La Esposa es lo Primero - Capítulo 65

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En el momento en que Hao Dadao se retiró, ambos pudieron mirarse frente a frente.

 

 

 

—¿Crees que Ge Ruoyi tuvo éxito?—. Mu Hanzhang soltó la mano de Jing Shao, pero rápidamente Jing Shao la persiguió para sostenerla, mientras jugaba con sus dedos.

 

 

 

—Creo que sí— Jing Shao se llevó la delicada mano a los labios—. Sea ese el caso o no, el caos del Ejército del Sureste es una buena oportunidad.

 

 

 

Mu Hanzhang asintió: —Si el Rey del Sureste realmente murió, ¿sus hijos serán capaces de manejar la situación?—. Si uno o dos de sus hijos conocían las estrategias de guerra e inmediatamente tomaban el poder, el Ejército del Sureste se reorganizaría luego de dos días de caos como máximo.

 

 

 

Jing Shao negó y se rió entre dientes: —El Rey del Sureste todavía no rebasa los treinta años y su primer hijo tampoco es muy mayor todavía. Durante la lucha por tomar el trono, mató a su único hermano mayor. No hay quien pueda tomar el cargo aún.

 

 

 

El Sureste se encuentra a las costas del mar, durante los últimos años, gracias a los aranceles del comercio marítimo y la riqueza de sus productos, ha provocado un deseos de corrupción y ambición por las riquezas en la familia real del Sureste. En cuanto apareció un descendiente capaz, tal y como el Rey del Sureste, los demás héroes potenciales fueron reprimidos, de modo que no existe nadie quien pueda ascender al trono de inmediato.

 

 

 

Mu Hanzhang suspiró. Fue la voluntad del cielo que cada uno recibiera la atribución adecuada. Los Reyes del Sureste han provocado este desenlace y son ellos los únicos responsables.

 

 

 

Jing Shao había enviado soldados infiltrados durante la noche para que espíen y reúnan información de inteligencia. En la mañana, los mensajeros informaron que los tenientes generales del Ejército del Sureste estuvieron discutiendo durante esa noche. Parecían muy ansiosos.

 

 

 

Jing Shao inmediatamente ordenó a Hao Dadao que liderara a sus tropas antes que él mismo lo siguiera con sus tropas.

 

 

 

Hao Dadao condujo al ejército al campamento del Ejército del Sureste. Al darse cuenta que estaban intentando retirarse, Hao Dadao gritó: —¡El Rey del Sureste está muerto! Tienen las manos atadas y no hay nada que puedan hacer. ¡Todos ustedes siguen siendo ciudadanos de Dachen, si continúan resistiéndose, serán considerados como traidores!

 

 

 

Al escuchar esto, el Ejército del Sureste rápidamente estalló en un frenesí de pánico. Anoche, los generales habían recibido algún tipo de noticia y esta mañana repentinamente habían anunciado que era necesario que hagan maletas y regresen a la ciudad principal. Toda la situación era demasiada extraña y los soldados estaban cada vez más temerosos.

 

 

 

—Hao Dadao, deja de decir tonterías—. Le disparó el General Shen Jian contra Hao Dadao. Estaba conmocionado y enojado.

 

 

 

La reacción del otro general sólo confirmó la noticia de la muerte del Rey del Sureste.

 

 

 

—¡Mátenlos!—. Antes que la flecha saliese disparada, Hao Dadao agitó su mano y corrió hacia adelante. Miles de tropas bloquearon rápidamente la línea de visión del General Shen Jian; el general había perdido su objetivo y ya no sabía por dónde comenzar.

 

 

 

Cuando finalmente Jing Shao había podido alcanzar a Hao Dadao, este había asesinado ya al general Shen Jian bajo la espada Hun Yuan y persiguió al resto de las tropas. Su ejército fue tras él.

 

 

 

En las montañas del Sureste existían una gran cantidad de colinas, por lo mismo, el camino estaba sumamente accidentado. Jing Shao sacó al asesor militar a dar un paseo, dejando al pequeño tigre dentro del carruaje.

