El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 58

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  4. Capítulo 58 - Día cincuenta y ocho del registro del doctor Pei
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Pei Zhou contuvo la risa.

—Adiós~

El señor Zorro permanecía sentado sobre el mostrador, mirando con el rostro alargado a aquel Zhu Pipi que desprendía coquetería por todos los poros. Dejó escapar un gruñido bajo:

—¡Aú!

¡Si vas a hablar, habla! ¡¿Para qué andas lanzando miraditas seductoras?!

Al recibir aquel gruñido del zorro, Zhu Pipi recordó también el empujón que le había dado antes. Su mano regordeta no pudo evitar frotarse la cintura mientras pensaba que aquel cachorro de zorro era realmente feroz.

Así que, muy prudentemente, decidió largarse cuanto antes.

Al ver desaparecer la figura de Zhu Pipi por la puerta, Pei Zhou volvió la cabeza, levantó el afilado mentón del señor Zorro con un dedo y lo reprendió:

—Mengmeng, ¿qué te he dicho? No puedes perder los estribos con los clientes, ¿entendido?

El señor Zorro movió obstinadamente la cabeza de un lado a otro, negándose a dejar que Pei Zhou le sostuviera la barbilla.

—Vuelve a esquivarme y hoy te quedas sin ave dragón asada —amenazó Pei Zhou con voz grave.

El cuerpo del señor Zorro se quedó rígido al instante.

Por el rabillo de sus ojos de zorro, observó furtivamente a Pei Zhou. Aquella expresión inocente, mezclada con un encanto natural, resultaba irresistible.

La ira acumulada de Pei Zhou desapareció al instante.

Pero, como padre digno y autoritario, hizo todo lo posible por no mostrar en el rostro cuánto adoraba a aquel pequeño zorro.

Resopló y extendió la palma frente a él.

—¿Reconoces tu error?

El señor Zorro frunció ligeramente el hocico y mostró una sonrisa resignada.

Miró a Pei Zhou con una mezcla de indulgencia y cariño, estiró el cuello y apoyó la cabeza en la palma de su mano.

Pei Zhou:

—¡¡¡!!!

¿¡Cómo podía ser tan adorable y obediente!?

Al sentir aquella textura esponjosa contra su palma, el corazón de Pei Zhou floreció de felicidad. Estuvo a punto de dejar escapar una sonrisa de completo fanático.

Entonces sintió algo húmedo, tibio y ligeramente fresco rozar la punta de sus dedos.

Pei Zhou se sobresaltó y bajó bruscamente la mirada.

El señor Zorro tenía los ojos ligeramente bajos y estaba lamiendo sus dedos con paciencia y meticulosidad.

Uno por uno.

Desde los nudillos hasta las uñas, que parecían teñidas de un tenue tono rosado.

La expresión de su rostro ya no tenía aquella habitual apariencia torpe e inocente.

Por el contrario, estaba tan concentrado que rozaba la devoción.

El corazón de Pei Zhou empezó a golpear con fuerza dentro de su pecho.

—Bum, bum, bum…

Por alguna razón, sintió en los dedos una sensación de hormigueo, como si una corriente eléctrica los hubiera atravesado.

Sus mejillas se calentaron instintivamente.

Retiró rápidamente la mano.

—T-t-tú… ¡¿por qué estás lamiéndome así?!

Pei Zhou tartamudeó tanto que casi se mordió la lengua.

El señor Zorro levantó entonces su hermoso rostro afilado y abrió mucho aquellos inocentes ojos de zorro.

Pei Zhou:

—…

¡Algo estaba mal!

¡¿Qué demonios le estaba pasando últimamente?!

¿Por qué se alteraba tanto?

¿Y por qué se sonrojaba?

Pei Zhou estaba a punto de volverse loco.

¿De verdad llevaba tanto tiempo soltero que ahora hasta un zorro le parecía atractivo y hacía que su corazón se acelerara?

Después de pensarlo durante bastante tiempo sin encontrar ninguna explicación, se dio la vuelta malhumorado y subió al segundo piso para empaquetar toda la salsa picante y enviarla.

