Esposo, ¿me dejas tocar tus abdominales? - Capítulo 183
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- Capítulo 183 - Si Moderno (19): El beso
Durante la hospitalización de Zhao Beichuan, la marca patrocinadora no dejaba de insistir para que publicaran el video.
Habían aceptado la publicidad de la rasuradora hacía bastante tiempo y, si seguían retrasándola, el interés del público terminaría desapareciendo.
El proyecto de Bai Chi podía esperar, pero los demás patrocinadores no tendrían tanta paciencia.
Como de todas formas no tenían nada mejor que hacer, decidieron grabar el comercial de la rasuradora directamente en el hospital.
Daba la casualidad de que Zhao Beichuan llevaba varios días sin afeitarse y ya le había salido una ligera barba.
Visualmente, el antes y el después quedarían mucho mejor.
El único problema era encontrar un lugar adecuado para grabar.
La habitación era compartida y, además, médicos y enfermeras entraban de vez en cuando a hacer rondas.
Si los descubrían grabando allí dentro, sería demasiado vergonzoso.
Después de desayunar, Lu Yao sostuvo el teléfono mientras discutía con la marca los detalles del video.
Zhao Beichuan, creyendo que otra vez estaba hablando con Bai Chi, hizo un pequeño puchero, claramente celoso.
—Hermano.
—¿Mm?
—¿Qué estás haciendo?
—Estoy viendo cómo grabar bien este video.
Al enterarse de que no estaba hablando con Bai Chi, el ánimo de Zhao Beichuan mejoró al instante.
Apoyó la cabeza sobre el hombro de Lu Yao y miró la pantalla.
—¿Van a grabar el anuncio de la rasuradora?
—Sí.
—Hagámoslo en el baño.
Lu Yao se quedó pensativo.
No era mala idea.
Aunque los baños del hospital eran pequeños, estaban bastante limpios y el resultado debería verse bien.
—De acuerdo. Traje todo el equipo. ¿Grabamos ahora?
—¡Sí!
Antes de empezar, Lu Yao preguntó a los dos ancianos de la habitación si necesitaban usar el baño, ya que la grabación podía tardar bastante.
—No hace falta, ustedes vayan. Además, afuera hay baños públicos.
El anciano, que ya podía levantarse de la cama, solía salir a caminar por el pasillo para ejercitarse.
Lu Yao ayudó a Zhao Beichuan a entrar al baño y bajó la tapa del inodoro para que se sentara.
Zhao Beichuan tiró ligeramente de su bata azul y blanca de hospital.
—¿Debería cambiarme de ropa?
Lu Yao lo pensó un momento.
—No hace falta. Así está bien. Espera aquí; voy por las cosas.
Sacó de la maleta la rasuradora de la marca, el gel de afeitar, una toalla y un soporte para el teléfono.
Como el baño era demasiado pequeño para instalar una cámara, tendrían que grabar con el móvil.
Por suerte, las cámaras de los teléfonos actuales tenían muy buena calidad.
Con un poco de edición en la posproducción sería suficiente.
Mientras Lu Yao acomodaba todo, Zhao Beichuan permanecía sentado observándolo con interés.
—Voy a cubrirte la mitad superior del rostro con la toalla. Solo necesitamos que se vea la parte inferior mientras te afeito.
—Está bien.
—Levanta un poco la barbilla.
Lu Yao le cubrió los ojos con la toalla.
Nunca antes había afeitado a otra persona y le preocupaba hacerle un corte.
—Si te duele, dímelo.
Zhao Beichuan tragó saliva.
—Está bien.
Lu Yao exprimió un poco de gel sobre la barbilla y las mejillas.
Acercó el teléfono para hacer un primer plano de la espuma.
Para destacar la textura fina del producto, extendió suavemente el gel sobre la piel de Zhao Beichuan con la yema del dedo medio.
Zhao Beichuan respiró hondo.
Apretó los puños.
Todo su cuerpo se tensó.
Con los ojos cubiertos, era incapaz de anticipar el siguiente movimiento de Lu Yao, lo que hacía que cada roce se sintiera todavía más intenso.
Lu Yao enjuagó la rasuradora y comenzó a afeitarlo.
La primera pasada descendió desde la patilla.
El contacto de la cuchilla fría con la piel hizo que Zhao Beichuan temblara.
—¿Qué pasa?
—Nada… Sigue.
Lu Yao cambió el ángulo de la cámara y continuó retirando cuidadosamente la barba de la barbilla.
Como el baño era tan estrecho, resultaba imposible grabar correctamente desde un lado.
No le quedó más remedio que sentarse a horcajadas sobre el regazo de Zhao Beichuan, de lado, para conseguir el encuadre adecuado.
