La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 310
- Home
- All novels
- La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo
- Capítulo 310 - Expuesto
—¡Salió! ¡El hermano salió! —al oír el llanto del bebé, Yu Jinli se apresuró a apartar la mano grande con la que Jiang Mosheng le cubría los ojos. Entonces vio a la asistente cargando a un bebé arrugado, rojito como un monito. En el acto, se quedó inmóvil.
Parecía… un poco distinto de lo que había imaginado.
—¿Este es… el hermano? —preguntó Yu Jinli, mirando al bebé enrojecido, sin estar muy seguro.
—Sí. Feo —respondió Jiang Mosheng con franqueza.
En cuanto oyó el llanto del bebé, Jiang Zhentao se zafó del agarre de Jiang Mosheng y fue directo a la cama de Qiao Mulan, sin dedicarle ni una mirada a su hijo recién nacido.
El pobre bebé pareció sentir la indiferencia de la familia hacia él y frunció el morrito con tristeza. El llanto, que por fin había cesado, empezó de nuevo.
El padre no lo apreciaba; el hermano lo desdeñaba; hasta el encantador cuñado decía que no era bonito. Entonces ¿para qué había nacido? Mejor volver al vientre de mamá: al menos allí estaba cómodo.
Al oír el llanto, la frustración que a Yu Jinli le causó ver un bebé que no se ajustaba a su imaginación se esfumó de inmediato. Corrió hacia la asistente, miró al hermanito llorón y preguntó:
—¿Por qué llora? ¿Tiene hambre?
—No pasa nada. Los recién nacidos suelen llorar. Es bueno para su salud —respondió la asistente con una sonrisa.
Luego se llevó al bebé para bañarlo.
Qiao Mulan, aún débil por el parto y sin haber despertado, fue llevada en camilla al dormitorio para descansar. Viendo que Jiang Zhentao no se apartaba de su lado, Jiang Mosheng y Yu Jinli no se acercaron. Antes de salir a ver al hermanito, Yu Jinli le entregó a Jiang Zhentao una botellita de Elixires de Vitalidad y de Recuperación.
El nacimiento del joven maestro se supo pronto en toda la residencia. Todos estaban felices y celebraron a su manera.
Tras el baño, el bebé se veía mucho mejor, aunque la piel seguía arrugadita y aún no abría los ojos. La nariz, la boquita, las manitas… todo tan diminuto que derretía.
Yu Jinli extendió un dedo para tocarle la mejilla suave, pero temía hacerle daño sin querer. Dejó el dedo suspendido en el aire, sin atreverse a avanzar.
—No es tan frágil. Tócalo —dijo Jiang Mosheng a Yu Jinli.
—Pero se ve tan pequeño y blandito… —Era la primera vez que Yu Jinli veía a un recién nacido. Así que así lucía un humano al nacer. ¿Y él mismo? ¿Habría sido una carpa arrugadita?
Yu Jinli imaginó con desenfreno su propio “nacimiento”, pero no pudo figurárselo. Ni siquiera había visto a pececitos recién nacidos, pese a haber vivido tanto tiempo en el agua.
Jiang Mosheng tomó la manita de Yu Jinli, la acercó a la mejilla del bebé y le dio un toquecito. Era tan tersa como había esperado.
Los ojos de Yu Jinli se abrieron con asombro.
—Es tan suave y tiernito.
Al bebé pareció molestarle que lo tocaran mientras dormía; movió los labios, se le escurrió un poco de babita y, de pronto, abrió los ojos: dos endrinas brillantes que miraron a los dos “hermanos” frente a él. Como si protestara por el toque en la cara, alzó los puñitos en el aire y soltó un sonidito.
—Ah Mo, ¿me está llamando “hermano”? —Yu Jinli, aún más sorprendido, se aferró al brazo de Jiang Mosheng y preguntó emocionado.
—Sí —asintió Jiang Mosheng sin condiciones. Mientras su pequeño fuera feliz, él diría que sí a lo que fuera.
—¡Ahhh…! —El bebé siguió agitando los puñitos, y sus ojitos se posaron en Jiang Mosheng, despreciándolo como a un “esclavo de su esposa”. Era una protesta obvia: no lo estaba llamando hermano. No pensaba llamarlo hermano.
—Bebé, yo soy el hermano Castañita. Ojalá crezcas rápido. Te voy a cocinar muchas cosas ricas. El hermano Castañita es buen cocinero —Yu Jinli sacó el dedo, sonriendo, y le tocó de nuevo la carita con sumo cuidado. La suavidad le derritió el corazón.
—¡Ahhh…! —¡No me toques la cara, me la vas a torcer! gritó el pequeño en idioma bebé.
Lástima que nadie lo entendiera.
—El bebé me volvió a llamar hermano —dijo Yu Jinli, feliz, con las cejas arqueadas en una gran sonrisa.
Yu Jinli acercó a Jiang Mosheng y se lo señaló al bebé, presentándolo:
—Bebé, este también es tu hermano. Llámalo.
—¡Ahhhh…! —gritó el bebé con brío. Si hubiera podido poner los ojos en blanco, lo habría hecho sin dudar.
Pero evidentemente aún no podía, así que Yu Jinli volvió a malinterpretar felizmente su “mensaje”.
—Ah Mo, el bebé también te llamó hermano —siguió entusiasmado.
—Ajá —respondió Jiang Mosheng con dulzura, con la mirada pegada a Yu Jinli todo el tiempo. En cuanto al hermanito que gritaba algo, la verdad no quería ni verlo.
—Pequeño Jin’er, el bebé necesita descansar porque acaba de nacer. Salgamos y dejémoslo dormir —lo persuadió Jiang Mosheng.
