La Esposa es lo Primero - Capítulo 14
Los ojos de Jing Shao se iluminaron y se dirigió a su esposa. —¿Cuál es el efecto? Y. ¿Cuál es la causa?—. Realmente él no tenía ni idea del propósito de los rumores. Sólo pensó que lo que iba a hacer era desaparecer cualquier «evidencia» que surgiera de los delitos a los que le condenaban. En estos días había ya comenzado a guardar un perfil muy bajo, por lo que los rumores naturalmente se desvanecerían lentamente.
—El llamado efecto es el propio rumor; la supuesta causa es la persona que difunde estos rumores, o un grupo de personas—. Mu Hanzhang lo miró, se fijó que entendía y luego continuó: —Actualmente, debemos resolver el rumor en sí. Dicen que la opinión pública es lo suficientemente poderosa como para fundir un metal, la difusión masiva de rumores puede confundir el bien y el mal. Cuanto más se difunda, más se convertirá en «la verdad», quizás ahora lo descartes con una carcajada, pero después de unos años puede que no sea así.
—¡Jun Qing!—. Jing Shao agarró su mano que sostenía la copa de vino. En este momento, casi pensó que Jun Qing también había renacido, pero inmediatamente rechazó aquella idea, de lo contrario, ¿cómo no vería las diferencias entre el que era ahora con el que fue en su vida anterior? ¡Pero si Jun Qing no renació, entonces su previsión y su inteligencia no se debían de subestimar!
—¿Wang Ye?—. Mu Hanzhang no entendía la situación, no sabía el porqué esta otra persona de repente tomó su mano.
—Estás dispuesto a ayudarme, y por ello estoy muy feliz—. Al darse cuenta de que su comportamiento fue un poco brusco, Jing Shao rápidamente se justificó con una frase, pero no soltó la mano del otro.
El hombre que estaba siendo agarrado se sintió un poco avergonzado, bajó la mirada, y retirando su mano le contestó: —Ya me he casado contigo, si no te ayudo, ¿a quién ayudaría?
—Jun Qing…—. Jing Shao miró a la persona frente a él. Esta persona tenía el talento para gobernar y servir bien al país, pero tuvo que entregarse completamente en matrimonio a él. No sólo no le hizo nada malo, sino que también estuvo dispuesto a presentar ideas y sugerencias y ayudarlo. Se dio cuenta de que él fue realmente un estúpido en su vida anterior… Y no pudo evitar extender sus brazos y abrazar a Mu Hanzhang con fuerza. —En esta vida, si no me abandonas, yo, Jing Shao, nunca te dejaré.
Mu Hanzhang se inclinó distraídamente sobre su pecho. Y no podía entender el porqué esta persona de repente estaba tan emocionada. En su corazón pensó: «¿Podría ser que este no fuera un momento adecuado para hablar, y no debió de haberlo interrumpido deliberadamente?» Al recordar el lugar en el que se encontraban, y notar que había mucha gente alrededor, sus siguientes palabras no pudieron ser pronunciadas precipitadamente, por lo que también las detuvo. —Vamos a comer primero.
—Sí, debes tener hambre. Vamos a comer primero—. Jing Shao recordó que aún no habían almorzado. Li Yanqing había ordenado una mesa con buenos platos, pero él mismo ni siquiera movió sus palillos antes de ir con impaciencia a buscar a Ren Feng. Ahora, si no comían pronto, todos los platos estarían fríos.
Los dos comieron, pero no tenían prisa por regresar al Palacio. Jing Shao llevó a Wang Fei a las calles principales para pasar un rato libre, disfrutando de un paseo para ayudar a la digestión. Ambos eran personas inusualmente hermosas y extraordinarias, uno de una manera fría y pura, y el otro de forma tan gentil como el jade. Todavía estaban tomados de la mano en la calle, aunque Jing Shao era el que dirigía el paso y se negaba a soltar a la mano ajena, lo que llamó la atención de los transeúntes, que se sorprendieron uno por uno.
—¿A dónde vamos?—. Mu Hanzhang dejó de ser arrastrado para conversar un momento, cuando estaban afuera no era bueno llamarlo Wang Ye, por lo que sólo podía omitir el título.