 

 

 

La noticia de la muerte del Rey del Sureste se extendió en el ejército como la pólvora. La moral de los soldados y de los generales no eran suficientes como para luchar desesperadamente. Hao Dadao continuó luchando hasta llegar a la capital: La Ciudad Flotante.

 

 

 

 

 

No se sabía quién de los indiferentes herederos estaba listo para tomar el trono, pero toda la casa estaba cubierta de una fina tela blanca y el salón principal estaba dispuesto para un funeral. Guardando las apariencias, podrían haberse mantenido en silencio y ordenar rápidamente a que las tropas protejan el frente. Sin embargo, otro heredero decidió mostrar piedad filial y ordenó al ejército de la línea delantera que regresase a defender la ciudad. De repente, la noticia se difundió y la moral del ejército fluctuó. Ahora eran demasiado débiles como para recuperarse.

 

 

Cuando el ejército de Jing Shao ingresó a la ciudad, la gente, aterrorizada, se dispersó. Jing Shao les fue explicando que no se les perturbaría y, como lo había hecho anteriormente, sólo había entrado con sus soldados personales.

 

 

La gente del Palacio no tenía previsto huir tan rápido como la gente del Suroeste. Toda la familia todavía se encontraba en pánico cuando el ejército los rodeó.

 

 

Al reunir a los miembros de la familia del Rey del Sureste en un pequeño patio, Mu Hanzhang los fue revisando uno por uno, mas no pudo encontrar rastro alguno de Ge Ruoyi. Se sintió incómodo. Antes de irse, ella le había prometido que no haría ninguna tontería y que esperaría su llegada, pero ahora Mu Hanzhang temía que las cosas no hubieran salido de acuerdo a lo planeado.

 

 

—¡Mi Señor! ¡Mi Señor! Esta hija fue arrebatada de su familia por el Rey del Sureste. ¡Ella es inocente! Mi Señor, por favor, sáqueme de aquí, incluso si tengo que trabajar como un caballo estoy dispuesta…—. Una mujer vestida de civil de repente salió corriendo y se arrojó a los pies de Mu Hanzhang llorando sin consuelo.

 

 

Mu Hanzhang bajó la mirada, pero no era la persona a quien estaba buscando, por lo que frunció el ceño.

 

 

—¡Lárgate!—. Jing Shao, quien lo seguía por detrás, se enojó y pateó a la mujer quien tiraba de las ropas de Jung Qing.

 

 

La mujer gritó y se hizo a un lado. Se dio cuenta que los dos tenían un porte extraordinario. Si no eran príncipes o emperadores, probablemente debían ser funcionarios de alto rango. Si pudiera obtener algún favor suyo, ella podría mantener una vida lujosa. Luego de observar por un largo tiempo, había creído que Mu Hanzhang tenía un temperamento más gentil y podría ser fácil de tratar. Nunca esperó que la persona detrás de él reaccionaría de esa forma.

 

 

—Vámonos. Si Ruoyi estuviera aquí, naturalmente saldría a verte—. Jing Shao extendió su mano para abrazar a su deprimido Wang Fei y lo sacó del patio. Todas las mujeres de ese lugar eran encantadoras y seductoras; no parecían buenas personas. No sería bueno si alguien se abalanzara sobre Jun Qing nuevamente.

 

 

—¿Tu sueño contiene alguna pista que nos diga si Ruoyi se encuentra bien?—. Mu Hanzhang levantó la vista topándose con un Jing Shao enojado. No pudo evitar parecerle graciosa la situación. Jing Shao también era un hombre, entonces. ¿Cómo podría enfrentarse a un cuarto lleno de mujeres hermosas llorando y no sentir ni la más mínima lástima por ellas y, en su lugar, sentirse enojado?

 

 

Jing Shao se detuvo y la escena de su vida pasada apareció frente a él. La habitación estaba cubierta por una seda blanca y el aire se agitaba con un llanto de tristeza. Sólo una mujer se atrevió a reír y el hijo del Rey del Sureste se apresuró en matarla, pero Jing Shao lo detuvo.

