El veterinario número uno del Imperio - Capítulo 103

  1. Home
  2. All novels
  3. El veterinario número uno del Imperio
  4. Capítulo 103 - Día 103 del registro del doctor Pei
Prev
Next
Novel Info

—¡Pum!

En plena noche, las luces de la villa de la zona militar, que hasta entonces había permanecido completamente a oscuras, se encendieron de repente.

Acto seguido, la puerta principal se abrió y un enorme refugio para zorros salió despedido hasta el porche. Después voló una fina manta.

Y, finalmente, también arrojaron desde dentro a un enorme zorro.

El animal soltó un lastimero aullido antes de caer sobre la manta.

—¡Auu!

—¡Bang!

La puerta volvió a cerrarse rápidamente.

Por suerte, frente a la entrada de la villa había un amplio porche que lo protegía de la lluvia. No se mojaría, aunque el viento soplaba con bastante fuerza.

Afuera seguía lloviendo.

Las escasas hojas que aún permanecían aferradas a las ramas se estremecían bajo el frío viento otoñal, a punto de desprenderse.

—Shhh, shhh…

El gran zorro arañó la puerta durante un rato. Al comprobar que Pei Zhou realmente no tenía intención de cambiar de opinión, bajó abatido su peluda cabeza y permaneció inmóvil durante unos instantes.

Solo mucho después consiguió recuperar un poco el ánimo.

Tomó la manta con el hocico, la dobló cuidadosamente hasta formar un cuadrado, la metió dentro del refugio y después se acurrucó obedientemente en su interior.

Afuera, el viento y la lluvia eran desoladores.

Exactamente como el estado de ánimo de Osmon en aquel momento.

—¡Auuuu…!

Tumbado dentro de su refugio, el enorme zorro no pudo contenerse. Estiró el cuello y lanzó un aullido triste y lastimero.

—¡¿Por qué demonios estás aullando?! ¡¿Acaso no estás cómodo?! —se oyó gritar a Pei Zhou desde el interior de la villa.

El gran zorro se estremeció de pies a cabeza.

Finalmente, aunque de mala gana, cerró el hocico.

Cruzó las patas delanteras, apoyó la puntiaguda barbilla sobre ellas y contempló con sus enormes ojos cristalinos las blancas cortinas que formaba la lluvia al caer.

Mejor olvidarlo.

Pei Zhou había estado tan furioso hacía un momento que parecía dispuesto a matar a alguien. Había costado muchísimo calmarlo.

Sería mejor no provocarlo más.

El corazón de Osmon estaba sumido en la más absoluta tristeza.

Jamás habría imaginado que aquella noche romántica y cálida que había planeado terminaría convirtiéndose en una miserable velada en la que tendría que dormir solo.

Sin embargo, lo peor todavía estaba por llegar.

Como aquella era una zona residencial militar, prácticamente todos sus vecinos eran compañeros del ejército.

Y muchos orcos de hábitos nocturnos estaban mucho más despiertos por la noche que durante el día.

Naturalmente, el alboroto en casa de Osmon no tardó en llamar su atención.

—¡Frrr, frrr…!

Una sombra cruzó el cielo acompañada por un fuerte batir de alas.

Los orcos búho de la zona militar llegaron volando y se alinearon bajo el alero del porche de su casa con la precisión de soldados en formación.

Todos inclinaron simultáneamente la cabeza.

Sus enormes y brillantes ojos se clavaron en Osmon, rebosantes de curiosidad y ganas de chismear.

Al gran zorro le dio tanta vergüenza que parecía que hasta el pelaje del rostro se le había puesto rojo.

—¡Auu! —¡¿Qué miran?! ¡Váyanse a dormir!

Inesperadamente, los búhos entrecerraron los ojos hasta casi hacerlos desaparecer y comenzaron a burlarse de él.

—¡Cucú! —¡Osmon, quién iba a decir que algún día acabarías así!

—¿Cucú? —¿Tu encantadora esposa te echó de casa?

—¡Cucú! —¿De qué te sirve ser tan guapo? ¡Qué lástima!

Osmon rechinó los dientes de rabia.

Se limitó a darse la vuelta dentro del refugio y les mostró la cola.

Pero aquello apenas era el comienzo.

Poco después comenzaron a salir de las villas cercanas toda clase de criaturas desconocidas…

Dragones de roca subterráneos, lagartos de Komodo, víboras moteadas, ardillas voladoras…

Una pequeña ardilla voladora con una franja negra vertical en la espalda se irguió sobre las patas traseras. Sus vivaces ojos brillaban mientras sostenía entre las patitas un puñado de semillas de girasol y se lo ofrecía frente al refugio.