—Estamos yendo hacia el sur de la ciudad—. Dijo Jing Shao mientras miró e ingresó a una tienda, cambió algunos taels por 0.5 kilogramos de semillas de girasol salteadas, y luego lo llevó hacia los callejones nuevamente, dando siete u ocho vueltas, antes de que finalmente encontrara una tienda que parecía bastante vieja.
La tienda no tenía nombre, solo poseía una placa de madera colgada en la pared con dos líneas escritas. «Tú montas a un caballo de bambú y caminas alrededor de la cama para hacer ciruelas verdes*«.
Cruzaron el umbral y lograron entrar en la tienda. Todo en la tienda estaba hecho de bambú y estaba impecablemente pulido. El piso de la tienda no estaba pavimentado con cemento. Por lo que todo era de tierra y las cuatro esquinas de la casa estaban plantadas con bambú, dando un aspecto muy elegante y relajante.
—Buen lugar—. Mu Hanzhang no pudo evitar alabarlo con una frase.
—Jajaja, a este maestro no le desagrada esta tienda por ser simple y brusca, debes de ser una persona culta—. Una voz femenina bastante clara y brillante llegó desde la puerta trasera. Al mirar, vieron a una mujer casada de unos treinta años, vestida con un vestido de color rosa ciruela, sosteniendo una jarra llegando desde el jardín trasero.
—Señorita Mei, confío en que se haya sentido bien desde la última vez que nos vimos—. Jing Shao parecía estar muy familiarizado con este lugar, sonriendo y saludando a la dueña de la tienda.
«¿Señorita Mei? «. Mu Hanzhang echó un vistazo a la persona a su lado, esta mujer claramente llevaba el vestido propio de una mujer casada; además, ella también se estaba acercando a la edad de convertirse en madre, ¿por qué todavía llamaba a la otra persona como «Señorita» Mei? ¡Estaba siendo realmente frío, sin saber dónde sus límites!
Jing Shao lo miró con una expresión inocente, y lo miró al frente de la vitrina.
—Joven, aún eres tan descarado—. La propietaria dejó la jarra de vino y caminó hacia detrás de su alto mostrador. —¿Qué deseas?
—Una botella pequeña de vino de ciruelas verdes y también dos copas de vino—. Jing Shao sacó una cantidad respetable de dinero y lo colocó sobre el mostrador de bambú.
—¡Espere!—. La propietaria tomó el dinero, y colocó una botella de vino con dos copas en una pequeña canasta de bambú y se la entregó a Jing Shao. Ella miró hacia arriba y vio a Mu Hanzhang de nuevo, sonriendo y diciendo: —Este caballero no parece familiar, pero su porte es extraordinario. Debes ser un joven ilustrado. Les daré un precio más económico la próxima vez que vengan a comprar.
Jing Shao de repente ya no estaba feliz, y tomó a la persona a su lado entre sus brazos. —Él es mi esposo recién casado, ¡no imagines que permitiré que tus planes funcionen!
—¡Dese prisa en irse, la próxima vez le cobraré el doble de precio!—. La dueña cambió repentinamente su expresión, y sosteniendo una ramita de bambú, empezó a golpearla en el mostrador. Jing Shao sonrió y tomó a Wang Fei para irse a pasos agigantados.
—Esta tienda…—. Mu Hanzhang frunció el ceño, sintiendo que la situación había sido bastante extraña.
Jing Shao sonrió y metió su mano en la bolsa de papel con las semillas de melón. Y luego él mismo sostuvo el vino de ciruelas verdes, pero aun así todavía dejó un espacio para que una de sus manos siguiera sosteniendo a la ajena. —Es una historia muy larga.
La mujer de apellido Mei era una huérfana y su vecino también era un huérfano. Desde la infancia, los dos dependían el uno del otro para sobrevivir. Esa niña tenía la técnica de la elaboración del vino que se logró pasar de generación en generación, por lo que ahora podía hacer vino desde su casa. Luego, el niño lo sacaba a vender a fin de buscar el pan de cada día. Cuando el hombre llegó a tener dieciséis años, se inscribió en el ejército, pero dijo que una vez que se hiciera de un nombre, volvería y se casaría con ella. Cuando Jing Shao estaba en el ejército, el hombre ya se había convertido en una importante persona. Y siempre guardaba tontamente cada monera que le pagaban, diciendo que le serviría para cuando volviera a su casa para casarse con «la señorita de las ciruelas verdes». Fue una lástima que al comienzo del segundo año del alistamiento de Jing Shao, el hombre muriera en la batalla, por lo que la señorita Mei nunca se ha casado.
