La Esposa es lo Primero - Capítulo 33
No fue sino hasta dos días después que la Marquesa del Norte se dio cuenta, a partir de las felicitaciones de las muchas duquesas y marquesas que se acercaron a visitar a la residencia del Marqués del Norte, ¡que toda la capital ya se había enterado de aquel rumor! Ella estaba extremadamente enojada, pero no podía hacer nada al respecto, por lo que solo llamó a la tercera tía de Mu Hanzhang para que se presentara ante ella para poderla regañar severamente
—Cuñada, ¡no se me puede culpar solo a mí!—. La tercera madam sollozó y gritó con una voz ligeramente aguda. —¿Acaso usted no estaba feliz por la pequeña Suzhi? Solo hablé de eso con las pocas sirvientas que tengo; pero también habían varias personas presentes ese día que usted lo comentó, por lo que… ¡No necesariamente he sido yo! ¿Por qué me culpa a mí?
—¡Y aún te atreves a preguntar! Dejé en claro tantas veces ese día que no divulgaran nada públicamente por el momento, e incluso si uno está seguro de su éxito, ¡todavía nada está dicho! Para negar que no eres tú… Eres realmente… Ese día, una vez que saliste, simplemente comenzaste a hablar, ¡como si temieras que otras personas no lo supieran!—. La Marquesa del Norte tembló de la ira. En igual manera si es que tenían éxito para concebir esta unión como si no, sin duda ella pasaría una gran vergüenza. La Marquesa del Norte temía que si la Emperatriz se llegara a enterar de este rumor, ya que pensaría que la casa del Marqués del Norte era bastante superficial y, por lo tanto, no guardaría una buena impresión de Suzhi, lo que en realidad podría hacer que esta unión fracasara antes de haberse establecido.
Aquella tía, esposa del tercer hermano del Marqués del Norte, detuvo sus lágrimas al escuchar esto e inmediatamente dijo con frialdad. —¡Cuñada, incluso si no estaba en lo cierto sobre este asunto, no deberías usar este tono para sermonearme!—. No había distinción en cuanto al rango entre las esposas de los hermanos. Simplemente no podía soportar ver lo complacida que parecía Madam Du. Y su propio marido también era hijo del viejo Marqués. Por lo que, ¿cómo es posible que solamente Suzhi pudiera casarse con un príncipe, y su hija no?
Sin mencionar el hecho de que la Residencia del Marqués del Norte siempre estaba sumergida en un humo de conflictos, por lo que cuando la joven hija del Duque Mao volvió a entrar al palacio imperial después de unos días, la Residencia del Marqués explotó en un caos. Más aún cuando resultaba que aquel bolso bordado que la Emperatriz le había dado a esa señorita estaba lleno de tabletas de jade.
—El bastardo del Marqués del Norte ya está casado con Cheng Wang, y ahora también ella quiere casar a su hija con el cuarto príncipe. ¿Cómo es que puede haber tanta suerte en este mundo—. Dijo la Duquesa Mao a la Condesa, esposa de Yong Chang.
—¿No es porque tiene miedo de que ese bastardo sea demasiado inteligente, y además su esposo haya amenazado a su hijo mayor, por lo que se está apresurando a casar a su hija? Ahora esto tiene sentido; ¡solo ha levantado una piedra y la ha dejado caer sobre su propia voluntad!—. La Condesa, esposa de Yong Chang dijo con una sonrisa. —Claramente nuestras dos familias estarán aún más unidas en el futuro.
—¿Acaso quedan dudas al respecto? ¡En el futuro habrán aún más razones para ir a tu casa y jugar mahjong!—. La Duquesa Mao continuó su charla entre sonrisas. El Conde Yong Chang era el hermano menor de la Emperatriz, por lo que ambos eran hijos de la misma madre. Si la joven hija de la Duquesa Mao se casara con el cuarto príncipe, las dos familias ciertamente estarían muy unidas.
Hoy, la Marquesa del Sur había invitado a las esposas de los funcionarios a que vinieran y apreciaran a las flores de peonías, que ya habían brotado en su gran jardín.
—¿Por qué no va a venir la hermana Du?—. La Marquesa del Sur era la esposa del segundo hermano, y era la más joven de todas.
—Ella, me temo que no podrá venir en los próximos días—. La Condesa, esposa de Yong Chang sonrió cubriendo su boca con un suave pañuelo. —¿La Esposa del segundo príncipe ha regresado recientemente a la casa de su madre?
La Marquesa del Sur le sonrió y dijo. —Ella tiene muchas cosas que hacer en su casa, así que no la llamé hoy—. Sabiendo que tenían curiosidad por obtener información sobre el Segundo Príncipe, la Marquesa del Sur no tenía la intención de decir demasiado sobre los asuntos de su familia y cambió de tema después de unas pocas frases.