—Levanta un poco más la cabeza. No alcanzo la parte de abajo.
Zhao Beichuan obedeció.
La prominencia de su nuez de Adán subía y bajaba delante de los ojos de Lu Yao.
Este no pudo evitar reír.
Le dio un golpecito juguetón con un dedo.
—Relájate. Ya casi termino.
—…Mm.
Los últimos restos de barba eran difíciles de afeitar con una sola mano.
Así que Lu Yao dejó el teléfono en el soporte.
Sujetó la barbilla de Zhao Beichuan con una mano y terminó de afeitarlo con extremo cuidado.
Su respiración cálida acariciaba el rostro de Zhao Beichuan.
Incapaz de contenerse, Zhao Beichuan rodeó su cintura con ambos brazos y lo atrajo hacia su regazo.
—No hagas eso… Podría cortarte.
—Hermano…
Lu Yao sonrió.
—¿Qué?
—Quiero besarte.
—¿Puedo?
Los labios cálidos y suaves de Lu Yao rozaron apenas los suyos en un beso ligero.
—¿Contento?
Zhao Beichuan se llevó una mano a los labios.
¿Cómo iba a ser suficiente?
¡Ni siquiera había podido saborearlo!
Le sujetó la cabeza con ambas manos y volvió a besarlo con decisión.
—Mm…
Lu Yao nunca había besado a nadie.
Había visto muchas escenas de besos en películas, pero ninguna de aquellas técnicas servía en la realidad.
Lo único que pudo hacer fue dejarse llevar pasivamente por Zhao Beichuan.
Una lengua cálida y húmeda recorrió sus labios, separó sus dientes y se entrelazó con la suya.
Zhao Beichuan exploraba con audacia el interior de su boca, como si estuviera conquistando un territorio completamente nuevo.
Un cosquilleo recorrió la espalda de Lu Yao.
Todo su cuerpo se estremeció.
También era el primer beso de Zhao Beichuan.
Pero parecía tener un talento innato.
Guiado únicamente por el instinto, besó a Lu Yao hasta dejarlo completamente sin fuerzas.
Los sonidos húmedos de sus besos y sus respiraciones agitadas resonaban claramente dentro del pequeño baño.
Una mano grande sostenía con firmeza la nuca de Lu Yao, profundizando todavía más el beso.
Mientras sus lenguas seguían entrelazándose, Lu Yao empezó a marearse por la falta de aire.
La saliva que no alcanzó a tragar resbaló por la comisura de sus labios, formando un fino hilo brillante.
¡Toc, toc, toc!
—¿Está dentro el paciente de la cama 413? Es hora de cambiarle el suero.
Los golpes en la puerta sobresaltaron a Lu Yao.
Empujó rápidamente a Zhao Beichuan y se limpió la boca.
—B-basta de besar… Ve a cambiarte el suero.
Con expresión claramente insatisfecha, Zhao Beichuan permitió que Lu Yao lo ayudara a salir del baño.
—Enfermera, ¿cuántos días más tendré que seguir con el suero?
—No estoy segura. Pregunte luego en el puesto de enfermería.
Zhao Beichuan ya no veía la hora de recibir el alta.
Permanecer hospitalizado era demasiado incómodo.
Lu Yao recogió todo el equipo y guardó el video.
Pensaba editarlo por la tarde.
Al verse reflejado en el espejo, descubrió que tenía el labio inferior hinchado.
Aquel mocoso es igual que un perro…
Se tocó los labios.
Al recordar el beso, un escalofrío volvió a recorrerle la espalda.
Era…
Adictivo.
Cuando salió del baño, Zhao Beichuan seguía mirándolo con expresión lastimera, moviendo silenciosamente los labios.
«Hermano… todavía quiero besarte.»
Con las mejillas completamente rojas, Lu Yao fingió no verlo y salió con el teléfono para enviarle un mensaje a Bai Chi.
—¿Cómo van las cosas por ahí?
Poco después recibió la respuesta.
—¡Qué mala suerte! ¿Puedes hablar?
Lu Yao miró el frasco del suero.
Todavía faltaba bastante para que terminara.
—Sí. Espera un momento.
Dicho eso, salió al pasillo con el teléfono.
Bai Chi inició una llamada de voz.
Parecía estar en la calle.
De fondo se escuchaba el ruido del tráfico.
—¿Dónde estás?
—Camino al aeropuerto. Probablemente llegue a tu ciudad esta tarde.
—¿No ibas a asistir a la exposición de joyería?
—Ni lo menciones. Acabo de volver a pelearme con Chen Chen. Tsk… Ese desgraciado pega muy fuerte. Me reventó el labio.
Bai Chi giró la cámara para mirarse.
Tenía media cara completamente roja.