—Cierto. No lo molestemos. Venimos cuando despierte —dijo Yu Jinli, y de prisa empujó a Jiang Mosheng hacia afuera, temeroso de perturbar el sueño del pequeño.
Así, el bebé que acababan de despertar se quedó solo en la habitación, mirando la puerta sin entender nada.
¿Por qué se iban los hermanos? ¿Por qué se quedaba solito?
Los bebés interestelares, incluso los normales, eran mucho más fuertes que los nacidos en la Tierra; y más aún el hermano de Jiang Mosheng, que ya había sido evaluado con un físico S, exactamente igual que cuando nació el propio Jiang Mosheng.
Alguien con ese físico, aunque fuera un recién nacido, no necesitaba cuidados “de cristal” ni se lastimaba con facilidad: una de las razones por las que a mutantes o personas con físicos altos se les criaba con cierta rudeza a propósito.
Jiang Mosheng se llevó a Yu Jinli fuera de la habitación del bebé, con la esperanza de que no centrara demasiada atención en él, ya que había otras personas que también necesitaban sus mimos… como él mismo.
Sin embargo, la realidad siempre se desviaba de los sueños. En cuanto salieron, Yu Jinli dijo:
—Mamá debe estar muy débil después del parto. Voy a cocinarle una sopa.
Dicho eso, se encaminó directo a la cocina, sin dedicarle ni una mirada al que ansiaba su atención.
Jiang Mosheng: «…»
Ya sabía que en cuanto naciera el hermanito, la atención de su pequeño se vería atraída por él. Aquello de verdad deprimía al posesivo Jiang Mosheng.
Pequeño Castañita era su prometido; ¿no debería cuidarlo sobre todo a él? Mamá tenía a papá, y el bebé tenía a mamá. A quien debía cuidar Pequeño Castañita era a él.
Jiang Mosheng, que nunca supo qué era sentir celos, se había convertido en un tarro de vinagre desde que conoció a Yu Jinli, al punto de ponerse celoso incluso de su propia familia.
Aun así, por más que se ahogara en celos, jamás diría una palabra dura ni haría algo mezquino con Yu Jinli, ni lo detendría de hacer lo que le gustaba.
Al final, se resignó y siguió a Yu Jinli a la cocina para ayudarle.
Si no podía soportar detenerlo, al menos cocinaría con él.
Desde que regresaron del entrenamiento, Yu Jinli no había hecho ninguna transmisión en vivo y no sabía que su verdadera identidad ya había quedado al descubierto por completo.
Pensaba preparar una sopa nutritiva para una mujer recién parida. Y, al considerar la cultura gastronómica de este mundo, llegó a la conclusión de que muchas mujeres aquí no recibían una nutrición adecuada tras el parto, dado que apenas consumían más que latas de nutrientes. Pocas preparaban sopas de pollo o pescado, que en realidad eran un buen impulso para la lactancia y la recuperación.
Por ello, Yu Jinli planeó hacer una transmisión mientras cocinaba y, de paso, enseñar a preparar platos saludables para mujeres en puerperio, mejorando la salud de la madre y del bebé.
Bebés rollizos y sanos. Solo de pensarlo, Yu Jinli sonrió. Iba a alimentar a su hermanito hasta volverlo un bebito gordito. Entonces sería tan lindo y adorable como había imaginado. Ahora no se veía bonito porque estaba muy flaquillo.
Yu Jinli abrió Starblog, que no revisaba desde hacía mucho, y descubrió que estaba “colapsado”: miles de millones de comentarios, miles de nuevos seguidores y un sinfín de reposts y mensajes privados. Casi se marea.
Aunque las cifras lo sorprendieron, no tenía tiempo para revisarlas. En cuanto la app respondió, publicó un aviso de transmisión y entró al cuarto en vivo, comenzando a preparar los ingredientes.
Desde el entrenamiento, los fans habían estado esperándolo. Por fin, Koi volvía a transmitir. Sin directos durante tanto tiempo, muchos casi creyeron que ya no habría más.
Por suerte, por suerte, Koi había vuelto.
Así que, apenas vieron el aviso, los fans inundaron la sala y avisaron a otros por varios canales.
En poco tiempo, el número de espectadores se disparó. En unos minutos, ya había millones conectados, y subiendo.
[Koi, por fin apareces. Pensé que ya no harías transmisiones después de que te “expusieron”. Me siento afortunado.]
[Koi, ya sabemos quién eres. ¿Podrías mostrar tu rostro esta vez?]
[¡Rostro, por favor!]
[¡+1!]
Los mensajes flotantes en pantalla pedían, al unísono, que Yu Jinli mostrara la cara. Él, mientras preparaba los ingredientes para después, levantaba la vista de vez en cuando para leer comentarios y charlar con los fans.
Esta vez, al mirar, vio esa petición repetida. Se rió bajito:
—¿No está bien así, platicando?
Yu Jinli aún no se había dado cuenta de que ya estaba al descubierto.
[Koi, tu “chaleco” ya se cayó. Muestra la cara. Queremos ver tu carita preciosa. lick.jpg]
—¿Chaleco? ¿Hoy no traigo chaleco? —Yu Jinli miró su ropa. No llevaba chaleco. ¿Cómo que se le había “caído”?
Esa reacción inocente hizo estallar de risa a los fans, que empezaron a tomarle el pelo.
Al rato, Yu Jinli por fin entendió a qué se referían. En el acto, se quedó tan sorprendido que olvidó seguir con los ingredientes.
—¿C… cómo lo supieron? —Aún le costaba creerlo. Nunca mostró la cara en sus directos ni publicó información relacionada en Starblog. ¿Cómo habían adivinado que él era Yu Jinli? ¿Eran telépatas?
Al ver su asombro, los fans se divirtieron aún más. Su Koi era demasiado tierno.