La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 139

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  4. Capítulo 139 - ¿Éxito sonoro o fracaso?
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Esta prueba práctica tenía un formato similar a la anterior. Los estudiantes sacaron lotes para decidir el orden y entraron al aula de examen por turnos.

Los tutores y los supervisores se quedarían afuera para vigilar a los alumnos que estuvieran rindiendo dentro.

Wu Yong, tutor de la Clase A, miró a la Clase F con ojos maliciosos, pero no se atrevió a iniciar un conflicto abiertamente.

Había caído al suelo de forma extraña dos veces tras cruzarse con estudiantes de la Clase F, y la cabina médica del hospital de la academia, casualmente, había fallado dos veces seguidas, haciéndolo sufrir mucho; tanto así que ahora, con solo ver alumnos de la Clase F, el recuerdo del dolor le tensaba el cuerpo y no se atrevía a moverse ni un milímetro, temiendo volver a caerse de manera inexplicable.

La vergüenza no importaba. Lo insoportable era el dolor.

Wu Yong estaba convencido de que esas caídas extrañas debían tener algo que ver con la Clase F, pero las experiencias lo habían traumatizado tanto que, pese al odio que les tenía, no se atrevía a expresarlo.

“Será mejor que lo hagan bien esta vez. Si pierden contra ese Yu Jinli de la Clase F, o aceptan un entrenamiento infernal después… o se van de la Clase A.” Como no se atrevía a meterse con la Clase F, Wu Yong descargó su furia con sus propios estudiantes.

Especialmente al recordar el examen pasado y la capacidad de Yu Jinli para crear una carta de energía de alto nivel, este tutor de la Clase A se sentía cada vez más humillado.

Esta vez, de una u otra manera, debía desquitarse. Si alguien iba a sacar una nota mayor que la de Yu Jinli, tenía que ser un alumno de la Clase A.

“Sí, profesor Wu.” respondieron apresurados los de la Clase A.

En realidad, le tenían algo de miedo a Wu Yong, pero al pensar que incluso habían perdido contra la Clase F en el último examen, se les volvió a encender el deseo de ganar.

Últimamente habían pasado por un entrenamiento frenético, y varios más de sus compañeros podían forjar cartas. Simplemente no creían que, en conjunto, no pudieran superarlo.

En contraste con la tensión de la Clase A, la Clase F estaba increíblemente relajada; no les preocupaba en lo más mínimo el resultado de esta práctica.

A fin de cuentas, nunca habían practicado con cartas de energía reales. Lo normal era fallar.

Sin embargo, tampoco por eso iban a rendirse. Todos tenían la misma idea en mente: como el profesor no les había dado oportunidad de trabajar con cartas reales, tomarían este examen como una ocasión valiosa para comprobar hasta dónde podían llegar en la forja de cartas.

Por ello, cada estudiante de la Clase F llevaba en el rostro una expresión de expectación, deseando que ya mismo fuera su turno de examinarse.

“¿Estudiantes, están listos? No se presionen. Esta prueba solo busca evaluar los frutos de su esfuerzo en este período. Hagan lo mejor que puedan.” dijo uno de los supervisores con una sonrisa para ayudarlos a relajarse. “Si están listos, comencemos.”

“¡Sí!” respondieron los alumnos al unísono, y, entre ellos, la Clase F fue la que gritó más fuerte.

“Muy bien, empecemos.” El supervisor sonrió y abrió a la vez las puertas de treinta laboratorios. Según el sorteo, los seis primeros estudiantes de cada clase entraron a los cuartos de prueba y comenzó el examen parcial.

Sin intervención alguna, a Yu Jinli no le tocó un número pequeño, sino uno grande.

Yu Jinli y el resto de la Clase F se quedaron sentados en sus lugares, observando con atención el desempeño de los estudiantes que habían entrado a los laboratorios.

Los seis primeros de la Clase F fueron Gao Ziqi, Du Jingxuan, Xi Ziluo, Yuan Hui, Cao Quming y Zhu Gangfeng.

Apenas entraron a los laboratorios, sus ojos brillaron al ver la carta de energía en blanco sobre la mesa, como unos tontos que jamás hubieran visto una.

Como era de esperarse, pronto algunos empezaron a expresar su desprecio hacia los “idiotas” de la Clase F, y lo hicieron con voces tan altas que todos pudieron oírlos.

“… ¿La Clase F ha tocado alguna vez una carta real? Mira sus caras de bobos. De verdad me niego a admitir que estudio en la misma escuela que ellos. No son más que una vergüenza para nuestra Primera Academia Militar.”

“Y que lo digas. Ni siquiera controlan bien su energía interna. ¿Cómo van a haber tocado una carta de verdad? Apuesto a que solo tienen chance durante los exámenes. Pobrecillos.”

En esta evaluación, todas las clases estaban sentadas juntas, así que la voz de una clase podía oírse por todos, incluida la Clase F.

Al escuchar aquellos comentarios, Liu Xingye ya no sintió el impulso de antes de ir a golpear al hablador; más bien lo admitió con honestidad: “Sí, tienen razón. No tocamos cartas reales hasta este examen. El profesor Xiao dijo que, sin una base sólida, no se nos permitiría usarlas. Por supuesto que valoramos esta oportunidad.”

Tal vez porque los alumnos de otras clases no esperaban que Liu Xingye lo admitiera tan francamente, por un momento no supieron qué responder.

