La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 195
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- Capítulo 195 - Los Equipos Ya Están Completo
Los ojos de Yu Jinli se iluminaron y dijo con prisa: —Justo nos hacen falta tres mutantes.
Ahora, los equipos de Feiyu y de Ah Su también tenían mutantes. De verdad era un día de suerte.
—Bien. Voy a contactarlos. Joven maestro Yu, espere un momento —sonrió Zhou Kang.
—No me llames así. Me da pena. Llámame por mi nombre, o como todos: pequeña castaña —dijo Yu Jinli, cohibido.
—Está bien —asintió Zhou Kang, y enseguida se dio la vuelta para enviar mensajes a sus amigos y, de paso, al jefe.
Al oír el aviso de mensaje, Jiang Mosheng lo revisó: “Misión cumplida”. Sin poder evitarlo, las comisuras de sus labios se alzaron.
Su pequeña castaña era increíble, y cualquiera que no lo eligiera era un tonto. Después del entrenamiento oficial, sabrían lo que se habían perdido.
Lástima que no existiera una píldora que curara el arrepentimiento. Si lo perdieron, lo perdieron, y tendrían que afrontar las consecuencias.
Desde que la Clase F decidió formar tres equipos de forjadores de cartas, nadie se había acercado. Y ahora, de golpe, los tres equipos estaban llenos, a una velocidad que los tomó por sorpresa.
—Estos son mis compañeros de clase Du Sheng, Liu Yueming y Jin Zhouhua. Justo no tienen equipo. ¿Les molestaría aceptarlos? —preguntó Zhou Kang, riéndose, a Yang Feiyu y a Liu Yuansu.
—Por supuesto que no. Bienvenidos a nuestros equipos —respondió con una sonrisa Yang Feiyu.
Para ellos, la fuerza del mutante no era lo principal; al fin y al cabo, solo habría un mutante por equipo y su papel no sería tan determinante. Además, luego vendrían entrenamientos de alta intensidad, y bien podían entrenar junto a ellos. Con el entrenador Jiang, estaban seguros de que todos mejorarían muchísimo y se volverían formidables.
—Estos son de las especialidades de mechas y de construcción de mechas. También son amigos míos —señaló Zhou Kang a los que estaban detrás.
—Hola, soy Qin Qiang, especialidad mecha —se presentó un chico corpulento y musculoso. Su físico delataba un nivel alto.
—Hola, soy Jian Yufan, especialidad construcción de mechas —dijo otro chico. De complexión más pequeña en comparación con el grandote a su lado, tenía un rostro bastante delicado.
—Soy Zhao Sunyang, especialidad mecha. Espero que colaboremos bien en el futuro.
—Yo soy Liu Gugu —(suena como “tía” en chino)—, especialidad construcción de mechas.
—¿Tía Liu? —La Clase F se quedó helada un segundo y luego estalló en carcajadas: el nombre era demasiado gracioso.
A todas luces, Liu Gugu estaba acostumbrado al efecto cómico de su nombre; no se molestó y les sonrió ampliamente.
—Hacerlos reír es lo mío —se bromeó con total naturalidad.
Su reacción hizo que la Clase F le tomara más aprecio y se sintiera más a gusto con él.
—Me llamo Qi Qubin, especialidad mecha.
—Yo soy Qiu Qianhui, especialidad construcción de mechas —se presentó con dulzura la única chica del grupo.
Con eso, los tres equipos quedaron con los miembros completos.
—Creo que los integrantes de cada equipo deberían conocerse bien, así que almorcemos juntos. Mañana empezamos los entrenamientos —propuso Yuan Hui.
Los de la Clase F ya se conocían de sobra; la idea era, sobre todo, integrar a los estudiantes de las otras especialidades. En particular, que no se sintieran aislados, porque después tendrían que mantenerse unidos y esforzarse juntos durante el entrenamiento.
Por fortuna, aunque los de la Clase F tenían personalidades peculiares, la forma en que trataban a los demás dependía de con quién estuvieran. Si la otra persona era abierta, se llevaban bien enseguida.
Ese mismo día, era evidente que congeniaron. Empezaron a conocerse, y los chicos incluso terminaron abrazándose, jurándose hermandad y quedando para cenar después de clases.
Solo había tres chicas entre los tres equipos. Qiu Qianhui era de temperamento suave y rostro bonito, así que Yang Feiyu y Jiang Meilin le tomaron mucho cariño. Las tres se hicieron mejores amigas en poco tiempo y las acomodaron en el mismo equipo para cuidarse entre ellas.
Algunos pensaron que tener a las tres chicas en un mismo equipo lo haría menos fuerte que los otros dos, pero Yang Feiyu y Jiang Meilin sacaron sus cartas, invocaron bestias superiores, coordinaron a la perfección… y derrotaron a los chicos en un abrir y cerrar de ojos. Su fuerza de combate no tenía nada que envidiarles.
Qiu Qianhui no era destacada peleando, pero era muy hábil reparando mechas.
Ahora, los chicos pasaron de preocuparse por ese equipo… a envidiarlo.
…
Después de clases, Yu Jinli seguía yendo a casa de Jiang Mosheng para sus tutorías. Si terminaban muy tarde, se quedaba a dormir allí. Liu Xingye y Liu Yuansu ya estaban habituados.
No tenían nada que objetar a que Yu Jinli pasara más tiempo allí que en su propio dormitorio, especialmente después de enterarse de la relación entre Jiang Mosheng y Yu Jinli.
