En el Fin del Mundo, Obtengo Habilidades de Todos los Mundos al Iniciar Sesión - Capítulo 65
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- Capítulo 65 - “Que entre el invitado”, la puerta del club se abre
Ji Youfeng no dijo nada. Solo dio la orden de que el convoy siguiera avanzando.
El proceso de limpieza de zombis por parte del equipo de ejecución de la ley fue increíblemente fluido; tanto, que ni siquiera perdieron a una sola persona.
Eso hizo que los equipos de búsqueda que avanzaban pegados a ellos se sintieran profundamente animados. Incluso empezaron a confiar de verdad en que el plan para limpiar el punto de la Iglesia de la Fuente Anómala saldría bien.
Sin embargo, había unos pocos… muy pocos… que, pese a esa aparente ventaja, no se sentían nada optimistas.
Mu Qiu observaba por la ventana cómo la temible marea de zombis era aplastada por los métodos abrumadores del equipo de ejecución. En sus labios se dibujaba una sonrisa difícil de interpretar.
En los escasos fragmentos de memoria que conservaba de cuando fue el Señor Demonio de las Llamas, existían escenas de hordas enfrentándose a ejércitos humanos.
Y aquello… no se parecía en absoluto a una paliza unilateral como la de ahora.
Decenas de miles de zombis, aberrantes terroríficos de formas extrañas y fuerza monstruosa… y, dentro de cualquier gran horda, algo que siempre aparecía: un Rey Zombi…
Bastaba con que existiera uno solo de esos factores para que incluso un equipo tan bien armado terminara pagando un precio enorme.
Pero aquí…
No había nada de eso.
Mu Qiu tuvo un presentimiento: delante los esperaba un peligro mucho mayor, uno capaz de tragarse sin esfuerzo esa euforia de victoria que cargaba el grupo humano.
Aunque, por supuesto, a Mu Qiu no le preocupaba lo más mínimo.
De hecho… en su interior había una expectativa secreta.
Después de todo, lo desconocido siempre era la aventura más divertida.
A su lado, Inori observaba con curiosidad el caos afuera. Era la primera vez que veía una invasión zombi a esa escala.
Mu Qiu le revolvió el cabello con una sonrisa.
—¿Qué tal? Esto sí que es mucho más aterrador que lo de tu mundo, ¿no?
Con “tu mundo” se refería, naturalmente, al lugar de donde venía Inori.
Allá también existía una infección tipo apocalipsis, pero su nivel de terror no se comparaba con el virus zombi de este mundo.
La chica se recargó contra él. Incluso con esos zombis deformes y feroces afuera, no mostraba ni una pizca de miedo.
Inori asintió con su expresión inocente.
—Ya perdieron la conciencia… son como… marionetas sin alma.
El convoy, como un vendaval arrasándolo todo, atravesó la marea de zombis sin detenerse y pronto abandonó la calle más próspera del centro de Lan’an, arrastrando detrás a los equipos de búsqueda.
Y lo que no notaron fue que, en la sombra de un callejón lateral, un dispositivo volador en forma de disco tenía su pantalla parpadeando con un punto rojo, vigilando silenciosamente cada movimiento del convoy…
……
El sol ardía alto en el cielo. La luz caía con fuerza, como si quisiera agrietar la tierra.
El viejo distrito urbano, demasiado tiempo sin vida, estaba en ruinas. Los rascacielos que antes se alzaban orgullosos ahora estaban cubiertos de polvo.
A la orilla de la calle, árboles y maleza crecían sin control. Algunas plantas verdes ya invadían el pavimento, y gruesas enredaderas y raíces se incrustaban en los edificios envejecidos.
Decenas de vehículos de formas distintas se detuvieron en medio de la avenida.
Y justo frente a ellos estaba el objetivo de la operación:
El Club de Entretenimiento Gran Cielo y Tierra.
Soldados del equipo de ejecución y despertados de los equipos de búsqueda descendieron de los vehículos. Solo con una mirada, se veía que eran varios cientos de personas.
Desde que comenzó el apocalipsis, era raro ver una concentración humana tan grande y tan abierta en un distrito de ruinas urbanas…
Mu Qiu alzó la vista hacia el enorme edificio, de más de diez pisos de altura. Era difícil creer que aquello fuera “solo” un club exclusivo.
A un lado, el gordo chasqueó la lengua, impresionado.
—Caray… los ricos sí que viven distinto. Hasta su lugar de diversión es así de elegante… yo ni siquiera he visto algo así en mi vida…
—¡Parece un mini palacio!