Por otro lado, al descubrir que Duo Fu podía manejar los asuntos de la casa por su cuenta, Mu Hanzhang comenzó a relajarse gradualmente. Jing Shao, quien había probado su dulzura, cada vez quería más de él. Por lo que se envolvía alrededor de su Wang Fei todas las noches, para hacerle varias de sus proposiciones de placer, hasta que llegó el punto en el que Mu Hanzhang no pudo soportarlo más; y solo entonces Jing Shao se calmó durante unos días. Y así, Duo Fu solo podía arrugar su cara de bollo al vapor todos los días y enfrentar al montón de actividades que se le dejaron sin piedad para manejarlas por su propia cuenta.
—El hermano definitivamente no viajará de noche, por lo que tal vez llegue a la capital muy tarde—. Mu Hanzhang ayudaba a Jing Shao a abrocharse su muñequera, y al ver al ansioso rostro de Jing Shao, suspiró para decir. —Por lo que, de cualquier manera, debes de desayunar antes de ir.
El hermano de Jing Shao iba a regresar hoy, por lo que, ante ello, Wang Ye, quien acababa de terminar de bañarse, y no necesitaba ir a la corte, estaba altamente fluyendo de emoción. En este camino de regreso desde el suroeste, Jing Chen ciertamente iba a pasar por las murallas del sur de la ciudad, por lo que Jing Shao quería encontrarse con él allí, y en su camino, quería ir al este de la ciudad y echar un vistazo a ese árido bosque, que tanto le había encantado. Y dado a que Jing Chen todavía estaba en la provincia vecina en el día de ayer, hoy no volvería demasiado temprano. Jing Shao extendió su mano para ayudar a su Wang Fei a enderezar las borlas de su corona, para después regalarle una sonrisa y decirle. —Está bien, iré después de comer.
—Entonces, por mi lado, volveré hoy a la residencia del Marqués del Norte, mi padre quiere hablar conmigo y quiere que vaya lo más pronto posible en cuanto yo esté libre—. Jing Shao había tomado una siesta ayer por la tarde sin preocuparse por la hora, lo que también provocó que el propio Mu Hanzhang durmiera en todo ese tiempo junto a él, por lo que no tuvo la oportunidad de ir a visitar a su padre. Pensando en esto, no pudo evitar mirar a Jing Shao de nuevo.
En el extremo receptor de la mirada de Wang Fei, Jing Shao bajó su cabeza y le mordió su hermosa oreja sin explicación alguna.
Mu Hanzhang se apresuró a empujarlo a un lado y miró a sus alrededores antes de suspirar con alivio. Afortunadamente, para disfrutar ayudando a su Wang Fei a vestirse, Jing Shao ya había expulsado a todas las sirvientas para poder solo él, admirar a su esposo.
Jing Shao montó primero a Xiao Hei hacia los suburbios del este, eludiendo fácilmente a los montones de escombros y árboles, mientras entraba en las profundidades de aquel árido bosque. Un grupo de soldados estaba nivelando aquel terreno con azadas y martillos. Y solo habían veinte o treinta personas en total, por lo que ese trabajo, en especial, estaba pronosticado a demorar.
—Wang Ye—. Reng Feng vio que Jing Shao había venido y dejó el martillo que se encontraba en su mano para darle la bienvenida. —Hay muy pocas personas en esto, si necesitamos nivelar a esta tierra, me temo que no podremos terminarla ni siquiera para fin de año.
—No te preocupes—. Jing Shao desmontó a su caballo y se subió a una alta piedra para inspeccionar a los alrededores y al árido bosque, que se encargaron de llenar rápidamente su campo de visión. —Deja a estos árboles—. Después de decir eso, saltó de la piedra y volvió a montar en su caballo.
—Sí—. La mano de Ren Feng se extendió para apoyarlo, pero Jing Shao rápidamente lo bloqueó.
Mirando alrededor del círculo de nuevos soldados cuyas cabezas estaban inclinadas mientras trabajaban a la tierra, Jing Shao sólo pudo decir en voz baja. —Si alguien filtra siquiera la mitad de una frase sobre este asunto, no tendrá ningún perdón, ¡por lo que será asesinado!
Mu Hanzhang dejó que se fuera Jing Shao primero y luego fue a la casa del Marqués del Norte. Una vez que entró él a la Residencia, notó que la atmósfera dentro de la mansión no era la adecuada. Todos los sirvientes de la mansión estaban anormalmente callados, con la cabeza gacha y la mirada perdida. La sirvienta lo llevó directamente al estudio del Marqués del Norte. Su padre, Mu Jin, estaba escribiendo a un gran carácter. Aquella magnífica escritura pareció penetrar a ese blanco papel. Mu Hanzhang miró hacia el escrito y vio que era un gran carácter «坚», que significa el ser fuerte.
