La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 245

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  4. Capítulo 245 - Mi pequeño Jin-er
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Ahora tenía un cuerpo humano que no podía volver a convertirse en koi. ¿Cómo podría Ah Sheng comérselo? La carne humana no parecía deliciosa, y además, él no sabía cómo cocinar carne humana.

Cuando Yu Jinli salió de su confusión, se encontró acostado en la cama, con Jiang Mosheng encima de él, observándolo con una mirada ardiente. Yu Jinli no pudo evitar estremecerse de nuevo.

Ah Sheng parecía realmente hambriento… y quería comérselo.

Yu Jinli volvió a caer en la confusión, aunque esta vez no duró mucho. De pronto, su pequeño rostro adoptó una expresión de firmeza, con la determinación de quien se “sacrifica valientemente y camina hacia la muerte”.

Jiang Mosheng observó en silencio los cambios en el rostro del pequeño y dedujo que debía estar equivocado o que simplemente no entendía. Sin embargo, no tenía intención de explicarle nada todavía, porque deseaba ver qué reacción adorable tendría su pequeño entonces.

Yu Jinli no lo decepcionó. Dudó durante un rato, con el ceño fruncido y su carita crispada, hasta que finalmente lo miró con determinación. Luego extendió su brazo de jade, mirándolo con unos ojos húmedos y brillantes, como los de un cachorro, y dijo con voz temblorosa:

—Ah Sheng, ¿podrías probar primero con mi brazo? Tengo un poco de miedo al dolor… ¿podrías hacer algo para que no lo sienta?

Esa expresión tan lastimera encendió aún más a Jiang Mosheng. Todas las células de su cuerpo gritaban: ¡tómalo! ¡tómalo!! ¡tómalo!!!

Una vez más, Jiang Mosheng demostró su férreo autocontrol. Era la primera vez, y no debía precipitarse. Si asustaba al pequeño, ¿cómo podría asegurarse de tener una vida sexual feliz en el futuro?

Sin embargo, ese brazo de jade que le ofrecía no debía desperdiciarse. Jiang Mosheng sonrió, bajó la cabeza y se acercó al brazo, sin dejar de observar la reacción de Yu Jinli.

Cuando Yu Jinli vio que Jiang Mosheng realmente iba a “comérselo”, cerró los ojos del susto; su brazo temblaba, como si ya se preparara para el inminente dolor. Su corazón también temblaba con él.

Le daba mucho miedo el dolor. ¿Habría alguna forma de no sentirlo? Yu Jinli pensaba en ello, pero en el siguiente instante sólo sintió un toque cálido y húmedo sobre su brazo. Sabía que eran los labios de Ah Sheng. Ah Sheng… realmente iba a comérselo.

Yu Jinli tragó saliva, luchando por mantenerse quieto, esperando a que llegara el dolor. Sin embargo, este nunca llegó. En su lugar, una lengua flexible y húmeda lamía su brazo, como si lo estuviera saboreando antes de darle un mordisco. Ondas de corriente se propagaron desde el brazo hasta todo su cuerpo.

—Ah Sheng… —la voz de Yu Jinli temblaba de miedo, pero sonaba aún más provocadora—. ¿Es… es mi brazo delicioso?

—Sí. Es lo más delicioso que he probado en mi vida —respondió Jiang Mosheng, alzando la vista con una sonrisa hacia su amado.

Al oírlo, Yu Jinli se sintió aliviado y, pese al dolor que esperaba, extendió aún más su brazo.

—Ah Sheng, come más. No importa si das mordidas grandes. Soy una bestia espiritual; puede volver a crecer con la cultivación.

Solo dolía un poco, se dijo a sí mismo. Pero alimentar a Ah Sheng era lo más importante.

Viendo a Yu Jinli tan inocente y adorable, el corazón de Jiang Mosheng dio un vuelco. ¿Cómo no amar, proteger y mimar a un pequeño así, que lo amaba con todo su corazón y alma? Solo deseaba fundirlo dentro de sí, hasta convertirse en uno solo.