A la Clase F no le importaron las reacciones ajenas. Solo se concentraron en los suyos.

Desde que comenzaron a esforzarse y tuvieron nuevos profesores; desde que progresaron en sus estudios y vieron esperanza, descubrieron que muchas cosas que antes parecían imposibles empezaron a cambiar, y su mentalidad se transformó.

Al adquirir conocimientos y dejar de ignorar lo relativo a la forja de cartas; al poder dibujar una superplanta completa en la tabla de energía, y al dejar de sentir que convertirse en forjador era un sueño lejano, comenzaron a sentirse realmente seguros y confiados.

Entonces comprendieron que su ira pasada y ese impulso de contraatacar gritando “no nos importa”, cuando los satirizaban o menospreciaban, eran en realidad prueba de que sí les importaba, y mucho.

Precisamente porque les importaba pero no podían obtener lo que deseaban, actuaban con irritabilidad e impulsividad para ocultar su verdadero anhelo.

Fue también en ese momento que comprendieron de verdad por qué quien tiene capacidad suele mantener un perfil bajo e ignorar las opiniones ajenas: porque esas cosas no perturban su mente.

Sabe bien lo que tiene y entiende que, en cuanto lo muestre, los calumniadores quedarán abofeteados por los hechos; pero no quiere malgastar tiempo en gente insignificante, porque no le aporta nada y solo supone un desperdicio de tiempo y energía.

Aunque la Clase F aún no había llegado a ese nivel, su mentalidad estaba cambiando y mejorando. Preferían dedicar tiempo a practicar y terminar cuanto antes las tareas para empezar con cartas reales, antes que perderlo discutiendo con otros.

Desde que Liu Xingye lo admitió abiertamente, los estudiantes de otras clases parecieron atragantarse y, por un rato, no supieron qué decir. La zona fuera de los laboratorios quedó en un silencio absoluto.

Claro que eso no afectó a los estudiantes que estaban dentro.

Los de la Clase F que examinaban en ese momento miraban atentamente la carta de energía que tenían delante, pero no empezaron a dibujar de inmediato.

Aunque todos podían trazar una hierba yoyo completa en la tabla de energía, aquello era distinto de una carta real. Nunca habían trabajado sobre una carta auténtica, así que tenían que ser doblemente cautos.

Los seis observaron con cuidado la carta de energía durante un buen rato y luego comenzaron a liberar su energía interna, procurando que fuera estable y uniforme, antes de adentrarse realmente en la carta.

Era la primera vez que introducían su energía interna en una carta en blanco. En la evaluación anterior, ni siquiera podían liberarla. También era la primera vez que “veían” el interior de una carta de energía, lo cual resultaba muy sorprendente.

Pero no había tiempo para asombrarse, porque una vez que la energía interna penetraba en la carta, eso significaba que el dibujo había comenzado.

Los seis despejaron su mente y se esforzaron por controlar su energía interna para dibujar dentro de la carta. Ya habían repetido el proceso cientos de veces y tenido decenas de éxitos; conocían al dedillo las líneas de una hierba yoyo. Su capacidad de control era evidentemente mayor, y el trazo fluyó con bastante suavidad.

El desempeño de cada estudiante se ampliaba y mostraba en una pantalla gigante, incluidos, por supuesto, los seis de la Clase F.

Al principio, todos afuera prestaban atención a la Clase F solo para verlos hacer el ridículo. Sin embargo, con el paso del tiempo, las expresiones del público cambiaron del desprecio a la sorpresa y, luego, a la seriedad.

Los seis de la Clase F no dibujaban rápido; incluso se los notaba algo nerviosos, pero manejaban y liberaban su energía interna con bastante solvencia, algo que parecía imposible tratándose de la Clase F.

En particular, su flujo de energía era muy estable; si eso se mantenía, no era descabellado que lograran forjar una carta real.

Los compañeros de la Clase F que observaban desde afuera también estaban muy nerviosos y emocionados, porque solo ellos sabían que esa era la primera vez que introducían su energía interna en una carta auténtica.

Con la tabla de energía ya eran muy diestros, pero ante una carta real, en el fondo, no tenían tanta confianza.

Al fin y al cabo, si cualquiera pudiera crear una carta real tras practicar unas cuantas veces en la tabla, no habría tan pocos forjadores en toda la Federación.

Maestros y estudiantes de las cinco clases tenían la mirada clavada en los seis de la Clase F.

Por primera vez, no estaban pendientes de sus propios alumnos o compañeros, sino de esa clase a la que más habían despreciado.

Algunos deseaban que la Clase F lograra un éxito sonoro; otros, en silencio, rezaban por su fracaso. Pero, fuera cual fuera su deseo, nada podía opacar a los radiantes alumnos de la Clase F.

El contorno de la hierba yoyo apareció, y ahora solo faltaban los detalles para completar la forja de esa carta de energía.

Una vez forjada, significaría que esos estudiantes serían, oficialmente, forjadores de cartas con todas las de la ley. En ese mismo momento, muchos alumnos de otras clases ya habían salido tras fracasar, incluidos algunos de la Clase A. Solo la Clase F mantenía a sus seis estudiantes dentro de los laboratorios, dibujando sin prisas y con orden.

La atención y el ánimo de todos los maestros y estudiantes se dejaron llevar por esos seis. Esperaban el resultado final: ¡si conseguirían un éxito rotundo… o volverían a fracasar!

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