La Esposa es lo Primero - Capítulo 70
Cuando se abrió la cortina del carruaje, Song Lingxin se acercó a ellos, y se inclinó elegantemente para presentar sus respetos: —Esta concubina le da la bienvenida a Wang… ¡Ah!—. Antes de que pudiera terminar de hablar, el pequeño tigre la sorprendió, y de repente después de recuperarse, ella salió corriendo mientras gritaba.
Sus gritos sobresaltaron a Xiao Huang y lo disgustaron. Ante ello, Ge Ruoyi dio un paso hacia adelante, recogió al pequeño tigre y se hizo a un lado.
—¡Qué ruidoso sonido!—. Jing Shao salió primero del carruaje, miró a la mujer que estaba a un lado de él, para después darse la vuelta y extender una mano para ayudar a la persona que aún seguía en el carruaje a bajar.
Mu Hanzhang vestía una túnica de algodón de un color azul marino con una gasa ligera de manga ancha y una corona dorada con zafiros incrustados en su cabeza, dándole un aspecto más elegante, que le perteneciera a un noble. La experiencia que había vivido en la batalla había borrado todo rastro de dolor personal, y esa persona parecía como si fuera una espada, de su mismo nombre, siendo sacada de su vaina, y así atrajo la atención de todos los del lugar.
Los sirvientes del palacio se quedaron mirando sin comprender lo que acababa de pasar, y Miao Xi le susurró a Zhi Xi: —Wang Fei es cada vez más hermoso.
—Wang Fei, ¡este pequeño sirviente todos los días y noches ha deseado que volviera!—. Yun Zhu se apresuró a acercarse a ellos con entusiasmo.
Mu Hanzhang miró a Song Lingxin, mientras se sentía un poco incómodo en su corazón, y se volvió para mirar a Jing Shao que aún seguía a su lado.
Jing Shao también lo miró al mismo tiempo y observó que su Wang Fei estaba incómodo. Él no se tomó tiempo de pensarlo, miró a esa concubina suya, sintiéndose muy culpable, y no pudo evitar decirle con enojo: —¿Quién te permitió salir?—. Casi la había olvidado, y solo la recordó cuando la miró. Había dado la orden de no permitirle salir del Lado Oeste, ¿entonces por qué ahora estaba ahí?
—Wang Ye…—. Song Lingxin pensó que por casualidad Cheng Wang ya se había olvidado sobre ese accidente, por lo que se vistió para saludarlo, pero de repente había quedado expuesta de inmediato.
Jing Shao estaba enojado cuando la vio. Estaba a punto de sufrir de un ataque de ira, y la persona que estaba a su alrededor lo agarró: —Entra, hace mucho frío afuera—. Mu Hanzhang apretó la palma de su mano, Jing Shao estaba frente al Palacio regañando a su concubina, ¿cómo eso se vería a los ojos de los demás? Además, ¡Hao Dadao los estaba siguiendo!
Jing Shao miró a Duo Fu y colocó un brazo alrededor de la cintura de su Wang Fei: —Vamos.
Unas pocas palabras fueron intercambiadas entre Hao Dadao y él, y después los dos tomaron la delantera para entrar. Hao Dadao no pudo opinar nada sobre los asuntos familiares de Wang Ye, y el Sr. Yun personalmente lo llevó a una habitación para que pudiera descansar.
Duo Fu arrugó su cara y le dijo a Song Lingxin, quien estaba de pie a un lado de él con una pálida expresión: —Madam Song, debería regresar al Lado Oeste lo antes posible. No avergüence a los sirvientes.
No hubo cambios en las plantas o en los árboles del Palacio en medio año; eso les brindaba una extraña y familiar sensación.
