La Esposa del Joven General es el Señor Suertudo - Capítulo 100
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- Capítulo 100 - Yo soy forjador de cartas
Yang Jin no había visto nunca a Yu Jinli en la Clase F y, como él fue quien acaparó los reflectores en la clase abierta, eso lo irritaba.
Muy sensible a las emociones ajenas, Yu Jinli sintió de inmediato la malicia de Yang Jin, pero ni siquiera lo conocía. Nunca lo había provocado. ¿Por qué lo miraba con tan malas intenciones?
—Eso es —se burló el secuaz que estaba detrás de Yang Jin—. ¿Cómo te atreves a lucirte frente a nosotros si ni siquiera puedes hacer una tarjeta de energía del nivel más bajo? ¡No sabes de lo que hablas!
—¿Y tú sí? —replicó Liu Xingye con los brazos cruzados, rebosando ironía en la voz.
Atragantados por la pregunta, los compinches de Yang Jin se pusieron rojos de vergüenza. Obviamente, ellos tampoco sabían fabricar tarjetas. Solo fanfarroneaban a la sombra de Yang Jin.
—Ah Ye, ¿quiénes son? —preguntó Yu Jinli con confusión. Creyó haber hablado en voz baja, pero todos lo escucharon.
Los estudiantes de la Clase F estallaron en carcajadas, mientras que los de la Clase A se encendieron de rabia.
Yang Jin era muy famoso entre los de primer año. No solo en la escuela de forjadores, sino también entre alumnos de otras escuelas, se sabía de su asombroso talento para la forja y de su enfoque interno de grado A.
Apenas dos meses después de iniciado el curso, ya podía fabricar tarjetas de energía de grado F, lo que causó un gran revuelo. Con el tiempo, sin duda se convertiría en un excelente forjador.
Por eso, dondequiera que iba, lo seguían muchos. Todos querían congraciarse con él y le permitían hacer su voluntad.
Era la primera vez que escuchaba a alguien preguntar quién era, justo después de que Liu Xingye pronunciara su nombre.
Por ello, Yang Jin lo tomó como una provocación deliberada y una burla.
Sin embargo, se equivocaba con Yu Jinli.
Yu Jinli simplemente no lo conocía.
Aunque Liu Xingye había dicho “Yang Jin” hacía un momento, ante un grupo de desconocidos, Yu Jinli no tenía idea de cuál de ellos era.
—Tú eres Yu Jinli, ¿no? —Yang Jin lo miró con aún más resentimiento, casi desbordándosele por los ojos, lo que hizo sentir muy incómodo a Yu Jinli.
Normalmente, Yu Jinli sonreía cuando trataba con los demás, pero frente a ese grupo de extraños no podía sonreír. Solo quería alejarse: aquellas personas tenían una bruma oscura a su alrededor que lo inquietaba.
—Un perdedor se queda con una clase de perdedores —se mofó Yang Jin, sin esconder su desprecio.
—¡La Clase F no es una perdedora! —replicó Yu Jinli. Ahora sí estaba realmente enojado.
Aunque llevaba poco tiempo allí, tenía buena impresión de la mayoría en la Clase F; lo trataban bien. También se consideraba parte de la clase. Calumniarla lo enfurecía de manera natural.
Yang Jin dijo con sorna:
—Je. Con enfoque interno de grado C, ni siquiera llegarán a forjadores principiantes. ¿Qué descripción les queda mejor que “perdedores”?
—¿Todos ustedes son forjadores principiantes? —preguntó Yu Jinli.
Las expresiones de los que estaban detrás de Yang Jin cambiaron un poco. Solo Yang Jin mantuvo la cabeza erguida y, orgulloso, dijo:
—Por supuesto.
—¿Qué nivel tiene un forjador principiante? —preguntó Yu Jinli en voz baja a Liu Xingye. Llevaba poco estudiando y aún no entendía muchos conceptos.
