¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 78
Después de aquel día, no hubo grandes cambios entre los dos.
Eddie siguió malcriando a Ketron como siempre.
Y Ketron continuó comportándose exactamente igual que antes.
Incluso alguien que los conociera bien sería incapaz de sospechar que hubiera ocurrido algo entre ellos.
No quedaba el menor rastro de aquella noche.
Ni del ardiente encuentro que habían compartido, ni de todos aquellos actos imposibles de mencionar.
Ambos habían vuelto a su relación de siempre, como si nada hubiera pasado.
Al menos, eso era lo que parecía por fuera.
—En serio, la próxima vez asegúrense de cerrar bien la puerta.
Naturalmente, Sebastian, que siempre había dado por sentado que ellos mantenían esa clase de relación, le soltó ese comentario a Eddie.
Ahora Eddie comprendía perfectamente el malentendido de Sebastian.
Pero, como al final aquello ya no era un malentendido, sino algo que realmente había sucedido, le resultaba aún más incómodo intentar justificarse.
Así que simplemente se rio.
Aunque, por dentro, seguía sintiéndose bastante conflictuado.
Aquel día fue un accidente.
Ketron había sido víctima de la maldición de la Pesadilla.
Y Eddie solo había ayudado a Ketron, que sufría sin saber qué hacer.
Sí.
Tenía que quedarse en eso.
Había sido un accidente.
Claro que el simple hecho de repetirse una y otra vez que no debía darle importancia demostraba que, en realidad, le importaba muchísimo.
Pero Eddie ni siquiera era consciente de eso.
Ese día, como de costumbre, fue al patio trasero para llevarle algo de beber a Ketron mientras entrenaba.
Desde el incidente de la otra vez, Ketron había dejado de meditar y había vuelto a concentrarse en los ejercicios de calentamiento.
En cuanto Eddie vio su pecho desnudo…
En cuanto vio aquel magnífico torso cubierto de músculos…
Una determinada escena llenó inmediatamente su cabeza.
Ketron encima de él.
Empapado en sudor.
—Eddie.
El sonido de su voz llamándolo.
—Eddie… se siente bien…
Su voz, jadeando con total sinceridad mientras confesaba que se sentía bien…
Ah…
Esto me está volviendo loco.
Mientras sacaba el popote e intentaba introducirlo en la caja de leche de soya, como hacía todos los días, las manos le temblaron varias veces antes de conseguirlo.
Contrólate de una vez.
¿Qué demonios estás haciendo?
Regañándose mentalmente, se acercó a Ketron.
Desde mucho antes de que Eddie abriera la puerta para salir al patio, Ketron ya lo había estado observando.
Así que ahora no podía darse la vuelta y marcharse sin más.
Eddie se acercó y, como siempre, colocó el popote entre los labios de Ketron.
Ketron aceptó con naturalidad lo que Eddie le ofrecía y empezó a beber.
El olor de su piel sudada llegó hasta Eddie.
Y, aunque Ketron solo estaba bebiendo tranquilamente con aquellos labios inusualmente enrojecidos, Eddie tuvo que hacer un enorme esfuerzo para no sonrojarse.
Llevarle algo de beber mientras entrenaba era una costumbre silenciosa entre ambos.
Una rutina diaria.
Si de repente dejaba de hacerlo, sería demasiado evidente.
Quedaría claro que estaba demasiado consciente de lo ocurrido.
Por eso Eddie no podía dejar de hacerlo.
Pero, al mismo tiempo, bastaba con ver el torso desnudo de Ketron para alterarse sin darse cuenta.
Y entonces comprendió algo.
Tanto si dejaba de llevarle el refrigerio para no enfrentarse a él…
Como si seguía haciéndolo, incapaz siquiera de sostenerle la mirada…
El resultado era exactamente el mismo.
En cualquiera de los dos casos estaba dejando demasiado claro que lo afectaba.
Era una batalla perdida.
—Gracias.
Como siempre, Ketron le dio las gracias después de terminar la leche de soya.