 

 

Ella dijo: —Wang Ye, ¿Estaría dispuesto a escuchar la historia de esta hija?—. Contó su pasado y la historia que vivió. Cuando finalmente terminó, sacó la espada que yacía en la funda de la cintura de Jing Shao y se suicidó.

 

 

Cuando Mu Hanzhang lo escuchó, sus hermosos ojos se oscurecieron.

 

 

—Eso fue sólo un sueño. Es difícil decir qué sucederá ahora—. Jing Shao suspiró y abrazó a su Wang Fei: —El Rey del Suroeste vino a buscar refugio, pero fue asesinado por el Rey del Sureste. Ahora los tesoros de ambos feudos se encuentran ocultos en esta mansión. Vamos a echar un vistazo.

 

 

 

 

 

Todo en la mansión estaba muy bien cuidado. Incluso los sirvientes no tuvieron tiempo de escapar. A excepción de algunos adornos, todo lo valioso todavía permanecía.

 

 

El lugar donde el Rey del Sureste escondió sus tesoros no era tan oculto como el del Rey del Suroeste. En cambio, hace poco habían construido un almacén en el bosque de bambú del patio principal.

 

 

Al pasar a través de los exuberantes arbustos de bambú, apareció una enorme edificación de piedra. La puerta era gruesa y pesada; los soldados que la custodiaban habían sido reemplazados por los guardias oficiales de Jing Shao. Jiang Lang se paró frente al edificio de piedra y, en cuanto los vio, se acercó a dar sus respetos.

 

 

—Wang Ye, hay un candado en el edificio de piedra que sólo puede abrirse desde dentro—. Jiang Lang estaba muy angustiado, el príncipe le había ordenado que inspeccionara y vigilara la Casa del Tesoro. Después de estudiarlo durante mucho tiempo, Jiang Lang descubrió su secreto.

 

 

—Es de suponer que se trata de un camino secreto que conduce al camino de piedra desde otro lugar—. Mu Hanzhang miró hacia adelante por un momento antes de volver para hablar con Jing Shao.

 

 

Jing Shao asintió. El otro extremo del túnel debería estar conectado con el dormitorio del Rey del Sureste. Estaba a punto de enviar a alguien allí, cuando inesperadamente. ¡La puerta se abrió por sí sola!

 

 

Jiang Lang se posicionó al frente de Wang Ye y Wang Fei para protegerlos. El sol brillaba en la habitación de piedra reflejando el polvo en el aire. Alguien salió lentamente de la oscuridad y se arrodilló para recibirlos. Vestía un hermoso vestido de gasa rosa que envolvía de manera encantadora su figura, no llevaba ningún accesorio y sus cabellos caían salvajemente por su espalda; pero aquello no dañaba en lo más mínimo su belleza.

 

 

—¡La sirviente Ge Ruoyi le da la bienvenida a Wang Ye y Wang Fei!—. La voz originalmente clara, ahora estaba un poco ronca, presumiblemente debido a la falta de agua y comida en el edificio de piedra.

 

 

—¡Ruoyi!—. Mu Hanzhang dio un paso hacia adelante para ayudarla a levantarse, aunque estaba un poco demacrada, no había dudas que era Ge Ruoyi.

 

 

Al ver la sonrisa de Mu Hanzhang, Ruoyi no pudo evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos. No debería haber vivido luego de asesinar al Rey del Sureste; sin embargo, recordó las palabras de Wang Fei antes de irse. Si quedaba algo que la uniera a este mundo. ¡Sólo podría ser la amabilidad de Wang Ye y Wang Fei que todavía tenía que devolver!

 

 

Al ver que su Wang Fei estaba feliz, Jing Shao naturalmente también estaba feliz. Le pidió a Jiang Lang que llevara a Ge Ruoyi a descansar, por lo que felizmente tomó a Mu Hanzhang en brazos y juntos entraron a la habitación de piedra.

 

 

Las velas se fueron encendiendo una a una y los objetos en la habitación fueron reveladas.

 

 

Además de cofres de lingotes de oro y barras de plata, jade verde y ágata, y jarras de perlas del Mar del Sur, también había innumerables caligrafías y pinturas antiguas, así como espadas y armas de renombre.

