El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 60

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Al día siguiente, Pei Zhou apoyaba el codo sobre el mostrador y sostenía la barbilla con una mano. Miraba con impotencia al señor Zorro, que se había acuclillado en la esquina diagonalmente opuesta, manteniendo deliberadamente la mayor distancia posible entre ambos.

—Este zorrito sí que es rencoroso… ¿Ya no me vas a hablar por eso…?

Mientras contenía la risa, Pei Zhou reflexionó para sus adentros. Que un zorro entrara en celo no era ninguna broma. Su instinto territorial era igual que el de los cánidos y, llegado el momento, ¡podía empezar a orinar por todas partes para marcar territorio!

Aunque ayer el señor Zorro no había mostrado ningún otro síntoma de celo aparte de aquellos extraños gruñidos, Pei Zhou debía prestar atención.

Lo observaría durante un tiempo más. Si llegaba el momento adecuado…

Pei Zhou entrecerró ligeramente los ojos sin decir nada, mientras hacía girar con destreza entre los dedos el cúter que sostenía en la mano derecha.

…

—Doctor Pei, ¿por qué hoy no vimos ninguna comida medicinal a la venta en su tienda en línea?

Poco a poco empezaron a llegar clientes a la clínica. Se agolparon frente al mostrador, preguntándole a Pei Zhou cuál sería la comida medicinal del día.

Pei Zhou se acomodó las gafas con cierta vergüenza y les explicó:

—Verán, últimamente cada vez vienen más pacientes y yo solo ya no puedo producir suficiente comida medicinal. Por eso suspenderé las ventas durante un tiempo. Ahora mismo estoy negociando una colaboración con una fábrica de alimentos. Es posible que en el futuro podamos aumentar considerablemente la producción, así que les pido un poco de paciencia.

Para su sorpresa, los clientes no solo no se quejaron al escuchar su respuesta, sino que parecieron muy contentos.

—¡Vaya, colaborar con una fábrica de alimentos es algo bueno! Así ya no tendremos que levantarnos de madrugada para intentar comprar antes de que se agote. ¿Eso significa que en el futuro podremos conseguir comida medicinal cuando queramos?

Pei Zhou sonrió y asintió.

—Sí.

Durante aquel tiempo, los entusiastas habitantes del pueblo ya se habían familiarizado mucho con Pei Zhou y lo consideraban uno de los suyos. De inmediato comenzaron a darle consejos entre todos:

—¡Entonces tienes que encontrar una fábrica de confianza!

—¡Ten cuidado con los estafadores!

—Además, debes supervisar bien el proceso de elaboración. Si la comida medicinal que producen resulta mala, ¡tu reputación también se verá afectada!

Pei Zhou escuchó atentamente todas sus recomendaciones y respondió con seriedad:

—La supervisaré bien. ¡Me aseguraré de que todos puedan comer comida medicinal de calidad y con total tranquilidad!

Mientras hablaban, Zhu Pipi, vestido y arreglado con gran esmero, y el ayudante Robert llegaron también a la pequeña clínica.

La potente voz de Zhu Pipi resonó de inmediato:

—¡Doctor Pei! ¿Escuché que aceptaste mi propuesta de colaboración?

Aquel grito hizo que tanto Pei Zhou como los demás habitantes del pueblo volvieran la cabeza.

—¡Vaya, pero si es el jefe Zhu!

—Doctor Pei, ¿así que vas a colaborar con la Primera Fábrica de Alimentos Zhu Daheng?

—¡La Primera Fábrica de Alimentos Zhu Daheng es una marca tradicional del Imperio! ¡Es buena y de confianza!

—¡Doctor Pei, tienes buen ojo! ¡Ahora sí podemos quedarnos tranquilos!

—Pensar en la comida para perros y gatos de Zhu Daheng que comíamos cuando éramos pequeños… ¡Cuántos recuerdos de la infancia!

Los productos de la Primera Fábrica de Alimentos Zhu Daheng tenían un diseño muy característico. En cada envase aparecía dibujada una medalla de oro y, en el centro de esta, el retrato de un pequeño cerdito rosado.

Por eso, el jefe Zhu se había convertido en una figura conocida por prácticamente todo el Imperio.

Aunque habían transcurrido varios siglos y el actual jefe Zhu ya no era el mismo de aquella época, Zhu Pipi, como hijo biológico de Zhu Daheng, seguía gozando de la simpatía general.

