La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 155
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- Capítulo 155 - No me culpen por no haberles advertido
La recaída del veneno de Jiang Zhentao ocurrió de manera repentina, tomando a todos por sorpresa. Ninguno de los doctores del Primer Hospital Militar tuvo un método efectivo para controlarlo.
Jiang Mosheng y Yu Jinli lograron mantener el veneno bajo control, pero para evitar que personas con malas intenciones descubrieran la situación y por la seguridad de Jiang Zhentao, finalmente decidieron llevarlo a casa para que descansara.
A Jiang Zhentao se le había entregado un aviso de estado crítico, lo cual era prácticamente una sentencia de muerte. En ese momento, era normal que la familia Jiang lo llevara de vuelta a casa. Después de todo, había sido el mismo caso cuando Jiang Mosheng recibió dicho aviso.
Yu Hongrui sintió instintivamente que algo no estaba bien, aunque no lograba identificar qué exactamente. Aun así, su viejo enemigo parecía estar muriendo de verdad esta vez, por lo que no pudo evitar sentirse complacido.
—¡No creo que la familia Jiang sobreviva a una crisis por segunda vez! —rió Yu Hongrui con una sonrisa torcida, maldiciendo con satisfacción.
El repentino incidente de Jiang Zhentao causó un enorme impacto en el departamento militar. Él era el Mariscal de la Primera Legión, al mando de un tercio de las fuerzas armadas. Aunque ya no estuviera en el frente, su autoridad seguía siendo crucial.
En ese momento, la recaída de Jiang Zhentao provocó que las otras legiones pusieran un ojo codicioso sobre la Primera Legión. Esperaban su muerte y la consecuente división de dicha fuerza. Incluso el Jefe de la Federación había posado su mirada sobre ese “gran trozo de carne” que era la Primera Legión, aunque aún existiera el joven héroe Jiang Mosheng dentro de la familia Jiang.
Si Jiang Mosheng no hubiese sido envenenado, el departamento militar aún lo respetaría. Pero ahora, convertido en un hombre común con un núcleo espiritual roto que apenas podía defenderse, ¿cómo podría proteger a la familia Jiang?
Por eso, todos miraban a la familia Jiang como si fueran una gran presa lista para repartirse.
A pesar de las miradas ajenas, al menos dentro del hogar Jiang el ambiente era tranquilo.
Qiao Mulan había retomado su rutina de subir cada día para cuidar al paciente. Solo que, esta vez, el paciente en la cama era Jiang Zhentao.
Jiang Mosheng y Yu Jinli revisaban diariamente el estado de Jiang Zhentao y usaban energía espiritual para nutrir su cuerpo. Exceptuando el veneno, la mayoría de sus heridas internas ya estaban curadas, y el veneno permanecía bajo control, lo cual le resultaba asombroso.
Era la primera vez que Jiang Zhentao sentía directamente eso llamado energía espiritual. Sabía que Yu Jinli había salvado a su hijo, pero nunca había entendido cómo, ni había tenido intención de indagar en los secretos del joven.
Sin embargo, esta vez, para salvarlo, Yu Jinli arriesgó su propio secreto una vez más. Esto conmovió profundamente tanto a Jiang Zhentao como a Qiao Mulan, quienes lo apreciaron aún más y juraron en silencio proteger al pequeño castaña de cualquier daño, sin importar el costo.
Yu Jinli dibujó de memoria la flor dorada, la hierba de bambú amargo, el fruto bermellón y la raíz de jade blanco, y se los entregó a Jiang Mosheng.
—Estos son los ingredientes necesarios para preparar el elixir purificador del veneno. La raíz de jade blanco es el componente principal y debe ser exactamente igual. Los otros, si no los encuentras, pueden sustituirse, pero primero tengo que revisar que sus atributos sean compatibles —explicó Yu Jinli con cuidado.
Preparar un elixir no era cosa trivial. Era como forjar cartas: un mínimo error podía causar un fracaso total.
Jiang Mosheng guardó cuidadosamente los dibujos, hizo varias copias y las distribuyó a la Bestia Divina para que buscara los materiales.
Aunque el veneno en el cuerpo de Jiang Zhentao estaba bajo control, había recaído muchas veces y lo había dejado al borde de la muerte. Por ello, lo mejor era preparar el elixir cuanto antes.
Yu Jinli, preocupado por la salud de Jiang Zhentao, planeó faltar a la escuela para quedarse en casa cuidando de su padre junto a Jiang Mosheng, pero Qiao Mulan no estuvo de acuerdo.
—Con que Ah Sheng se quede es suficiente. No te preocupes tanto. No deberías descuidar tus estudios. En cuanto reunamos todos los materiales, te avisaré —lo persuadió con ternura.
Estaba conmovida por su piedad filial, pero no quería que el pequeño descuidara su educación.
Aunque no solía ir a la escuela con frecuencia, se comunicaba bastante con los profesores, y sabía que Yu Jinli tenía un gran talento para la forja de cartas. Por eso, con más razón, no quería que faltara.
Finalmente, Yu Jinli fue convencido y, al día siguiente, después de tomarse un día de descanso, Jiang Mosheng lo llevó de vuelta a la escuela.
—Ah Sheng, revisa el estado de papá con tu energía espiritual todos los días. Si el veneno se agita, suprime su avance. Y si no puedes, llámame —dijo Yu Jinli dentro del auto.
—Sí, lo haré. No te preocupes demasiado. Mientras esté en casa, todo estará bien —respondió Jiang Mosheng con una sonrisa, dándole un beso en la frente.
