¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 134

  1. Home
  2. All novels
  3. ¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?!
  4. Capítulo 134
Prev
Next
Novel Info

Geroldus Maximilian de Rivalt.

Ese era el nombre completo de Gerold. Era el segundo hijo de la familia del marqués Rivalt, una de las familias fundadoras que habían contribuido al establecimiento del Imperio. También pertenecía a un antiguo linaje de hechiceros que, durante generaciones, había servido como estrecho colaborador del Emperador.

Sin embargo, nadie lo llamaba por su nombre completo.

No era costumbre dirigirse a un noble de ese modo, su nombre era demasiado largo para pronunciarlo entero y, sobre todo, a Gerold no le gustaba que lo llamaran así.

—No me llames por mi nombre completo sin necesidad. Gerold es suficiente.

Por ese motivo, aquel nombre ostentosamente largo rara vez se utilizaba fuera de los documentos oficiales.

Además, a diferencia de su hermano mayor Simon, quien se había presentado públicamente para asistir al Emperador, Gerold era una sombra que casi nunca salía a la luz.

En realidad, debido a eso, su innecesariamente largo nombre rara vez aparecía siquiera en documentos oficiales.

Simon parecía lamentar haberle asignado semejante función a su hermano menor, pero Gerold no lo lamentaba demasiado.

¿Presentarse ante todos y actuar en representación del Emperador? Por supuesto, habría sido un puesto honorable si se lo hubieran encomendado, pero, por fortuna, no era responsabilidad de Gerold.

Tras la muerte del anterior Emperador, sus padres se retiraron de la primera línea. Simon heredó el título de marqués a una edad muy temprana, casi infantil, y comenzó a asistir formalmente al Emperador.

Se trataba de un cargo con tanto poder que, en ocasiones, incluso podía estampar el Sello Imperial en lugar del Emperador. Sin embargo, también conllevaba enormes responsabilidades. Gerold no envidiaba particularmente a su hermano.

La vida de una sombra se adaptaba bastante bien a su naturaleza reservada.

—Yo soy Ebon. ¿Y tú?

Gracias a eso, también conoció a un amigo muy cercano que recorría el mismo camino.

Ebon no provenía de una familia noble como Gerold.

Un día, Simon apareció de pronto con un niño al que había rescatado de «las instalaciones». Debía de haber visto algo excepcional en él, porque, en lugar de enviarlo a un orfanato, le asignó la misma función que a Gerold.

Esa función era convertirse en la sombra de Pakirius Belloran Kaldes, el hermano menor secreto del Emperador.

—¿A partir de ahora Gerold y Ebon serán mis amigos?

Desde su primer encuentro, Pakirius les pidió que lo llamaran Paki y les permitió utilizar su apodo. Además, consideró sinceramente a los dos como amigos y les permitió permanecer a su lado.

No fue una sensación desagradable. A Gerold le agradaba tener amigos por primera vez en su vida. El miembro de la familia imperial a quien debía servir tampoco era exigente y, como persona, resultaba agradable.

Se mostraba indiferente ante la mayoría de las cosas y no hacía peticiones absurdas.

Sin embargo…

—¡Gerold, mira esto!

El problema era que, en ocasiones, aparecía con objetos que Gerold jamás había visto ni oído mencionar y los atesoraba con enorme cariño.

Lo que le mostró aquel día fue su preciado muñeco.

—¿Qué es eso…?

¿Piel…? ¿Piel de cerdo? Gerold no sabía de qué estaba hecho, pero, fuera lo que fuera, el príncipe imperial abrazaba amorosamente aquel muñeco amarillo.

Por lo general, Pakirius era un niño normal, pero a veces se comportaba como un príncipe sumamente peculiar: aparecía con objetos extraños, de procedencia desconocida, y vivía aferrado a ellos. Aun así, no era un niño demasiado exigente.

Aunque era hijo ilegítimo, descendía directamente de la familia imperial, que contaba con pocos herederos, por lo que había crecido recibiendo un trato sumamente privilegiado. Teniendo eso en cuenta, Pakirius era un amo fácil de servir y poco caprichoso.

Proteger su lugar a su lado.

Esa era la única misión de Gerold.

Para alguien cuya sociabilidad estaba por los suelos y cuyo único interés era la hechicería, llevar una vida sin demasiadas relaciones personales y mantenerse apartado de la primera línea resultaba cómodo.

Ser una sombra estaba bien. Tanto que sentía lástima por su hermano, quien siempre sufría en primera línea actuando en representación del Emperador.

—Debería comenzar a moverme pronto.

Por eso, cuando el príncipe imperial anunció que ayudaría a su hermano, el Emperador, Gerold lo siguió sin demasiadas objeciones. Comparado con todo lo que sufría Simon, aquello ni siquiera podía considerarse una dificultad.

—Para empezar, tengo que cambiarme el nombre. Pakirius llama demasiado la atención. Es innecesariamente largo y horrible.

Así evaluó despiadadamente su propio nombre.

¿En serio?

Gerold, quien no sentía ningún aprecio ni rechazo particular por los nombres, inclinó la cabeza. Sin embargo, como su propio amo pensaba de aquella manera, no existía razón alguna para oponerse.

—Entonces, ¿qué nombre utilizará?

—Sería bueno que fuera corto y común.

Consideraron innumerables opciones. ¿Jack? ¿Tom? ¿Michael? ¿Alex? ¿Turner? Surgieron incontables nombres de la nada, pero, al final, el elegido por su amo fue Eddie.

—Quedémonos con Eddie.