Los dos estuvieron dentro del carruaje durante todo un día, pues regresaron de nuevo al frente de la puerta de la ciudad después de mucho tiempo, y estaban muy cansados. El sirviente ya les había preparado agua caliente, y con eso, ellos pudieron bañarse juntos. Jing Shao se acercó a su Wang Fei y lo tocó; sin embargo, fue empujado hacia un lado por él, y tras ello, se volvió a apresurar a ir hacia él sin darse por vencido.
—Estoy cansado y no tengo energía—. Mu Hanzhang lo alejó desganado.
Jing Shao le dejó una suave mordida en sus blancos hombros y le dijo a la ligera: —No lo haré hasta el final, relájate, ¿sí?
Ante las palabras de Jing Shao, él siempre había desconfiado. Mu Hanzhang frunció sus labios sin abrirlos, permitiendo que Jing Shao tocara su pecho con sus delgadas y ásperas manos.
—Con Song, ¿qué planeas que… Hmmm, hacer?
Mu Hanzhang levantó su cabeza y se apoyó en el hombro de Jing Shao, mirando las coloridas imágenes de nubes en la madera de la habitación. Aunque los días estando afuera habían sido duros, tuvieron muy pocas preocupaciones, por lo que de repente se sintió un poco incómodo al regresar al lugar donde estaban las pinturas en la tallada madera.
—¿Celoso?—. Jing Shao hizo una pausa al escuchar sus palabras, y le mordió su oreja con una pequeña risa.
—Eres un Príncipe Imperial, deberías tener tres esposas y cuatro concubinas, esta persona… ¡Ah!—. De repente unos dedos entraron en su cuerpo, y Mu Hanzhang se mordió su labio inferior. Aunque había una infiltración de agua caliente, era inevitable que el movimiento le generara un poco de dolor.
—¡No tienes permitido decir esas cosas!—. Jing Shao estaba un poco triste. Esas palabras le hicieron sentir que estaba de vuelta al momento cuando acababa de renacer, y ahora que habían vivido tanto juntos, ¿por qué Jun Qing todavía le hablaba así?
Mu Hanzhang frunció su ceño, soportando que esos secos dedos se movieran en el interior de su cuerpo, y se mordió sus labios, negándose a emitir un sonido.
Al verlo así, Jing Shao no pudo evitar sentirse angustiado. Después de calmarse y pensar en lo que acababa de decir, se dio cuenta de que solo había escuchado unas amargas palabras producto de los celos. De repente, se alegró otra vez, así que se inclinó y le besó su rostro, para después relajar el movimiento de su mano. Tras tocar aquel punto familiar, lo frotó poco a poco.
Mu Hanzhang frunció sus labios, sin querer aún emitir un sonido, pero a medida que Jing Shao hacía cada vez más rápido su movimiento, el gemido roto de Jun Qing aún se desbordaba.
Presionando aquel punto con una mano, y acariciando al pequeño Jun Qing, que se había levantado al mismo momento que el miembro ajeno. Jing Shao tocó su oreja y jadeó ligeramente: —Si haces feliz a tu esposo esta noche, me divorciaré de Song Lingxin mañana, ¿está bien?
—Hmmm…— Mu Hanzhang alejó a esa cabeza de sus oídos: —Si el Príncipe Imperial no está satisfecho, puede ir con su concubina… ¡Ah!—. Los dos dedos bañados con el ungüento perfumado entraron en su cuerpo nuevamente acariciándolo para abrirlo más.
—¿Cuál es el problema, este Príncipe Imperial ya no puede mirar a nadie más que a ti ahora?—. Jing Shao le sonrió y lo levantó un poco.
—Tú, ah…—. Mu Hanzhang lo escuchó decir palabras tan vulgares, y su hermoso sonrojado rostro se volvió aún más rojizo, listo para decirle algo. Y las manos que lo sostenían se fueron de repente, y su cuerpo cayó incontrolablemente. Así, el duro objeto que había estado listo durante mucho tiempo se metió en su cuerpo de esa manera.
