El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 39

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  4. Capítulo 39 - Día treinta y nueve del registro del doctor Pei
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A la mañana siguiente, Pei Zhou descubrió con sorpresa que se había despertado antes que el señor Zorro.

Al volver la cabeza hacia el borde de la cama, vio una bola blanca y esponjosa profundamente dormida. Bajo la luz del sol, cada pelo del señor Zorro se alzaba suave y mullido, envuelto en un tenue halo dorado. Sus alargados ojos cerrados parecían delineados con maquillaje, hermosos y cautivadores.

Pei Zhou mostró inconscientemente una expresión embelesada.

Extendió una mano y, a escondidas, le acarició el trasero.

Suave, calentito y esponjoso.

¡La sensación era de primera!

La sonrisa de Pei Zhou estaba a punto de llegarle hasta las orejas cuando se congeló de repente.

Porque el señor Zorro había despertado.

Ahora permanecía reclinado sobre la cama en una postura elegante, como una consorte imperial descansando en su diván, y lo observaba con sus alargados ojos entrecerrados, con una expresión burlona.

No era la primera vez que Pei Zhou le tocaba el trasero a escondidas.

Sin embargo, bajo aquella mirada tan humana y juguetona, por primera vez sintió la culpabilidad de alguien atrapado con las manos en la masa.

Pei Zhou se acobardó un instante.

Pero, inmediatamente después, recordó la humillación del día anterior, cuando el señor Zorro lo había inmovilizado sobre la cama y le había devuelto sus propios ataques.

La ira surgió de su corazón y el valor nació de sus entrañas.

¡Era el cachorro que él mismo criaba!

¿Y ahora que había crecido ya no podía acariciarlo?

¡Qué clase de lógica era esa!

Así que Pei Zhou volvió a lanzarse sobre él con las manos extendidas.

Para su sorpresa, el señor Zorro sonrió con los ojos y, lejos de resistirse, se arrojó voluntariamente entre sus brazos para hacerle mimos.

—Uuuh~ uuuh~

Pei Zhou se quedó paralizado un instante.

Toda su ira desapareció.

Su sonrisa se ensanchó tanto que casi le llegó hasta las orejas.

—Buen Mengmeng, Mengmeng obediente. ¡Sabía que todavía querías a papá en el fondo de tu corazón! ¡De verdad eres mi tesoro!

Sin embargo, Pei Zhou no se dio cuenta de que el señor Zorro, tumbado boca arriba sobre sus muslos, tenía un destello astuto en los ojos.

Mientras jugaba y se acurrucaba contra él, una de sus peludas patas traseras pareció moverse casualmente…

Y dio una ligera patadita justo en cierta zona vital de Pei Zhou.

La sonrisa del joven se congeló instantáneamente.

Ah…

La mañana.

¡Qué hermosa mañana!

¡Qué día tan rebosante… de vitalidad!

Pei Zhou extendió rápidamente las manos, levantó al zorro y lo dejó a un lado.

Luego se apartó precipitadamente, dándole la espalda, con el rostro completamente rojo.

Tardó un buen rato en recuperarse.

Precisamente entonces:

¡Ding, ding, ding!

Una sucesión de avisos indicando que su habilidad de Palabras Dulces se había activado con éxito resonó en su mente como una canción de cascabeles.

【Tus palabras dulces han sido sumamente eficaces y han complacido perfectamente al orgulloso señor Zorro. HP +1, +1, +1, +1.】

Pei Zhou:

—…

¿Qué estaba pasando?

¡Si ni siquiera había dicho nada!

¿Por qué se había activado la habilidad?

Su habilidad, naturalmente, no iba a explicarle que…

El lenguaje corporal también era lenguaje.

El señor Zorro observó la espalda de Pei Zhou, que seguía hecho un ovillo sobre la cama abrazándose las rodillas.

Las comisuras de sus labios se curvaron de manera maliciosa.

Por dentro estaba eufórico.

¡Venganza cumplida!

Cuando aquella reacción física finalmente disminuyó, Pei Zhou rechinó los dientes y se volvió, dispuesto a reprender al señor Zorro.

Sin embargo, apenas lo miró, se encontró con unos ojos absolutamente inocentes y cristalinos, tan limpios como pequeñas piedras sumergidas en un arroyo.

Las palabras de reproche quedaron atrapadas en su garganta.

Incluso empezó a cuestionarse seriamente.

¿De verdad aquel pequeñajo no lo había hecho a propósito?

¿Era él quien tenía la mente demasiado sucia?

¿Acaso había sido capaz de perder el control desde primera hora de la mañana frente a un pequeño zorro tan adorable e inocente?

—…

Pei Zhou estaba terriblemente avergonzado.

Ya no se atrevió a molestarlo.

Solo le hizo un gesto con la mano.

—Muy bien, deja de jugar. Ven. Voy a acomodarte el pelaje y a regularte un poco el poder mental.

Como si realmente entendiera sus palabras, el señor Zorro corrió obedientemente hacia él y se tumbó dócilmente frente a Pei Zhou.

