El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - Día veintiuno del registro del doctor Pei
—Doctor Pei, ¿a partir de ahora vas a vender comida medicinal a domicilio?
El director Kakapo acababa de terminar el último sushi. Recostado en una tumbona, entrecerró los ojos satisfecho y formuló la pregunta despreocupadamente.
Pei Zhou se volvió hacia él y sonrió con cierta vergüenza.
—Sí. Ahora mismo, aparte de ustedes en el orfanato, prácticamente nadie compra las pociones que preparo. Todo el mundo prefiere comprar las de grandes marcas como Hermes, así que pensé que sería mejor vender comida medicinal. Es adecuada tanto para jóvenes como para adultos, e incluso los orcos comunes que simplemente tengan antojo pueden probarla.
Dai Luoluo se entusiasmó de inmediato.
—¡Es una gran idea! Ahora mismo, mientras como tu comida medicinal, realmente puedo sentir cómo fortalece mi constitución física. Aunque sus efectos no son tan inmediatos como los de una poción, si se consume durante mucho tiempo, ¡seguro que termina siendo comparable a ellas!
El director Kakapo también estaba muy satisfecho.
—Sabe mucho mejor que una poción y tampoco provoca ese doloroso impacto de energía en los meridianos. ¡Es perfecto!
Pei Zhou se sintió un poco avergonzado ante tantos elogios.
De repente, sintió que su brazalete volvía a vibrar.
En la pantalla apareció una notificación:
«El director Kakapo le ha transferido 1000 monedas de cristal».
Pei Zhou se quedó mirando aquella cifra, atónito, y levantó la cabeza.
—Director, ¿qué está haciendo?
El director Kakapo se limpiaba los dientes mientras respondía:
—Es el dinero de mis comidas de este mes. En adelante quizá no tenga tiempo de venir tan seguido, así que basta con que cada dos o tres días me envíes una porción de comida medicinal por mensajería. ¡Cuando uno se hace viejo, tiene que cuidar un poco el cuerpo!
Pei Zhou se quedó algo desconcertado.
—Pero a principios de mes ya me dio seis mil monedas de cristal.
El director Kakapo puso los ojos en blanco.
—Ese dinero es el pago por contratarte como veterinario externo de las crías del orfanato, además de cubrir sus gastos de alimentación y orientación de poder espiritual. ¿Cómo puedes mezclar una cosa con la otra?
Pei Zhou lo pensó un momento y finalmente dejó de negarse.
—Está bien. Lo aceptaré.
El director Kakapo mostró los dientes en una amplia sonrisa.
—Así está mejor. Mientras en el futuro no te quejes de que este viejo come demasiado, todo estará bien.
—Ah, cierto. Estaba tan ocupado comiendo que casi lo olvido. ¿Para qué había venido hasta aquí?
El director Kakapo se quedó pensando durante bastante tiempo y, de repente, se dio una fuerte palmada en el muslo.
—¡Ya me acordé! ¡Vine para que atendieras a la cría de hámster!
Pei Zhou:
—¿¿¿???
—¿Qué le pasa al pequeño hámster?
Pei Zhou miró a ambos lados detrás del director Kakapo, pero no vio que hubiera traído ninguna jaula.
—Aquí está.
Para sorpresa de Pei Zhou, el director Kakapo se quitó su sombrero de paja.
Entre aquel cabello verde que parecía un montón de paja desordenada había una pequeña cría de hámster acurrucada.
Sin embargo, aquel día el pequeño hámster se veía extremadamente decaído y sin energía. Al ver a Pei Zhou, apenas levantó lánguidamente los párpados antes de volver a bajarlos.
Pei Zhou extendió las manos y lo tomó con cuidado. Rápidamente colocó una almohadilla suave sobre la mesa de exploración, dejó al pequeño encima y comenzó a examinarlo.
Al notar cierta hinchazón en sus mejillas, Pei Zhou se puso unos guantes blancos y le abrió suavemente la boca.
Como esperaba, había pus en el interior y desprendía un desagradable olor a putrefacción.
—Debe de ser una inflamación de las bolsas de las mejillas, bastante común entre las crías de hámster.
El director Kakapo preguntó con curiosidad:
—¿Y cómo contrajo algo así?
—La comida que almacena en las bolsas de las mejillas puede descomponerse y favorecer la proliferación de bacterias. Eso provoca la inflamación.
Pei Zhou humedeció un hisopo con un poco de solución salina y lo introdujo cuidadosamente en la boca del pequeño para limpiarla.
Fue especialmente cuidadoso de no girar el hisopo dentro de las bolsas de las mejillas, pues podría lastimarlo. Al retirarlo, fue extrayendo también los alimentos podridos que habían quedado almacenados allí.
Un trozo húmedo de pastel dulce.
Y dos tiras de ave dragón horneadas con leche.
Al ver a los dos culpables, Pei Zhou no supo si reír o llorar.
¿Resultaba que él mismo había provocado que el pequeño enfermara?
