La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 132
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El día en que se anunciaban los resultados del examen solía ser el más odiado por los estudiantes de la Clase F, el único y verdadero tormento del semestre.
Pero esta vez, todos parecían ansiosos y expectantes, algo que no había sucedido nunca desde que entraron en la escuela.
—¿Ya lo publicaron? —preguntó Gao Ziqi a los compañeros a su alrededor, refrescando su terminal personal una y otra vez.
—Todavía no —respondieron los demás, mientras hacían exactamente lo mismo. El maldito resultado aún no aparecía.
La escuela no revelaba las calificaciones ni los puestos de los demás estudiantes. Cada alumno solo podía ver su propio resultado en su terminal personal. El maestro de grupo, en cambio, recibía un informe colectivo con las notas de toda la clase, para tener una visión general y poder enseñar según las capacidades de cada estudiante.
El primer día de regreso a clases, los ojos de los alumnos de la Clase F estaban pegados a sus terminales, esperando ansiosamente el anuncio de las calificaciones.
Por supuesto, la razón de su interés no era precisamente que ellos hubiesen hecho un buen examen, sino porque querían saber la nota de Yu Jinli. Después de todo, el desafío contra Yang Jin de la Clase A aún seguía en pie.
Aunque Yu Jinli había obtenido una puntuación altísima en el examen práctico, todavía existía la posibilidad de perder si no le iba bien en la parte teórica. Por eso, hasta no ver el resultado con sus propios ojos, nadie podría estar tranquilo.
Y no solo la Clase F estaba pendiente. Las demás clases también lo estaban. La actuación de Yu Jinli en la prueba práctica había sido tan asombrosa que todos querían ver si en la teoría estaría a la misma altura.
Claro que muchos no creían que pudiera hacerlo bien. El examen teórico no era como el práctico: un buen fabricante de cartas no necesariamente dominaba la memorización o los fundamentos teóricos. Y tratándose de un estudiante de la Clase F, pocos tenían fe en él.
Parecía que la escuela percibió la impaciencia de los alumnos, porque no los hizo esperar demasiado: los resultados fueron enviados pronto a cada terminal.
—¡Oh, ya llegó! ¡Ya está el resultado! —gritó Yang Zhehao, tras refrescar una vez más y ver finalmente un número en la columna de puntuación.
Inmediatamente, todos hicieron lo mismo y, al ver sus propias notas, se sintieron menos inquietos.
Aunque las calificaciones eran similares a las de antes, coincidían con lo que habían calculado. Eso significaba que, al menos, realmente comprendían lo que habían estudiado. Y una puntuación obtenida por conocimiento real valía mucho más que una lograda por pura suerte.
Por supuesto, la atención de todos seguía centrada en Yu Jinli.
—Pequeño Castaña, ¿cuál es tu nota? —preguntó Liu Xingye, y todas las miradas se dirigieron hacia él.
Yu Jinli parpadeó, abrió su terminal bajo esa lluvia de ojos curiosos y encontró la página de resultados. Allí, en letras grandes, aparecía un número que hizo que todos se quedaran mudos.
—¡¿Dios mío, estoy viendo bien?! —gritó Gao Ziqi, despertando a los demás de su aturdimiento.
Rápidamente se arremolinaron a su alrededor y comprobaron una y otra vez la pantalla. En ese instante, incluso la manera en que miraban a Yu Jinli había cambiado.
—¡Cielos! ¿Cómo hiciste eso? ¿Estuvimos en el mismo examen? —preguntó Yang Zhehao, mirándolo con una mezcla de incredulidad y adoración, mientras hacía un gesto teatral de reverencia.
En realidad, ninguno de ellos había tenido grandes expectativas para esta prueba. Yu Jinli llevaba menos de un mes en la escuela y se había perdido más de dos meses de clases.
Además, al principio, las preguntas que hacía a los profesores eran tan básicas que incluso los estudiantes más distraídos sabían las respuestas.
Por eso, todos creían que Yu Jinli no tenía conocimientos teóricos sólidos sobre la fabricación de cartas, aunque seguían sin comprender cómo había tenido un desempeño tan brillante en el examen práctico.
Por esa razón, la Clase F había estado preocupada por su examen teórico.
Aun así, todos rezaban para que, al menos, lograra aprobar.
La puntuación práctica de Yu Jinli ya superaba por mucho al segundo lugar, así que incluso si no era tan bueno en teoría, con que aprobara bastaría para vencer a Yang Jin.
Pero, para sorpresa y alegría de todos, Yu Jinli no solo obtuvo un resultado excelente en el examen práctico, sino también en el teórico. ¡Un verdadero golpe de suerte y orgullo para la clase!
—¡Jajaja! ¡A ver cómo presume ahora ese tal Yang Jin! Aunque sacara puntuación perfecta, igual pierde frente al Pequeño Castaña. ¡Eres increíble, el orgullo de la Clase F! —gritó Gao Ziqi, tan emocionado que parecía querer levantarlo en brazos.
—No puedo esperar a ver la cara de perdedor de Yang Jin —añadió Shao Yang con su rostro infantil y sonrisa traviesa, una combinación tan extraña como divertida.