—Duele…—. Mu Hanzhang se apoyó en el hombro de Jing Shao susurrando su dolor. De hecho, Jing Shao lo había preparado lo suficientemente bien en todo ese momento, y por eso no fue particularmente doloroso en realidad. Así que solo resopló ligeramente, como si quisiera actuar coquetamente.
Jing Shao escuchó su suave gemido, jadeó y le pellizcó la barbilla a la persona que estaba en sus brazos para después besarlo ferozmente: —Jun Qing, has olvidado lo que habías aprendido.
—¿Ah?—. Mu Hanzhang sentía su mente en blanco, y no entendió del todo el significado de las palabras de Jing Shao y dejó escapar un desconcertado sonido nasal.
Jing Shao apretó sus labios al verlo lucir tan confundido, su amado Jun Qing finalmente había conseguido relajarse en este momento, por lo que extendió su mano para alcanzar la cintura ajena con confianza.
Zhi Xi, quien vino a entregar la comida, detuvo los pasos de la servidumbre, pidiendo que dejaran la comida y se retiraran inmediatamente. Al mirar a la habitación interior con la puerta cerrada, se sonrojó y se retiró también. En ese momento, se encontró con Ge Ruoyi, quien había venido a despedirse del pequeño tigre, y la saludó con una sonrisa: —Guniang*, Wang Ye y Wang Fei están descansando adentro, no ingreses primero.
Ge Ruoyi miró a esta señorita que le estaba sonriendo tan amablemente, pero con escrutinio y hostilidad en sus ojos, pensó en secreto que era muy aburrida, y así colocó a Xiao Huang en sus brazos, sonrió levemente y dijo: —Jiejie*, no quiero tanta cortesía. Mi nombre es Ge Ruoyi, y ahora soy la doncella de Wang Fei. Espero que mi jiejie me pueda dar más consejos en el futuro.
Cuando Zhi Xi la escuchó decir eso, la hostilidad en sus ojos desapareció de inmediato. Originalmente había pensado que esta era una belleza que el Príncipe había traído en su camino de regreso, pero resultó que era la doncella recibida por Wang Fei.
En la habitación, Jing Shao no tenía conocimiento de la pequeña pelea entre sus sirvientas, y felizmente besó la comisura de los ojos del sonrojado hombre en sus brazos y lo sacó de la bañera.
Mu Hanzhang yacía suavemente sobre los hombros de Jing Shao; su cuerpo estaba cansado y ahora ni siquiera podía mover sus dedos.
—Si tienes hambre, pediré que preparen una comida—. Jing Shao puso al hombre en la cama y lo cubrió con la colcha.
—No quiero comer mucho—. Murmuró Mu Hanzhang y se volvió hacia adentro de la cama.
Jing Shao se puso su ropa interior, lo abrazó y lo besó: —¿Cuánto vas a comer?—. Al acabar de hablar, se levantó y salió de la habitación interior. Después de un rato, Zhi Xi trajo un tazón de avena y dos platos de guarniciones y los dejó en la mesita junto a la cama, mientras bajaba su cabeza.
Jing Shao sacó felizmente a la persona que estaba en la cama y lo sostuvo en sus brazos, mientras agarraba a un cuenco de arroz para alimentar a aquella persona.
—Mañana, cuando vayas a la Corte Imperial, si alguien dice algo interesante, no seas impulsivo—. Mu Hanzhang tomó un bocado y quería tomar la cuchara, pero Jing Shao lo evitó.
—Bueno, tengo que ir al Palacio Real de mi hermano en cuanto me levante mañana y contarle sobre lo que pasó con el Rey de Huainan—. Jing Shao tomó un bocado para sí mismo, y luego tomó otra cucharada y le dio de comer a Jun Qing.
—Antes de ir, iré al Palacio Fengyi para encontrarme con la Madre Emperatriz—. Mu Hanzhang sacudió su cabeza, y no quería comer más: —Entonces iré a la Residencia del Marqués del Norte mañana—. Al regreso de un tan largo viaje había tomado la iniciativa de visitar a sus padres, y su madre no había tenido noticias de él durante mucho tiempo, por lo que se sintió un poco incómodo ante ello.