Y, comparado con Eddie, parecía muchísimo más tranquilo.
Al verlo, Eddie comprendió de repente algo que lo dejó bastante impactado.
Ya no era capaz de acostarse junto a Ketron y quedarse dormido tranquilamente, como hacía antes.
Últimamente, Eddie tenía demasiadas cosas en la cabeza.
La repentina aparición del Rey Demonio.
La maldición de la Pesadilla que había afectado a Ketron.
El problema de la relación entre ambos.
Y cuándo regresaría Gerold.
Entre todas esas preocupaciones, la que más lo inquietaba eran las palabras que el Rey Demonio le había dicho.
«Gracias.»
«Todo ha sido gracias a ti.»
¿Gracias a él… por qué?
Claro que darle vueltas no iba a resolver nada.
Solo conseguía complicarlo todo aún más.
Por alguna razón, su instinto le impedía contarle esas palabras a Ketron.
Así que nunca le reveló toda la conversación que había tenido con el Rey Demonio.
Al final, terminó cargando él solo con aquella preocupación.
Y eso solo hizo que pensara demasiado.
Eddie nunca había sido bueno mintiendo.
Ketron parecía haber notado que había cosas que Eddie le ocultaba.
Sin embargo, nunca insistió en preguntarle qué había hablado exactamente con el Rey Demonio.
Simplemente lo observó en silencio.
Y, desde aquel día, llevó la Espada Sagrada a la habitación de Eddie.
Dijo que no podía adoptar forma humana con frecuencia.
Pero que, si los demonios volvían a atacar, al menos podría detenerlos una vez transformándose.
Como no podían dormir juntos todas las noches, aquella era una medida bastante lógica.
Y, aun así, Eddie sintió un extraño alivio.
Ya no tenía la confianza suficiente para acostarse junto a Ketron como antes.
Estaba seguro de que no pegaría ojo en toda la noche.
Por el bien de su descanso y de mantener unos hábitos de sueño normales, aquella era la mejor opción.
—Los clientes de hoy casi terminan a los golpes discutiendo qué era más rico: el jjajanggetti o los fideos Fire Chicken.
Gracias a eso, últimamente Eddie se dormía todas las noches escuchando el interminable parloteo de la Espada Sagrada.
Su forma de hablar no era especialmente amable.
Pero, de una manera un tanto torpe, demostraba que le tenía aprecio a Eddie.
Así que no era difícil llevarse con ella.
—Eddie, lo que hiciste la otra vez con Ketron… ¿qué era exactamente?
—…
—Los anteriores dueños que tuve también hacían cosas parecidas. Nunca entendí por qué ni me dio curiosidad preguntarlo. Pero ahora sí tengo curiosidad. Ketron nunca me responde. Tú sí debes saberlo, ¿no?
Excepto cuando hacía preguntas realmente complicadas.
La primera vez que la Espada Sagrada dijo aquello, Eddie abrió tanto la boca que casi se le desencajó la mandíbula.
Ahora que lo pensaba…
La Espada Sagrada había estado allí ese día.
En esa misma habitación.
Apoyada contra la pared.
Eso significaba que había presenciado absolutamente todo desde el principio.
Por suerte, al no ser un ser humano, la Espada Sagrada no comprendía realmente qué era lo que habían hecho.
O al menos parecía no entenderlo.
Aun así, solo pensar que alguien había visto aquella escena tan vergonzosa era suficiente para que Eddie quisiera desmayarse.
—Haa…
Suspiró profundamente.
Llevaba días sin saber cómo responder a esa misma pregunta.
¿Por qué lo hicieron?
Ese era precisamente el problema.
Ni el propio Eddie conocía la respuesta.
En ese momento solo estaba desesperado por la maldición de Ketron.
Todo ocurrió tan deprisa que ni siquiera tuvo tiempo de pensar.
Pero, cuando lo analizaba después con calma…
Había demasiadas cosas extrañas.
Para empezar…
¿Por qué tenía que ser Eddie quien lo «ayudara»?
