El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - Día cuarenta y seis del registro del doctor Pei
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—¿Hacerme una terapia de orientación mental? Sí, claro…

Pei Zhou no le dio demasiadas vueltas. Dejó lo que estaba haciendo, se remangó despreocupadamente y señaló el vestidor.

—Primero entra y quítate la ropa.

—Oh.

Raymond asintió y entró obedientemente.

El señor Zorro siguió su espalda con la mirada, y la cautela en sus alargados ojos de zorro se intensificó.

Los hombres bestia de la raza de los lobos eran conocidos, junto con los zorros, como las dos razas más coquetas del espacio interestelar. ¿Cómo iba a ser Raymond tan dócil y obediente?

¡Hasta pensándolo con la cola se sabía que era imposible! ¡Ese tipo definitivamente estaba tramando algo malo!

Pei Zhou escuchó a su lado los gruñidos amenazantes del señor Zorro. Una expresión de impotencia apareció en su rostro y se acercó para tomarlo en brazos.

Iba a volver a acariciar a otro cliente. Este pequeño… ¿estaría celoso?

Pei Zhou entrecerró los ojos con ternura mientras pasaba suavemente la palma de la mano por el pelaje del señor Zorro para alisárselo.

—Ya, ya, no te pongas celoso. Si gano dinero también es para mantenerte. Papá te promete que tú sigues siendo al que más quiere, ¿sí?

Aunque el señor Zorro sabía perfectamente que Pei Zhou lo estaba tratando como si fuera un cachorro, aquellas dulces palabras pronunciadas sobre su cabeza consiguieron apaciguarlo de todos modos. ¡Su enorme y esponjosa cola se balanceó encantadoramente de un lado a otro!

—Doctor Pei, ¿dónde pongo la ropa que me quite?

En ese momento, desde el vestidor llegó inoportunamente una magnética voz masculina.

Las orejas del señor Zorro se movieron ligeramente y de inmediato volvió a ponerse alerta.

Pei Zhou, que todavía sostenía al zorro entre sus brazos, se quedó perplejo y levantó la cabeza.

—En el cesto para la ropa que está a un lado. ¡No te preocupes, está muy limpio!

Desde dentro llegó un sonido de ropa y objetos removiéndose. Al parecer, Raymond había buscado por todas partes sin encontrarlo y ya se había desnudado por completo.

Dio un paso hacia un lado y, sin más, asomó la parte superior del cuerpo fuera del vestidor.

Sus ocho abdominales de piel bronceada quedaron expuestos ante los ojos de Pei Zhou. A primera vista, aquella figura producía un impacto visual salvaje. Las marcadas líneas de su pelvis descendían hasta perderse en un lugar indescriptible. Aunque una fina tela ocultaba la zona, eso solo conseguía despertar aún más la imaginación…

Pei Zhou se encontró con aquella escena sin ninguna preparación y abrió ligeramente los ojos, sorprendido.

—Doctor Pei, de verdad que no encuentro ese cesto. ¿Por qué no vienes y me señalas dónde está?

Una expresión desconcertada atravesó el rostro de facciones marcadas de Raymond. Se rascó el cabello con irritación, revolviendo su pelo negro hasta dejarlo desordenado y provocativo.

Pei Zhou:

—…

Pei Zhou quería mantener la profesionalidad propia de un veterinario, pero… contemplando aquella escena, su nuez se movió y tragó saliva instintivamente.

Sin embargo, al escuchar aquel tenue sonido, ¡el señor Zorro enloqueció al instante!

Se le erizó todo el pelaje y, con un «¡aú!», saltó de los muslos de Pei Zhou.

Corrió hacia el baño como si llevara ruedas de fuego bajo las patas, agarró rápidamente un cesto para la ropa con el hocico y, delante de Pei Zhou, fue directo hasta Raymond y lo arrojó con fuerza frente a él.

Con su enorme cola levantada y la espalda arqueada de manera amenazante, el señor Zorro fulminó a Raymond con la mirada.

—¡¡¡Aúuu!!!

¡Pervertido! ¡Toma tu maldito cesto!

Pei Zhou, que acababa de empezar a levantar el trasero de la silla, volvió a sentarse.

Ignoró inmediatamente a Raymond y dirigió toda su atención al pequeño zorro, ¡a su amada consorte zorro!

—¡Guau! ¡Mengmeng, eres increíblemente inteligente! ¡Dios mío, hasta sabes traer el cesto de la ropa!

