El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - Día veinticinco del registro del doctor Pei
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Incapaz de contener el brillo de sus ojos, Pei Zhou tomó el zapatito y lo examinó con entusiasmo. No lograba identificar de qué material estaba hecha la suela, pero podía sentir claramente que era cómoda y bastante resistente al desgaste.

—¡Guau, Dai Luoluo, qué buenas manos tienes! —la elogió una y otra vez.

Sostenía aquel pequeño zapato con tanto cariño que casi no quería soltarlo.

Dai Luoluo rio entre dientes.

—Aunque este es muy bonito, es más adecuado para usarlo en otoño e invierno. Con el calor que hace ahora… seguramente terminaría con las patas sudadas.

Mientras hablaba, volvió a sacar otro zapatito de la bolsa y se lo entregó a Pei Zhou.

—Este está tejido con hierba cristalina. Es más fresco y transpirable, perfecto para usarlo ahora.

—¡¿Qué demonios?! ¡¡¡Esto es literalmente el zapatito de cristal de Cenicienta!!!

Pei Zhou volvió a quedar profundamente impresionado.

El pequeño zapato que descansaba en su palma apenas medía unos cuatro o cinco centímetros, pero era increíblemente delicado. Las transparentes hebras de hierba cristalina estaban finamente entretejidas y, en uno de los costados, incluso formaban una bonita flor.

A simple vista parecía cristalino, translúcido y resplandeciente.

Pei Zhou imaginó a su amada concubina Zorro calzando aquellos zapatos de cristal, acercándose hacia él con seductores pasos de zorro, lanzándole miradas de soslayo y dedicándole una sonrisa encantadora…

Sintió que la sangre le salía disparada por la nariz y que toda su barra de vida se vaciaba de golpe.

—¡E-esto…! ¡¡¡Esto es demasiado adorable!!!

Dai Luoluo parpadeó, desconcertada.

No entendía por qué Pei Zhou se había emocionado tanto de repente.

¡Ni siquiera los anteojos de montura plateada, con su supuesto efecto potenciador de la calma, conseguían reprimir ya su grave obsesión por las criaturas peludas!

—Bueno… ¿quieres probarle ahora mismo los zapatos al pequeño zorro? —sugirió Dai Luoluo—. Si no le quedan bien, todavía puedo modificarlos.

—¡Sí, sí, sí! ¡Ahora mismo!

Pei Zhou asintió frenéticamente como un pollito picoteando arroz.

Tomó de las manos de Dai Luoluo los cuatro zapatitos de cristal y se volvió inmediatamente para atender a su amada concubina Zorro, rebosante de entusiasmo.

—Mengmeng, ven, pruébate estos zapatitos. ¡Así, cuando salgamos a pasear, ya no te ensuciarás las patitas!

Frente a la mirada cautelosa de su amada concubina Zorro, Pei Zhou se inclinó y trató de convencerlo con toda la paciencia del mundo.

En ese momento ya no le quedaba ni rastro de majestuosidad imperial. Más bien parecía un eunuco de palacio tratando de congraciarse con una noble consorte.

Dai Luoluo, que observaba con los brazos cruzados, ya no pudo soportarlo y se burló:

—Pei Zhou, ¡mírate esa cara aduladora! ¿Dónde quedó tu dignidad?

Pei Zhou meneó la cabeza despreocupadamente.

—Dignidad no tengo. En esta vida jamás volveré a tenerla.

Dai Luoluo:

—…

Las largas pestañas del señor Zorro parpadearon.

Sus húmedos ojos se curvaron ligeramente, revelando que estaba de muy buen humor.

Después, sin mover el trasero de la silla, extendió elegantemente una de sus delgadas patas peludas y levantó un poco la puntiaguda barbilla, indicándole a Pei Zhou que le pusiera el zapato.

Su aspecto era tan noble como el de un joven aristócrata.

—¡Aoooooh…! ¡¿Cómo puedes ser tan obediente?!

Pei Zhou volvió a recibir un ataque directo de ternura.

Las rodillas se le doblaron y, con un golpe seco, terminó arrodillado sobre una sola rodilla.

Como un fiel sirviente ante su príncipe, Pei Zhou permaneció de rodillas con expresión solemne. Con la mano izquierda sostuvo la pata del señor Zorro, cuyas almohadillas eran de un adorable color rosado, y con la derecha tomó uno de los zapatitos de cristal.

Con sumo cuidado, se lo colocó.

Desde la perspectiva del señor Zorro, que permanecía sentado en lo alto de la silla, el joven humano inclinado ante él tenía un rostro excepcionalmente refinado.