Al ver su rostro agradable, tan parecido al de su padre Zhu Daheng, todos sentían una familiar sensación de cercanía.

Al encontrarse con una recepción tan amistosa, Zhu Pipi también se puso muy contento.

—Je, je. ¡Hola a todos! ¿Andan ocupados?

Alguien preguntó:

—Oye, jefe Zhu, ¿cómo van los negocios últimamente?

Zhu Pipi puso inmediatamente una expresión afligida.

—¡Ya ninguno de ustedes compra mi comida para gatos ni mi comida para perros, y todavía tienen el descaro de preguntarme cómo van los negocios!

Todos estallaron nuevamente en carcajadas y la clínica se llenó de un ambiente alegre.

—¡No te preocupes! Cuando la comida medicinal que produzcas con el doctor Pei salga al mercado, ¡sin duda te apoyaremos!

—¡Entonces queda acordado! ¡Nada de arrepentirse después!

Zhu Pipi volvió a alegrarse.

No había esperado que el doctor Pei fuera tan apreciado por la gente de la zona, y aquello también le permitió hacerse una idea más clara de su carácter.

Tener un socio así le daba mucha más tranquilidad.

En ese momento, Robert se acercó a Pei Zhou y le dijo en voz baja:

—No te preocupes. Me encontré con el jefe Zhu afuera y ya hablé un poco con él. También revisé el contrato. No hay ningún problema.

Pei Zhou asintió.

Con la garantía de Robert, se sintió mucho más tranquilo.

—Zhu Pipi, dame el contrato. Lo firmaré ahora mismo.

—¡Oh, excelente!

Con el maletín en la mano, Zhu Pipi abrió paso con dificultad entre la multitud, embistiendo de un lado a otro con su cuerpo regordete hasta conseguir llegar al mostrador.

Sacó el contrato del maletín y lo dejó sobre este. De paso, sacó también la pluma que había preparado y se la entregó a Pei Zhou.

—Doctor Pei, revísalo. Si no encuentras ningún problema, dejamos el asunto decidido.

Antes de firmar, Pei Zhou volvió a revisar cuidadosamente el documento.

—Hay algo que debemos aclarar. Es posible que el ayudante Robert no te lo haya mencionado.

Zhu Pipi se acomodó el cinturón mientras movía el torso, haciendo que la carne de su rostro temblara junto con sus movimientos.

—Claro, dime. ¿Cuál es el problema?

Pei Zhou hizo una pausa.

—En realidad, la parte más importante de la elaboración de comida medicinal no es la receta, sino el proceso de purificación de los ingredientes medicinales. Es necesario utilizar el poder espiritual para eliminar sus toxinas y suavizar la energía violenta que contienen. Y eso es algo que únicamente los veterinarios pueden hacer.

Tras una breve pausa, añadió:

—Jefe Zhu, ¿ya has tenido eso en cuenta?

Zhu Pipi se apoyó contra el mostrador, sosteniéndose la barbilla mientras escuchaba atentamente. Después respondió:

—No te preocupes, doctor Pei. Soy un comerciante profesional. Ya he considerado las dificultades de cada una de las etapas de producción de la comida medicinal.

—La purificación de los ingredientes medicinales es, en efecto, uno de los principales obstáculos, pero podemos resolverlo subcontratando el trabajo a veterinarios. Nuestra fábrica se encargará de comprobar que la purificación cumpla los estándares. Es cierto que eso aumentará los costos, pero desde el principio tenía previsto que la comida medicinal no fuera un producto demasiado barato. Aun así, comparada con las pociones, seguirá siendo mucho más económica.

Pei Zhou abrió la boca, dispuesto a añadir algo, pero Zhu Pipi levantó una mano regordeta para impedírselo y continuó con su explicación.

—Es cierto que los veterinarios son profesionales escasos en el Imperio, pero aun así existe un número considerable de veterinarios principiantes. Por lo que he investigado, a diferencia de los veterinarios de alto nivel, la mayoría de las clínicas de veterinarios principiantes e intermedios funcionan con pérdidas durante largos periodos. No ganan tanto dinero como cree la población del Imperio.

Zhu Pipi prosiguió:

—Los veterinarios principiantes prácticamente solo pueden ofrecer servicios de orientación de poder espiritual. En cuanto a las pociones que elaboran, es casi imposible venderlas. Después de todo, el efecto de marca de Hermes ya ha creado prácticamente un monopolio en el mercado de pociones. Si conseguimos que la comida medicinal tenga éxito, sin duda también estaremos abriendo una nueva salida profesional para los veterinarios principiantes.