La expresión del joven se suavizó inmediatamente.

Primero le rascó suavemente la base de las orejas.

Luego fue acariciando el pelaje desde el cuello hacia abajo, presionando y masajeando ocasionalmente con una técnica específica o realizando pequeños movimientos circulares.

Grandes cantidades de poder mental fluían desde las puntas de sus dedos hacia el cuerpo del zorro.

—No te muevas. Voy a darte un masaje. ¡Se sentirá muy bien!

Así era.

¡Esta vez Pei Zhou estaba utilizando su Técnica Intermedia de Masaje!

En el instante en que los puntos fueron estimulados por el poder mental, el señor Zorro se estremeció como si hubiera recibido una descarga eléctrica.

Todo su pelaje se erizó de golpe.

A simple vista parecía un enorme erizo blanco.

Al mismo tiempo, estiró el cuello y de su garganta escapó una prolongada serie de gemidos temblorosos:

—¡Uuuaaah~~ auuu, auuu~~ auuuh~!

En el primer piso, el ayudante Robert estaba sentado junto a las escaleras con la cabeza apoyada contra la pared, en modo de reposo.

De repente dio un respingo.

Aquel aullido lo despertó de golpe.

Giró la cabeza de un lado a otro como un sonajero.

¿Qué había ocurrido?

¡¿Qué había ocurrido?!

¿Por qué su general emitía semejantes sonidos tan temprano por la mañana?

Cuando logró tranquilizarse, Robert empezó a imaginar qué demonios podía estar ocurriendo en el dormitorio del piso superior.

Y cayó en una profunda reflexión.

……

Mientras tanto, después de aquella sucesión de reacciones vergonzosas, el señor Zorro tardó un momento en recuperarse.

Cuando finalmente volvió en sí, se quedó completamente petrificado.

Giró lentamente su peluda cabeza y clavó los ojos en las manos de Pei Zhou.

Eran unas manos de dedos definidos, con las uñas perfectamente recortadas y limpias. Las puntas de los dedos tenían un leve tono rosado. Parecían delgadas, pero poseían una fuerza considerable.

La temperatura de sus palmas era cálida en la medida justa.

Ser acariciado por ellas resultaba extraordinariamente cómodo.

Pero…

¡Jamás habría imaginado que esas manos también podían hacer magia!

Aquella sensación…

¡Podía volver adicto a cualquier hombre bestia!

Pei Zhou tampoco esperaba que el señor Zorro reaccionara de forma tan intensa.

Al verlo alejarse y asomar la cabeza con cautela, le preguntó:

—¿Por qué te has ido tan lejos?

Volvió a agarrar al aturdido zorro y lo arrastró hacia él.

Pei Zhou continuó tranquilamente con sus movimientos y aplicó toda la secuencia de la Técnica Intermedia de Masaje.

Esta vez, como ya estaba preparado, el señor Zorro apretó los dientes.

Durante todo el proceso, el estímulo del poder mental le provocaba sensaciones intensas, entre dolorosas y placenteras. Su pelaje permaneció erizado durante largos momentos.

Pero logró contenerse.

¡No volvió a soltar ni un solo aullido!

【¡Ding! Tu Técnica de Masaje ha sido sumamente eficaz. ¡El dominio mental dañado del señor Zorro se ha recuperado considerablemente! Estado actualizado a: trastorno leve del poder mental.】

La enorme cantidad de poder mental que había utilizado hizo que apareciera una fina capa de sudor sobre la frente de Pei Zhou.

Sin embargo, al percibir la respuesta transmitida por el poder mental, se sintió profundamente satisfecho.

—Parece que pronto recuperarás completamente la salud.

Pei Zhou le acarició la cabeza y después se frotó la muñeca, ligeramente cansado.

—Muy bien. No te quedes ahí aturdido. Bajemos a desayunar.

El señor Zorro observó la espalda de Pei Zhou mientras este abandonaba primero la habitación.

Solo entonces logró enderezar sus cuatro patas todavía algo débiles y saltó lentamente de la cama.

……

—¡¿Quién eres?!

Al bajar las escaleras y ver a un desconocido corpulento sentado junto a ellas, Pei Zhou se detuvo bruscamente, sobresaltado.

El hombre giró lentamente la cabeza.

Cuando Pei Zhou vio aquella expresión inofensiva, parecida a la de un enorme perro, se quedó paralizado.

Pareció recordar algo.

—¿El miembro de la raza Sogo?

El hombre asintió.

Pei Zhou finalmente se relajó y mostró una sonrisa.

—Qué bueno que hayas despertado. Por cierto, ¿cómo terminaste solo, tan gravemente herido, en medio de un lugar tan apartado?

El Sogo movió ligeramente los labios, pero no explicó nada.

Simplemente lo miró con sinceridad.

—Fuiste tú quien me salvó, ¿verdad? ¡Gracias!

—No hace falta agradecerme. Era lo que debía hacer.

