En el Fin del Mundo, Obtengo Habilidades de Todos los Mundos al Iniciar Sesión - Capítulo 123
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- Capítulo 123 - El monstruo de fuego fuera de control
—¡GRAAAAH!
Un gruñido bajo, imposible de describir, salió de la garganta de Lin Feng. Las venas de su frente se hincharon, y su piel comenzó a tornarse de un rojo oscuro y siniestro.
Una oleada de energía abrasadora y descomunal se expandió desde su cuerpo como una marea. Varios zombis comunes, demasiado cerca, fueron reducidos a cenizas por esas ondulaciones de fuego.
Al mismo tiempo, la energía de su habilidad seguía escalando sin parar…
Rango C… rango B…
¡En apenas unos cuantos respiros, la intensidad de su poder se abrió paso hasta el rango A!
De pronto, su piel estalló en llamas. Las llamaradas crecieron hasta envolverlo por completo en un incendio rojo intenso.
Su cuerpo, antes delgado, se hinchó varias veces sin explicación; incluso le brotaron dos cuernos, como los de un toro. Desde lejos, parecía una bestia rabiosa salida de los abismos del infierno.
La criatura encorvó la espalda y se apoyó en cuatro patas, arrastrándose como un animal. Las llamas que lo rodeaban se dispararon todavía más, y el rojo absoluto devoró por completo sus pupilas.
—Je…
Al instante siguiente, ¡el monstruo de fuego se movió!
Con el impulso de las llamas, aquella masa envuelta en fuego rojo oscuro, como magma, se deslizó a toda velocidad por el suelo, levantando una ola de fuego a su paso.
La horda que tenía delante no pudo resistirle ni un asalto: entre el choque brutal y el fuego abrasador, en un abrir y cerrar de ojos decenas de zombis quedaron convertidos en carbón.
—¡Tsss!
Cayeron varias decenas… y detrás llegaron cientos más, lanzándose sin detenerse. El monstruo, envuelto en llamas hasta el punto de que apenas se distinguía una silueta humana, dejó escapar un chirrido feroz, como de dientes rechinando con furia.
Con un “¡zas!”, saltó hacia un rascacielos cercano. El impacto fue tan fuerte que reventó los cristales del edificio.
—¡Crac, crac, crac…!
El sonido de los vidrios rompiéndose se propagó por toda la calle. La criatura comenzó a saltar una y otra vez entre los edificios y el suelo: desaparecía un instante… y al siguiente reaparecía dentro de la marea de zombis.
Abrió la boca hasta un ángulo imposible para un humano y hundió los dientes en el cuello de un zombi, arrancando de un mordisco grandes trozos de carne.
Los dientes estaban cubiertos de sangre y podredumbre… y aun así, desde su garganta parecía brotar una risa de placer.
En lo alto del edificio, Mu Qiu observó la escena y negó lentamente con la cabeza.
Después de todo, la sangre de Lin Feng provenía del Señor Demonio de las Llamas en su estado primitivo y salvaje. En esencia, no dejaba de ser un origen cercano a los zombis, y Lin Feng inevitablemente había heredado parte de sus instintos.
Normalmente, esos rasgos no se manifestaban. Solo cuando perdía la razón y se convertía en ese monstruo de fuego, aparecían junto con el poder desbocado.
—Pero… sí que lograron sacar algo en claro en Yuhai… —murmuró Mu Qiu, mirando con aire pensativo al monstruo, que recordaba vagamente a un demonio de las llamas y arrasaba la horda con brutalidad.
Sin embargo, un Despertado artificial creado de ese modo difícilmente podía mantenerse estable. Cada vez que activaba su poder existía el riesgo de causar daños irreversibles al cuerpo.
Las llamas devastaban el suelo, los aullidos de los zombis se volvían más intensos, y el monstruo continuaba embistiendo, mordiendo, matando sin parar…
—¡GRAAAOOO!