—¡Chii, chii! ¡Jefe, jefe…! Ya que te acaban de echar, ¿por qué no comes algo para llenar el estómago? ¿Quieres unas semillas frescas?

La espalda del enorme zorro permaneció completamente inmóvil.

—…

La víbora que llegó después se enrolló hasta parecer una espiral para mosquitos. Entrecerró los ojos de la risa y sacó la pequeña lengua.

—Sss, sss… ¡Vaya, qué cosa tan rara! Hermana acaba de ver tu publicación aclaratoria en la Red Estelar y ¿ya te echaron de casa?

—Ven, ven. Te traje un calentador. Ponlo debajo de la manta y estarás más calentito.

Mientras hablaba, la víbora utilizó la cola para dejar un calentador frente al refugio.

El dragón de roca subterráneo rugió hacia ella.

—¡Grrr! Está lloviendo. ¿Para qué traes esas cosas inútiles?

Luego se volvió hacia Osmon y dejó junto al refugio una máquina que llevaba entre las garras delanteras.

—¡Grrr! Hermano, te traje una secadora. ¿A que soy un buen amigo?

Al escuchar todas aquellas voces detrás de él, el pelaje del gran zorro comenzó a erizarse cada vez más.

Hasta que finalmente explotó.

Saltó fuera del refugio y se abalanzó sobre aquel grupo de compañeros, dispuesto a darles una paliza.

—¡Cucú!

—¡Chii, chii!

—¡Sss!

—¡Grrr!

—¡Jajaja! ¡Osmon se enfadó! ¡Corran! ¡Corran!

Los animales huyeron entre chillidos y risas, dispersándose en todas direcciones.

……

Pei Zhou había subido al segundo piso.

Al pensar que Osmon estaba durmiendo afuera en plena noche lluviosa, terminó sintiendo cierta lástima.

Se acercó sigilosamente a la ventana, abrió un poco las cortinas y miró hacia abajo.

La comisura de sus labios se crispó.

—¿Qué es esto, una reunión de animales? Parece que se lo están pasando bastante bien. Hasta le trajeron un calentador y una secadora… Perfecto. Entonces quédate ahí.

Pei Zhou resopló y volvió a cerrar las cortinas.

Después se dio la vuelta y sacó al pequeño zorro de debajo de la cama.

Pacientemente, utilizó el secador durante un rato para eliminar la humedad de su pelaje.

Luego besó su carita peluda y preguntó con voz suave:

—Pequeño, ¿nos vamos a dormir?

El primo zorro abrió el hocico en una sonrisa bobalicona.

—¡Auu! —¡Sí!

¡Tal como esperaba, desenmascarar a ese idiota de su primo había sido una excelente decisión!

Así, el pequeño zorro ocupó con toda naturalidad la mitad de la cama.

Se acurrucó dentro del suave edredón de seda, bostezó perezosamente y se acomodó satisfecho.

En aquel momento, el dormitorio de Osmon solo podía describirse como un completo desastre.

Pei Zhou ordenó un poco antes de acostarse también.

Entonces, por casualidad, su mirada cayó sobre la caja de madera tallada.

Sus labios se movieron ligeramente.

Al final, fue incapaz de mantener la expresión fría.

Tomó la caja y sacó la otra cadena.

Aunque también era una cadena plateada con una pequeña placa negra, exactamente del mismo estilo que la otra, los motivos antiguos grabados en los bordes no eran tan fluidos.

Era evidente que alguien los había tallado personalmente.

Sobre la placa había una pequeña inscripción en la lengua común interestelar:

—Pei Zhou belongs to Mengmeng.

—Este tipo… al menos sí se esforzó en esto…

Pei Zhou murmuró para sí.

En su mente casi podía imaginar a Osmon sentado bajo la luz de una lámpara, sosteniendo torpemente una lima mientras grababa poco a poco cada uno de aquellos motivos.

Luego recordó la obstinada expresión con la que Osmon había insistido en que aquello era su «prenda de amor».

Pei Zhou bajó la mirada.

Sintió como si algo le hubiera pinchado suavemente el corazón, dejándole una sensación agridulce.

Sería mentira decir que no estaba conmovido.

Pero aun así…

Seguía bastante enfadado.

De modo que volvió a colocar la cadena dentro de la caja y dejó de prestarle atención.

Se acomodó el edredón, se dio la vuelta, cerró los ojos y cayó profundamente dormido.

……

A la mañana siguiente, en cuanto Osmon despertó, lo primero que hizo fue abrir la puerta y correr escaleras arriba.

Pero Pei Zhou ya se había marchado.

Osmon se desanimó.

Aunque, en el fondo, tampoco le sorprendía.

Mientras tanto, el culpable de todo aquel desastre —el primo zorro— estaba sentado elegantemente sobre la mesa del dormitorio, devorando un sándwich doble de jamón, huevo y queso.

