¡¿Incluso después de transmigrar tengo que seguir haciendo negocios?! - Capítulo 128
Eddie ya había estado desnudo delante de Ketron, así que pensó: ¿De verdad esto es algo tan nuevo? Pero…
Sin importar las circunstancias, el proceso de desnudarse bajo una luz intensa antes de mantener relaciones resultaba increíblemente vergonzoso.
La mirada con la que Ketron recorría el cuerpo de Eddie de arriba abajo estaba más nublada que cualquier otra que hubiera visto. Sus ojos, casi aturdidos, permanecían clavados en su cuerpo.
Si las miradas tuvieran textura, el cuerpo de Eddie habría quedado hecho jirones en un instante.
—Deja de mirar…
Incapaz de soportar más aquella mirada, Eddie terminó cubriéndose los ojos con las manos. No esperaba que se apresuraran a mantener relaciones como quien engulle fideos instantáneos, pero aquella mirada persistente y casi pegajosa, que recorría lentamente todo su cuerpo, hacía que la vergüenza ascendiera desde las plantas de sus pies.
—Eddie, tienes que acostumbrarte.
Solo después de que Ketron hablara con una voz teñida de risa, Eddie apartó las manos de sus ojos.
Su apuesto rostro, ligeramente más sonrojado de lo habitual, contemplaba a Eddie desde arriba con una sonrisa poco frecuente.
Mientras Eddie lo observaba embelesado por aquella sonrisa, con una expresión aturdida, Ketron terminó de quitarle la camisa.
No se detuvo allí e intentó bajarle también los pantalones.
—Ah, ah, espera un momento.
Aunque solo tenía el torso desnudo, la creciente vergüenza fue demasiado para Eddie. Cuando Ketron trató de quitarle las prendas inferiores, le sujetó ambas manos con las suyas.
—…
La expresión de Ketron se ensombreció de una manera extraña.
Eddie no tenía ni idea del aspecto que presentaba en esos momentos.
Al aferrar con fuerza las manos de Ketron, intentando impedirle que le bajara los pantalones, los tensos músculos de su pecho se juntaron en el centro y se volvieron más prominentes. Justo en medio destacaba aquel pezón rojo que Ketron había succionado y lamido durante tanto tiempo en una ocasión anterior.
—Ve un poco más despacio…
Al ver el rostro de Eddie, completamente rojo y a punto de gimotear, Ketron sintió que su erección, ya endurecida, estaba a punto de estallar.
Ni siquiera lo había tocado todavía.
Ketron no pudo contener su respiración entrecortada y tuvo que inhalar profundamente. Sentía que, de no hacerlo, podría lastimar a Eddie.
Su mente ya hervía y crepitaba de calor. Era como si el cerebro se le estuviera derritiendo. Su aliento ardía tanto que incluso se preguntó si aquello estaba bien.
No, no.
Eddie acababa de abrir los ojos después de haber sufrido tanto. Sinceramente, hacer algo así en esos momentos no tenía sentido. Aunque hubiera sido Eddie quien lo propuso, Ketron debería haberse negado y haberlo ayudado a dormir plácidamente.
Pero ¿cómo iba a rechazar a Eddie después de que le dijera que quería hacerlo esa noche?
¿Qué hombre podría negarse?
La parte de su cerebro responsable de la razón le exigía que ayudara a Eddie a dormir bien, pero aquella voz era diminuta. Mientras tanto, la bestia del deseo, que ya había engordado considerablemente, continuaba incitando a Ketron.
Date prisa y toma ese cuerpo que tantas veces has devorado en tu imaginación.
Al final, incapaz de seguir conteniéndose, Ketron bajó la cabeza y mordió con fuerza el cuello de Eddie.
—¡Ah!
Escuchó su voz sobresaltada, pero se limitó a morder y mordisquear su cuello varias veces sin causarle dolor. Después besó la prominente clavícula y, al continuar descendiendo, sus labios lamieron con naturalidad la punta del pezón rojo que llevaba tanto tiempo cautivando su mirada.
Sin embargo, aquella ligera lamida no tardó en intensificarse.
Tras morderlo suavemente con los labios, se llevó de inmediato todo el pectoral a la boca y succionó con fuerza, haciendo que Eddie se estremeciera.
—Ah, Ket, espera un momento.
Aunque ya había sucedido antes, Eddie, desconcertado, intentó apartar a Ketron. Sin embargo, Ketron ya no tenía paciencia para esperar cada vez que Eddie le pedía «un momento».
Ketron mordió con fuerza su pecho.
—¡Ah!
Lo lamió con la lengua, succionó con fuerza y lo mordisqueó con los dientes, sin contenerse en lo más mínimo. Ya había aprendido. Sabía que así era como le gustaba a Eddie.
En efecto, Eddie, sin saber qué hacer mientras Ketron jugaba con todo su pecho, aferró con fuerza las sábanas. Cuando sus ojos se encontraron con los de Ketron, los cerró inconscientemente.
Qué vergüenza.
Solo había mantenido relaciones en las que él tomaba la iniciativa —y ni siquiera conservaba demasiados recuerdos recientes de aquellas experiencias—, por lo que permitir que otra persona lo mordiera y lamiera por todas partes, aunque ya lo hubiera experimentado una vez, le resultaba completamente desconocido.
Chup.
—Mmm…
Su pezón fue succionado con fuerza, produciendo un sonido vergonzoso.