Si únicamente se trataba de bajar la temperatura de su cuerpo, no había ninguna necesidad de llegar tan lejos.
Además…
Cuando apareció el Rey Demonio.
Cuando Eddie consoló a Ketron.
Cuando cambiaron de habitación…
En ninguno de esos momentos Ketron mostraba signos de seguir bajo aquella maldición.
Entonces…
¿Qué había sido realmente aquello?
¿Cómo debía interpretarlo?
Aquel día… definitivamente cruzamos la línea.
Y aun así… seguimos sin ser nada.
Cuando había ido a buscar a Ketron a la sala de espera del torneo, obligado por el curso de la historia, los guardias le preguntaron a quién buscaba.
Como no supo cómo definir su relación con Ketron…
Terminó diciendo que era su amigo.
Pero…
Tanto entonces como ahora…
La palabra amigo resultaba completamente inapropiada para describirlos.
O, siendo más exactos…
Ya entonces no encajaba.
Y ahora mucho menos.
¿De verdad unos amigos hacen… eso?
Además…
Hasta se habían besado.
Llevados por el ambiente.
Al recordar lo suaves que eran los labios de Ketron…
Y cómo, después de que sus lenguas se entrelazaran varias veces y Ketron se acostumbrara al beso, terminó mordisqueándole primero el labio inferior, provocando que Eddie soltara una risa inconsciente…
Ya no pudo soportarlo más.
¡Bang!
Se golpeó la frente contra el mostrador.
Ah… de verdad me voy a volver loco.
Los pocos clientes que habían entrado esa mañana miraban con extrañeza al posadero, que permanecía solo detrás del mostrador con la cabeza apoyada y murmurando para sí mismo.
Pero Eddie ni siquiera notó sus miradas.
—Pff.
Justo cuando soltó lo que debía de ser el millonésimo suspiro del día…
Escuchó una voz que ya le resultaba bastante familiar.
—¡Eh, Eddie!
Eddie levantó la cabeza de inmediato.
Una belleza de aire sereno y un hombre corpulento que irradiaba una energía igualmente refrescante, aunque de otra manera, acababan de entrar en la posada.
Eran Augustine y Laila.
Ahora también se habían convertido en clientes habituales.
Siempre iban por la mañana, cuando había poca gente.
Pero, al tratarse de dos figuras tan conocidas, ya empezaban a circular rumores de que visitaban la posada todas las mañanas.
Gracias a eso habían aumentado los clientes.
Como dueño de la posada, debería alegrarse.
Pero, siendo sincero…
Aquellas visitas solo estaban aumentando sus preocupaciones.
Más concretamente…
La presencia de Laila.
Esto me está volviendo loco.
Siento el estómago aún más revuelto.
Era como si alguien le estuviera retorciendo las entrañas.
Aun así, el instinto adquirido tras trabajar en el sector de los servicios hizo que sonriera y los recibiera con amabilidad.
—Bienvenidos.
Sin embargo, aquella sonrisa fue desapareciendo poco a poco cuando vio que, apenas entrar, Laila empezaba a mirar discretamente a su alrededor.
Como ya había ido varias veces, sabía que a esa hora Ketron solía estar entrenando.
Sus ojos se dirigieron un instante hacia la puerta que daba al patio trasero antes de tomar asiento en silencio.
Estaba buscando a Ketron.
No lo hacía de manera evidente.
No preguntaba por él.
No hacía nada que llamara la atención.
Pero aun así…
Eddie podía darse cuenta.
Porque, oficialmente, Laila era la prometida de Arthur Fontaine.
Sin embargo…
Había dos personas allí que conocían la verdad.
Eddie y Ketron sabían que la persona a la que Laila había amado de verdad nunca fue Arthur.
Y Eddie conocía una verdad más.
Sabía que la persona que ella realmente había amado, anhelado y atesorado…
Era Ketron.
Y también sabía…
Que la historia entre ellos seguía sin haber llegado a su final.