao se sentó lentamente en el suelo, se tocó el frío sudor que había en su frente y dejó escapar un largo suspiro de alivio: —Gracias.

 

 

Mu Hanzhang extendió su mano y tocó suavemente aquella rojiza mejilla, y sus ligeramente fríos dedos reconfortaron las calientes huellas digitales ajenas. Jing Shao acarició con avidez la palma de la mano de Jun Qing. No importaba cuán parcial fuera su padre. Al menos el corazón de esta persona siempre iría hacia él, y eso era más que suficiente.

 

 

Mu Hanzhang miró en silencio a la persona que acariciaba suavemente la palma de su mano. No había prestado atención a la pregunta que acababa de hacer el Emperador Hong Zheng, pero sí vio claramente los resentidos ojos de Jing Shao. Este príncipe que no está protegido por su madre, no tiene lugar para defenderse frente al Emperador, y cuando surgía un conflicto, sólo podía recibirlo fuertemente. Ante ello, con lástima en su corazón, extendió lentamente su mano y lo sostuvo en sus brazos. —El Padre Emperador no es parcial, pero como Emperador necesita controlar y equilibrar las cosas.

 

 

El Emperador Hong Zheng debe tener claro lo sucedido en el Ministerio de Asuntos Internos. Pero no había castigado severamente al Cuarto Príncipe. Y en el análisis final, lo que importaba era la mente del Emperador. La corte necesita ser controlada y equilibrada. Por lo tanto, si no se tocaba su línea de fondo, como un astuto Emperador, elegiría hacer la vista gorda.

 

 

De repente, atrapado en el cálido abrazo en el que brotaba una dulce fragancia. Jing Shao se sorprendió por un momento, respiró hondo con avidez, arqueó conscientemente su pecho y extendió sus brazos alrededor de aquella dócil cintura. —Jun Qing, me han prohibido salir otra vez, así que tú tampoco vayas a la corte.

 

 

—¿Por qué?—. Mu Hanzhang lo miró.

 

 

—¡Para que podamos dormir juntos hasta tarde y podamos hacerlo otra vez por la mañana!—. Dijo Jing Shao con unos ojos radiantes.

 

════ ∘◦❁◦∘ ════

[Nota de la traductora]

Un chi*: 一尺, un chi equivale a un tercio de un metro.

odiar al hierro por no convertirse en acero**: 恨鐵不成鋼 es un idioma para referirse a cuando una persona se siente resentida con alguien por no cumplir con sus expectativas, y por ello está impaciente por ver una mejora.

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