Jing Shao se comió el resto solo, y le respondió de una manera ambigua.
Al día siguiente, Jing Shao se puso su ropa para ir a la Corte Imperial de un blanco color como la luna y se paró nuevamente en el Palacio de color dorado.
El Emperador Hong Zheng estaba muy feliz de que Jing Shao haya acabado con los dos Reyes Feudales esta vez como una tormenta de viento. Normalmente tenía una mirada fría, pero esta vez, en cambio, lo elogió frente a sus cien funcionarios.
—Gracias a la clarividencia del Emperador, su hijo solo sigue sus órdenes—. Jing Shao bajó su cabeza mientras respondía con humildad, y dio su primer movimiento hacia el general Hao Dadao, de forma casual.
El Emperador Hong Zheng estaba muy satisfecho con su desenvolvimiento militar. Sintió que este hijo suyo había salido a luchar durante algún tiempo; y sin embargo, estaba bastante calmado. En cuanto a Hao Dadao, había escuchado que su antepasado era el general Hao de la dinastía anterior e inmediatamente había sido nombrado como un valiente General.
A su vez, un Ministro Imperial también estaba felicitando su virtud. El Cuarto Príncipe Jing Yu había bajado su cabeza, y la expresión de su rostro era incierta. Su hermano mayor, el gran Príncipe había atacado a Nanban y aún no había regresado; mientras que Jing Shao ya había derribado a los dos clanes feudales, ¡y ahora había traído a otro miembro a la Corte! Y el funcionario del lado opuesto le guiñó un ojo.
Jing Chen miró a su hermano menor que estaba parado en medio del pasillo con tranquilidad, sin discernir entre la alegría y la ira.
—¡Emperador, el regreso de Cheng Wang es una gratificante y feliz victoria, pero la recompensa debe ser clara al igual que la pena!—. Un funcionario había salido de repente.
Jing Shao se puso de pie, manteniendo sus ojos cerrados, sin responderle a sus palabras.
El funcionario esperó durante mucho tiempo, pero no vio a Cheng Wang reaccionar con ira ante lo que había dicho. El tribunal se había quedado de repente en silencio, lo que lo hizo sentir muy avergonzado, por lo que tuvo que comer su propia bala* y continuó: —En cuanto al castigo, esta persona ha pensado que el Ministro de Guerra debería ser más claro.
Tan pronto como expresó este comentario, las expresiones de todos cambiaron repentinamente. Song An, el Ministro de Guerra, era el padre biológico de la concubina de Cheng Wang, ¿y ahora lo estaban presionando para que lo regañara?
Jing Chen miró a Song An, quien había empezado a temblar, y sus ojos se oscurecieron gradualmente.
—Iluminando al Emperador, el Wang Fei de Cheng Wang, como miembro de su familia, lo ha seguido hasta el campo de batalla en privado e ilegalmente—. Dijo Song An con sudor frío en su rostro.
—Así es—. El Conde Yong Chang también se puso de pie y dijo en voz alta: —Quien se convirtió en Wang Fei y esposa ha ignorado la etiqueta y considera los asuntos nacionales como un juego de niños. Esta persona cree que esta acción debería ser severamente castigada, sino de lo contrario, Cheng Wang seguirá y sus soldados también sacarán a sus esposas en el futuro. ¡Qué tal osadía!
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[Nota de la traductora]
Guniang*: Su traducción literal es «joven mujer», es una manera formal de referirse a una señorita más joven que el hablante.
Jiejie*: Su traducción literal es «hermana mayor», pero se aplica cuando la señorita de la que una persona se está refiriendo es mayor que el hablante.
Comer su propia bala*: Frente a una situación de impotencia, significa «tragarse la vergüenza» o «reunir coraje».