La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 20
- Home
- All novels
- La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo
- Capítulo 20 - Quiero todos estos
Las personas que se quedaban afuera mirando el mercado no podían permitirse comprar los productos que había dentro, pero la curiosidad las hacía asomarse. En cambio, quienes compraban dentro solían ser sirvientes de familias poderosas.
Las grandes familias podían costear ingredientes naturales. Sin embargo, una familia tan influyente como la familia Jiang normalmente recibía los alimentos directamente en su mansión. Si Yu Jinli no hubiera querido ver cómo era la comida en este mundo, la tía Li tampoco habría venido al mercado.
—¿Qué es esto? —preguntó Yu Jinli dentro del mercado, señalando algo que parecía una papa, pero varias veces más grande.
—Papa —respondió la tía Li con una sonrisa.
¿Papa? ¡Imposible! Una papa… ¿cómo podía ser tan grande? Esa sola papa bastaría para alimentar a toda una familia, pensó Yu Jinli mientras continuaba caminando.
Pronto descubrió que todos los ingredientes de este mundo eran de mayor tamaño: tanto los que parecían papas como los que parecían tomates.
Después de preguntar a la tía Li, se dio cuenta de que estos ingredientes tenían los mismos nombres que los de la Tierra, aunque su tamaño había cambiado drásticamente. Se preguntó qué habría ocurrido en este mundo para que todo creciera así.
Aun así, se sintió feliz al ver que los ingredientes le resultaban familiares, aunque fueran más grandes. Eso le daba confianza en poder preparar buena comida.
Por supuesto, además de los ingredientes que ya conocía de la Tierra, también había otros que jamás había visto, como el objeto espiritual que ya tenía: el lomo de dragón.
El lomo de dragón era la esencia extraída de un dragón de pequeño tamaño.
Además, Yu Jinli se emocionó al encontrar varios condimentos en su primera visita al mercado, ¡y uno de ellos era la pimienta!
Cuando vio aquel racimo de bayas secas tan familiares, se sintió eufórico. Aunque también eran varias veces más grandes que las de la Tierra, seguían siendo pimientas.
Sin embargo, apenas la tía Li lo vio sosteniendo una de ellas, se apresuró a decir:
—¡Joven, eso no se come!
—¿Por qué? —preguntó Yu Jinli, confundido.
La pimienta era imprescindible para una buena comida. Sin ella, cualquier plato perdía su sabor. ¿Cómo podía no ser comestible?
—Quema la lengua y sabe mal. Nadie la come —explicó la tía Li con prisa, temiendo que Yu Jinli, por curiosidad, quisiera comprarla.
—Eso es porque no saben cómo cocinarla —replicó Yu Jinli con determinación. A él le encantaba la pimienta. Además, aquí eran tan grandes que una sola duraría muchísimo tiempo, y había varios racimos. ¡Quería llevárselos todos!
—Quiero todas estas. ¿Tienen más? —preguntó, llamando al empleado del puesto.
—Sí, tenemos más en el almacén. ¿Cuántas desea? —respondió la vendedora, visiblemente emocionada. No esperaba encontrar a un cliente que quisiera comprar pimienta, y mucho menos alguien que pareciera querer tantas.
Desde que aquellas pimientas habían llegado, nadie las había querido. Su sabor desagradable hacía que se quedaran olvidadas en el almacén; solo una pequeña parte estaba expuesta, y el resto estaba destinada a ser desechada pronto. Si no fuera por Yu Jinli, el dueño probablemente las habría destruido.
Así que, al escuchar que este joven las quería —¡todas, nada menos!—, la empleada no pudo evitar su entusiasmo.
Yu Jinli miró el montón de pimientas exhibidas. No sabía cuándo podría encontrar otros condimentos. Si solo tenía pimienta, sería imposible preparar buena comida. Así que, aunque las comprara todas, no podría hacer mucho con ellas si le faltaban otros ingredientes esenciales.
—¿Tienen sal? —preguntó de pronto.