Esposo, ¿me dejas tocar tus abdominales? - Capítulo 193

  1. Home
  2. All novels
  3. Esposo, ¿me dejas tocar tus abdominales?
  4. Capítulo 193 - Si Moderno 29: Momentos felices
Prev
Next
Novel Info

Lu Yao se quedó un poco sorprendido.

¿El tío Zhao realmente lo reconocía?

Pero ¿cómo era posible? Él no recordaba haberlo conocido antes.

Temiendo que Lu Yao se sintiera incómodo, la señora Zhao lo apartó enseguida y dijo:

—¿Cómo ibas a reconocer a Xiao Lu? Debes de estar confundido después de haber dormido tanto tiempo.

—No… Yo… lo reconozco… Tú eres… A-Yao…

Lu Yao se quedó paralizado.

Aparte de sus padres y de unas cuantas hermanas mayores, casi nadie lo llamaba así.

Jamás imaginó que Zhao Guangsheng pronunciara su nombre con tanta naturalidad.

No sabía por qué, pero una tristeza indescriptible inundó de repente su pecho.

Sintió un ardor en la nariz y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

—¿De verdad me reconoce?

Lu Yao se agachó junto a la cama, tomó la mano del señor Zhao y preguntó en voz baja.

Zhao Guangsheng asintió.

Los recuerdos superpuestos de dos vidas lo mantenían completamente confundido.

Por momentos creía que Lu Yao era su hijo.

Al instante siguiente recordaba que Zhao Beichuan era quien realmente lo era.

Al notar que el anciano no se encontraba bien, Lu Yao se levantó enseguida.

—Tío, descanse primero. Hablaremos cuando se recupere.

En ese momento, Zhao Beichuan entró desde el pasillo.

—¡Papá!

Los ojos de Zhao Guangsheng se iluminaron al verlo.

—Da… Chuan…

Apoyándose en su muleta, Zhao Beichuan se acercó hasta la cama y tomó la mano de su padre.

—¡Papá, te extrañé muchísimo!

—Buen… hijo… Ya… creciste… Estos años… debiste… sufrir mucho…

—No fue tan duro. Mientras despertaras, habría soportado cualquier cosa.

Zhao Guangsheng suspiró.

Entonces reparó en la muleta que sostenía su hijo y frunció ligeramente el ceño.

—Hace algún tiempo me caí y me rompí la pierna, pero ya casi está curada.

—Ten… cuidado…

—Sí, lo sé.

Poco después, Zhao Guangsheng volvió la vista hacia Lu Yao.

Siguiendo la dirección de su mirada, Zhao Beichuan también giró la cabeza.

—Tú… y A-Yao… vivan… una buena vida… juntos… Si te atreves… a hacerlo sufrir… no te… perdonaré…

Tanto Zhao Beichuan como Lu Yao quedaron completamente atónitos.

¿De qué estaba hablando el anciano?

La señora Zhao dio un paso al frente apresuradamente para cubrirlos.

—Ay, ya estás diciendo disparates. Xiao Lu es un hombre. ¿Cómo se te ocurre emparejarlos?

Zhao Guangsheng miró a su esposa con expresión desconcertada.

¿Quién es el confundido aquí?

¿Acaso estos dos no estaban ya casados…?

Pero cuanto más lo pensaba…

Más caótica se volvía su mente.

En ese momento entró una enfermera para cambiarle el medicamento.

Pidió a la familia que evitara estimular demasiado al paciente.

Necesitaba descansar.

Después de hablar tanto, Zhao Guangsheng ya había agotado todas sus fuerzas y no tardó en quedarse dormido.

—Lu-ge, ¿puedes quedarte un momento con papá? Necesito hablar con mi mamá.

Lu Yao tuvo el presentimiento de que Zhao Beichuan pensaba sincerarse con su familia.

Lo miró con preocupación.

Zhao Beichuan condujo a su madre hasta el pasillo.

—Mamá, tengo que decirte algo.

—¿Qué pasa? ¿Por qué tanto misterio? Hasta me sacaste al pasillo.

—Solo… no te alteres demasiado cuando lo escuches.

—¿Qué ocurre?

—Yo… estoy con Lu-ge.

—¿Qué quieres decir con «estoy con él»?

—Que me gusta. Quiero estar con él. No voy a casarme.

