La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - Por favor, tome un té, maestro
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—¿Eres el que recomendó Qiao? —dejando la taza lentamente, el Maestro Kameng recorrió a Yu Jinli de pies a cabeza con la mirada.

Aunque su cabello y barba eran blancos, apenas tenía arrugas en el rostro y no se veía como un anciano. Sus ojos eran tan afilados que parecían cortar cuando miraban a alguien.

—Sí, maestro —respondió Yu Jinli, un poco inquieto bajo esa mirada.

—Escuché que recientemente mostraste enfoque interno. ¿Grado D? —preguntó de nuevo el Maestro Kameng con un leve ceño, como si no estuviera satisfecho.

Nunca había aceptado a un alumno de grado D. Aquello era demasiado débil.

—Sí —asintió Yu Jinli.

—Maestro Kameng, castañita quiere postular a la Escuela de Forjadores de Cartas de la Primera Academia Militar. Espero que pueda darle algunas indicaciones —dijo Qiao Mulan con una sonrisa.

—Ya veo. Que se quede. Tú puedes regresar —Kameng le hizo un gesto con impaciencia para que se marchara.

Conociendo el carácter del Maestro Kameng, ella no se lo tomó a mal y se fue tras decirle a Yu Jinli que volvería a recogerlo cuando terminara la clase.

—Chico, ven y sírveme una taza de té —sentado en el sofá, el Maestro Kameng no tuvo el menor reparo en darle órdenes a Yu Jinli.

—Sí —a Yu Jinli no le molestó; de hecho, aquel hombre de barba blanca le resultó entrañable.

Antes de volverse humano, en el lago donde vivía conoció a un abuelo tortuga que, tras tomar forma humana, se parecía mucho al Maestro Kameng: era la persona que más le agradaba después de su maestro shifu y su hermano de secta.

Por eso, Yu Jinli encontraba entrañable al Maestro Kameng y no se intimidaba ante su expresión hosca.

Al acercarse a la mesa, su corazón dio un vuelco al ver el juego de té familiar: desde que había llegado a este mundo, rara vez veía objetos parecidos a los de su vida anterior. No esperaba ver un juego de té aquí, y se emocionó.

Con destreza, calentó las tazas con agua, infusionó el té y lo sirvió de un tirón. Sus movimientos, fluidos y agradables a la vista, hicieron que incluso el Maestro Kameng no pudiera evitar mirarlo fijamente.

—Maestro, por favor —Yu Jinli le llevó el té.

Aquello sacó a Kameng de su ensimismamiento; su expresión sorprendida se desvaneció como si jamás hubiera estado allí. Tomó la taza, la olió primero y luego dio un sorbo. La fragancia del té quedó flotando a su alrededor.

—¿Quién te enseñó eso? —preguntó el Maestro Kameng.

No se le habría ocurrido que los jóvenes de hoy supieran preparar bien el té; casi la gente de su generación lo había olvidado.

—Mi maestro shifu —respondió Yu Jinli con sinceridad.

A su shifu le encantaba el té, así que con el tiempo él aprendió a prepararlo.

—Ya veo —asintió Kameng, saboreando el té, y el ceño se le suavizó.

—¿Quieres ser Forjador de Cartas? —levantó una ceja.

—Sí, quiero —asintió Yu Jinli.

—No das el perfil de Forjador de Cartas. No tienes suficiente talento. Será mejor que abandones esa idea —dijo Kameng sin rodeos.

Por muy bueno que fuera un Forjador con enfoque interno de grado D, como mucho podría hacer tarjetas de energía de grado D. Eso lo determinaba el grado del enfoque interno, no el esfuerzo.

Debajo del grado D estaban E y F; su enfoque interno era casi nulo, apenas superior al de una persona corriente.

Eso decía mucho del nivel del grado D. Incluso si alguien con grado D se volvía Forjador de Cartas, no pasaría de mediocre. Más valía buscar otra ocupación antes que perder tiempo en una causa sin futuro.

—Me gustan los Forjadores de Cartas. Trabajaré duro para mejorar y fabricar tarjetas de energía poderosas —dijo Yu Jinli con absoluta seriedad.

Su shifu solía decir que tenía talento para la Escritura de Sellos y que aprendía rápido, incluso mejor que su hermano de secta, por lo que disfrutaba estudiándola.

En este mundo no existía la Escritura de Sellos, pero sí algo parecido: las tarjetas de energía. No quería renunciar.

Además, creía que con el tiempo se le daría bien.

Kameng no esperaba esa reacción. Un destello de aprobación cruzó por sus ojos.

Quienes querían aprender con él, a estas alturas solían rendirse, frustrados y sin rumbo. Nadie discutía con él, lo cual siempre le decepcionaba.

Alguien incapaz de aferrarse a lo que desea hacer jamás lo haría bien. Kameng no perdía su tiempo con almas indecisas.

Aunque el enfoque interno de Yu Jinli fuera solo de grado D, el brillo en sus ojos al hablar de fabricar tarjetas de energía mostraba su amor por ello.

Fuera lo que fuera a lograr, ya había dado el primer paso con determinación.

—Si quieres quedarte a aprender conmigo, ve y arráncame toda la hierba del patio —señalando las malezas afuera, Kameng habló sin rodeos.

—Sí —recordando que su mamá le pidió obediencia, Yu Jinli asintió y salió al patio; se agachó y comenzó a desyerbar.

En los labios de Kameng apareció una sonrisa apenas perceptible.

Al parecer, nadie cuidaba las plantas; la hierba crecía a sus anchas y desentonaba con el paisaje del exterior de la mansión.

Yu Jinli nunca había hecho algo así. Sin embargo, al ser una tarea del maestro, la tomó con total seriedad.