Yang Jin y los suyos: “…”
—Hmph, no voy a perder el aliento con ustedes. Me da náusea quedarme un segundo más aquí. Yu Jinli, te desafío para el examen parcial de la próxima semana. ¡Si pierdes, te largas de la academia y no vuelves a aparecer frente a mí! —soltó Yang Jin con arrogancia.
Los de la Clase F saltaron ante sus palabras.
—¿Crees que estamos muertos, que no existimos? ¿Cómo te atreves a intimidar al pequeño castañita delante de nosotros? —fue el primero en plantarse Gao Ziqi.
Era cierto que la Clase F no destacaba en forja, pero eran unidos. No eran un blanco fácil para los abusones.
—¡La Clase F no es un lugar donde puedan hacer lo que les dé la gana! —dijo Du Jingxuan. Sus ojos eran afilados y su rostro, frío y firme; imponía como alguien poderoso, lo que hizo encogerse a todos menos a Yang Jin.
La Primera Academia Militar admitía a cualquiera que pasara el examen de ingreso: nobles y civiles por igual.
Por ello, salvo la Clase F —compuesta enteramente por hijos de familias influyentes—, las demás clases mezclaban orígenes nobles y civiles.
Yang Jin pertenecía a la Familia Yang, de segundo nivel, razón por la cual no temía a los de la Clase F y se atrevía a actuar como un cacique en la escuela.
Mientras Gao Ziqi y los demás discutían con los de la Clase A, Yu Jinli preguntaba:
—¿Cuáles son los requisitos para ser forjador principiante? ¿En qué nivel está? ¿Y qué es exactamente el examen parcial?
Parecía no darle importancia al desafío de Yang Jin; seguía haciendo preguntas como si nada.
Liu Xingye, entre divertido y resignado por la “lentitud” de Yu Jinli, le fue respondiendo una por una:
—Con que logres fabricar una tarjeta de energía de grado F con éxito, ya se te considera forjador. Tras completar la evaluación de la Asociación de Forjadores, te dan el certificado de forjador principiante. Pero esa evaluación se hace al final del año escolar. Aunque Yang Jin puede fabricar tarjetas de grado F, aún no ha pasado esa evaluación. El parcial es una prueba de lo que hemos visto en estos meses e incluye fabricar tarjetas.
Ninguno en la Clase F sabía fabricar tarjetas todavía, así que era probable que reprobaran esa parte; pero también eran pocos, en otras clases, los que podían hacerlo a estas alturas. Nadie tomaba demasiado en serio el parcial: la academia solo quería una idea general del nivel del alumnado.
Sin embargo, si Yu Jinli aceptaba el desafío, ese parcial sería distinto.
—Pequeño castañita, no… —Liu Xingye le habló con tono serio, pero antes de terminar, Yu Jinli ya no estaba a su lado. Luego escuchó su voz, clara:
—Acepto tu desafío.
Eso hizo que Liu Xingye se tragara el resto de su frase.
Los estudiantes de la Clase F se sorprendieron, y Yang Jin y sus compinches tampoco lo esperaban.
Encantado, Yang Jin no le dejó oportunidad de retractarse:
—Nos vemos en el parcial. ¡Vámonos! —y, dicho esto, se dispuso a marcharse con los suyos, temeroso de que Yu Jinli lo detuviera para retractarse.
Jaja, no esperaba que Yu Jinli fuera tan estúpido como para aceptar. ¡Perfecto! Esta vez lo haría desaparecer de la academia, pensó, ufano.
—Veo oscuridad en tu frente. Tendrás un poco de mala suerte pronto. Ten cuidado al caminar, especialmente al bajar escaleras, o si no… —le advirtió Yu Jinli con buena intención; pero Yang Jin y sus lacayos, temerosos de que se retractara, aceleraron el paso como si algo los persiguiera.
Cuando llegaron al descanso de la escalera, un fuerte “¡pum!” hizo que Yu Jinli bajara la voz:
—…o sangrarás —concluyó su bienintencionada advertencia en un susurro.
