La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 287

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  4. Capítulo 287 - Llegar a Tiempo
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Yang Feiyu corría tan rápido como sus piernas se lo permitían, pero aun así no podía librarse de la “bestia”.

—No podemos seguir corriendo. No vamos a lograr escapar, y solo estamos desperdiciando energía —jadeó Yuan Hui.

—¿Entonces qué hacemos? —preguntó Xi Ziluo, también sin aliento por la larga carrera, con un rubor poco natural en las mejillas. Sin embargo, nadie lo notó en ese momento.

—Solo nos queda pelear y matarla si queremos avanzar —dijo Liu Mingye, manteniendo la calma.

Los demás guardaron silencio, pero sabían que no había otra opción. Si no lograban derrotar a esa bestia, solo quedaba presionar el botón de rescate.

¿Serían eliminados, entonces?

¡No lo aceptarían! ¡Jamás!

El entrenamiento aún no terminaba, ni siquiera se habían reunido con sus compañeros. ¿Cómo podían ser eliminados ahora?

¿No era solo una bestia? Si se atrevía a provocarlos, ¡no la dejarían impune!

El equipo de Yang Feiyu convirtió su enojo en fuerza, listos para enfrentarse a esa “bestia”.

Sin embargo, cuando la criatura se acercó y pudieron verla por completo, se quedaron atónitos. Era tan alta como una colina.

Su aspecto estaba muy lejos de lo que ellos concebían como una bestia. En todos los sentidos, parecía más bien un insecto.

Pero no hubo tiempo para observarla con detenimiento: el monstruo ya se abalanzaba sobre ellos.

—¡Todos juntos, usen cartas de energía! —ordenó Yang Feiyu, sacando una carta de superplanta para apoyar a las bestias de energía de sus compañeros mientras dirigía el combate.

Aunque Yang Feiyu era una chica, y además una muy linda, era excelente dando órdenes, así que sus compañeros seguían sus instrucciones sin dudar.

Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que sus cartas de energía apenas surtían efecto. Los ataques no dejaban ni una marca sobre la bestia, y en cambio la irritaban, haciéndola atacar con mayor ferocidad. Solo podían esquivarla una y otra vez.

Esa constatación sembró el pánico entre todos.

—¡Capitana, qué hacemos! ¡Las superbestias no le hacen nada! —gritó uno.

Eran solo estudiantes de primer año y podían crear cartas de energía de nivel F. Frente a una bestia tan poderosa, esas cartas eran inútiles. Si las cosas seguían así, serían aplastados por el monstruo. Algunos resultarían heridos, y otros… podrían morir.

Yang Feiyu estaba al límite. No quería presionar el botón de rescate ni ser eliminada, pero debía pensar en todo su equipo.

Esa “bestia” estaba claramente fuera de su capacidad. Si seguían peleando, las consecuencias serían graves.

Mientras esquivaba un ataque, mordió su labio inferior, la mirada fija en el monstruo. Su mano ya reposaba sobre el botón de rescate en su cintura, lista para presionarlo en cualquier momento.

Una vez lo hiciera, significaría el fin de su entrenamiento. Aún no se habían reunido con Yu Jinli. ¿Se sentirían sus compañeros tristes al saber que habían sido eliminados?

—¡Ah! —tras tanto esfuerzo físico, Xi Ziluo fue demasiado lento al esquivar y la garra en forma de hoz del monstruo lo alcanzó. La sangre brotó de inmediato.

Todos estaban agotados, sus movimientos cada vez más torpes. Si aquello continuaba, sin duda morirían allí.

Yang Feiyu no dudó más y presionó el botón de rescate.
—¡Resistan! ¡Los maestros vendrán pronto a salvarnos! —les dijo.

Decidió sacrificar su propia participación a cambio de la supervivencia del equipo. Mientras todos resistieran hasta que llegaran los maestros, ellos se encargarían del monstruo. Sus compañeros no habían presionado el botón, así que podrían continuar el entrenamiento.

Los demás entendieron de inmediato lo que su capitana había hecho y quisieron presionar también sus botones para ser eliminados con ella. ¿Cómo podían dejar que su capitana se sacrificara por ellos?

Pero antes de que pudieran hacerlo, Yang Feiyu los detuvo con una voz severa:
—¡No lo hagan! Si todos son eliminados, nuestro equipo habrá terminado. ¡Deben seguir luchando por el equipo!

—Capitana… —murmuraron, conmovidos.

Era la primera vez que veían a esa chica tan dulce mostrarse tan firme, y eso les causó un nudo en la garganta.

—¡Concéntrense! ¡No dejen que esa maldita cosa los hiera! —dijo Yang Feiyu rápidamente, devolviéndolos a la realidad.

Pasaría un tiempo antes de que los maestros llegaran tras presionar el botón de rescate. Tenían que sobrevivir hasta entonces.

Normalmente no tardaban mucho, porque los estudiantes solo lo presionaban en casos de emergencia extrema. Si los maestros llegaban tarde, tal vez ya no recogerían estudiantes, sino cadáveres.

Pero habían pasado cinco minutos, y no había rastro de la nave ni señales de los maestros.

Yang Feiyu no sabía que los instructores estaban ocupados recogiendo a todos los estudiantes dispersos. Habían enviado a alguien a responder las llamadas de auxilio, pero no podían maniobrar la nave justo encima de ellos.

Un minuto de retraso significaba muchos menos estudiantes rescatados, y si los zerg atacaban durante ese tiempo, las consecuencias serían desastrosas.