Pei Zhou sonrió y tampoco insistió con sus preguntas.

—Ahora mismo avisaré al investigador del gobierno. Están intentando localizar a tu familia.

Al ver que el Sogo asentía, Pei Zhou envió un mensaje mediante su cerebro óptico al departamento correspondiente, notificando que el Sogo gravemente herido ya había despertado.

Después vio que aquel hombre seguía sentado torpemente junto a las escaleras y dijo amablemente:

—Ve a sentarte junto a la mesa. Prepararé algo de desayuno para ti.

Dicho eso, entró rápidamente en la cocina.

No mucho después, Pei Zhou salió cargando dos tazones de pequeños wonton.

Apenas colocó los wonton sobre la mesa, el señor Zorro apareció siguiendo el aroma.

Llevaba entre los dientes su pequeño babero rosa.

Saltó ágilmente sobre la silla de madera junto a la mesa.

Una vez que estuvo sentado, Pei Zhou desplegó con naturalidad el babero rosa y se lo ató personalmente alrededor del cuello.

Luego tomó una cuchara plateada y se la entregó.

El señor Zorro juntó ambas patas delanteras para sujetarla.

Los movimientos de aquel humano y aquel zorro eran tan naturales y fluidos que cualquiera podía ver que semejante coordinación no se había desarrollado en uno o dos días.

Sentado a un lado, el ayudante Robert sintió que un párpado le daba saltos.

La expresión de su rostro cambió tantas veces que resultaba verdaderamente espectacular.

—¿Por qué no comes? ¿No te gusta?

Pei Zhou levantó repentinamente la cabeza y preguntó con preocupación.

Robert dio un pequeño respingo.

Se apresuró a toser para ocultar su expresión.

—Cof, cof… No, no, no… No es que no me guste. Es solo que yo no como carne.

Pei Zhou se ajustó los lentes.

En su opinión, eso seguía significando que la comida no era de su gusto.

—Entonces, si no comes carne, ¿prefieres los vegetales? ¿Quieres que te prepare una ensalada ahora mismo? Acabas de recuperarte de una enfermedad grave. No puedes quedarte sin comer nada.

Robert agitó rápidamente las manos.

—No, no, no… No hace falta. Tampoco como vegetales. Si tienes algún metal en casa, aunque esté oxidado o ya no sirva, puedo comer eso.

Pei Zhou:

—¡¡¡…!!!

Los seres metálicos realmente eran una especie extraordinaria…

Su mirada se volvió muy extraña.

—¿Comes metal? ¿Eso puede saber bien?

Robert chasqueó ligeramente los labios y sonrió.

—La mayoría de los metales prácticamente no tienen sabor, así que tampoco se puede decir que sean deliciosos. Pero mientras llenen el estómago, basta.

Pei Zhou asintió con resignación.

—Está bien. Iré arriba a buscar algo que puedas comer.

Y volvió a marcharse.

En la mesa solo quedaron el Sogo y el señor Zorro, mirándose mutuamente.

Al ver que su general sujetaba con bastante torpeza la cuchara plateada entre las patas y que le costaba muchísimo comer los wonton, el ayudante Robert decidió ayudarlo.

Tomó cuidadosamente la cuchara de sus patas.

Recogió un wonton, sopló sobre él para enfriarlo y se lo acercó a la boca.

El señor Zorro le dirigió una mirada de aprobación.

Aceptó que su ayudante lo alimentara.

Abrió la boca y mordió la mitad del wonton.

El relleno de textura firme combinado con la suave y resbaladiza masa resultaba indescriptiblemente delicioso.

Luego lamió un poco del caldo preparado con ave dragón.

El sabor era todavía más fresco y exquisito.

Robert observó a su general comer con tanto gusto.

Su nuez se movió ligeramente.

Incluso el estómago metálico de su cuerpo comenzó a retorcerse con mayor rapidez.

En el laboratorio del segundo piso, Pei Zhou revisó varios cajones y terminó sacando un gran lingote de oro.

En aquel lugar, el oro y la plata eran metales relativamente baratos. No podían compararse en precio con los cristales, así que utilizarlos como alimento básico para un Sogo no suponía ningún problema.

—Si se traga el oro directamente… quizá sea un poco difícil de digerir.

Pei Zhou se sostuvo la barbilla mientras reflexionaba.

—¿Qué tal si preparo un café con láminas de oro?

Justamente tenía a mano una gran bolsa de frijoles Tieke.

Tanto su aspecto como su aroma se parecían mucho al café y, según había leído, eran una hierba medicinal básica capaz de incrementar el poder mental.

En teoría, beber café por la mañana podía provocar molestias estomacales.

Pero tratándose de un Sogo con un auténtico estómago de acero…

Probablemente no existía ese problema.

—Sí. Prepararé café con láminas de oro.

Pei Zhou tomó una decisión.

Giró la cabeza hacia una mesa del laboratorio.

Allí, perfectamente colocada, había una…

trituradora de metales de alta gama.

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