—Pero… ¿cómo puede ser eso? ¡Los dos son hombres! ¿Cómo van a estar juntos? Y aunque tú no te cases… ¿qué pasa con Xiao Lu?

—Él tampoco va a casarse.

Solo entonces la señora Zhao comprendió realmente lo que su hijo intentaba decir.

En el pueblo había habido solteros que nunca consiguieron esposa y terminaban viviendo juntos para salir adelante.

Pero los tiempos habían cambiado.

¿No se burlarían de ellos si hacían algo así ahora?

—¿Ustedes dos ya están juntos?

—Sí.

—¿Desde hace cuánto?

—Casi dos meses. Mamá, estés de acuerdo o no, no voy a separarme de él.

Zhao Beichuan apretó con fuerza la muleta.

Sus ojos reflejaban una determinación absoluta.

La señora Zhao lo observó durante unos segundos antes de murmurar:

—¿Qué habrá visto Xiao Lu en ti? Eres más terco que una mula, moreno y encima feo.

Zhao Beichuan puso cara de indignación.

—¿Cómo puedes hablar así de tu propio hijo?

—Yo sé perfectamente al hijo que traje al mundo. Cuando eras pequeño estabas tan negro que, si te caías al suelo de noche, nadie podía encontrarte.

Zhao Beichuan soltó una risa resignada.

—Sí, sí… Y resulta que a Lu-ge justamente le gustan los morenos.

—¡Qué descarado eres!

La señora Zhao resopló antes de continuar:

—Mira, no entiendo muy bien lo de ustedes dos. Pero ya que decidieron estar juntos, trátalo bien. No lo hagas sufrir… y jamás le seas infiel.

Zhao Beichuan nunca imaginó que su madre aceptaría la noticia con tanta facilidad.

Se quedó completamente desconcertado.

—Mamá… no te preocupes. ¡Jamás haría algo así!

—Muy bien. Ahora vuelve. No hagas que Xiao Lu piense demasiado.

—Entendido.

De regreso en la habitación, Lu Yao alternaba la mirada entre Zhao Beichuan y la señora Zhao.

Como ambos parecían completamente tranquilos, no pudo evitar preguntarse si, al final, Zhao Beichuan no le habría contado nada.

—Lu-ge, vámonos.

—Ah… sí.

Lu Yao se levantó y se despidió de la señora Zhao.

Liu Chunyan lo observó atentamente.

Cuanto más lo miraba…

Más convencida estaba de que su hijo no era digno de alguien como él.

Pero, en fin…

Los hijos tenían su propia vida.

Si no había nietos…

Pues disfrutaría ella misma de su vejez.

Durante el descenso por las escaleras del hospital, ninguno de los dos habló.

Solo cuando subieron al coche, Lu Yao ya no pudo contenerse.

—¿Qué le dijiste hace un momento a la tía?

—Le hablé de nosotros.

—¿¡Se lo dijiste directamente!?

—Sí.

Mientras se abrochaba el cinturón de seguridad, Zhao Beichuan sonrió.

—¿Y… qué dijo?

—No mucho. Solo me pidió que te tratara bien y que nunca te fuera infiel.

Lu Yao sintió como si del cielo hubiera caído un enorme pastel sobre su cabeza.

¿Cómo podía haberlo aceptado tan fácilmente?

¡La tía era increíblemente comprensiva!

Zhao Beichuan no pudo evitar reír.

—Entonces… ¿ya estás tranquilo?

—¡Sí!

Lu Yao se lanzó sobre él y le dio un fuerte beso.

—¡Ahora sí estoy tranquilo!

No era fácil mantener una relación entre personas del mismo sexo.

En algún momento había llegado a pensar que jamás recibirían la bendición de sus familias.

Nunca imaginó que la familia Zhao tendría una mentalidad tan abierta.

—¿Qué quieres comer más tarde?

—Cualquier cosa está bien.

—¿Vamos al centro comercial? Quiero comprarte ropa nueva.

—No hace falta. Todavía camino con dificultad…

—No importa. Allí tienen sillas de ruedas y rampas. Yo te empujaré.

Con una enorme sonrisa, Lu Yao lo llevó directamente al centro comercial.

Alquilaron una silla de ruedas.

Lu Yao empujaba a Zhao Beichuan mientras recorrían las tiendas.

A mitad del paseo sonó el teléfono de Lu Yao.

Era su antiguo jefe.