—El señor Yu es muy valiente; ni pestañeó frente al maestro. Yo ni siquiera me atrevo a mirarlo a los ojos —un susurro llegó a oídos de Yu Jinli.

Instintivamente, miró hacia el origen de la voz y vio a varios jóvenes conversando en corro. Parecía que no notaban que los observaba, ni que él podía escucharlos.

—Sí, está desesperado. Con tal de congraciarse con el maestro, aguanta que lo ponga en aprietos a propósito —otra voz sonó cargada de lástima.

—Yo soportaría lo que fuera si con eso pudiera aprender del maestro —terció una tercera, con tinte de envidia.

—Creo que al maestro le cae bien el señor Yu. ¿Pueden creer que lo vi sonreír hace un momento? —¿De veras? ¿El maestro sonreír? Llevo casi un año aquí y nunca lo vi.

—De verdad, lo digo en serio. Sonrió. Fue un instante, pero lo vi —ansioso por demostrar que decía la verdad, alzó la voz.

—¿Ya terminaron su trabajo? —apareció un hombre con pinta de mayordomo y cortó la charla con frialdad.

En cuanto lo vieron, los jóvenes se dispersaron como pajarillos asustados y volvieron a sus tareas.

Yu Jinli no les dio importancia y siguió arrancando hierba, deseando acabar pronto para aprender del maestro cómo fabricar tarjetas de energía.

Sin embargo, había demasiada maleza. Si lo hacía solo, se haría de tarde. Para entonces, su mamá vendría a recogerlo y no habría aprendido nada.

Al ver el patio cubierto de hierbas, el rostro de Yu Jinli se arrugó como un bollo al vapor.

Antes, le bastaba con un hechizo para eliminar de golpe toda la maleza. Pero en este mundo no había energía espiritual; le había costado mucho acumular el poco poder espiritual que tenía ahora, y no quería gastarlo en esto.

Sin quitar toda la hierba, no podría aprender a fabricar tarjetas. Para quitarla toda, necesitaba poder espiritual. Era una decisión difícil.

Al final, apretó los dientes: usaría un poco de poder espiritual para terminar las malezas primero y aprender a hacer tarjetas de energía; después, volvería a absorber poder espiritual.

Aun así, recordó la advertencia de su shifu: no usar demasiado poder espiritual a la vista, y menos delante de humanos.

Por ello, canalizó una pizca a las yemas de los dedos y fingió que arrancaba la hierba con la mano. Con el apoyo del poder espiritual, la maleza salía al instante, ahorrándole tiempo y esfuerzo. En poco rato, dejó el patio limpio.

Contemplando el resultado, Yu Jinli sintió una gran satisfacción.

—¡Maestro, maestro, ya limpié toda la hierba! —anunció, entrando feliz a la sala.

Kameng se sorprendió. Miró al mayordomo con gesto interrogante. Este asintió, indicando que, efectivamente, Yu Jinli lo había hecho por sí mismo.

—Maestro, ¿puede enseñarme ahora a fabricar tarjetas de energía? —preguntó Yu Jinli con expectación.

—¿Qué sentiste mientras arrancabas la hierba? —preguntó el Maestro Kameng.

—¿Eh? —Yu Jinli se quedó un poco perplejo, pero trató de recordar cómo se sintió al desyerbar.

Como había usado poder espiritual para terminar rápido y poder aprender, no prestó atención a sus sensaciones, así que negó con sinceridad.

De inmediato, eso irritó un poco a Kameng.

Perceptivo, Yu Jinli entendió el disgusto del maestro. Aunque no sabía en qué se había equivocado, comprendió que él era la causa y se disculpó enseguida:

—Lo siento, maestro.

—¿Cuánto sabes sobre los Forjadores de Cartas? —preguntó de nuevo Kameng.

Todo lo que Yu Jinli sabía lo había oído de Jiang Mosheng, así que expuso su entendimiento. Solo entonces Kameng se dio cuenta de que el chico ni siquiera sabía lo básico, lo cual avivó su enojo.

—Ni lo básico sabes. ¿Y esperas que te enseñe yo? —alzando la voz, bramó. Nunca había tenido un alumno que no conociera las bases; era como enseñar a un niño de cinco años.

—Lo siento. Pero eso es todo lo que sé —agachó la cabeza Yu Jinli, algo desanimado, y respondió; sin darse cuenta, retorcía las manos.

Llevaba apenas un mes en este mundo y solo había oído hablar de los Forjadores de Cartas unos días atrás. Incluso con lo que le contó Jiang Mosheng, sabía menos que cualquiera nacido aquí.

De apariencia delicada y dulce carácter, Yu Jinli era un encanto. Su gesto abatido despertaba compasión, y conmovió incluso al irascible Kameng.

—¡Ah Lee! —llamó el Maestro Kameng en voz alta.

—Sí, maestro —un joven acudió corriendo y se plantó respetuoso ante él.

—Enséñale a este chico qué es un Forjador de Cartas. Asegúrate de que entienda bien qué hace. Luego mándalo al patio a sentir las plantas —dicho esto, Kameng dejó a Yu Jinli a cargo de Ah Lee y subió las escaleras, no fuera que muriera de un coraje.

—El maestro es así; te acostumbrarás. Es buena persona. Aunque parece de mal genio, solo tiene la lengua afilada, pero el corazón blando —consoló Ah Lee a Yu Jinli con una sonrisa.

—Ya veo. Tú eres Ah Lee; yo soy Ah Li, como “castaña”. Puedes llamarme castañita —dijo Yu Jinli, presentándose con una sonrisa.

—De acuerdo, castañita. Ven conmigo para cualquier duda que tengas —respondió con calidez Ah Lee.

—Está bien, lo haré —contestó Yu Jinli, contento de haber hecho un nuevo amigo allí.

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