No muy lejos, Chu Nan, vestido de forma extravagante y con una rosa en la boca, lo miró con desdén.
—Mira nada más esa cara de provinciano ignorante. ¡Qué naco!
El gordo no se molestó; al contrario, sonrió con descaro.
—Sí, sí, claro. Yo no soy como ciertos inútiles “hijos de papi” que, sin el papá, no son nada… y encima en el apocalipsis todavía se visten como si anduvieran en desfile, bien ridículos.
—¡¿Tú…?! —Chu Nan se enfureció al instante, pero como Ji Youfeng estaba presente, no se atrevió a estallar.
—Capitán, el personal del equipo de ejecución y de los equipos de búsqueda ya está completo —informó un joven con gorra militar al acercarse a Ji Youfeng.
Ji Youfeng asintió, pero su mirada se quedó fija en la entrada del edificio.
Ahí debería haber una puerta giratoria de vidrio.
Sin embargo, no se sabía desde cuándo, había sido reemplazada por una enorme puerta ancha de hierro, gruesa y pesada.
No se sabía qué material era, pero incluso cuando los soldados del equipo de ejecución dispararon con ametralladoras, apenas lograron dejar marcas superficiales.
—Capitán, ¿y si usamos explosivos? —propuso un miembro del equipo.
—¡No! ¡Adentro todavía hay muchos supervivientes con vida! —Liu Qingfei se apresuró a intervenir.
Si volaban el edificio, su prometido, que probablemente estaba atrapado dentro, podía morir.
En ese momento, el hombre de mediana edad que la noche anterior había levantado la barrera púrpura habló:
—El Club Gran Cielo y Tierra era el centro de entretenimiento más grande de Lan’an. Muchas figuras importantes solían reunirse aquí. Me temo que los supervivientes que aún quedaban con vida… fueron tomados como rehenes por la Iglesia de la Fuente Anómala.
Dudó un instante antes de añadir, como recordatorio:
—El sobrino del jefe Zhang también desapareció aquí. Antes de irse, el jefe Zhang nos pidió que, en la medida de lo posible, salváramos a su sobrino…
El “jefe Zhang” al que se refería no era otro que Zhang Qingwei, uno de los tres grandes líderes de la Base Yuhai, un magnate del comercio antes del fin del mundo.
Mientras los soldados discutían y nadie terminaba de decidir, Ji Youfeng levantó la mano.
La multitud guardó silencio de inmediato.
Entonces Ji Youfeng dijo, con su habitual tono frío:
—No hace falta. Ya se abrió…
Apenas terminó la frase, desde la enorme puerta de hierro se escuchó un “clac”.
Todos se sobresaltaron y giraron la cabeza.
La pesada puerta… ya estaba abierta.
No sabían en qué momento, ni cómo.
Detrás de ella, una oscuridad profunda los esperaba como una boca negra.
Y ahí dentro estaba su objetivo final:
La Iglesia de la Fuente Anómala.
Tanto los miembros del equipo de ejecución como los despertados reunidos de forma temporal se quedaron mirando la entrada oscura, sin poder evitar mirarse unos a otros.
—¿Esto no será… una trampa tipo “ciudad vacía”…? —el gordo tragó saliva, con el corazón encogido.
Pero esta vez nadie le respondió.
Porque todos pensaban lo mismo.
Cualquiera con ojos podía ver que dentro había una emboscada preparada.
Pero con la misión encima, tampoco podían retroceder.
Ji Youfeng mantuvo su rostro impasible y dio la orden:
—Conmigo. Entren.
Dicho eso, avanzó él solo primero y caminó hacia el interior del edificio.
A esas alturas, al resto no le quedaba más que obedecer. Además, con el Segador Blanco al frente, al menos sentían una mínima seguridad.
Aun así, los miembros del equipo de ejecución iban totalmente equipados: armadura, rifles, lanzadores… listos para responder ante cualquier crisis.
Los despertados de los equipos de búsqueda también vigilaban los alrededores con ojos alerta. Después de tanto tiempo caminando al borde de la muerte, habían desarrollado un instinto natural para el peligro…
Mu Qiu y los suyos siguieron detrás del equipo de ejecución.
Mu Qiu alzó la vista una vez más hacia ese edificio gigantesco que parecía tocar el cielo.
En su interior, la expectativa ya se encendía.
Un poder nuevo…
Eso era lo que lo llamaba.