—Lu Yao, ¿has estado muy ocupado últimamente?

Miró el número y confirmó que, efectivamente, era aquel molesto supervisor.

No esperaba recibir una llamada suya.

—Señor Yu. ¿Ocurre algo?

—Ejém… Verás… Es sobre aquel proyecto que llevabas antes. La propuesta publicitaria del Hotel Hongshan.

Solo escuchar aquello bastó para enfurecer a Lu Yao.

Ese cliente lo había conseguido él mismo gracias a la recomendación de otro antiguo cliente.

Pero apenas obtuvo el contrato…

Su jefe se lo reasignó a otra persona y, en cambio, le dejó únicamente los proyectos más problemáticos.

Por ese motivo habían tenido una fuerte discusión.

Al final…

Nada cambió.

—Si tiene algo que decir, dígalo. Estoy ocupado.

—Bueno… Xiao Meng y los demás prepararon una propuesta, pero al cliente no le gustó. El dueño del Hotel Hongshan insistió específicamente en que quería la tuya. Así que…

—Qué lástima. Ya no trabajo para su empresa.

—Ay… Todo aquello fue un malentendido. Los dos nos dejamos llevar por el momento. Yo no debí decir aquellas cosas y tú tampoco debiste renunciar impulsivamente. Eras uno de los pilares de la empresa. Desde que te fuiste, no hemos encontrado a nadie tan competente.

Lu Yao soltó una risa irónica.

Cuando no lo necesitaban…

Le pedían que se fuera.

Ahora que sí…

No dejaban de halagarlo.

—Si no hay nada más, voy a colgar.

—¡Espera! No cuelgues. Quería preguntarte si considerarías volver. Ya hablé con el jefe y podemos aumentarte el sueldo un treinta por ciento.

Antes ganaba alrededor de trescientos mil yuanes al año.

Con un aumento del treinta por ciento…

Rozaría los cuatrocientos mil.

Dentro de la empresa era un salario realmente alto.

—Gracias por la oferta. Pero no pienso volver.

No era ningún masoquista.

No pensaba regresar a un sitio donde lo manipulaban a su antojo.

—Piénsalo otra vez. Es una propuesta muy buena. Además, en el futuro ya no volveré a intervenir en la asignación de clientes…

Lu Yao colgó directamente.

A este tipo de verdad no le quedaba ni una pizca de vergüenza.

—¿Qué pasó?

Zhao Beichuan levantó la vista.

—Nada. Antes tuve algunos conflictos en la empresa y renuncié. Ahora quieren que regrese.

—¿Quieres volver?

—No. Allí pesan demasiado las relaciones personales. Cualquier jefe de poca monta puede hacerte la vida imposible si no le caes bien.

—Entonces tendré que esforzarme mucho con las transmisiones para ganar dinero.

—Últimamente no tenemos demasiado trabajo. Podemos grabar más videos en casa. Cuando llegue el Año Nuevo ya no tendremos tiempo.

Parecía que Zhao Beichuan había pensado en algo.

Su rostro se sonrojó de inmediato.

—¿Qué clase de videos?

—Cuando lleguemos a casa ya se me ocurrirá algo.

Primero recorrieron la sección de ropa masculina.

Zhao Beichuan tenía hombros anchos, cintura estrecha y piernas largas.

Era un auténtico modelo para cualquier prenda.

Todo lo que Lu Yao elegía le quedaba perfecto.

Después de comprar tres conjuntos, Zhao Beichuan insistió en detenerse.

No permitió que siguieran comprando.

Luego señaló discretamente la tienda de ropa interior que había cerca y le susurró unas palabras a Lu Yao.

Este soltó una risita.

Le pellizcó la oreja, que ya estaba completamente roja.

—Espérame aquí. Voy a comprarlos.

Al poco rato regresó con una bolsa.

Dentro había dos calzoncillos nuevos.

Y también…

Una prenda de lencería que había comprado por impulso.

Pensaba probársela esa misma noche.

Mientras seguían paseando…

De repente vieron delante de ellos a dos personas tomadas de la mano.

Les resultaban muy familiares.

Lu Yao dudó un instante antes de llamarlos.

—¿Bai Chi?

—¿Ah?

Bai Chi giró la cabeza.

Al ver a Lu Yao, inmediatamente apartó la vista y agarró la mano de Yi Mingde para intentar escapar.