La sensación familiar de un corazón acelerado volvió de golpe. Yu Jinli bajó del auto apresuradamente, saludó con la mano y, sin atreverse a mirarlo, corrió hacia el edificio del dormitorio.
Jiang Mosheng lo observó escapar, con una sonrisa indulgente curvándole los labios.
Yu Jinli había faltado un día, así que tan pronto como apareció en el dormitorio, fue interceptado por Liu Xingye y Liu Yuansu.
—¿Castañita? ¡Por fin apareces! Pensamos que algo te había pasado al no verte ayer —dijo Liu Xingye, examinándolo de arriba abajo hasta sentirse aliviado al comprobar que estaba bien.
—Estoy bien. Era mi papá, así que me quedé en casa con él —respondió Yu Jinli con una sonrisa cálida ante la preocupación de sus amigos.
—¿Tu papá? ¿Está grave? —preguntó Liu Xingye, alarmado.
Yu Jinli no conocía muy bien la situación interna de la familia Jiang, pero intuía que no debía revelar demasiado.
—Está mejor. Se pondrá bien pronto —contestó con calma.
Liu Xingye, al oír eso, se relajó y sonrió.
—Eso está bien entonces.
—Castañita, aquí están los apuntes de la clase de ayer —dijo de repente Liu Yuansu, que hasta ese momento había guardado silencio, entregándole varios cuadernos.
—Gracias, Ah Su —dijo Yu Jinli alegremente, aceptándolos con una sonrisa.
Liu Yuansu se sonrojó un poco y bajó la mirada, tímido.
—Ya es hora, vayamos al aula —intervino Liu Xingye.
Yu Jinli guardó los cuadernos junto con algunas cosas y se dirigió al aula junto a sus amigos.
Cuando Yu Jinli entró al salón de la Clase F, todos sus compañeros ya estaban presentes y practicaban la elaboración de la hierba yoyo en sus escritorios.
¿Quién podría haber imaginado que, en solo unos meses, el ambiente de la Clase F habría cambiado tanto?
Si alguien lo hubiera dicho tiempo atrás, lo habrían tachado de loco y se habrían burlado de él.
¿La clase de perdedores convertida en un grupo de estudiantes aplicados? ¡Imposible!
Pero ahora, parecía no solo posible, sino que más milagros podrían ocurrir.
—¡Castañita, llegaste! ¿Por qué no viniste ayer? —preguntó Gao Ziqi, dejando de lado su tablero de energía.
Al oírlo, los demás hicieron lo mismo y se acercaron rodeándolo, haciéndole preguntas una tras otra.
Era evidente lo popular que era Yu Jinli en la Clase F; se podía decir que era su amuleto de la suerte.
Y sus compañeros pensaban igual: sin su llegada, sin su ejemplo al forjar la primera carta de energía, jamás habrían tenido la esperanza ni la confianza de ser lo que eran ahora.
—Estoy bien. Solo tomé el día libre para cuidar a mi papá, pero ya está mejor. Gracias por preocuparse —respondió Yu Jinli con una sonrisa amable, sin mostrar impaciencia alguna.
Al ver que todo estaba bien, los demás regresaron a sus puestos para seguir practicando con la hierba yoyo antes de que iniciara la clase.
Esa mañana tendrían la lección de Fundamentos de Forja de Cartas y una clase práctica, mientras que la última sería la temida y agotadora clase de combate.
Los estudiantes se habían emocionado mucho cuando supieron que el mismísimo Jiang Mosheng les enseñaría personalmente.
Después de todo, el Mayor General Jiang Mosheng era el ídolo y modelo a seguir de millones de jóvenes. Antes solo podían escuchar sus leyendas, pero ahora tendrían la oportunidad de verlo y aprender directamente de él. ¡Qué honor!
Sin embargo, después de unas cuantas clases, todos quedaron desilusionados y temblaban solo con escuchar el nombre de esa asignatura.
Ser un héroe nacional no era fácil, y quienes soportaban su entrenamiento… también eran héroes por derecho propio.
Aunque el Mayor General Jiang era su ídolo, durante el entrenamiento no los trataba como simples estudiantes. La intensidad era tan brutal que más de uno deseaba tirarse al suelo y no levantarse jamás.
No obstante, debían admitir que, por duro que fuera, el efecto era evidente. Su condición física había mejorado enormemente desde que ingresaron en la escuela.
Lo más importante: ya no se agotaban tan fácilmente al practicar la pintura de cartas de energía. A lo sumo sentían fatiga espiritual al agotar su concentración, pero el cuerpo no colapsaba antes de la mente.
Habían escuchado muchos casos de forjadores de cartas que no podían continuar pintando por falta de resistencia física.
A pesar de esas advertencias, pocos forjadores dedicaban tiempo al entrenamiento físico, prefiriendo concentrarse únicamente en la práctica espiritual.
Pero la Clase F había comprobado los beneficios del entrenamiento, así que, por más duro que fuera, estaban decididos a seguir hasta el final. ¡Además, podían admirar de cerca el rostro de su héroe! Tenían que perseverar.
Después de la segunda clase, los estudiantes de la Clase F fueron al campo de entrenamiento antes de tiempo, se cambiaron y comenzaron a hacer ejercicios de calentamiento mientras esperaban al instructor.
An Yizhe, quien planeaba advertirles sobre algo, no alcanzó a decir una palabra: el aula ya estaba vacía.
Solo pudo negar con la cabeza, divertido ante la impaciencia de aquel grupo.
Bueno, pensó, ya lo entenderán durante la clase. No me culpen por no haberles advertido.