La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 218
- Home
- All novels
- La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo
- Capítulo 218 - El banquete porcino de los Yu
Al regresar al campamento, tal como esperaban, el equipo de Yu Jinli fue el primero en completar la misión.
Gao Ziqi vitoreó y corrió hacia Xiao Weilin, sonriendo mientras preguntaba: “Profesor Xiao, ¿fuimos los primeros? ¿Cuál es el premio misterioso?”
Los demás miembros del equipo no revolotearon alrededor, pero sí aguzaron el oído para escuchar la respuesta.
“El premio misterioso es… se otorgará cuando todos hayan vuelto.” Xiao Weilin hizo una pausa deliberada para mantener la intriga.
Y aquellos con una gran curiosidad se pusieron inquietos ante la respuesta de Xiao Weilin.
Los equipos de Liu Yuansu y Yang Feiyu tampoco tardaron en regresar, y con buena cosecha: cada uno cazó de tres a cuatro lulus. En total, había diez bestias lulu.
“Castañita, ¿la lulu es comestible?” Lo primero que todos hicieron al volver no fue entregar la misión, sino hacerle esa pregunta a Yu Jinli.
“Sí, se puede comer. Yo les cocino la cena.” respondió Yu Jinli con una sonrisa. Hacía tiempo que no preparaba cerdo y, dado que había tantas lulus, podía montar un banquete porcino esa noche.
Tras recibir la respuesta que deseaban, los dos equipos por fin recordaron que tenían una misión que entregar y se dirigieron a ver a Xiao Weilin.
Xiao Weilin ya no sabía qué hacer con este grupo de glotones. En realidad, él mismo estaba esperando con ansias la cena.
Como el equipo de Yu Jinli ganó, se les otorgaría el premio misterioso que Xiao Weilin había prometido.
Cuando Xiao Weilin lo anunció, todos lo miraron con curiosidad, ansiosos por saber cuál era ese premio misterioso que, según los profesores, les iba a gustar.
Bajo las miradas expectantes, Xiao Weilin sacó con calma una cajita y la abrió ante todos.
Los estudiantes alargaron el cuello para ver qué tesoro sería, pero se desinflaron al descubrir su contenido.
“Profesor Xiao, ¿y ese es el ‘premio misterioso’?”
“Profesor Xiao, nos está tomando el pelo otra vez. Esto no es misterioso. En mi casa tengo montones.”
“¿En serio, profesor Xiao? ¿Otra broma?”
Los miembros de los tres equipos miraban a Xiao Weilin, sin saber qué decir. Habían estado ilusionadísimos con el premio misterioso y pensaron que podría ser, por ejemplo, una tarjeta de energía de nivel B hecha por el profesor Xiao o algo por el estilo. Pero resultó ser, sorprendentemente, una caja de… galletas.
Es cierto que en el mercado no abundaban las galletas y que la gente común rara vez las comía; pero estos alumnos provenían de familias acomodadas y podían comer ese tipo de botanas con frecuencia. No parecía un premio que emocionara a todo el mundo.
“¿Seguro que no la quieren?” A Xiao Weilin no le afectó el tono decepcionado de los estudiantes y sonrió aún más.
Al verlo, los alumnos vacilaron. ¿Tendría esa botana algún secreto especial? Pero a simple vista parecía una caja de galletas cualquiera.
“Profesor Xiao, no nos dirá que esta caja de galletas… la hizo Castañita, ¿verdad?” dijo Qiu Qianhui con cautela.
Como súper fan de ‘Soy un Pez Koi’, estaba convencida de que, si alguien en el mundo podía hacer botanas por las que la gente se pelearía, esa persona tenía que ser Yu Jinli.
Al oírlo, los demás estudiantes lo pensaron un segundo y enseguida se les encendió la mirada.
De haber sido antes, quizá una caja de botanas hechas por Castañita no les habría interesado demasiado—igual la aceptarían para no desairarlo—, pero desde que habían probado sus platillos, hasta un simple vaso de agua preparado por él les sabría celestial.
Sí: el filtro de fan era poderosísimo.
De hecho, incluso sin ese filtro, la cocina de Yu Jinli era realmente así de deliciosa.
Si el premio misterioso lo había hecho Castañita, entonces sí era algo que a todos les iba a gustar, ya que aún no sabían a qué sabían sus botanas y morían por comprobar si eran tan buenas como sus platos.
Los miembros del equipo ganador, salvo Yu Jinli, se entusiasmaron, especialmente Gao Ziqi.
“Profesor Xiao, qué tacaño. Solo esta cajita no alcanza para repartir entre todos.” Gao Ziqi miraba la caja, insatisfecho.
“¿Y no que hace un momento no les interesaba el premio?” se burló suavemente Xiao Weilin.