Sus pestañas temblaban ligeramente.

Los labios apretados mostraban un tenue tono rojizo.

Incluso el suave remolino de cabello en la coronilla parecía revelar su temperamento naturalmente dócil y amable…

Realmente despertaba unas ganas irresistibles de intimidarlo.

Lo mejor sería hacerlo llorar.

Precisamente manteniéndolo en aquella posición.

El señor Zorro entrecerró ligeramente los ojos mientras su imaginación comenzaba a volar.

¡Bingo!

¡Perfecto!

¡Le quedaba justo!

Pei Zhou, completamente ajeno a los pensamientos del señor Zorro, abrió un poco más los ojos al descubrir con alegría que su pata encajaba perfectamente dentro del zapatito.

Aunque estaba tejido con hierba cristalina y por fuera parecía tener una textura semejante al cristal, en realidad era sumamente elástico, suave y resistente.

El señor Zorro también quedó sorprendido por la comodidad que sintieron sus patas al calzarlo.

Su atención se desvió hacia aquellos pequeños zapatos sobre sus peludas extremidades. Movió las puntas de las orejas y mostró una expresión satisfecha.

«En realidad solo me puse estos zapatitos femeninos para hacer feliz a este humano…».

«P-pero inesperadamente son bastante cómodos».

«Entonces no hace falta quitármelos».

«Después de todo, lo más importante es que él esté contento».

Cuando Pei Zhou terminó de ponerle los cuatro zapatitos a su amada concubina Zorro, lo observó saltar con ligereza desde la silla alta.

—Tac, tac, tac…

El señor Zorro caminó de un lado a otro sobre el suelo, ligero como una nube blanca.

La ternura hizo que a Pei Zhou le temblara hasta el hígado.

Las comisuras de sus labios se elevaron involuntariamente, formando una sonrisa completamente embelesada.

¡Ese era su pequeño!

¡Su adorable y obediente pequeñín!

Naturalmente, era incapaz de imaginar los pensamientos escandalosamente irrespetuosos que aquel «pequeñín» albergaba hacia él.

Si llegara a enterarse…

¡Seguramente le rompería las patas a aquel hijo desobediente en el acto!

…

—Eh, de verdad le quedan bastante bien.

Dai Luoluo observaba con los brazos cruzados. Al ver al pequeño zorro corretear tan feliz, también se sintió bastante orgullosa.

¡Su habilidad artesanal estaba mejorando cada vez más!

—Dai Luoluo, si pusieras estos zapatos a la venta en tu tienda, seguramente se venderían bastante bien —comentó Pei Zhou después de observarlos un rato.

Dai Luoluo se quedó inmóvil.

¡Claro!

Muchos orcos recuperaban su forma original cuando estaban relajándose en casa. Si fabricaba zapatos especiales para sus formas bestiales…

¿No habría allí un enorme mercado?

—¡Impresionante! Me acabas de dar una gran idea.

Los ojos de Dai Luoluo se iluminaron.

—¡Esto puede convertirse en un buen negocio!

Se volvió hacia Pei Zhou con entusiasmo.

—Pei Zhou, la idea es tuya. Si realmente consigo ganar dinero con esto, entonces… ¡te regalaré una máquina!

Pei Zhou sonrió.

—De acuerdo. Esperaré tu patrocinio.

Dai Luoluo rio alegremente y enseguida recordó algo.

—Por cierto, ya terminé los zapatos y la cama de tu zorro. ¡Me prometiste que esta semana tú te encargarías de mi comida medicinal!

—Así que viniste tan temprano porque estabas esperando cobrarte eso…

Pei Zhou la miró de reojo y abrió las manos con impotencia.

—Originalmente había preparado una nutritiva sopa de ave dragón, pero esta mañana se vendió toda.

—¿Qué? ¿¡Toda!?

Dai Luoluo abrió mucho los ojos.

Pero enseguida pensó en algo y comprendió.

—¿Fue por las tendencias de Xingbo?

—Exactamente. Ahora estaba pensando en comprar algunos ingredientes y materiales medicinales por la red estelar.

Pei Zhou se ajustó los anteojos y la miró.

—¿Tienes paciencia para esperar un rato?

—Claro.

Dai Luoluo lo pensó y respondió:

—De todas formas no tengo nada que hacer. ¡Esperaré a que cocines!

…

Al mediodía, Pei Zhou recibió los nuevos ingredientes y preparó tres platos y una sopa, colocándolos sobre la mesa.