El señor Zorro permaneció detrás de él, observando cómo se alejaba.

Una astuta sonrisa apareció en su rostro.

Estiró las dos patas delanteras, abrió mucho el hocico y bostezó perezosamente.

Después volvió a tumbarse sobre el mostrador.

En su interior, comenzó a planear en secreto cómo desaparecer algún día utilizando la identidad de Mengmeng…

Y luego regresar con la identidad de Osmond.

Ay…

Aquello realmente le estaba dando un dolor de cabeza de zorro.

Sin embargo, Pei Zhou no sabía absolutamente nada de los planes del señor Zorro.

Sudando profusamente, bajó todos los frascos de salsa picante y, después de entregárselos uno por uno a los mensajeros marmota, finalmente terminó el trabajo de aquel día.

Pei Zhou se dejó caer agotado sobre el sofá.

Por fin podía abrazar tranquilamente al señor Zorro, acariciarlo un rato, descansar y esperar la cena.

Mientras lo sostenía entre sus brazos, comenzó a hablar consigo mismo:

—Mengmeng, ¿crees que papá debería colaborar con ese Zhu Pipi? La verdad es que últimamente la clínica tiene mucho más trabajo. Si además tengo que distraerme preparando tantas comidas medicinales, siento que ya no me alcanza la energía…

Señor Zorro:

—¡Aú!

Entonces colabora.

Pei Zhou:

—Pero… Zhu Pipi parece honesto y confiable por fuera. ¿Y si en secreto intenta estafarme?

Señor Zorro:

—¡Aú!

Entonces no colabores.

Pei Zhou:

—Pero la demanda de comidas medicinales en internet sigue aumentando. Aunque haga transmisiones y enseñe a algunas personas, eso tampoco resuelve completamente el problema. Además, en realidad me gustaría que todo el mundo pudiera comer comidas medicinales…

Señor Zorro:

—…

—¿Eh? ¿Por qué ya no dices nada?

Pei Zhou esperó un rato sin escuchar ningún sonido y bajó la cabeza con curiosidad.

Entonces vio que el señor Zorro estaba manipulando su ordenador óptico para cachorros.

Y ya había marcado…

¡El número del ayudante Robert!

—¡No! ¡No lo hagas!

Pei Zhou abrió los ojos de par en par y trató apresuradamente de detenerlo.

Pero ya era demasiado tarde.

Robert había recibido el mensaje enviado por el señor Zorro…

Una cadena de caracteres incomprensibles, fruto de la lucha entre humano y zorro.

Pei Zhou se apresuró a añadir otro mensaje desde aquella misma pulsera:

«No pasa nada, no pasa nada…».

—Oh, no importa. Ya estoy en la puerta…

Pei Zhou se quedó inmóvil.

Levantó lentamente la cabeza.

El ayudante Robert estaba de pie en la entrada y le hizo un respetuoso saludo militar.

—Doctor Pei, ¿tienes algún problema? Puedes contármelo.

…

—Así que… eso es lo que ocurre.

La actitud de Pei Zhou terminó suavizándose.

Tenía que admitir que, en una situación como aquella, contar con otra persona que pudiera ayudarlo a pensar y darle una opinión resultaba bastante reconfortante.

Así que terminó explicándole todo a Robert.

—Mm. Si lo que te preocupa es que la otra parte pueda incluir alguna condición que perjudique tus intereses durante la colaboración, puedo revisar el contrato por ti para asegurarme de que no salgas perdiendo con ninguna cláusula.

Después de comprender la preocupación de Pei Zhou, el ayudante Robert le dio una garantía muy fiable.

—Aunque me gradué del departamento de información de la Academia Militar Imperial, antes de eso estudié Derecho en la Real Academia Superior.

—¡Guau! ¡No esperaba que el ayudante Robert también fuera un estudiante tan sobresaliente! —dijo Pei Zhou con una pizca de admiración.

El señor Zorro, que estaba sentado orgullosamente sobre sus muslos agitando su esponjosa cola, se puso inmediatamente descontento al escuchar aquello.