 

 

—Xiao Shao…—. Le dijo lentamente Mu Hanzhang: —Nosotros… Hemos encontrado un tesoro…

 

 

Aunque es razonable pensar que estas cosas iban a ser entregadas al tesorero de la ciudad, aun no tenían dueño. ¡Eso significa que quien las encontrara naturalmente tendría una parte!

 

 

Jing Shao agarró un gran cofre, felizmente ayudó a su Wang Fei a elegir cosas buenas y las metió adentro.

 

 

Mu Hanzhang todavía era algo sensato y detuvo a Jing Shao, que estaba tomando cosas indiscriminadamente. Solo recogió una pequeña caja de alrededor de solo un metro de largo: —Esa caja es demasiado obvia. Incluso si este tipo de cosas es una regla no escrita, esta vez has realizado un servicio sumamente meritorio y serás inevitablemente criticado, así que ten cuidado.

 

 

 

 

 

Aunque Mu Hanzhang no tenía el sentido innato de su madre para reconocer tesoros, era más que capaz de discernir el valor de estos objetos valiosos.

 

 

Los tesoros no eran abundantes, pero eran de gran calidad. De repente, Jing Shao quien había crecido en la corte imperial, pensó: ¿qué cosas buenas no había visto? Y naturalmente, entendió cuánto valían estas maravillas.

 

 

Tomemos, por ejemplo, que un Pixiu* esculpido en jade verde oscuro, que solo tenía el tamaño de una nuez; era más valiosa que la mano de Buda de jade blanco de medio pie de alto. Y esa luna de jade azul suave y la horquilla de nube fluida*eran mucho más valiosas que los exquisitamente elaborados adornos dorados colgantes*para mujeres.

 

 

Jing Shao recogió la horquilla. Era un alfiler de jade simple y sin adornos que no estaba decorado con muchas tallas. Era simplemente una horquilla que se había doblado ligeramente en forma de nubes fluidas. El jade era cálido y brillante. Y lo que era más importante, era una horquilla de hombre. Era perfecta para su Wang Fei.

 

 

Jing Shao se acercó y colocó suavemente la horquilla en el cabello de Mu Hanzhang. Hoy llevaba una corona de jade*y dos borlas azules colgaban sobre su largo cabello color cuervo, acompañado por la luna de jade azul y el alfiler con nubes que fluían en él, no podía ser más adecuada.

 

 

Mu Hanzhang lo miró, y sus hermosos ojos brillaban de emoción como la copa de cristal en su mano, clara y hermosa. Jing Shao no pudo evitar inclinarse hacia él y besarlo por encima de sus ojos: —¿Qué quieres hacer con esta taza?

 

 

—Esta taza debe ser del extranjero—. Aún con cosquillas, Mu Hanzhang trataba de ocultar su sonrisa. Pocas personas en Dachen sabían cómo hacer una taza de cristal. La copa de cristal que tenía en la mano no solo era especial por el material con el que estaba hecha, también tenía una forma bastante extraña: —Si traemos este tipo de cosas a la capital, seguramente se venderán a un buen precio.

 

 

Jing Shao no pudo evitar reír. En cualquier momento y lugar, su Wang Fei nunca se olvidaba de encontrar formas de hacer negocios y ganar dinero: —Los comerciantes extranjeros a menudo vienen al sureste para vender sus productos, podemos hacer que algunas personas vuelvan a comprar más tarde. No valen demasiado. Si quieres, puedes tomar todas las tazas que son así del Palacio del Sureste y venderlas cuando vayamos a Jiangnan en unos días.

 

 

—¿Vamos a pasar por Jiangnan?—. Mu Hanzhang lo miró después de haberlo escuchado.

 

 

Jing Shao asintió. Regresar a la capital desde aquí simplemente les daría la oportunidad de pasar por Jiangnan. De todos modos, no podrían regresar a tiempo para el nuevo año, por lo que era mejor quedarse con su Wang Fei en Jiangnan por un tiempo e ir a ver a esa persona de pasada.

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