“¡Eso era porque no sabíamos que lo hizo Castañita! Ahora la cosa es distinta.” dijo Gao Ziqi, muy orondo, aunque se desdijera.
Xiao Weilin negó con la cabeza con una sonrisa cansada, le entregó la caja a Gao Ziqi y dejó que ellos mismos la repartieran.
En realidad, lo del premio misterioso fue una idea improvisada para motivarlos, y en ese momento aún no había decidido qué dar.
Más tarde, cuando fue a ordenar unas cosas a la nave, recordó de pronto que aún tenía escondida una cajita de galletas hechas por Castañita. Al rememorar cómo se habían peleado por la comida en los últimos días, decidió que esas galletas les interesarían y sacó la caja.
De inicio, a Xiao Weilin le dolió un poco entregarlas, porque las había estado guardando mucho tiempo. A estos jovencitos les tocó la suerte.
Con la caja en mano, Gao Ziqi no pudo esperar: la abrió y tomó una galleta. Era crujiente, no demasiado dulce, con un ligero punto salado: perfecta para chicos a los que no les gustan tanto los dulces.
Los otros miembros aún no habían reaccionado cuando vieron que Gao Ziqi ya tenía una en la boca. Enseguida se abalanzaron.
“Gao Ziqi, ese premio es del equipo. ¿Cómo te la comes tú primero?”
“¡Escúpela! Hay que repartir parejo.”
“Dame una, yo también quiero probar las galletas de Castañita.”
Los del Equipo 1 se agolparon… por una caja de galletas.
En realidad, no era que amaran tanto las galletas, sino que, al ser hechas por Castañita, daban por hecho que tenían que estar buenísimas y no querían quedarse sin probarlas. Al ver la escena, los otros dos equipos se murieron de envidia y se fijaron ganar la misión de mañana.
“Si les gustan las galletas, puedo prepararles más.” dijo Yu Jinli con prisa, temiendo que, en la refriega, alguien saliera lastimado.
“¡Sí, me encantan!” Gao Ziqi, objeto de todos los empujones, aun así se apuntó primero… pero pronto lo aplastaron.
En ese momento, Jiang Mosheng llamó a Yu Jinli y se lo llevó, sin darle oportunidad de volver a aceptar peticiones de aquel grupo de glotones.
Castañita era demasiado amable y complaciente: aceptaba cualquier encargo. ¿No se malacostumbrarían estos alumnos así?
Era su Castañita, y él mismo no quería que estuviera cocinando todo el tiempo; ¿por qué habría de cocinar para esos tragones?
Yu Jinli no sabía lo que había en la cabeza de Jiang Mosheng. Como ya pensaba preparar el banquete, se dirigió a la orilla del río y empezó a ocuparse de los “cerdos”.
Hablando de cerdos: el cerdo era una de las carnes más comunes para los humanos en la Tierra. Además, casi todas sus partes eran comestibles y se podían convertir en muchas delicias.
Tomemos este “cerdo” como ejemplo: se podía convertir en cabeza de cerdo en salsa, careta asada, gelatina de careta, orejas fritas, sesos al vapor, lenguas fritas y así sucesivamente.
El corazón podía saltearse, encurtirse o simplemente comerse con salsa de ajo.
El hígado también era un alimento común: se podía saltear con pimientos o hervir con sal.
Ya que iba a preparar un banquete porcino, haría un platillo con cada parte del animal. Y como los alumnos habían cazado suficientes lulus, Yu Jinli se propuso preparar además otros platos con su carne.
Al ver que Yu Jinli empezaba a encargarse de las lulus, las Bestias Divinas fueron amablemente a ayudar y, de paso, arrastraron a los estudiantes desocupados para que hicieran de peones.
Eran jovencitos y señoritas que nunca habían “metido las manos en la cocina”, pero ahora trabajaban con entusiasmo y sin quejarse. Al fin y al cabo, esa noche disfrutarían de un gran banquete, y participar en su preparación les daría un fuerte sentido de logro al comerlo.
“Castañita, ¿qué platos se pueden hacer con las bestias lulu?” Han Yinze se acercó a preguntarle. A él también le interesaba la cocina.
“De la lulu se come todo, y se pueden hacer muchos platos, por ejemplo: pulmones picantes, estómago rebanado, librillo con ajo, estómago ahumado, librillo con aceite de pimienta, intestinos salteados, intestinos a la pekinesa, salchichas, cuajada de sangre al vapor, costillas estofadas, costillas ahumadas, costillas fritas, riñones salteados, panceta al vapor marmoleada, cerdo dos veces cocido, rebanadas de cerdo con encurtidos, albóndigas, huesos en salsa, Dongpo de cerdo estofado, panceta marmoleada en salsa, patas en salsa, rabo en salsa…” Yu Jinli enumeró de un tirón una ristra de platillos, dejando a Han Yinze pasmado.