De pronto, Jiang Mosheng lo abrazó, acercó los labios a su oído y le susurró lentamente:

—Pequeño castaño, no estamos hablando del mismo tipo de “comer”.

El aire que salía de los labios de Jiang Mosheng rozaba constantemente el oído de Yu Jinli, que se estremecía de forma sensible, haciendo que todo su cuerpo temblara. Esa sensación lo dejó desconcertado.

—¿A qué te refieres? —preguntó Yu Jinli, sintiendo cómo esa sensación extraña se extendía por su cuerpo.

¿Había otra manera de comer?

—Pequeño castaño, ¿confías en mí? —preguntó Jiang Mosheng, separándose un poco para mirarlo profundamente.

Yu Jinli levantó la vista hacia el hombre frente a él. Era el primero que lo había tratado tan bien desde que llegó a este mundo. Siempre pensaba en su bienestar y lo protegía de todo. Le daba lo que necesitaba incluso antes de que él lo pidiera. Era aún mejor con él que su shifu y sus shixiong.

Cada momento junto a Ah Sheng era feliz. Nada lo entristecía ni lo derrotaba cuando estaba con él.

No había duda: le gustaba estar con Ah Sheng.

Y tampoco había duda: confiaba completamente en él.

Aunque todo el mundo lo engañara, Ah Sheng nunca lo haría. Yu Jinli jamás lo dudó.

Extendió los brazos, rodeó lentamente el cuello de Jiang Mosheng y le sonrió dulcemente:

—Por supuesto que confío en Ah Sheng.

Esas palabras fueron como una chispa que encendió por completo a Jiang Mosheng. Ningún autocontrol podría detenerlo. Solo quedaba un pensamiento en su mente: ¡tomarlo! ¡ahora! ¡hacerlo suyo y solo suyo!

A pesar de la intensa pasión, sus movimientos siguieron siendo gentiles. Besó a Yu Jinli y murmuró con suavidad:

—Pequeño castaño, relájate… déjame encargarme de todo, ¿sí?

Aunque Yu Jinli era inocente y sabía poco sobre el amor carnal, el ardor que lo presionaba contra el muslo y la actitud de Jiang Mosheng le dieron una vaga idea de lo que iba a ocurrir.

Su shifu y sus shixiong, para evitar que lo engañaran hombres malos, le habían advertido: si alguien intentaba abrazarlo, besarlo o desnudarlo, debía defenderse sin dudar, aunque hiriera a la persona.

Pero ahora Ah Sheng lo abrazaba y besaba, y sus grandes manos ya se deslizaban bajo su ropa, tocándolo. Sin embargo, Yu Jinli no tenía intención alguna de resistirse; confiaba en Jiang Mosheng con todo su cuerpo y alma.

Aunque las advertencias de su shifu y sus shixiong resonaban en su mente, no lo apartó. Al contrario, descubrió que se sentía cómodo, que no era como ellos habían descrito.

Quizá era porque esa persona era Jiang Mosheng.

La pareja no salió de la habitación desde el almuerzo. Hasta que el sol se ocultó y la noche cayó, los jadeos y el crujido de la cama finalmente cesaron.

Jiang Mosheng abrazó a Yu Jinli con satisfacción, como si sostuviera en sus brazos todo su mundo.

Yu Jinli era su mundo.

—Pequeño castaño, gracias —murmuró.
Gracias por venir a mí; gracias por quedarte; gracias por confiar en mí.
Añadió esas palabras en silencio en su corazón, estrechando más el abrazo y besando otra vez aquellos labios irresistiblemente dulces.

Yu Jinli sintió el roce en sus labios, cerró los ojos, demasiado cansado para abrirlos, y murmuró:

—No más, Ah Sheng… estoy tan cansado…

Durante toda esa tarde había entendido que, cada vez que Ah Sheng no podía evitar besarlo, empezaba otra ronda. Al principio le resultaba cómodo y dulce, como si flotara en la luna, algo completamente distinto a lo que su shifu y sus shixiong le habían dicho.

Pero a medida que Jiang Mosheng continuaba una y otra vez, Yu Jinli empezó a sentirse incapaz de soportarlo. Por suerte era un cultivador; de no serlo, con semejante intensidad y frecuencia, habría quedado inconsciente.