Al escuchar aquella voz rebosante de sorpresa y alegría, el señor Zorro se quedó rígido.

Volvió lentamente la cabeza y vio que los ojos de Pei Zhou estaban llenos de corazones. Solo tenía ojos para él, mientras que ese tal Raymond había sido completamente relegado a un lado.

El señor Zorro se puso tan feliz que sintió como si caminara sobre las nubes. Regresó dando pequeños saltitos y se lanzó al suave y fragante abrazo de Pei Zhou, dejando escapar felices gemidos.

—Aú… Aú…

Pei Zhou lo estrechó cariñosamente entre sus brazos.

—¡Eres demasiado listo y adorable!

Mientras disfrutaba de las caricias de Pei Zhou, el señor Zorro estaba encantado, pero en lo profundo de su corazón también sentía una preocupación difícil de expresar.

Que su pareja estuviera tan obsesionada con su forma primitiva era algo de lo que cualquier hombre bestia podía sentirse orgulloso, pero…

Cuando en el futuro regresara al lado de Pei Zhou con su apariencia de hombre bestia, ¿seguiría amándolo de la misma manera?

Aquello era todo un misterio.

…

En contraste con la cálida atmósfera entre un humano y un zorro, Raymond, abandonado fríamente en el vestidor, sentía como si estuviera en una montaña nevada de las regiones polares.

¡Frío hasta el corazón!

Permaneció inmóvil durante un largo rato, sintiendo que estaba a punto de convertirse en piedra.

Raymond ya había planeado perfectamente cómo atraer al doctor Pei hasta allí, qué palabras ambiguas usaría para seducirlo y en qué postura lo acorralaría contra la pared…

¡Incluso había pensado qué nombres pondría a los pequeños lobeznos que tendrían y a qué escuela primaria los enviarían!

¡Se había quitado hasta el último pedazo de ropa y, al final…!

¡Maldita sea!

Raymond respiró profundamente, apretó el puño derecho y golpeó la pared para desahogarse.

Y, por miedo a que el doctor Pei lo oyera desde fuera, ni siquiera se atrevió a golpear demasiado fuerte.

—Es imposible. Mi plan era perfecto…

Raymond se sostuvo la firme y masculina barbilla con una mano y bajó los ojos, sumido en sus pensamientos.

Había observado claramente la reacción de Pei Zhou. Estaba convencido de que su físico definitivamente había sido del agrado del doctor Pei.

Entonces, ¿dónde estaba el problema?

—La reacción de ese zorro tampoco es normal…

Una sombra de sospecha apareció en los ojos de Raymond. La furia que había mostrado aquel animal se parecía demasiado a la de un hombre bestia…

Pero al recordar los instrumentos de detección de la clínica del doctor Pei, descartó la idea.

No existía ningún hombre bestia capaz de hacerse pasar por un animal salvaje y escapar de las pruebas de aquellos instrumentos.

—Por la reacción del doctor Pei, parece que le entusiasman muchísimo las formas primitivas de los hombres bestia…

—Entonces… ¿qué tal si también uso mi forma primitiva para conquistarlo?

Raymond golpeó el puño derecho contra la palma izquierda, como si quisiera felicitarse por su propia brillantez.

—¡Eso haré!

…

No mucho después, desde el vestidor llegó un largo aullido.

—¡Auuuuuuuu!

Pei Zhou giró la cabeza, atraído por el sonido.

Y entonces…

Se quedó completamente inmóvil.

Del vestidor salió un lobo de pelaje gris plateado. Sus pasos eran ágiles y poderosos, y con cada movimiento podía percibirse la explosiva fuerza contenida en su musculoso cuerpo.

Llevaba la cabeza orgullosamente en alto y sus brillantes ojos de lobo resplandecían.

En ese instante, los ojos de Pei Zhou inevitablemente revelaron un destello de fascinación.

El lobo gris pareció captar aquella emoción y adquirió todavía más confianza. Las comisuras de su hocico incluso se curvaron ligeramente hacia arriba.

Sacó pecho, enderezó las cuatro patas y adoptó una postura firme. Sus orejas apuntaban hacia delante y su cola se curvaba hacia arriba como un sable. La presencia del lobo gris recordaba a la de un imponente general.

Estiró el cuello y dejó escapar un largo aullido desde lo profundo de la garganta.

—¡Auuuuuuuuu!

¡Aquello era una belleza salvaje en estado puro!

Los ojos de Pei Zhou se iluminaron inmediatamente.

Le picaban tanto las manos que deseaba lanzarse sobre él en ese mismo instante y acariciar al lobo sin ningún tipo de moderación.