Después de terminar de contarle la historia, los dos ya habían llegado al centro de un gran bosque de flores de duraznos. Ya que marzo era la temporada en que las flores de durazno brotaban sin parar, el escenario era profundamente hermoso.
Después de que Mu Hanzhang ordenó sus pensamientos acerca de la historia, su vista se encontró con las preciosas flores de melocotón, un color rosa vivo vibró hasta donde alcanzaba su vista, continuando al horizonte.
—Es tan hermoso…—. Dijo Mu Hanzhang en voz baja, el paisaje era muy precioso y la historia también era hermosa. Desafortunadamente, el final fue como los pétalos de flor de durazno rosa que llenaba la vista ante sus ojos, ya que al caer sólo podían ser llevados por el viento, mientras se marchitaban y caían.
Jing Shao notó que el ambiente era un poco melancólico y lo empezó a abrazar por detrás, poniendo su barbilla en el hombro del otro. —El hermano Wang era una buena persona. Cuando entré por primera vez al cuartel militar, no podía comer la comida cruda de allí, y pasé hambre por mucho tiempo. Él no sabía que yo era un Príncipe, pero aun así atrapó un pájaro en secreto y lo asó para que yo pueda comer—. Por lo tanto, desde allí él siempre había estado cuidando a la Señorita Mei desde detrás de escena.
—Wang Ye es realmente muy bondadoso—. Mu Hanzhang levantó ligeramente la esquina de su boca.
Jing Shao sonrió interiormente, ¿de buen corazón? No sentía que esta palabra tuviera mucho en común con él. Creía en devolver la bondad, como la frase de «ojo por ojo». Sin embargo, no quería cambiar la impresión que Jun Qing tenía de él diciendo esto, entonces permitió dejarlo pensar de esa manera.
Tomando a Wang Fei, caminó hacia las profundidades del escenario lleno de flores de durazno, y no mucho después, un pequeño pabellón delicado apareció frente a sus ojos.
—Este es un lugar tan agradable, ¿por qué no vemos a nadie más aquí?—. Mu Hanzhang abrió la bolsa de papel y sirvió a ambos una copa de vino de ciruelas verdes.
Jing Shao sonrió. Este jardín era un bosque privado de su hermano, Jing Chen. Naturalmente, nadie se atrevía a entrar con tanta indiferencia. Justo antes, Jun Qing estaba escuchando su historia con demasiada atención y no se dio cuenta de que ingresaron por una pequeña puerta, y que también habían guardias imperiales vigilando a ambos lados de aquella entrada.
Al escuchar estas palabras, sólo entonces Mu Hanzhang entendió el porqué lo había traído aquí. Los forasteros no podían entrar a este lugar, y los alrededores eran especialmente espaciosos y vacíos, no tenían por qué temer que la gente los escuchara a escondidas, por lo que continuaron con el tema inconcluso que habían tenido.
—Si Wang Ye realmente no tiene la intención de luchar por el trono, entonces no es urgente restaurar su reputación—. Mu Hanzhang sostuvo su copa de vino con las dos manos. La copa había sido hecha con un cilindro de bambú, no valía mucho, pero era particularmente encantadora. —Pero tampoco podemos permitirles que sigan difundiendo los rumores como deseen. ¡El mejor método para combatir las falsedades es con falsedades!
—¿Qué quieres decir?—. Jing Shao sólo había escuchado que existía tal método por primera vez, y no pudo evitar mostrar un gesto de curiosidad.
—Las personas que difunden rumores no están más que solo celosas por los logros alcanzados por Wang Ye. Entonces, todo lo que tenemos que hacer es encontrar a alguien que lo odie e inventar algunas cosas malas sobre él. No importa si es verdadero o falso, siempre que sea desagradable de escuchar—. Los hermosos ojos de Mu Hanzhang se entrecerraron ligeramente. Mirándolo, parecía un poco astuto. —A los civiles no les importa si es lo verídico. Mientras suene impactante, siempre lo disfrutarán y lo transmitirán. Cuando llegue el momento, con respecto a los chismes sobre Wang Ye, naturalmente se olvidarán.