Liu Xingye y algunos estudiantes, que estaban más cerca de Yu Jinli, lo oyeron con claridad, se miraron y corrieron al hueco de la escalera. Allí vieron a Yang Jin y a dos de sus secuaces con muecas de dolor, caídos de bruces y con sangre en la frente.
—Jajaja… ¿Cuál era la prisa? ¡Bien merecido! —se regodeó Liu Xingye, por fin desahogando un poco su frustración.
—El pequeño castañita te lo advirtió, pero no quisiste escuchar. ¡Te lo ganaste! —Gao Ziqi estaba que no cabía de la risa, con los ojos brillantes como si mirara un espectáculo.
—Ustedes… ya verán… ¡ay! —soltó Yang Jin con fiereza. Jamás había pasado semejante vergüenza. Que se rieran de él esos de la Clase F, a quienes despreciaba, hería su orgullo. Sin embargo, al quejarse por la herida de la frente, provocó más carcajadas.
Al final, Yang Jin y sus compinches, olvidándose del dolor, se levantaron de prisa y salieron corriendo.
Cuando se acabó el “show”, recién entonces Liu Xingye y los otros recordaron lo que Yu Jinli había prometido. De pronto, la alegría se tornó preocupación.
—Pequeño castañita… ¿cómo pudiste aceptar su desafío? ¡No es nada justo! —Gao Ziqi se despeinó más de lo que ya estaba.
—Pequeño castañita, no podemos con ellos. Son de la Clase A. Yang Jin ya puede hacer tarjetas de grado F. ¿Cómo competimos? —dijo también Yang Zhehao. No quería sonar así, pero era la verdad.
—Está bien. Yo también… —Yu Jinli intentó tranquilizarlos, pero otra voz sarcástica lo interrumpió.
—¿Cómo te atreves a desafiar a alguien de la Clase A? ¿Quién te crees? Un chico con enfoque de grado D desafiando a uno con grado A. No sé si llamarte valiente o idiota —saltó Zhou Zixu, aprovechando la ocasión para criticarlo.
Aunque los demás estaban molestos por la aspereza de Zhou Zixu, no tenían energías para discutir. Yu Jinli ya era de su clase: no podían quedarse cruzados de brazos mientras lo acosaban, menos aún esos condenados de la Clase A.
—No soy valiente ni idiota —replicó Yu Jinli con seriedad, disgustado con Zhou Zixu. No aceptó el desafío por impulso; quería devolver el golpe porque Yang Jin intentó abusar de él.
Su hermano mayor de secta le había dicho una vez que debía aceptar todo, excepto el abuso; y que cuando alguien intentara intimidarlo, debía contraatacar hasta que no se atrevieran a hacerlo de nuevo.
Claro, contraatacar no significaba hacerlo a ciegas. Solo era una respuesta válida cuando conocía su fuerza y la de su oponente; de lo contrario, no sería más que prolongar el abuso.
—¿Que no eres idiota? Entonces, ¿por qué aceptas un reto contra un forjador? —dijo You Chenrui con el semblante sombrío; en su mirada asomó un destello de preocupación.
—Yo también soy forjador —dijo Yu Jinli, sacando pecho con orgullo. También podía fabricar tarjetas de grado F. No perdería contra ese tipo.
—¿Forjador? ¡Qué risa! Solo quienes pueden fabricar tarjetas son forjadores de verdad, ¿estamos? ¿Estás seguro de que lo eres con tu enfoque de grado D? —Zhou Zixu no sabía ya ni qué decir ante semejante necedad. Incluso pensaba que Yu Jinli no estaba a su altura como rival.
—Puedo hacer tarjetas de energía —las mejillas de Yu Jinli se inflaron de enojo, sobre todo al ver que nadie le creía.
Sacó una tarjeta de energía de grado F en blanco… ¡y empezó a dibujar allí mismo!
Cuando el patrón apareció en la tarjeta, toda la clase se quedó pasmada. Hasta Zhou Zixu se quedó sin palabras. Todos se quedaron mirando a Yu Jinli.