Aun así, incluso siendo cultivador, ahora estaba tan exhausto que ni siquiera podía mover un dedo. Evidentemente, Jiang Mosheng era todo un guerrero.

Al oírlo, una chispa de ternura y culpa brilló en los ojos de Jiang Mosheng.

Había contenido sus deseos durante tanto tiempo que, una vez que pudo “comer pescado”, perdió el control y fue demasiado lejos. Ahora el pequeño estaba tan agotado que ni siquiera podía abrir los ojos. Al instante, Jiang Mosheng se sintió culpable.

Rápidamente comenzó a transferirle energía espiritual para que no se sintiera tan débil.

Y funcionó. Yu Jinli, que apenas podía levantar la mano, al sentir la energía espiritual de Jiang Mosheng, comenzó a absorberla con avidez, como un pez moribundo que por fin encontraba agua dulce.

Jiang Mosheng notó esa ansia y sonrió, permitiéndole absorber más y más, hasta que casi agotó su propia energía espiritual. Solo entonces Yu Jinli se mostró satisfecho, como si acabara de disfrutar de una buena comida.

—Qué pequeño glotón —dijo Jiang Mosheng con afecto y ternura.

Miró la hora. Ya era de noche, y probablemente se habían saltado la cena. Después de tanto “ejercicio”, toda la comida del mediodía ya estaba digerida.

Aunque él podría pasar un día entero sin comer, no soportaba que su pequeño tuviera hambre.

—Duerme un poco más. Iré a buscarte algo de comer —dijo Jiang Mosheng, depositando un beso sobre los labios de Yu Jinli.

Aunque la energía espiritual había disipado su agotamiento físico, la debilidad posterior al acto lo mantenía inmóvil. Se acurrucó bajo las mantas cálidas y suaves, sin ganas de salir.

Solo cuando Jiang Mosheng salió de la habitación, Yu Jinli abrió los ojos. Estaban brillantes, sin rastro de sueño. Encogió la cabeza bajo las mantas y las sujetó con fuerza, deseando enterrarse por completo.
Las imágenes de lo ocurrido volvían una y otra vez a su mente, tiñendo sus mejillas de un rojo intenso.

Él y Ah Sheng… se habían visto desnudos y habían hecho muchas cosas agradables. Se sentía avergonzado, pero también muy feliz.

Nunca había sabido que existieran cosas tan dulces y placenteras en el mundo. Su shifu y sus shixiong nunca le habían hablado de eso.

Yu Jinli estaba absorto en sus pensamientos cuando la puerta se abrió de nuevo. Como un conejito asustado, se metió instintivamente más bajo las mantas, sin dejar ni un mechón de cabello a la vista.

Esa reacción tan adorable hizo que Jiang Mosheng riera. Puso la bandeja de comida sobre la mesita junto a la cama y se sentó. Luego, tiró suavemente de la manta mientras lo animaba con voz tierna:

—Pequeño Jin-er, sal. No te vayas a asfixiar ahí dentro.

En realidad, Yu Jinli no quería esconderse. Aunque mostrarse desnudo ante Jiang Mosheng lo hacía sentir un poco tímido, como bestia espiritual seguía los dictados de su corazón. No sentía la vergüenza humana por algo tan feliz; más bien, lo disfrutaba.

Solo se había escondido por reflejo. Ahora, al salir, estaba un poco avergonzado.

Sin embargo, cuando oyó que Jiang Mosheng lo llamaba “pequeño Jin-er”, una corriente cálida recorrió su cuerpo, dándole la misma sensación de felicidad que cuando habían estado juntos.

—Pequeño Jin-er, si no sales, tendré que sacarte yo mismo —dijo Jiang Mosheng con una sonrisa, su voz clara resonando justo al otro lado de la manta.

Yu Jinli asomó un poco la cabeza, dejando ver sus brillantes ojos oscuros, que lo miraban sin parpadear. Con la boca aún bajo la manta, su voz sonó amortiguada y dulce:

—Ah Sheng… ¿cómo… cómo me acabas de llamar?

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