La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 135

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  4. Capítulo 135 - Practicar cien veces
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Al oírlo, Tang Ziyu pensó un momento antes de darse cuenta de a quién se refería Qi Dingming.

—Solo una nimiedad —restó importancia Tang Ziyu.

—¿Una nimiedad? Al tipo lo sacaron de la escuela —dijo Qi Dingming con una sonrisa.

No pretendía criticar a su amigo por aquel estudiante de primer año. Después de todo, conocía bien a su compañero de clase desde hacía tres años; solo tenía curiosidad.

Más tarde había oído, además, que el novato de la Escuela de Fabricación de Cartas, por mucho talento que tuviera para forjar cartas, tenía un carácter indecible. No era ninguna lástima que la escuela lo expulsara.

A fin de cuentas, sería una tragedia que la escuela formara a un alumno que luego se volviera en su contra.

Su amigo, en realidad, le estaba haciendo un favor a la academia. Aun así, seguía intrigado por lo que habría hecho el novato para que su amigo tuviera que llegar a eso.

Pero era evidente que Tang Ziyu no quería hablar del asunto y despachó a Qi Dingming con un par de frases.

En realidad, no es que no quisiera contarlo, sino que no tenía nada que decir. Ni siquiera recordaba el nombre del novato. ¿Qué podía contar?

¿Podía decir que fue su hermano mayor quien le pidió acercarse a ese estudiante, buscar la oportunidad de provocarlo y, al final, conseguir un pretexto para expulsarlo de la academia?

No era tonto. ¿Cómo iba a revelar algo así?

Además, Tang Ziyu tampoco creía que su hermano mayor, que estaba siempre en el ejército, tuviera ocasión de conocer a un novato de cartas y tener un conflicto con él. Asociando esto con lo que había escuchado antes sobre la rivalidad entre las dos clases de la Escuela de Fabricación de Cartas, pensó que ya sabía quién quería que expulsaran a ese alumno.

Tsk, tsk. Jamás habría pensado que su hermano mayor, un hombre decidido y nada chismoso, tuviera esta faceta. Eso le despertó más curiosidad por el prometido del que todos hablaban. Tal vez debería buscar la oportunidad de conocerlo para ver qué clase de encanto tenía como para conquistar al hombre más imposible del ejército.

Tang Ziyu lo pensó, pero no tenía prisa. Ya habría oportunidad.

…

Tras la expulsión de Yang Jin, en la Clase F reinó un aire de júbilo. Los estudiantes estaban animados cada día y tan motivados que ya no se irritaban ante el contenido del libro que no entendían; incluso empezaron a verlo “hasta simpático”.

Gracias a las explicaciones pacientes de los maestros, a la ayuda mutua entre compañeros y a su propio esfuerzo, la Clase F por fin alcanzó a las otras clases y completó en dos meses, después del examen de mitad de período, todo el temario que se habían perdido.

Puede decirse que, en esos dos meses, la Clase F se esforzó muchísimo.

De hecho, la Clase F no era lenta; al contrario: tenían mentes activas, buena memoria y aprendían rápido. Habían sido rezagados por pura falta de atención y por pereza.

Ahora que comprendían la importancia de estudiar, estaban dispuestos a esforzarse y pronto se pusieron al día. De ello se sentían muy orgullosos. Y, lo más importante, al terminar la teoría del libro, por fin podían empezar a fabricar cartas energéticas.

El profesor de la práctica de forja de cartas era Xiao Weilin.

En las clases prácticas de las otras secciones, los alumnos ya podían intentar trabajar sobre cartas en blanco. Aunque fallaran una y otra vez, al menos practicaban. Sin embargo, en las clases de Xiao Weilin no apareció ni una sola carta energética: los mantuvo practicando exclusivamente la liberación y el control del enfoque interno.

—La clave de la forja de cartas está en el control del enfoque interno. Antes de dominarlo con precisión, fallarán cien veces al intentar hacer una carta —eso fue lo primero que les dijo a la Clase F.

Vísteme despacio que tengo prisa. Esa era la filosofía de enseñanza de Xiao Weilin.

Puede que las otras clases ya llevaran tiempo con la fabricación, pero Xiao Weilin no creía que eso beneficiara a los estudiantes. Intentar hacer cartas antes de entrenar el control del enfoque interno era como pedirle a un niño que corra antes de aprender a caminar.

Además, una base débil conduce a fallos en la práctica, y demasiados fracasos minan la confianza y el entusiasmo.

Aunque la Clase F envidiaba a los demás, entendía que el maestro lo hacía por su bien, y más tratándose de este nuevo profesor. Además, su enfoque interno y su talento eran, de partida, inferiores a los de otras clases, así que debían esforzarse más.

Por ello, nadie se quejó y todos practicaron obedientemente según las indicaciones.

Tras dos meses de ejercicios de control del enfoque interno, la Clase F por fin obtuvo el reconocimiento del profesor y empezaron a aparecer cartas energéticas.

—¿Ven esas cartas en blanco frente a ustedes? —preguntó Xiao Weilin con una sonrisa.

—¡Sí! —respondieron emocionados. Miraban aquellas cartas como si ya vieran el producto terminado. Solo querían poner en práctica lo aprendido y experimentar la forja mediante el enfoque interno.

—Tomen la carta en blanco y obsérvenla y siéntanla con atención —indicó Xiao Weilin, sin dar aún la orden de practicar la forja.