…Para colmo, aquel hombre tan apuesto estaba completamente entregado a morder y lamer el cuerpo de Eddie. Al ver que aquel día se comportaba igual que cuando ambos habían aliviado juntos sus deseos, Eddie pensó que debía sentir una particular predilección por su pecho.
¿Qué podía encontrar de atractivo en el pecho plano y común de un hombre? ¿Por qué succionaba con tanta fuerza unos pezones tan pequeños e insignificantes?
En momentos así, parecía un bebé.
Eddie cedió al impulso y acarició la cabeza de Ketron, que permanecía pegada a su pecho, para después besarle las puntas del cabello.
Entonces Ketron deslizó furtivamente una mano por el torso de Eddie y comenzó a acariciar amorosamente el otro pezón.
—Ah, ah…
Eddie se cubrió la boca. Con una mano se tapó los labios y, con la otra, acercó más la cabeza de Ketron hacia su pecho.
Era consciente de que parecía como si él mismo estuviera atrayéndolo hacia allí, pero no sabía dónde más poner las manos.
Chup, chup.
El sonido que producía aquella cabeza de cabello negro al succionar y moverse sobre su pecho resultaba obsceno. Eddie sentía cómo sus pezones, lamidos y mordidos con diligencia, se hinchaban a cada instante.
Aquella sensación le resultaba desconocida, pero, por alguna razón, también percibía un extraño calor en la parte inferior de su cuerpo.
Lo que lo volvía todavía más loco era que carecía de experiencia con esa clase de estimulación en el pecho. Además, durante su anterior encuentro con Ketron, que ni siquiera había llegado a ser una relación sexual, ¡apenas había sentido unas ligeras cosquillas! Ahora su cerebro reconocía aquello como los juegos previos antes de mantener relaciones, ¡por lo que se había convertido en un estímulo sexual inmenso!
Al final, tanto el pezón derecho, que había sido succionado sin descanso, como el izquierdo, que Ketron había lamido de manera intermitente, se hincharon y endurecieron. La parte inferior del cuerpo de Eddie también quedó rígidamente erecta. Hacía mucho tiempo que no experimentaba aquella palpitación provocada por una erección, y no pudo evitar gemir.
—Eddie.
Ketron contempló el bulto que la erección de Eddie había formado bajo sus pantalones y se los bajó junto con la ropa interior.
Cuando se desprendió de la prenda húmeda y pegajosa, la erección de Eddie saltó con fuerza.
—Está duro.
Se me puso duro solo porque me succionó el pecho.
Al pensar en aquel hecho que no quería admitir, Eddie estuvo a punto de gimotear y encogió el cuerpo. Se sentía mortalmente avergonzado.
Por supuesto, no se daba cuenta de que la imagen de su pecho, ahora cubierto de marcas de mordiscos y zonas enrojecidas, sin apenas piel blanca visible, combinada con su erección completamente rígida y su rostro gimoteante, suponía un estímulo inmenso para Ketron.
—Ah…
Ketron contempló aquella imagen mientras desataba el cinturón de la bata que llevaba puesta. La suave prenda de seda resbaló por su cuerpo.
La mirada de Eddie descendió siguiendo el movimiento de la bata y sus ojos se abrieron de par en par al ver una enorme y dura erección que palpitaba.
¿Por qué está así…?
Hasta entonces, lo único que Ketron había hecho era succionarle el pecho. Eddie no entendía qué podía haber hecho él para que aquello creciera tanto y, con una expresión aturdida, preguntó:
—…¿No llevas ropa interior?
—No podía volver a ponérmela.
La voz de Ketron estaba bastante ronca. No había planeado pasar allí la noche, así que no había preparado ropa de repuesto. Al parecer, tampoco podía volver a ponerse las prendas impregnadas por completo del olor a quemado y aceite de lo que fuera que había estado haciendo.
Así que estaba desnudo bajo la bata.
En cuanto se dio cuenta, Eddie sintió que su cuerpo, ya de por sí caliente, ardía todavía más. En otras palabras, volvió a excitarse.
Esto es una locura. ¿Es normal que me excite más porque llevaba una bata sin ropa interior?
Había vivido toda su vida convencido de que poseía una orientación sexual perfectamente ordinaria, pero quizá había llegado el momento de reconsiderarlo.
Para ser sincero, llevaba bastante tiempo excitado por aquel físico y aquellos músculos, por ese rostro joven que lo contemplaba sin ser capaz de contener su excitación, por aquellas manos enormes y por esos labios, enrojecidos de tanto morderle y succionarle el pecho. Probablemente ya hacía tiempo que no tenía salvación.
Y lo que más lo excitaba…
La mirada de Eddie descendió.
Lo que más lo excitaba era aquel delfín rosado que se alzaba rígido y llevaba un rato goteando un líquido transparente.
Eddie quizá fuera la segunda persona, después del propio Ketron, que mejor conocía la ferocidad de aquello, pues lo había tocado accidentalmente varias veces.
Tenía una resistencia absurdamente buena, era increíblemente grande y, según la experiencia de Eddie, producía una gran cantidad de fluidos.
Además, tenía un adorable color rosado.
Por supuesto, las venas prominentes y su enorme tamaño hacían imposible calificarlo de «adorable», pero su color era verdaderamente rosado. Tanto que Eddie se preguntaba cómo algo de semejante tamaño podía tener aquel color.
Sin darse cuenta, Eddie extendió la mano.