Su amo lo dijo mientras agitaba uno de los muñecos de su colección: un zorro vestido con overol.

Eddie, Eddie, Eddie.

Gerold repitió varias veces el nombre entre los labios para acostumbrarse y después preguntó:

—¿Qué método utilizará?

Al igual que con el nombre, se pusieron sobre la mesa varias posibilidades. Sin embargo, al final decidieron administrar una posada. Un bar o un restaurante habrían requerido demasiado trabajo.

—Entonces, por fin podré hacer mi trabajo.

Ebon se entusiasmó en secreto y comenzó a realizar diligentemente su «trabajo». Gerold no sabía qué pretendía imitar, pero Ebon lo obligó a fabricar un artefacto de comunicación para él, por lo que no tuvo más remedio que hacerlo.

Aunque se quejó de la forma que tenía, Ebon no dejó de mostrarse emocionado.

Así fue como Ebon, quien respondía con una sonrisa: «¿El asesinato?», cuando alguien le preguntaba cuál era su especialidad, comenzó a eliminar uno por uno a los personajes clave de la facción noble.

Por supuesto, no mató indiscriminadamente. Comenzó desde abajo, cortando primero las manos y los pies del marqués Rodrigo para poder presionarlo.

Finalmente, todos los planes quedaron trazados y organizados hasta el décimo asesinato. Entonces, cierto día, cuando solo faltaba ejecutar el octavo…

La Posada de Eddie, un humilde establecimiento que no era más que una fachada, salvo por los huéspedes ocasionales que llegaban buscando alojamiento, comenzó a cambiar poco a poco.

Su amo, quien por alguna razón había permanecido encerrado durante días en su habitación con expresión deprimida, comenzó de pronto a administrar seriamente la posada utilizando unos alimentos desconocidos.

A pesar de los bienes que poseía, se mostraba genuinamente feliz cada vez que conseguía ganar una pequeña suma de dinero.

Por supuesto, aquello desconcertó un poco a Gerold, pero, como siempre, jamás lo demostró.

Su amo podía hacer lo que quisiera, del modo que quisiera. Porque era la clase de persona que podía permitírselo.

Naturalmente, su costumbre de aparecer con cosas que nadie había visto ni oído mencionar y atesorarlas no había desaparecido. Cuando de repente recogió frente a la posada a un hombre grande vestido de negro, Gerold no tuvo más remedio que revelar su descontento, algo impropio de él.

Sin embargo, aquello no cambió a Gerold.

En realidad, quien cambió fue aquel hombre.

La luz regresó a sus ojos descoloridos y, con cada día que pasaba, su manera de mirar a Eddie se volvía cada vez más extraña.

—…Tsk.

Si solo aquel hombre se hubiera comportado así, Gerold lo habría separado de Eddie sin importar lo que tuviera que hacer.

Por desgracia para él, no había sido el único en cambiar. Cada vez que Eddie contemplaba a aquel hombre con una mirada verdaderamente amorosa, Gerold sentía un ardor doloroso en el pecho.

Pero eso era todo.

Aquello no cambió a Gerold. Era algo natural.

Sin embargo, hubo una sola cosa.

Una única cosa que su amo hizo por él y que terminó cambiando demasiadas cosas en la vida de Gerold.

—¡Hola! ¡Soy Sebastian!

Ni siquiera cuando vio por primera vez al hombre que lo saludó con aquella voz atronadora habría podido imaginar cuánto llegaría a cambiarlo.

Eddie sonrió alegremente y le explicó que Sebastian ayudaría a Gerold, pero este se mostró un tanto escéptico.

¿De verdad será de ayuda?

Parecía una persona hábil y astuta, pero Gerold no sabía qué tan bien desempeñaría su trabajo. De todos modos, él mismo podía encargarse de la mayoría de las tareas. Sin embargo, Eddie se había tomado la molestia de encontrar a alguien para ayudarlo, por lo que no había razón para rechazarlo.

—Es un placer conocerte, Sebastian.

Como tantas cosas en la vida, un gran cambio irrumpió inesperadamente en la suya y construyó allí su nido.

—…Mmm.

Al regresar a la mansión, Gerold reprimió un gemido al percibir la inusual atmósfera del interior.

Solo había salido durante un breve periodo, pero, en comparación con el momento en que se marchó aquella mañana, el ambiente de la mansión había cambiado demasiado.

Por alguna razón, Sebastian y Ebon se negaban a mirarse y se trataban con frialdad. Además, el ambiente entre Eddie y Ketron, quienes habían pasado la noche en el Palacio Imperial antes de regresar, era muy distinto al que Gerold conocía.

—¡Gerold!

En cuanto vio su rostro, Eddie sonrió alegremente, abrió los brazos, se acercó y lo abrazó.

Después de haberlo visto permanecer tanto tiempo postrado en cama, pálido y con los ojos cerrados, contemplarlo ahora con el rostro sonrojado le produjo una sensación bastante novedosa.

Por eso, algo poco habitual en él, Gerold correspondió al abrazo.

Mi amo.

Podía sentir el corazón palpitando dentro del cuerpo que sostenía entre sus brazos. Incluso el corazón de Gerold, que rara vez latía con fuerza aunque presenciara algo asombroso, golpeaba ahora con bastante intensidad.

Gracias a Dios.

Se sintió sinceramente aliviado. Tras el colapso de Eddie, su corazón, que había permanecido constantemente oprimido por la tensión, recuperó por fin la calma.

Mientras su amo estuviera vivo, eso bastaba.

Sin importar bajo qué forma siguiera viviendo, Gerold lo serviría durante el resto de su vida.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first