El señor Zorro había estado observando atentamente todas las reacciones de Pei Zhou. Al verlo tan ansioso por acercarse, se enfureció al instante.

No dejó de embestir el pecho de Pei Zhou con su pequeña y peluda cabeza mientras emitía constantes gemidos desde la garganta.

—Uuuh… Uuuh…

Parecía una esposa agraviada reprochándole su infidelidad a un hombre sin corazón.

Pei Zhou tosió secamente un par de veces.

Ante la mirada insatisfecha de su amada consorte zorro, realmente se sintió un poco culpable.

Tenía que admitir que, durante aquel instante, de verdad había sentido el impulso de cambiar de amor.

Solo había que mirar aquel pelaje liso y brillante como el satén, aquella estilizada y vigorosa figura de lobo y esa orgullosa curva en las comisuras de su hocico…

¡Guau!

¡Era demasiado apuesto!

¡Puaj, puaj, puaj…!

¿Cómo podía enamorarse de cada uno que veía?

Pei Zhou se reprendió mentalmente un par de veces y se apresuró a acariciar dos veces la cabeza del señor Zorro como muestra de afecto.

—Ya, ya, ya… Mengmeng, sé bueno y deja de hacer berrinche. Papá sigue queriéndote más a ti.

Sin embargo, como el lobo gris ya había conseguido cautivarlo, sus caricias carecían de la sinceridad de antes. Le pasó las manos por la cabeza de cualquier manera, con tanta torpeza que casi consiguió que el rostro afilado del señor Zorro pareciera tener una «línea del cabello en retroceso».

En ese instante, el señor Zorro estaba tan furioso que quería morder a Raymond hasta matarlo.

Al ver cómo Pei Zhou apenas lo acariciaba un par de veces antes de dirigirse impaciente hacia aquel enorme lobo de cola peluda, los ojos del señor Zorro se enrojecieron de rabia.

Nunca antes había sentido un deseo tan intenso de recuperar inmediatamente su forma humana.

—¡Qué importa si a este pequeño veterinario le gusto o no! Cuando llegue el momento, lo encerraré en una habitación oscura y podré hacer con él lo que quiera.

En la mente del señor Zorro se alzaron inmensas olas de pensamientos indecentes. Comenzó a correr frenéticamente en círculos alrededor de la pequeña clínica para descargar su inquietud, ¡tambaleándose peligrosamente al borde de caer en el lado oscuro!

…

Al ver al señor Zorro tan furioso y frustrado, las comisuras del hocico del lobo gris se alzaron ligeramente, revelando la sonrisa victoriosa de una amante que acababa de desplazar a la pareja oficial.

Pei Zhou se acomodó los lentes y se acercó al lobo gris. Haciendo todo lo posible por contener su incontenible obsesión por las criaturas peludas, adoptó una actitud profesional.

—Bien. Espera a que traiga una manta atrapapelos. Cuando vuelva, te acuestas tranquilamente encima, ¿entendido?

—Aú…

El lobo gris respondió obedientemente.

Poco después, Pei Zhou regresó cargando una manta grande.

La manta atrapapelos podía absorber eficazmente el pelo que soltaban los animales y era una herramienta indispensable durante las sesiones de orientación mental.

Al ver a Pei Zhou extenderla sobre el suelo, el lobo gris cooperó y saltó encima.

—Entonces… ¿empezamos?

Pei Zhou se arrodilló junto a la manta, sintiendo que sus manos ya no podían soportar más las ganas de tocar aquel pelaje.

El lobo gris, sentado sobre la manta, movió ligeramente las puntas de las orejas.

No habló.

En cambio, estiró hacia delante sus dos patas delanteras cubiertas de pelo, abrió ligeramente el hocico y dejó asomar la mitad de su lengua rosada mientras jadeaba:

—Ja, ja…

Luego inclinó un poco la cabeza.

Con aquella expresión inocente y adorable, parecía un husky.

—¡Aú!

¡Vamos, estoy listo!

Pei Zhou recibió un impacto de ternura tan brutal que estuvo a punto de sangrar por la nariz.

¡Casi sintió el impulso de salir corriendo de la clínica y lanzarse directamente al mar para calmarse!

«Tranquilo…»

«Tengo que tranquilizarme…»

Pei Zhou volvió a acomodarse los lentes y pasó un buen rato preparándose mentalmente.

Finalmente, con la mano temblorosa, extendió lentamente la palma hacia el lobo gris.

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