Mientras escuchaba el apasionado discurso de Zhu Pipi y observaba el brillo calculador que aparecía de vez en cuando en sus ojos, Pei Zhou finalmente dejó atrás sus últimas preocupaciones.

En aquel momento tuvo que admitir que Zhu Pipi realmente sabía lo que hacía en materia de negocios.

Sin ir más lejos, el hecho de haber conseguido comprender tan bien la situación del sector veterinario en tan poco tiempo bastaba para demostrar su capacidad.

Pei Zhou todavía recordaba perfectamente cómo se había sentido poco después de transmigrar a aquel mundo: sentado en una clínica vacía, prácticamente espantando moscas mientras contemplaba unas cuentas que nunca conseguían cuadrar.

Ya sin vacilar, tomó la pluma y firmó rápidamente el contrato con su nombre.

Las palabras incesantes de Zhu Pipi se interrumpieron de golpe.

Sus pequeños ojos se iluminaron.

Tomó el contrato firmado por Pei Zhou, lo revisó y después le tendió su regordeta mano.

—¡Por una buena colaboración!

Pei Zhou sonrió y le estrechó la mano.

—Por una buena colaboración.

En ese momento, los habitantes bestia que observaban a su alrededor estallaron en una atronadora ovación.

Zhu Pipi juntó las manos hacia todos a modo de agradecimiento.

—Gracias, gracias… Para celebrar mi colaboración con el doctor Pei, todos los presentes que hoy han sido testigos tendrán un cincuenta por ciento de descuento si compran comida para perros o gatos en la tienda insignia de Zhu Daheng. ¡Además, pronto ni siquiera podrán comprarlas, porque con la transformación de la empresa vamos a retirar todos esos productos!

La multitud estalló en carcajadas.

—¡Tu comida para perros y gatos no sabe a nada! Si no fuera porque antiguamente escaseaban los suministros y había guerras a cada rato, ¿quién iba a querer comerla?

A pesar de sus quejas, todos terminaron haciendo pedidos de unas cuantas bolsas de comida para perros y gatos.

Podría decirse que estaban pagando por la nostalgia.

Zhu Pipi rio alegremente y se volvió hacia Pei Zhou.

—Estos días seguiré en el planeta Warren. También tengo una fábrica de alimentos aquí. Dentro de unos días puedes venir y enseñarnos cómo preparar la comida medicinal. Primero lanzaremos unos cuantos platos para probar la respuesta del mercado.

Pei Zhou asintió.

—¡De acuerdo! Iré dentro de unos días.

…

Después de presenciar todo el alboroto y saber que durante un tiempo no podrían comprar comida medicinal, la multitud de clientes se marchó junto con Zhu Pipi.

La clínica volvió a quedar vacía.

Pei Zhou sintió una ligereza que nunca había experimentado.

¡Por fin ya no tendría que cocinar enormes cantidades de comida todos los días!

A partir de ahora, además de atender la clínica, solo tendría que encargarse de preparar comida medicinal para él y el señor Zorro, Dai Luoluo, el abuelo Kakapo y los pequeños del orfanato.

—♪ What does the fox say? Ring-ding-ding-ding-dingeringeding! ♪

De tan contento que estaba, Pei Zhou incluso comenzó a tararear.

Se acercó a una esquina y recogió por la fuerza al señor Zorro, que estaba tumbado allí tomando el sol y todavía enfurruñado con él. Se lo metió entre los brazos y comenzó a acariciarlo sin contemplaciones.

—¡Ya está! ¡Deja de enfadarte! Solo te miré un poquito los testículos, ¿no? ¿Qué tal si dejo que tú también veas los míos para compensarte?

Las puntas de las orejas del señor Zorro se movieron.

Lo miró de reojo.

—¡Aú!

¡De acuerdo!

Pei Zhou soltó una risita.

—¡Era broma! ¡Y tú vas y te lo crees! ¿Quieres verme? ¡Sigue soñando! ¡Jajajaja…!

El señor Zorro frunció el hocico.

—…

Sumido en su alegría, Pei Zhou no tenía ni idea de que el señor Zorro, con muy malas intenciones, acababa de añadir otra anotación en secreto a su pequeña libreta mental:

—XX de XX del año XX: Pei Zhou prometió que nos mostraríamos el uno al otro sin ocultar nada. Promesa incumplida.

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