Los demás, que estaban faenando con las lulus, no solo se quedaron boquiabiertos al oír la lista, sino que, además, se les hizo agua la boca sin remedio.
“Castañita, ¿vamos a preparar todo eso para la cena?” preguntó Liu Xingye, tragando saliva.
“Si el tiempo alcanza, podemos hacer todo eso.” sonrió Yu Jinli.
Las lulus alcanzaban para tantos platillos; lo único que necesitaban era tiempo.
Al oírlo, los estudiantes soltaron exclamaciones y aceleraron emocionados su trabajo, esforzándose por preprocesar las lulus y encender el fuego cuanto antes para empezar a cocinar y, así, poder disfrutar de esa maravillosa serie de platos. Hasta los nombres sonaban deliciosos.
Al ver a sus compañeros tan entusiasmados, Yu Jinli también se rió; a fin de cuentas, el elogio y la admiración por los platillos de uno es lo que más felicidad y plenitud le da a un chef.
“¿Eh?” De pronto, Yu Jinli vio algo, se acercó a Liu Xingye para mirar de cerca y, con los ojos encendidos, dijo: “Déjenme a mí preprocesar este. Tendremos otro plato para la cena: ¡cochinillo asado!”
De hecho, hablando de platillos relacionados con el cerdo, el cochinillo asado era indispensable: el plato principal en un Banquete Manchú-Han. Ya en las Dinastías del Norte y del Sur de la historia china, Jia Sxie, un antiguo agrónomo, lo había registrado en Arts for the People como una técnica culinaria importante.
Escribió: “Su color se asemeja al ámbar y al oro. La carne se derrite al tocar la lengua, como nieve con crema suave. Es un platillo extraordinario.” Con eso se entiende cuán delicioso y valioso era el cochinillo asado.
Al principio, Yu Jinli pensó que no había ninguna lulu pequeña entre las que habían cazado, y se sorprendió al descubrir justo ahora una que “se le había pasado por alto”. Con eso, el banquete porcino sería perfecto.
Cuando los estudiantes oyeron “cochinillo asado”, lo primero que les vino a la mente fue la barbacoa y el bistec a la parrilla de la vez anterior, algo que realmente había cambiado su impresión sobre la comida natural.
La mayoría de los cocineros preparaban la comida natural hirviéndola y dejándola con un sabor muy ligero, mientras que la barbacoa y los bistecs a la parrilla se sazonaban con todo tipo de aderezos, creando un gusto que hacía explotar el paladar con texturas diferentes y armoniosas. Aquello era casi adictivo.
Por eso, todos tenían grandes expectativas para el “cochinillo asado”.
Yu Jinli limpió personalmente la lulu pequeña y se preparó para cocinarla primero.
Se retiraron las vísceras de la lulu, y lo siguiente fue cortar la columna.
La columna de una lulu pequeña era como la de un cochinillo: fina y alargada. Sin un manejo hábil del cuchillo, era imposible cortarla con precisión y limpieza. Yu Jinli blandió el cuchillo con tal rapidez y destreza que dejó a todos asombrados. Al mismo tiempo, sus compañeros sintieron un frescor recorrerles la espalda y se estremecieron un poco: mejor no meterse con Castañita.
Al parecer, los de aspecto adorable eran, a menudo, los últimos con quienes convenía pelearse. Shao Yang era un ejemplo… y Yu Jinli también.
Tras el preprocesado de la lulu pequeña, tocaba el asado, que sería un proceso largo; por eso, Yu Jinli decidió empezar por ahí.
Para asarla, ató las patas para que, al chamuscarse, la carne no se encogiera y no se arruinaran la textura ni la forma perfecta.
Después de colocar la lulu pequeña sobre el fuego, Yu Jinli empezó a “descuartizar” las otras lulus que ya estaban limpias.
Cortó orejas, hocicos, patas delanteras, traseras y colas; el resto lo dividió en costillitas, cubos de panceta marmoleada y así sucesivamente.
Cuando Yu Jinli limpió la lulu pequeña, sus compañeros observaron con atención. Y ahora, mientras ellos limpiaban y cortaban el resto de las lulus, Yu Jinli se ponía con el banquete porcino.
Todos habían estado observando con cuidado, especialmente las Bestias Divinas. ¡Qué oportunidad tan rara para aprender cocina de Yu Jinli! Quizá en el futuro, si estaban de misión en la naturaleza, podrían prepararse algo rico para quitarse el antojo.
Con ese propósito, aprendían con esmero y, al limpiar y cortar las lulus, eran igualmente cuidadosos, pidiéndole consejos a Yu Jinli cada vez que encontraban una dificultad.
Con todos aportando su parte, el trabajo avanzó a gran velocidad.