Le acarició la cabeza y lo consoló:
—La comida medicinal que preparo es muy nutritiva, pero también se echa a perder con facilidad. No debes volver a guardarla en tus mejillas.
El pequeño hámster lo miró con sus redondos ojos negros. Probablemente todavía le dolía la boca, porque no emitió ningún sonido.
—Si en el futuro quieres comer comida medicinal, solo tienes que decírselo al director. ¡Yo te enviaré una porción fresca!
Pei Zhou se inclinó hasta quedar a la altura de sus ojos y habló con voz cálida.
—¡Chii!
Soportando el dolor, el pequeño hámster consiguió dejar escapar un débil chillido.
Pei Zhou no pudo evitar sonreír.
Sacó otra pastilla con propiedades antiinflamatorias y cicatrizantes y se la dio.
—Listo. A partir de ahora, nada de almacenar comida indiscriminadamente.
Pei Zhou tomó con suavidad a la cría y se la devolvió al director Kakapo. También le indicó que, durante los siguientes días, no debía darle frutos secos demasiado duros para evitar que se lastimara las bolsas de las mejillas, ni alimentos que se descompusieran con facilidad.
—Además, director, tendrá que revisarlo periódicamente. Si descubre que vuelve a guardar comida en las mejillas, ¡tiene que obligarlo a entregarla!
En cuanto escuchó que iban a confiscar sus reservas, el pequeño hámster, que hasta entonces se había comportado obedientemente, comenzó a chillar furioso.
—¡Chii! ¡Chii! ¡Chii!
Sin embargo, el director Kakapo no mostró la menor compasión.
Lo lanzó sobre su propia cabeza y, riéndose, volvió a colocarse el sombrero, reprimiendo por la fuerza aquella insignificante rebelión.
—¡Ja, ja, ja! Entendido. Gracias, doctor Pei. ¡Entonces me marcho!
Pei Zhou se apresuró a meterle en las manos una lonchera de sushi.
—Aquí está el pescado seco que prometí preparar para compensar al pequeño pajarito regordete. ¡Por favor, entrégueselo de mi parte!
—Claro.
El director recibió la lonchera sonriente, asintió y se dispuso a marcharse.
Pei Zhou aprovechó para preguntarle:
—Director, además de los domingos, ¿podría ir también los sábados a visitar el orfanato?
Dai Luoluo se apresuró a gritar:
—¡Yo también quiero ir!
El director Kakapo se volvió para mirarlos. Después de reflexionar un momento, dijo:
—Ya que las crías los reciben con tanto entusiasmo, les permitiré venir también los sábados.
Hizo una pausa y miró a Dai Luoluo.
—Pero con una condición: tendrán que venir por la tarde. Por la mañana, las crías tienen clases de refuerzo.
Dai Luoluo exclamó sorprendida:
—¡¿Hasta los fines de semana les pones clases extra?! ¿No estás siendo demasiado estricto?
El director Kakapo abrió mucho los ojos.
—¡No es que yo sea despiadado! Es que estos niños no tienen padres en quienes apoyarse. Si no despiertan cuanto antes sus habilidades especiales y consiguen suficiente fuerza, ¿cómo van a hacerse un lugar en este Imperio Orco donde los fuertes se comen a los débiles? ¡En el futuro ni siquiera encontrarán pareja!
Pei Zhou:
—…
Por alguna razón, aquellas palabras le resultaban extrañamente familiares.
Dai Luoluo no pudo evitar replicar:
—¡Pero tú ni siquiera sabes cuál es la manera más rápida de ayudar a las crías a aumentar su fuerza!
El director Kakapo se indignó.
—¡Si mi método de entrenamiento estuviera equivocado, entonces significaría que todo el Imperio está equivocado!
Dai Luoluo ya no tuvo fuerzas para seguir discutiendo.
Solo murmuró en voz baja:
—¿Y quién dice que sea imposible que todo el Imperio esté equivocado…?
Sin embargo, el director Kakapo ya había salido por la puerta con la cabeza bien alta.
…
Al ver que Dai Luoluo parecía algo frustrada, Pei Zhou le dio unas palmaditas reconfortantes en el hombro y cambió de tema.
—¿Qué juguetes preparaste para mi zorro? Sácalos y déjame verlos.
Dai Luoluo recuperó el ánimo y comenzó a rebuscar entre las cosas de la bolsa que había traído.
—Déjame buscar. Tu zorro sí que tiene gustos exigentes. El ratón mecánico de hace rato no pareció gustarle mucho…
Mientras Dai Luoluo prácticamente enterraba la cabeza en la bolsa buscando juguetes, Pei Zhou se percató de algo.
El señor Zorro, sentado sobre el sofá, tenía sus brillantes pupilas clavadas silenciosamente en la bolsa de juguetes.
Parecía haberse interesado un poco.
Pei Zhou no pudo evitar sonreír. Se acercó, lo tomó entre sus brazos y dijo:
—¿Vamos a ver si hay algo con lo que quieras jugar?