Lu Yao frunció el ceño.
—¿Qué le pasa? Ya terminaron. ¿Por qué sigue golpeándote?
—Porque yo le pegué primero…
—Olvida que pregunté.
—Pero aun así no tenía derecho a pegarme en la cara. La próxima vez que lo vea también le romperé la tercera pierna.
—Te creo.
Bai Chi era cinturón negro sexto dan de karate.
Si no estuviera tan obsesionado con cuidar su rostro, probablemente ya habría competido profesionalmente.
—Siempre busca pelea sabiendo que no puede ganarme. ¿Será masoquista?
—Quién sabe. ¿Y cómo encontró dónde estabas? ¿Para qué fue a suplicarte que volvieran?
—Al principio no pensaba golpearlo. Pero empezó a poner excusas por ese noviecito suyo tan falso, diciendo que era demasiado joven para entender qué era el amor y que no sabía lo que hacía.
—¡Qué tontería! Tiene diecinueve años, no es un niño.
—Cuanto más lo escuchaba, más rabia me daba. Así que le di una patada.
—Bien hecho. Se la merecía.
Después de desahogarse un poco, Bai Chi terminó calmándose.
—La verdad, aunque esto no hubiera pasado, ya pensaba terminar con él.
—¿Por qué?
Lu Yao recordaba perfectamente cómo Bai Chi presumía constantemente su relación en las redes sociales.
Su ex era increíblemente atractivo.
Incluso más guapo que algunas celebridades.
Bai Chi suspiró con frustración.
—Muy bonito por fuera, pero inútil. No es que dure tres segundos ni nada parecido, pero nunca logra satisfacerme. Qué fastidio.
Lu Yao no pudo evitar reír.
—Con razón.
—No te burles. ¿Cómo van las cosas con tu repartidor favorito?
Lu Yao miró hacia la habitación.
Zhao Beichuan seguía observándolo.
Levantó una ceja con una sonrisa.
—Muy bien. Hoy nos dimos nuestro primer beso.
—¡Ja! Ustedes dos sí que son inocentes.
—El amor no tiene por qué apresurarse. Hay que disfrutarlo poco a poco.
—Tienes razón. La próxima vez intentaré algo más de romance a fuego lento.
De pronto, Lu Yao recordó algo.
—¿El maestro Yi volvió a contactarte?
—¿Quién?… Ah, ¿ese campesino? Sí. Anoche me leyó la fortuna. Dijo que hoy sufriría una «calamidad de sangre»…
»Mierda… Resultó que tenía razón.
Lu Yao estalló en carcajadas.
—¡No puede ser!
»Bueno, ya no te entretengo. Voy a revisar el suero de Beichuan. Llámame cuando aterrices. Si tenemos tiempo, cenamos juntos esta noche.
—Mejor cuida de tu noviecito. No te preocupes por mí.
Bai Chi colgó y subió a un taxi.
Lu Yao regresó a la habitación.
El frasco del suero estaba casi vacío.
Presionó rápidamente el botón de llamada y, poco después, una enfermera llegó para reemplazarlo por otro.
Zhao Beichuan dudó unos instantes antes de hablar.
—Necesito ir al baño.
—Entonces vamos. Yo sostengo el suero.
Con una mano levantó la bolsa del suero y con la otra ayudó a Zhao Beichuan a avanzar dando pequeños saltos hasta el baño.
Como debía permanecer allí sujetando el suero, no podía salir hasta que Zhao Beichuan terminara.
Zhao Beichuan forcejeó un poco con el pantalón.
—Hermano… échame una mano.
Lu Yao sospechó que lo hacía a propósito.
Pero no tenía ninguna prueba.
Con las orejas completamente rojas, lo ayudó a bajar la capa exterior de la ropa.
A mitad del movimiento, su mano rozó accidentalmente cierta parte…
Y pudo sentir perfectamente su tamaño.
Retiró la mano de inmediato y dejó que Zhao Beichuan terminara solo.
El sonido del agua llenó el pequeño baño.
Cuando terminó, Zhao Beichuan soltó un suspiro de satisfacción, se acomodó la ropa y tiró de la cadena.
Justo cuando Lu Yao iba a ayudarlo a salir…
Zhao Beichuan lo empujó suavemente contra la puerta y volvió a besarlo.
—Mm…
Los ojos de Lu Yao se abrieron de par en par.
Zhao Beichuan separó sus labios y volvió a atrapar su lengua entre besos, succionándola con suavidad y rozándola ligeramente con los dientes.
Aquella sensación hizo que un escalofrío recorriera toda la espalda de Lu Yao.
Las piernas casi dejaron de sostenerlo.
—Basta… deja de besarme…
—Se te está regresando la sangre por el suero…