—¿Qué problema tiene mi padre?—. Mu Hanzhang miró cuidadosamente los ángulos de aquella caligrafía dibujada en ese papel, que solo reflejaba la pelea interna y confusión en el corazón del escritor.
—¿Qué pudiste ver?—. Mu Jin lo vio leer a aquel carácter que había escrito, y observó más detenidamente.
Mu Hanzhang retiró su mirada. —El padre siempre ha sido decidido; esta vacilación parece ser una preocupación por un asunto de mayor importancia.
Mu Jin puso a su pincel en un recipiente para lavarlo y suspiró. —Siempre has sido tan inteligente desde la infancia; y naturalmente, puedes ver todo más claramente. Esta vez, está bien lo que dices, ya que tu padre es solamente una persona codiciosa.
—Este hijo pensó que cuando el padre decidió casar a su hijo con Cheng Wang, ya había tomado una decisión para él—. Mu Hanzhang levantó su mano y enrolló aquella escritura antes de extender otra hoja de papel en blanco. —La disputa sobre la posición del príncipe heredero es un asunto por el que la gente luchará hasta el último suspiro. ¿Cómo es que acaso es posible el apaciguar a ambos lados?—. Tomando el mismo pincel, que había sido colocado en el porta pinceles, lo empapó en la tinta y se lo dio a su padre con ambas manos.
Mu Jin lo miró por un momento y tomó aquel pincel, que se encontraba frente a él. Y después de mucho tiempo, solo pudo reír y decir. —¿Apaciguar a ambos lados? ¡Bien dicho!—. Levantó su pincel y esta vez lo manejó sin dudar, y el carácter «坚» fue escrito con una incomparable suavidad, en un solo instante.
La emoción se había desarrollado entre los hogares del Marqués del Norte y del Duque Mao por la selección de la Primera Esposa del cuarto príncipe. Y la Emperatriz había utilizado este asunto para abofetear a la familia del Marqués del Norte con el fin de satisfacer a la familia del Duque Mao. Fue ahí cuando solo entonces Mu Jin entendió por qué la Emperatriz había elegido a su segundo hijo, Mu Hanzhang, para que sea el Cheng Wang Fei. Ella claramente ya había planeado que su hijo abandone a la casa del Marqués del Norte, y frente a esta revelación él ya no sabía cómo lidiar con esto.
—Tengo la intención de promover oficialmente a Qiu Yiniang a la concubina de segundo rango el próximo mes—. Mu Jin guardó su pincel y miró a su segundo hijo. —La concubina de Cheng Wang es la primera hija del Ministro Asistente de Guerra; y tú eres su Primera Esposa, por lo que deberías tener un estatus de nacimiento más alto.
Mu Hanzhang estaba atónito; no esperaba que Mu Jin, su padre, realmente lo tomara en consideración de esta manera. Aunque sabía que el Marqués del Norte estaba expresando claramente su punto de vista con este método, no pudo evitar sentirse un poco conmovido. Por lo que se inclinó inmediatamente con respeto ante él. —Agradeciendo a mi Padre por su empatía, este hijo se lo agradecerá de antemano en nombre de Yiniang.
Xiao Hei corrió demasiado rápido y pronto llegó a un pabellón que se encontraba a treinta li al sur de la ciudad. Y Jing Shao de quedó sentado allí, extremadamente aburrido mientras arrancaba la hierba del lugar para alimentar a Xiao Hei. No fue hasta el anochecer que vio a un azul carruaje acercarse lentamente desde lo lejos.
Jing Shao inmediatamente montó a Xiao Hei y corrió hasta ese carruaje, llegando a asustar al conductor. El guardia en frente de aquel transporte sacó su filosa espada, que hasta ese momento guardaba en secreto en su cintura. —¿Es acaso… Wang Ye?
Jing Shao agitó su mano en señal de saludo. —¿Por qué han llegado recién?
—Como sabrá, su Alteza está herido, y no nos atrevimos a viajar demasiado rápido —. Justificó aquel guardia imperial.
Jing Shao frunció su ceño; saltó al carruaje y entró rápidamente. Pero al ver la situación en el interior, inmediatamente su rostro se llenó de ira. «¡Hermano!»
Jing Chen se apoyó contra la pared de su carruaje; ocultando la parte inferior de su cuerpo, que aún seguía envuelta en una blanca tela. Y al ver a Jing Shao, no pudo evitar fruncir su ceño. —Ya te dije que no vinieras por mí. ¡¿Por qué nunca me escuchas?!—. Dijo Jing Chen.