El señor Zorro cambió de posición entre sus brazos hasta quedar cómodamente acurrucado. Apoyó su pequeña barbilla blanca sobre el brazo de Pei Zhou, pero mantuvo los ojos fijos en Dai Luoluo mientras ella rebuscaba.
Cada vez que veía algo que le interesaba, soltaba un agudo y meloso:
—¡Wu-ah!
Entonces Dai Luoluo sabía que debía apartarlo.
Sin embargo, el señor Zorro tenía unos estándares bastante elevados. Después de buscar durante mucho tiempo, solo tres pequeños objetos consiguieron captar su atención.
El primero era un peluche con forma de ave dragón —cuyo aspecto se parecía mucho al de una gallina—.
El segundo era un árbol para trepar de unos dos metros de altura. Tenía una base elástica para evitar lesiones en caso de caída y cada una de sus ramas incorporaba diferentes trampas, por lo que exigía una gran capacidad de reacción.
Y el tercero era una cama para zorros. Su exterior era extremadamente lujoso y el interior estaba completamente cubierto de mantas de felpa de muchos colores.
Aunque…
¿No parecía un poco pequeña?
—¿Por qué no intentas meterte dentro para ver si cabes?
Pei Zhou bajó la mirada hacia el señor Zorro y se lo propuso pacientemente.
El señor Zorro asintió ligeramente con gran reserva, adoptando el aire de un joven noble.
Pei Zhou no pudo contener la risa y lo dejó en el suelo.
En cuanto sus patas tocaron el piso, el señor Zorro comenzó a esforzarse por meterse en la cama.
Pero parecía que realmente era demasiado pequeña.
Simplemente no cabía.
Aunque consiguió introducir la parte superior del cuerpo, toda la mitad posterior, junto con aquella enorme y esponjosa cola, seguía completamente afuera.
La situación lo puso tan ansioso que comenzó a arañar frenéticamente el interior. Encogía el cuerpo, cambiaba de postura, ajustaba el ángulo…
Pero, hiciera lo que hiciera, no conseguía entrar.
—Pff…
Pei Zhou y Dai Luoluo no pudieron contener la risa al verlo.
La peluda cola se quedó rígida.
Como si hubiera comprendido que se estaban burlando de él, el señor Zorro se congeló por completo, como si alguien hubiera sellado sus puntos de acupuntura.
Pasaron varios segundos.
Después comenzó a retroceder lentamente hasta salir.
Sacudió todo el pelaje, levantó orgullosamente su rostro afilado y adoptó una expresión arrogante que parecía decir que aquella pequeña cama jamás había sido digna de su interés.
Entonces volvió a sentarse frente a Pei Zhou.
Y esperó a que lo cargara.
Pei Zhou:
—…
Con su amada concubina mirándolo de aquella manera, ¿qué más podía hacer?
¡Cargarla, por supuesto!
Resignado, Pei Zhou volvió a tomar al señor Zorro entre sus brazos.
Por suerte, los zorros parecían ser animales naturalmente ligeros y poseían una flexibilidad extraordinaria. Bastaba con que se acurrucara un poco para convertirse prácticamente en una bola, así que Pei Zhou podía cargarlo sin ningún esfuerzo.
—Está bien. Me llevaré esta cama, la haré más grande y después te la traeré.
Dai Luoluo volvió a guardar la pequeña y colorida cama dentro de su bolsa de juguetes.
Pei Zhou la observó trabajar durante un momento y, después de pensarlo, preguntó de repente:
—Por cierto, ¿podrías hacerme también cuatro zapatitos? Todos los días tengo que sacar al zorro a pasear y, después de una vuelta, termina con las patas sucias. Sería mucho más práctico si tuviera zapatos.
—¿Mmm?
Dai Luoluo interrumpió lo que estaba haciendo y adoptó una expresión pensativa.
—¡Esa idea está bastante bien!
Pei Zhou sonrió.
—Cuando termines la cama y los zapatos para el zorro, ¡yo me encargo de toda tu comida medicinal de esta semana!
—¡Ohhh! ¡Trato hecho!
Dai Luoluo se emocionó muchísimo.
Guardó rápidamente sus cosas, levantó la bolsa de juguetes y salió corriendo por la puerta mientras gritaba:
—¡Espera y verás! ¡Mañana mismo te lo tendré terminado!
Pei Zhou sonrió y no intentó detenerla. Simplemente levantó una mano para despedirse.
—¡Te estaré esperando!
Cuando todos sus amigos se hubieron marchado de la clínica, Pei Zhou comenzó a recoger los platos y los palillos.
Limpió la mesa y después subió a la cocina para comprobar cómo iba la sopa medicinal de ave dragón que había dejado cocinándose a fuego lento.
Cuando finalmente terminó con todas aquellas pequeñas tareas y regresó al primer piso, la hora del descanso del mediodía ya había terminado.
Así que volvió a tomar al señor Zorro entre sus brazos, se sentó con él en el sofá y esperó pacientemente a que apareciera alguno de sus escasos clientes.
El ritmo de aquella vida era muy lento.
Pero Pei Zhou se sentía extraordinariamente cómodo con él.