Lu Yao empujó rápidamente la silla de ruedas de Zhao Beichuan y fue tras ellos.

Los cuatro terminaron frente a un ascensor que estaba fuera de servicio.

Lu Yao les bloqueó el paso contra la pared.

Miró alternativamente a Bai Chi y a Yi Mingde con una sonrisa divertida.

—¿Y ustedes por qué están huyendo?

Bai Chi levantó la cabeza para mirar el techo, completamente avergonzado.

No dijo una sola palabra.

Yi Mingde acomodó sus gafas y los saludó con cortesía.

—¿También vinieron de compras?

El rostro de Bai Chi se puso rojo.

Hacía apenas unos días aseguraba que no sentía ningún interés por Yi Mingde.

Y ahora…

Los dos aparecían tomados de la mano.

Al ver lo avergonzado que estaba Bai Chi, Yi Mingde reaccionó enseguida.

—Beichuan, ¿no querías ir al baño? Yo te llevo.

—¿Eh?

Antes de que pudiera entender nada, Yi Mingde ya estaba empujando la silla de ruedas.

Cuando ambos se alejaron…

Bai Chi se rascó la cabeza y terminó confesando.

—Aquella noche, después de cenar… fui al bar, bebí demasiado… y terminé acostándome con él.

—Vaya. ¿No decías que no te interesaba?

—Tú mismo me dijiste que le cambiara el estilo. Como hoy los dos teníamos tiempo, lo saqué de compras. No soportaba seguir viendo esa camisa de cuadros.

—Parece que estás bastante satisfecho con el joven maestro Yi.

De lo contrario…

Con la personalidad de Bai Chi…

Jamás se habría conformado con alguien.

—Ejém… sí. La verdad es que está bastante bien.

«Bastante bien» se quedaba corto.

Durante aquellos días, Yi Mingde prácticamente lo había dejado sin fuerzas.

Cada mañana despertaba…

Y volvía a hacerlo otra vez.

Además…

Conocía a la perfección los meridianos y puntos de acupuntura del cuerpo humano.

Cada vez lograba que Bai Chi disfrutara intensamente sin sentir el menor dolor.

Comparado con todas sus experiencias anteriores…

Era la diferencia entre el cielo y la tierra.

Solo por lo extraordinario que era en la cama…

Bai Chi no tenía ninguna intención de dejarlo marchar.

Al menos…

No antes de disfrutarlo lo suficiente.

Cuando terminaron de hablar, Yi Mingde regresó empujando la silla de Zhao Beichuan.

Lu Yao tomó nuevamente el control de la silla.

—¿Quieren cenar con nosotros?

—No. Voy a llevar a Xiao Yi a cortarse el cabello y luego regresaremos al hotel…

…para seguir disfrutando de su tiempo a solas.

Yi Mingde sonrió suavemente mientras sostenía la mano de Bai Chi.

—Nos vamos primero.

—Nosotros también.

Lu Yao empujó la silla de ruedas hacia el ascensor accesible.

Bajaron al supermercado del primer piso, compraron algunos ingredientes y regresaron a casa para preparar la cena.

Después de cenar ya había oscurecido.

Fuera caían pequeños copos de nieve.

Lu Yao dobló la ropa que había lavado por la mañana y la guardó cuidadosamente en el armario.

Aquel armario, antes espacioso…

Ahora estaba completamente lleno.

Ya no contenía solo su ropa.

También estaba la de Zhao Beichuan.

Desde que habían vuelto del hospital…

La habitación de invitados había quedado completamente abandonada.

Zhao Beichuan terminó de lavar los platos.

Los dos se prepararon para bañarse.

El baño estaba cubierto de vapor.

Lu Yao se sentó sobre el regazo de Zhao Beichuan, respirando ligeramente agitado mientras sujetaba las inquietas manos de su pareja.

Recordó de pronto lo que Bai Chi había contado hacía un rato.

Y sintió deseos de probarlo también.

—Beichuan… ¿Qué te parece si hoy lo intentamos?

—Claro. Creo que ahora será más fácil sin el yeso.

Lu Yao se mordió el labio.

Luego susurró:

—Aunque todavía sea un poco incómodo, no pasa nada. Tú solo recuéstate… yo me encargo.

Al escuchar aquellas palabras…

El pequeño Beichuan reaccionó inmediatamente con entusiasmo.

—De acuerdo.

(Escena censurada en el texto original.)

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first