Los ojos de Jing Shao se agrandaron. Parece que Jun Qing había adivinado que la fuente de los rumores era uno de sus hermanos. También era posible que fuera la Emperatriz. Si podían todos podían inventar mentiras al azar, ¡ellos también podían hacerlo!
—Jajajaja, eres realmente bueno explicando las cosas de una manera en la que yo pueda entender, Jun Qing. ¡Eres mucho más astuto que yo!—. Jing Shao se rió de buena gana, pero, al mismo tiempo, también se regocijó, si las personas que ayudaban a la Emperatriz no eran esas estúpidas concubinas suyas, sino más bien la persona ante sus ojos, temía que en su vida anterior, él habría ya muerto muchos años antes.
—Esta persona sólo estaba juzgando el asunto tal y como está—. El hecho de que Jing Shao hablara de esta manera hizo que Mu Hanzhang se sintiera algo incómodo, aumentando inconscientemente la fuerza que usaba para frotar a lo largo del borde de la copa de vino, pero inesperadamente el borde del bambú no había sido pulido con cuidado, y una delgada astilla de bambú le pinchó la punta del dedo. El dolor agudo le hizo fruncir el ceño, miró hacia abajo para ver que ya había emergido una redonda gota de sangre.
—¡Jun Qing!—. Jing Shao se apresuró y agarró su mano herida, sacando hábilmente la afilada espina.
Los diez dedos de cada persona están vinculados al corazón, por ello, Mu Hanzhang no pudo evitar aspirar una bocanada de aire frío. Más gotas de sangre salieron de la herida, pero el siguiente movimiento de Jing Shao le hizo olvidar incluso gritar de dolor.
Jing Shao miró el dedo con forma de jade que seguía sangrando. Por lo que lo metió con preocupación en su boca, lamiendo cada gota de sangre, y luego lo chupó suavemente un par de veces, para evitar que quedaran rastros en la piel ajena. Cuando levantó la cabeza, la cara de Mu Hanzhang estaba tan roja que parecía que comenzaría a gotear sangre. Al encontrarse con sus ojos, los bajó en pánico.
Pétalos de flor de durazno ondeaban en el viento, Jing Shao solo sintió que la persona que estaba siendo tímida y sonrojada de vergüenza frente a él era hermosa como una deidad de flor de durazno. Y no pudo evitar tomar a aquel hombre que estaba a punto de emitir humo por la vergüenza y acercarlo, sujetándole su nuca y fundirlo en su beso.
Cuando el toque abrasador de aquellos labios acarició a los suyos, Mu Hanzhang, que había sido atacado furtivamente, no se resistió mucho, pero cuando una cosa suave y resbaladiza se estiró en su boca un poco de inseguridad brotó en él e intentó que se separaran, estaba realmente aturdido. —Wang Ye…—. Justo cuando quería hablar, la otra persona aprovechó la oportunidad para profundizar el beso y se deslizó suavemente sobre la parte superior del interior de la boca ajena. Su cuerpo tembló al experimentar este desconocido sentimiento. Mu Hanzhang no sabía de dónde provenía su fuerza, pero, con un empujón, tiró a Jing Shao.
Jing Shao no estaba preparado y al haber sido empujado inesperadamente hacia afuera del pabellón. Inconscientemente extendió su mano para agarrar la rama de un melocotonero, pero inesperadamente aquella rama ya había sido dañada por los insectos y se rompió justo en ese momento. Y así, el guapo e imponente, brillante, sobresaliente en el servicio militar y bondadoso Wang Ye, que quería tomar a su esposa con intenciones lascivas… ¡Cayó de espaldas!
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Tú montas a un caballo de bambú, y caminas alrededor de la cama para hacer ciruelas verdes*: «郎骑竹马来,绕床弄青梅。» Es el tercer y cuarto verso de «La Balada a Chang’an» es un poema muy famoso de Li Bai, entre versos se da a entender sobre un matrimonio joven, ambos están muy enamorados, pero por unas cuestiones del destino uno debe irse, el que quedó en Chang’an, ante ello, se deprime por su partida y espera el día en que su amado vuelva. Esto hace referencia a su vez a la Señorita Mei y su historia de amor.