Los maestros debían equilibrar las prioridades y asegurarse de que todos los estudiantes regresaran sanos y salvos. Si eso era imposible, solo podían intentar rescatar al mayor número posible.

Por supuesto, el equipo de Yang Feiyu no sabía nada de eso. Solo sentían que estaban exhaustos, demasiado débiles para esquivar más. Pronto serían devorados por esa “bestia”.

Y los maestros aún no llegaban. Parecía su sentencia de muerte.

—¡Maldita sea! Si Castañita estuviera aquí, no tendríamos tan mala suerte —refunfuñó Du Sheng, esquivando por poco un ataque.

—¡Cuidado! —gritó Yang Feiyu, abriendo los ojos de par en par al ver la garra en forma de hoz caer sobre Du Sheng. Su corazón se le subió a la garganta, invadida por el pánico.

Sabía que las heridas eran inevitables en el entrenamiento, pero solo cuando realmente sucedía ante tus ojos comprendías la desesperación.

Justo entonces, algo voló por el aire y golpeó la garra, desviando su trayectoria. Aprovechando el momento, Liu Yueming jaló a Du Sheng —que estaba paralizado del susto— fuera del alcance del monstruo.

—Maldición… pensé que iba a morir —dijo Du Sheng tras un largo segundo, aun temblando. Sus piernas se sentían de goma.

—Yo también —admitió Liu Yueming, todavía asustado.

—Algo pasó volando sobre mi cabeza —continuó Du Sheng—. Vi algo que golpeó esa garra justo antes de que me atravesara. Si no fuera por eso, ya estaría muerto.

—¡Castañita!

—¡Ah Ye! ¡Gao Ziqi! —gritaron emocionados los compañeros de Yang Feiyu al ver quiénes habían llegado.

Era como ver la luz después de estar al borde del abismo.

Yang Feiyu y Jiang Meilin, al reconocer las caras familiares de sus compañeros, respiraron aliviadas. Sus piernas apenas las sostenían.

—Retrocedan y descansen un poco. Nosotros nos encargamos —dijo Zhou Kang al equipo de Yang Feiyu. Podía notar que ya estaban exhaustos.

Con la llegada de los equipos de Yu Jinli y Liu Yuansu, la presión sobre Yang Feiyu desapareció al instante.

Eran compañeros, y sabían que no los abandonarían en un momento de vida o muerte.

Era su suerte haber ingresado a la Clase F y haberse conocido.

El equipo de Yang Feiyu retrocedió para descansar, mientras Yu Jinli y Liu Yuansu sacaban cartas de energía de nivel D. Aquella “bestia” era demasiado grande y destructiva: las cartas de nivel F no servirían para nada.

Sin embargo, aun así subestimaron al monstruo. Ni siquiera las cartas de superbestia de nivel D lograron hacerle daño. Varias oleadas de ataques apenas le dejaron unos ligeros rasguños… y solo lograron enfurecerlo más, haciéndolo aún más violento.

—No, esta cosa es demasiado fuerte. No puede ser una bestia normal. ¿Qué haremos si no podemos derrotarla? —preguntó He Linsheng, nervioso.

En teoría, no deberían existir bestias de nivel tan alto en ese planeta. Las más fuertes eran de tercer nivel, y todas habían sido controladas previamente.

Pero esa criatura era, por lo menos, de nivel cuatro. No era algo con lo que unos novatos pudieran lidiar.

—¿Pidieron ayuda a los maestros? —preguntó Du Jingxuan a Yang Feiyu, aprovechando un momento de respiro.

—Presioné el botón de rescate, pero han pasado diez minutos y no han venido —respondió Yang Feiyu, frunciendo el ceño. Esto no debería estar pasando, y sin embargo…

Al oírlo, Du Jingxuan también se preocupó. Si los maestros no venían, ellos no eran lo bastante fuertes para vencer a esa cosa.

¿Qué estaba ocurriendo? ¿No habían recibido la señal de Yang Feiyu?

Jiang Meilin, que había permanecido callada, decidió presionar su propio botón de rescate. Si los maestros no habían recibido la señal anterior, al menos deberían recibir esta.

Pero pasaron varios minutos más y los maestros seguían sin aparecer. Era algo anormal.

—No esperemos más. Tenemos que salvarnos por nuestra cuenta —dijo Yuan Hui con seriedad. No podían depender de los maestros, solo de ellos mismos.

Viendo que sus compañeros apenas resistían y que la “bestia” era realmente poderosa, Yu Jinli liberó en secreto una porción de su presión espiritual de cultivador. El monstruo se detuvo de inmediato, como si algo invisible lo hubiera reprimido.

Sin embargo, el efecto duró solo un instante. Pronto se recuperó y, como si hubiera identificado la fuente de la presión, fijó sus ojos aterradores en Yu Jinli.

Yu Jinli aumentó su poder. Aunque solo pudiera inmovilizarlo por unos segundos, eso bastaría para ganar un poco de tiempo valioso para sus compañeros.

Todos dieron lo mejor de sí: sacaron sus últimas cartas de energía, activaron sus mechas e incluso desataron por completo sus habilidades mutantes.

Si estaban destinados a morir allí, ¿de qué servía guardar energía o cartas para después?

—¡Du Sheng, Liu Yueming, Jin Zhouhua, ataquen con energía mutante! —gritó Zhou Kang.

De hecho, en el momento en que vio de cerca a la “bestia”, ya había comprendido lo que era.

No era una bestia en absoluto.

¡Era un zerg, una de esas repugnantes criaturas del enjambre!

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