Eran familia; ¿qué tenía de malo vivir con la familia?
—Ah Sheng, todos son muy lindos, y los tres equipos ya están completos. ¡Qué bien! —sonrió Yu Jinli, compartiendo con Jiang Mosheng lo que había pasado en la escuela.
Se había acostumbrado a verlo a diario y a contarle todo lo que ocurría y cómo se sentía. No sabía por qué, pero simplemente quería decirle todo a Ah Sheng y charlar con él.
Cada vez, Jiang Mosheng lo escuchaba con paciencia y calma, y aprobaba o respondía incluso a los detalles más pequeños. Eso hacía a Yu Jinli aún más feliz.
—Ah Sheng, la mayoría de los miembros de nuestro equipo son forjadores. En conjunto debemos de ser más débiles que otros equipos. ¿Podrías venir a entrenarnos durante el receso? —preguntó con ilusión.
En realidad, era un pedido de toda la Clase F. Sabían que Yu Jinli era familia de Jiang Mosheng y que sus palabras serían más efectivas que las de cualquiera para convencer al entrenador Jiang.
Con el entrenador Jiang, definitivamente mejorarían muchísimo en poco tiempo. Así, no tendrían que preocuparse por quedarse cortos en combate.
—Por supuesto —respondió Jiang Mosheng con una sonrisa. A ninguna petición de Yu Jinli le decía que no.
—Gracias, Ah Sheng —dijo Yu Jinli con una sonrisa dulcísima.
—¿Solo eso? —Jiang Mosheng alzó las cejas, curvó los labios y preguntó con intención.
Al instante, Yu Jinli se sonrojó, se acercó tímidamente y, rápido, dejó un beso en su mejilla.
Desde hacía un tiempo, besar se había convertido en su manera de agradecerle a Jiang Mosheng, y también de expresarle su cariño. Antes le salía natural, cuando se le ocurría; pero hacerlo así, “a conciencia”, lo hacía sentir muy avergonzado.
Sin embargo, Jiang Mosheng no quería quedarse ahí. Sujetó al pequeño, que ya intentaba escabullirse, y su mirada se tornó profunda, como un pozo sin fondo que parecía absorber a quien contemplaba.
Yu Jinli no se atrevía a mirarlo a los ojos. Esa mirada aceleraba su corazón más que nunca.
—Ah Sheng… —lo llamó en un hilo de voz dulce, sin saber que ese tono solo lo volvía loco en ese momento.
—Pequeña castaña, esta es la forma correcta de dar las gracias —al fin, Jiang Mosheng no se contuvo: inclinó la cabeza hacia ese rostro encendido, cubrió sus labios con los propios y los frotó con suavidad.
Yu Jinli se quedó pasmado, sin saber cómo reaccionar, y se dejó llevar, inmóvil, permitiendo que Jiang Mosheng continuara.
La suavidad en sus labios le provocó un cosquilleo que le recorrió el corazón y las extremidades. Las piernas se le aflojaron; si Jiang Mosheng no lo estuviera sosteniendo, se habría desplomado.
Una risa baja se escapó entre sus labios. La expresión aturdida de Yu Jinli divirtió a Jiang Mosheng, quien, después de un rato de besos indulgentes, por fin lo soltó.
No profundizó el beso, aunque deseaba estrecharlo y besarlo sin medida. Pero temía asustarlo… y temía también perder el control.
—Esta es la forma correcta de decir “gracias”. ¿Lo recuerdas? —dijo Jiang Mosheng con una sonrisa en los ojos, sonrisa tras la cual rugía, en el fondo, una tormenta.
Yu Jinli volvió en sí del mareo; su rostro estaba tan rojo que parecía a punto de sangrar. Y su voz salió a trompicones:
—Yo… yo me voy a dormir. Bu… buenas noches.
Dicho esto, corrió a su habitación, se metió bajo el edredón y trató de enfriar sus mejillas ardientes. Pero su corazón, desbocado, seguía golpeando su pecho, obligándolo a sentir, con nitidez, los cambios de su propio cuerpo.
Solo podía pensar en cómo Jiang Mosheng se inclinó con ese aroma familiar, los labios suaves, el abrazo ardiente y…
—Ah… No sigas pensando. Me va a estallar el corazón —se cubrió el pecho, intentando desesperadamente borrar las imágenes de su mente y volver a un ritmo normal; pero fue inútil. Cuanto más lo intentaba, más se excitaba y más nítido se volvía todo.
De verdad parecía que el corazón se le iba a romper… pero ¿por qué no sentía miedo? Al contrario… se sentía cómodo y dulce.
Yu Jinli apretó el edredón y se acurrucó en él. Toda clase de imágenes seguían repitiéndose alternadas en su mente, entre pensamientos dispersos que no paraban de brotar. Sin darse cuenta, se quedó dormido con una sonrisa.
Al verlo por fin dormido, Jiang Mosheng —que lo había estado vigilando con su conciencia espiritual— entró en silencio y lo arropó bien, apartando el edredón para que no le cubriera la cara ni afectara su respiración.
—Duerme, bebé —murmuró con extrema ternura. Sus ojos seguían llenos de indulgencia. Luego salió rápido tras depositar otro beso en los labios de Yu Jinli, porque temía no poder contenerse y besarlo más, despertándolo, si se quedaba un segundo más en la habitación.
[Nota del traductor: ¡Ay, qué dulzura, me va a dar diabetes!]