Los estudiantes la tomaron con cuidado. Aunque ya habían visto cartas reales —algunos, incluso, muchas antes de entrar a la escuela—, nunca se habían emocionado tanto al ver una carta en blanco.

Todos la contemplaron con esmero: sería la primera que forjaran. No sabían si tendrían éxito, pero, igual, significaba mucho.

—¿Ya la vieron bien? —preguntó Xiao Weilin.

—Sí —respondieron, conteniendo la excitación.

—Entonces… —Xiao Weilin hizo una pausa adrede; al ver sus caras ansiosas, su sonrisa se ensanchó— entréguenmelas.

La Clase F se quedó pasmada, como si hubiera oído mal. Todas las miradas se clavaron en el maestro, que sonreía con cara de zorro.

—Profesor Xiao, ¿qué dijo? —se animó a preguntar uno.

—Que entreguen todas las cartas en blanco —repitió con paciencia.

—Profesor, ¿no íbamos a practicar el trazado de la carta hoy? —no pudo evitar preguntar Gao Ziqi.

—Su capacidad aún está muy por debajo de lo necesario para forjar cartas, pero ver una carta en blanco con sus propios ojos y sentir su energía los motivará más, ¿verdad? —sonrió aún más encantador. Para la Clase F, aquella sonrisa era la de un diablo con máscara de ángel.

Qué malo el maestro. Ellos creían que hoy empezarían a fabricar, y resultó que… ¿era solo para mirar las cartas?

Sí: la realidad siempre es más cruel de lo que uno piensa.

Tras retirar las cartas en blanco, Xiao Weilin entregó a cada alumno una tabla de energía como herramienta de práctica y dijo:

—Usen la tabla para practicar el trazado de hierba Yoyo cien veces. Quien complete la tarea empezará a practicar con una carta en blanco real.

—¿Cien veces? —repitió la Clase F, atónita. ¿Cuándo terminarían? Solo podían practicar durante la clase…

—Pueden llevarse la tabla al dormitorio y al aula. Practiquen cuando quieran; pero solo contará cada vez que completen el trazado de la hierba Yoyo —añadió Xiao Weilin.

La Clase F miró la tabla de energía y puso cara de funeral.

Cien veces. Completa. ¿Cuándo acabarían?

Completar el trazado en una carta en blanco equivalía a forjar una carta real; es decir, completar con éxito cien veces significaba poder hacer cien cartas energéticas de hierba Yoyo.

Sin embargo, incluso los mejores de la Clase A necesitaban decenas o cientos de fallos antes de forjar una carta real. ¿Completar cien veces no equivaldría a casi diez mil intentos fallidos?

La cifra asustaba… pero también motivaba a la Clase F.

Todos estaban en una edad en la que no se rinden fácil. Si el maestro había dado esa instrucción, ¿no sería vergonzoso abandonar sin siquiera intentarlo?

Y además…

—Además, Yu Jinli no necesita practicar hierba Yoyo. Tú practicarás civeta —añadió Xiao Weilin, asignando tareas distintas según el alumno.

Al oírlo, la Clase F abrió los ojos como platos y miró a Yu Jinli.

La hierba Yoyo era la superplanta más simple entre las cartas F, mientras que civeta era una carta de super bestia F, cuyo trazado, como todos sabían, era mucho más complejo que el de las superplantas.

El resto de la clase aún no empezaba oficialmente con una superplanta, y su compañero ya practicaba una super bestia… ¡dieciocho calles por delante!

Así, la Clase F se motivó más. Siendo del mismo grupo, no querían quedarse demasiado atrás de Yu Jinli. ¿No sería vergonzoso?

Por eso, en ese periodo, cualquiera que pasara por el edificio donde estaba la Clase F vería que, en horario o fuera de él, rara vez había alguno de sus alumnos fuera del aula, justo lo contrario de antes.

Salvo para asistir a clase, la Clase F no perdía tiempo: practicaba sin descanso el trazado de la carta de hierba Yoyo.

Al principio tropezaban con el uso del enfoque interno y, tras decenas de intentos, no lograban completar ni la mitad del diseño. Aun así, nadie se quejó. Incluso Gao Ziqi, el más impaciente, practicaba una y otra vez con cuidado.

Así pasó aproximadamente una semana y, salvo Yu Jinli, nadie en la clase había logrado completar una hierba Yoyo, lo que resultaba bastante frustrante.

—¡A la m*rda, me rindo! —Zhou Zixu, encendido, volcó la tabla de energía que tenía delante, con el rostro hecho una furia.

El aula estaba en silencio, todos concentrados. La explosión repentina de Zhou Zixu los sobresaltó e interrumpió la liberación fluida del enfoque interno. Resultado: otro fracaso.

Todos fulminaron con la mirada a Zhou Zixu por romper el silencio.

—Zhou Zixu, ¿qué te pasa? ¿No quedamos en no hacer ruido en el aula para no molestar a los demás? —se levantó Yuan Hui, molesto.

Yuan Hui era el monitor de la Clase F: antes casi no tenía un papel real, y a nadie le importaba. Ahora que habían decidido estudiar en serio, los líderes de clase cobraban importancia y debían ejercer sus deberes y autoridad.

Desde el principio habían fijado reglas en el aula: no molestar a los demás durante la práctica; si a alguien le apetecía distraerse o hacer otra cosa, que saliera.

Evidentemente, Zhou Zixu no había cumplido la norma.

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