En el Fin del Mundo, Obtengo Habilidades de Todos los Mundos al Iniciar Sesión - Capítulo 266

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  4. Capítulo 266 - El verdadero rostro de Duanmu Qing
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—¿Esto es… una caja de armas? —murmuró Lu Qianqian mientras observaba el extraño cofre que flotaba sobre la plataforma elevada, frunciendo levemente el ceño.

Lo reconoció de inmediato. Era idéntico a las cajas espaciales que usaban Luo Xiuwen y los demás para almacenar sus armas.

Sin embargo, por alguna razón, en el instante en que aquel cofre apareció, sintió un escalofrío inexplicable.

Y eso no era algo menor.

Lu Qianqian poseía un profundo dominio en el ámbito espiritual. Como Despertada de rango S, no debería intimidarse ante la mera presencia de un objeto del tamaño de una palma.

Pero la aura que emanaba de aquella pequeña caja la estremecía desde lo más profundo del alma.

De pronto, Mu Qiu cerró los ojos.

—¿Lo escuchaste?

—¿Q-qué? —Lu Qianqian tardó en reaccionar.

—El lamento… que surge desde el abismo del infierno.

Mu Qiu abrió los ojos de golpe y lanzó una ardiente llama negra desde su mano.

En un instante, la llama impactó contra la enorme puerta mecánica detrás de ellos.

El metal denso se fundió al contacto, dejando un enorme agujero.

Tras la puerta apareció una figura vestida con bata blanca.

—¡¿Tú?!

Duanmu Qing salió desde el interior, y un destello de horror cruzó sus ojos al ver a Mu Qiu.

No había imaginado que ambos pudieran irrumpir con tanta facilidad en la zona prohibida del pueblo.

Bajó la mirada hacia los restos de sus dos subordinados. Un brillo feroz atravesó su expresión.

Malditos inútiles… ni siquiera pudieron acabar con ellos.

Exhaló lentamente y, forzando una sonrisa, dijo:

—Entrar de noche en la zona prohibida de mi aldea… no es precisamente el comportamiento adecuado de unos invitados.

Mu Qiu sonrió también, con la comisura de los labios ligeramente alzada.

—Admito que no es lo más apropiado. Pero las acciones del señor alcalde… sí que resultan dignas de admiración.

Giró la cabeza hacia el inmenso estanque frente a él.

La sangre que lo llenaba hervía y se condensaba en una especie de riachuelo rojizo.

—Un estanque de este tamaño… debió requerir bastante sangre humana, ¿no?

—Me pregunto cuántas personas habrá drenado para reunir todo esto.

Mu Qiu lo miró con serenidad, con una sonrisa enigmática.

Sí.

Todo aquel estanque estaba compuesto exclusivamente de sangre humana.

En el momento en que Mu Qiu pronunció esas palabras, el rostro de Duanmu Qing cambió ligeramente.

—Flores regadas con innumerables vidas humanas… —continuó Mu Qiu—. Me encantaría ver qué clase de fruto dan.

Dicho eso, comenzó a caminar hacia la plataforma donde flotaba la caja de tono púrpura oscuro.

¡Bang!

Un disparo resonó en el aire.

Una bala cruzó frente a Mu Qiu, obligándolo a detenerse.

Se volvió lentamente.

Duanmu Qing sostenía una pistola, y del cañón aún salía humo.

La arrojó a un lado y dejó escapar una risa fría.

—Je… je…

—No pensé que lo descubrirías…

Murmuró mientras los músculos de su rostro empezaban a retorcerse grotescamente.

—Lo supiste desde el principio, ¿verdad?

Recordó el momento en que el grupo de Luo Xiuwen llegó al pueblo y Mu Qiu lo interrogó.

Mu Qiu negó con la cabeza.

—Solo pensé que este pueblo vivía demasiado en paz.

Un paraíso aislado, como sacado de un libro de cuentos… era algo raro incluso antes del apocalipsis.

Cuánto más en este mundo donde todos vivían aterrados.

—Ya veo…

Una sonrisa feroz apareció en el rostro de Duanmu Qing.

Ni siquiera él había imaginado que aquella aparente tranquilidad sería el mayor punto sospechoso.

—Muchos han llegado antes a nuestro pueblo… —dijo, levantando lentamente la cabeza. Su rostro amable de antes había desaparecido por completo.

La comisura de sus labios se abrió en una mueca sanguinaria.

—Pero ninguno salió con vida.

Extendió los brazos, con la mirada fija en la caja púrpura suspendida sobre el estanque de sangre.

Era la cristalización de toda su vida.

El estanque hervía. Las llamas de las antorchas parpadeaban, iluminando su rostro retorcido, casi enloquecido.

—Y pronto… ustedes y sus compañeros…

Su voz se volvió cada vez más ronca.

—¡¡Todos pasarán a formar parte de este río de sangre!!

Al terminar la frase, su cuerpo comenzó a inflarse de manera grotesca.

Su figura, antes delgada, empezó a hincharse.

Al mismo tiempo, distintas partes de su cuerpo sufrieron transformaciones aberrantes.

Sus brazos se volvieron azul oscuro e hinchados.

El pecho se expandió.

Las piernas crecieron varias veces su tamaño; los pantalones estallaron bajo la presión de músculos abultados.

Sus pies se transformaron en pezuñas bestiales, y bajo la piel cubierta de espeso vello latía una energía explosiva.

La mitad de su rostro seguía siendo humano.

La otra mitad mostraba huesos faciales prominentes, similares a los de un ave rapaz.

De su espalda brotaron un par de alas insectoides y monstruosas.

Con cada aleteo, una presión aterradora se expandía a su alrededor.

En un instante, Duanmu Qing pasó de ser un hombre común a una monstruosidad de rango S en su máximo nivel.

Ante la opresiva aura que se abalanzaba sobre ellos y contemplando aquella criatura híbrida, Mu Qiu sonrió.

Podía notar que Duanmu Qing no era un Despertado natural.

Cada extremidad de su cuerpo pertenecía a bestias diferentes.

En otras palabras…

Era una amalgama construida con fragmentos de múltiples criaturas.

Alguien capaz de realizar experimentos biológicos tan demenciales sobre su propio cuerpo…

Mu Qiu lo entendió con claridad.

Era un auténtico científico loco.

Sintiendo el aumento descomunal de poder dentro de sí, la expresión salvaje de Duanmu Qing se intensificó. Su confianza alcanzó el punto máximo.

Miró a Mu Qiu y a Lu Qianqian. De la punta de sus dedos brotaron garras de más de un metro de longitud.

—Muy pronto… se convertirán en el sacrificio final para la presentación de mi obra maestra.

Mu Qiu chasqueó ligeramente la lengua y giró hacia Lu Qianqian.

—Oye… parece que siempre está tan seguro de sí mismo, ¿eh?

De la garganta de Duanmu Qing emergió un gruñido profundo, mitad lobo, mitad tigre.

Su cuerpo, compuesto por bestias feroces, también había heredado sus instintos.

En el siguiente segundo, su figura se movió con la rapidez de un sabueso en cacería y se lanzó directamente hacia Mu Qiu.

En sus ojos brillaba un deseo sanguinario.

Primero acabaría con ese hombre molesto que había descubierto su secreto.

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