En ese momento, desde un extremo de la calle se oyó un rugido violentísimo. Varias criaturas enormes y de aspecto aterrador irrumpieron desde el final del camino.
Entre ellas había un escarabajo gigante del tamaño de un auto; un perro salvaje mutado, con colmillos afilados y ojos rojos; y varios zombis poderosos que emanaban ondas de energía escalofriantes.
¡Todos ellos eran de rango B!
Ni siquiera ante ese grupo numeroso de monstruos, la bestia de fuego mostró miedo. Por el contrario, las llamas de su cuerpo se intensificaron.
A simple vista ya no se distinguía su rostro: lo único que permanecía inmutable eran esos ojos rojos, aún más feroces que el mismo fuego.
El monstruo se lanzó contra los zombis de rango B. Esas criaturas, que en esa zona podían considerarse depredadores dominantes, no resistieron ni un intercambio. Bajo el choque brutal y el incendio violento, fueron reducidas al instante a una masa de carne quemada.
Acababa de arrancar a mordidas la carne de un zombi cuando, al instante siguiente, una fuerza gigantesca lo aplastó.
—¡BOOM!
El suelo se agrietó en una explosión sorda. La criatura se hundió en la tierra.
El enorme escarabajo agitó sus patas monstruosas; sus piezas bucales se retorcieron, dispuesto a tragarse a Lin Feng.
Pero en ese mismo instante, una llamarada espesa como magma salió disparada desde el subsuelo, directa hacia las fauces del escarabajo.
El insecto lanzó un chillido desgarrador, echando el cuerpo hacia atrás, con humo negro y chamuscado saliendo de sus patas delanteras.
Una sombra roja, veloz como un reptil, emergió del suelo y en un parpadeo trepó sobre el lomo del escarabajo. Después… fue una ráfaga de ataques completamente salvajes, sin ninguna técnica.
Mordidas. Zarpazos. Fuego.
Movimientos frenéticos, simples como los de una bestia del bosque… pero letales.
En menos de un minuto, el escarabajo gigante emitió un último lamento y murió. La mitad trasera de su caparazón estaba destrozada: o bien abierta a mordidas, o convertida en carbón por las llamas.
El monstruo de fuego no mostraba señales de cansancio. Al contrario: la matanza solo encendió aún más su sed de sangre. En sus ojos rojos ardía una intención asesina grotesca.
—¿Lin… Lin Feng? —Xu Wen, aterrada ante aquella masacre, se atrevió a preguntar con voz temblorosa, intentando comprobar si aún quedaba algo de él.
El monstruo, ya sin rastro de razón, giró la cabeza hacia Xue Qianya, tendida en el suelo, y hacia Xu Wen. La intención asesina en sus ojos se disparó.
En un abrir y cerrar de ojos, la criatura envuelta en llamas rojas ya estaba frente a ellas.
La embestida, potenciada por el fuego, golpeó de lleno a la ardilla mutada de Xu Wen y la lanzó por los aires, estrellándola contra el suelo.
El monstruo abrió sus fauces, mostrando colmillos afilados…
¡Y su objetivo final era Xue Qianya, la joven de ropa púrpura que yacía en el suelo sin fuerzas!
Por haber usado en exceso su habilidad, Xue Qianya ya estaba completamente drenada. No tenía fuerzas ni para ponerse en pie, mucho menos para huir.
Solo podía mirar, impotente, cómo aquella bestia descontrolada, con ojos sedientos de sangre, se abalanzaba hacia ella.
Ante la amenaza de muerte, incluso la muchacha de temperamento frío no pudo evitar que el miedo se asomara a su rostro.
Justo cuando la desesperación la envolvió, una figura familiar apareció frente a ella, acompañada de una voz suave:
—Molestar a una compañera no es propio de un buen estudiante…
Hilos de aire gélido dispersaron el calor abrasador a su alrededor. El abrigo negro se deslizó frente al rostro de la joven como una sombra protectora.