Sus alargados ojos de zorro se desviaron hacia Robert.

Le enseñó los dientes de manera amenazante.

Una repentina sensación de crisis surgió en el corazón del señor Zorro.

No podía ser que, después de protegerse de amenazas externas por todos lados, terminara siendo su propio subordinado silencioso quien se llevara al doctor Pei.

Robert captó inmediatamente la advertencia.

Tosió un par de veces y dijo rápidamente:

—No, no me atrevería a decir tanto. Comparado con mi superior, el general Osmond, mi historial académico no es nada especial.

El señor Zorro dejó de enseñar los dientes.

Incluso apareció una ligera sonrisa en su rostro.

Pei Zhou no pudo evitar reír.

—Ayudante Robert, creo que estás siendo demasiado modesto.

El señor Zorro volvió a dejar escapar un gruñido bajo de descontento.

—Uuuh… uuuh…

—¿Mm?

Pei Zhou bajó la cabeza extrañado y acarició el cuello del señor Zorro.

—Mengmeng, ¿te pica la garganta? No estarás enfermo, ¿verdad?

Robert volvió a toser rápidamente y aceleró el ritmo de sus palabras.

—No es modestia. Ven, mejor te contaré algunas cosas sobre mi respetado superior, el general Osmond…

—Crecimos juntos desde pequeños. Ya cuando estudiábamos era increíble, bla, bla, bla… Después, cuando entró al ejército, fue todavía más impresionante, bla, bla, bla… Espera a que tome un poco de aceite y luego te contaré cómo actuó durante la Batalla del planeta Tuya…

Al ver que Robert, normalmente tan silencioso y reservado, se volvía interminablemente parlanchín en cuanto empezaba a hablar de su superior, al principio Pei Zhou lo encontró bastante divertido.

Pero poco a poco…

Acabó completamente absorbido por aquellas emocionantes historias de guerra.

Después de todo, era un hombre.

Los mechas, las guerras interestelares y aquel tipo de temas llenos de emoción siempre despertaban su interés.

Y una vez que empezó a escuchar, ya no pudo detenerse.

No fue hasta que la voz de Robert terminó completamente ronca que Pei Zhou levantó la cabeza.

Solo entonces se dio cuenta de que fuera ya había oscurecido.

—¡Ah! ¡Ya es tan tarde! Ayudante Robert, siento mucho haberte quitado tanto tiempo hoy. Espera, voy al laboratorio a buscarte otra botella de aceite.

Mientras subía las escaleras, Pei Zhou lo invitó con entusiasmo:

—Ayudante Robert, ya es bastante tarde. ¿Por qué no te quedas a cenar?

Al escuchar la palabra «cenar», los ojos de Robert se iluminaron.

—¡¡Claro!!

Cuando los pasos de Pei Zhou comenzaron a resonar desde el piso superior…

—Toc, toc, toc…

Robert se humedeció discretamente los labios, donde ya habían empezado a aparecer pequeñas manchas de óxido.

Solo entonces dirigió cuidadosamente la mirada hacia el señor Zorro y movió los labios sin emitir sonido:

«¿Qué tal? ¿Hoy lo hice bien?».

El señor Zorro mostró una sonrisa satisfecha.

Asintió con aprobación hacia su subordinado.

Después respondió también moviendo únicamente los labios:

«Después de cenar, continúa».

La expresión de Robert se volvió solemne.

Asintió.

…

Poco después, Pei Zhou bajó desde la cocina del segundo piso cargando una bandeja.

—Como no tenía mucho tiempo, hoy preparé una cena bastante sencilla. Espero que no te moleste, ayudante Robert.

Robert estaba sentado junto a la mesa con la espalda perfectamente recta.

Se apresuró a responder:

—¡Para nada, para nada! ¡Cualquier cosa que cocine el doctor Pei me parecerá deliciosa!

El señor Zorro también agitó la cola y dejó escapar un sonido particularmente dulce:

—¡Aú!

¡Yo tampoco me quejaré!

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