—¡Recuerda que antes de comer hay que lavarse las patitas!

Pei Zhou sostenía al señor Zorro mientras le lavaba las patas en una palangana.

Dai Luoluo, sentada a la mesa, los miró de reojo y cada vez encontró más extraña aquella escena.

—Pei Zhou, ¿de verdad estás criando a este zorro salvaje como si fuera tu propio hijo?

Pei Zhou sonrió sin responder.

Después llevó al señor Zorro hasta la silla junto a la mesa.

El zorro apoyó sus dos peludas patas delanteras sobre el tablero y sostuvo obedientemente un tenedor de plata mientras permitía que Pei Zhou le atara alrededor del cuello un babero rosa para comer.

Dai Luoluo observó aquella conducta tan humana y se quedó con los ojos completamente abiertos.

No pudo evitar exclamar:

—¡Mierda! ¡Pei Zhou, este zorro salvaje está a punto de convertirse en un espíritu!

Mientras hablaba, se sentó junto al señor Zorro y no pudo evitar tirar ligeramente de su babero rosa.

El señor Zorro le lanzó una mirada desdeñosa.

Acto seguido, extendió una peluda pata y le apartó la mano de un golpe.

Dai Luoluo:

—…

Se quedó inmóvil por un instante.

Después comenzó a patalear como una niña caprichosa.

—¡Esto es demasiado! ¡Pei Zhou, controla a tu pequeño zorro! ¡Me está molestando!

Pei Zhou acababa de llevar a la mesa la última ave dragón asada.

Respondió sin demasiada paciencia:

—Ya sería bastante con que tú no lo molestaras a él. Anda, come.

En cuanto el ave dragón dorada, crujiente y aromática apareció sobre la mesa, los ojos de Dai Luoluo se iluminaron.

Inmediatamente dejó de hacer escándalo y, junto con el señor Zorro, se lanzó a competir por la comida.

Pei Zhou los observó con impotencia.

Uno y otro parecían niños pequeños.

Después de comer hasta quedar satisfechos, Dai Luoluo y el señor Zorro terminaron desplomados sobre el sofá, entrecerrando los ojos mientras disfrutaban del descanso.

Dai Luoluo, incapaz de permanecer quieta durante demasiado tiempo, comenzó a mostrarle a Pei Zhou varios pequeños objetos que había fabricado esa misma mañana.

Una capa roja.

Una horquilla de cristal rosa.

Una plataforma flotante con forma de bloque de hielo…

Tomó la horquilla y la acercó a su propio cabello.

—Je, je. Esta horquilla la hice para la pequeña sirena de Haidila. ¿A que está bonita?

—Sí.

Pei Zhou asintió y respondió seriamente:

—Seguro que combina muy bien con el color de su cola.

Mientras tanto, el señor Zorro estaba intentando sacar a escondidas la plataforma flotante de la bolsa de Dai Luoluo.

Era evidente que aquello le interesaba mucho más.

Pei Zhou la examinó y pasó una mano por su superficie.

—Esta plataforma está bastante fresca al tacto. Con razón le gusta al pequeño zorro. ¿Cómo la hiciste?

Como tenía tanto pelaje, Pei Zhou sabía que una de las cosas que peor soportaba el señor Zorro era el calor.

—Como las crías de la raza Pada prefieren las temperaturas bajas, coloqué un pequeño fragmento de cristal de hielo polar dentro de la plataforma flotante. Así no sudan si permanecen demasiado tiempo encima.

Dai Luoluo arrugó ligeramente su pequeña nariz y bajó la voz.

—Solo ese fragmento de cristal de hielo polar cuesta quinientas monedas de cristal. No es nada barato.

Pei Zhou asintió.

En su mente surgió inmediatamente la idea de utilizar aquel material para fabricar un cojín para el señor Zorro.

—Por cierto, dentro de unos días volveremos al orfanato. ¿Qué piensas prepararles esta vez a las crías? —preguntó Dai Luoluo con curiosidad.

Pei Zhou comenzó a contar con los dedos.

—Fideos de pez Dientes Afilados, cazuela de pequeño velocirraptor con salsa, Ocho Tesoros de la Tierra, pastelitos de arroz al vapor con flores de primavera…

Después miró el clima del exterior y añadió:

—Además de la comida medicinal, como cada vez hace más calor, también les prepararé helado de postre.

—¡Helado! ¡A mí también me encanta! —gritó Dai Luoluo encantada.

Ambos se miraron y sonrieron.

Los dos comenzaron a esperar con ilusión la llegada de aquel día.

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