—¡Vamos a la Clase A para que cumpla su promesa! —declaró Gao Ziqi con el pecho inflado de orgullo.
Era la primera vez que la Clase F se sentía tan animada. Aunque no era por sus propias calificaciones, el orgullo ajeno se sentía como propio.
Así, con Yu Jinli en el centro, todos marcharon juntos hacia la Clase A.
Antes, eran los arrogantes genios de la Clase A quienes venían a provocarles. Esta vez, ¡serían ellos quienes devolverían el golpe!
Sin embargo, la escena épica que Gao Ziqi había imaginado no llegó a ocurrir en la puerta de la Clase A, porque antes de llegar, se toparon con Yang Jin y varios estudiantes de esa clase, quienes, curiosamente, también se dirigían hacia la Clase F.
El encuentro fue inevitable.
En el aire se respiraba tensión. Antes de que nadie hablara, ya se sentía una chispa eléctrica entre los dos grupos, una presión que podía cortarse con un cuchillo.
—Vaya, si no es el talentoso de la Clase A que mira a todos por encima del hombro. ¿Cómo te sientes al perder contra un compañero de la peor clase? —se burló Gao Ziqi sin piedad.
Por fin tenía la oportunidad de mofarse de la Clase A, y no iba a desperdiciarla.
Tal como esperaba, los estudiantes de la Clase A pusieron mala cara.
—Eso fue solo suerte. ¿De verdad creen que la Clase F puede tener suerte siempre? —replicó con desdén uno de ellos.
Para los de la Clase A, la Clase F era su peldaño más bajo. Más allá de sus familias, ¿en qué podrían superarlos esos inútiles?
Pero esta vez, gracias a Yu Jinli, los despreciados “fracasados” de la Clase F los habían superado en el examen de mitad de período. Y eso les hervía la sangre.
Por eso, en cuanto se publicaron los resultados teóricos, habían decidido ir directamente a la Clase F, con la intención de humillarlos y demostrar que sin “golpes de suerte” no eran nada.
—¿Suerte? ¿No sabes que la suerte también es una habilidad? —replicó Liu Xingye con una sonrisa irónica—. Pero ustedes, que se creen los mejores y culpan a la mala suerte cuando fallan, jamás tendrán esa bendición.
Ambas clases comenzaron una pelea verbal. En el centro del enfrentamiento estaban Yu Jinli y Yang Jin, quienes, sin embargo, no habían dicho nada.
Yu Jinli, ajeno a este tipo de conflictos, solo observaba tranquilo; Yang Jin, por su parte, mantenía un aire de desprecio.
—Supongo que la Clase F volvió a quedar en último lugar en teoría, ¿no? Aunque hayas tenido suerte en el examen práctico, no puedes confiar en eso para la parte teórica —dijo finalmente Yang Jin con arrogancia.
—¡Deja de hablar tanto y muestra tu puntuación! ¡Te haremos perder por completo esta vez! —le espetó Liu Xingye con fastidio.
—Hmph, me temo que serán ustedes quienes lloren cuando vean la nota de Yang Jin —dijo con suficiencia otro estudiante de la Clase A.
Estaban seguros de que, en teoría, jamás podrían perder. Yu Jinli apenas llevaba un mes en la escuela; era imposible que hubiese aprendido tanto en tan poco tiempo.
—¿Van a seguir hablando o van a mostrarlo ya? —intervino Shao Yang, frunciendo su redondo rostro infantil con impaciencia, lo que lo hacía parecer aún más adorable.
Pero nadie se atrevió a decirlo en voz alta, porque sabían que ese niño, aunque adorable, podía ser muy peligroso si lo provocaban.
Yang Jin sonrió con altivez.
—Si tanto desean morir antes, los complaceré —dijo mientras encendía su terminal personal y activaba el modo holográfico vertical para que todos vieran claramente el número proyectado: 99.
Al verlo, la Clase F soltó un bufido colectivo lleno de desprecio.
—¿Y tanto alarde por eso? Pensé que sería un 100. Solo 99 y ya presumes, qué vergüenza —se burló Gao Ziqi, con una sonrisa burlona en los labios.
Los de la Clase A se quedaron desconcertados. Aquella no era la reacción que esperaban. Un mal presentimiento comenzó a crecer en sus corazones.
Aunque no era un puntaje perfecto, 99 era una nota altísima incluso para su clase. Solo un estudiante había conseguido el 100.
Sin embargo, la actitud de los de la Clase F parecía insinuar que entre ellos sí había alguien con 100 puntos. ¿Era posible?
Descartaron esa idea de inmediato. Si alguien de la Clase F lograba un puntaje perfecto, ¿dónde quedaría el orgullo de los genios de la Clase A?
Seguro estaban fingiendo. Sí, eso debía ser. Se consolaron con ese pensamiento, y Yang Jin también.
—Yu Jinli, es tu turno —dijo Yang Jin, apretando los labios en una línea tensa, sin darse cuenta de que todo su cuerpo se había puesto rígido.
Yu Jinli no los hizo esperar. Abrió la página de resultados y activó también el modo holográfico vertical.
La cifra apareció proyectada ante todos.
Los estudiantes de la Clase A abrieron los ojos de par en par, sus rostros congelados en una expresión de incredulidad absoluta.