A su lado había incluso un vaso de leche de dragón con miel.

El pequeño desgraciado estaba viviendo como un rey.

Al recordar la miserable noche que él había pasado bajo el viento y la lluvia, Osmon sintió que la furia le subía directamente a la cabeza.

—¡Mocoso! ¡Hoy sí voy a arrancarte el pellejo!

Osmon avanzó hacia él con intenciones asesinas.

Sin embargo, el pequeño zorro no le tuvo el menor miedo.

Con toda elegancia, extendió una pata delantera y dio un par de golpecitos sobre una pequeña nota que había encima de la mesa.

Osmon la tomó.

«Cuida bien de Mengmeng. Si vuelve a quejarse conmigo de que lo maltratas, ya puedes prepararte. —Pei Zhou».

Osmon sostuvo la nota entre los dedos.

Su expresión cambió una y otra vez.

Después de un largo rato, solo pudo tragarse a la fuerza toda su ira y dedicarle al pequeño zorro una sonrisa rígida.

—Sándwich doble de jamón, huevo y queso… ¿Está rico?

El pequeño zorro estaba sentado sobre la mesa con el pelaje del pecho cubierto de migas de pan.

Al escucharlo, le dirigió a Osmon una mirada arrogante.

—…

A Osmon casi le dolió el hígado de la rabia.

Terminó frotándose el rostro y decidió ignorar a aquella pequeña criatura.

En cambio, dirigió la mirada hacia la mesita de noche.

Allí seguía la caja de madera tallada.

Se acercó rápidamente.

Con tres partes de esperanza y siete de nerviosismo, abrió la tapa.

Y, efectivamente…

¡La cadena que le había regalado a Pei Zhou había sido movida!

Osmon se alegró de inmediato.

Comprendió al instante que Pei Zhou no era tan despiadado como pretendía aparentar.

¡Había percibido sus sentimientos!

Pero…

No se había llevado la cadena.

La alegría del rostro de Osmon se convirtió inmediatamente en resentimiento.

Un sonido apagado escapó de su pecho.

—Así que todavía está muy enfadado… ¿Qué se supone que debo hacer?

……

Al mismo tiempo, desde que Osmon había publicado aquella aclaración en la Red Estelar afirmando claramente que estaba cortejando a Pei Zhou, toda la plataforma había estallado.

Algunos corrían a las cuentas de ambos para hacer bromas.

Otros lloraban desconsoladamente.

Y también había numerosos admiradores intentando descubrir qué había hecho exactamente Pei Zhou para conquistar el corazón de Osmon, con la esperanza de poder imitarlo.

Entre todas las teorías, una destacaba por encima de las demás y era aceptada por la mayoría:

La cocina medicinal.

Después de todo, antes de incorporarse al ejército, Osmon solía compartir y dar «me gusta» a las nuevas recetas medicinales que publicaba el doctor Pei.

Como decía el viejo refrán:

¡Si quieres conquistar el corazón de un orco, primero debes conquistar su estómago!

Así que ese pequeño seductor llamado Pei Zhou seguramente había utilizado sus deliciosos platos medicinales para robarle el alma al general Osmon.

Como consecuencia, una auténtica moda de preparar cocina medicinal casera comenzó a extenderse por todo el espacio interestelar.

Y ni siquiera la compañía Hermes escapó de aquella conmoción.

Hurd estaba junto a una mesa de laboratorio, rugiendo furioso:

—¡Hessy! ¡¿Te has vuelto loco?! ¿No fuiste tú quien dijo antes que la cocina medicinal tenía defectos y que no debíamos seguir la moda ni competir con la empresa del magnate Zhu? ¡¿Entonces qué demonios estás haciendo ahora?!

Hessy estaba practicando con todas sus fuerzas cómo voltear los ingredientes en el wok.

Las llamas doradas saltaban arriba y abajo, haciendo que la escena pareciera extremadamente peligrosa.

Pero a Hessy no le importaba en absoluto.

Al ver que ni siquiera le hacía caso, Hurd se enfureció tanto que casi le salía humo de las orejas.

—¡Bang! ¡Bang!

Golpeó la mesa con fuerza.

—¡¿Te quedaste sordo?! ¡¿Y por qué mandaste a todo nuestro personal técnico a investigar la cocina medicinal?!

Sin siquiera darse la vuelta, Hessy respondió furioso:

—¡Ese pequeño seductor solo consiguió robarme a mi marido porque sabe cocinar bien!

—¡Voy a seguir su mismo camino hasta dejarlo sin camino que recorrer!

—¡Ya publiqué una declaración de guerra en la Red Estelar! ¡¿Qué están esperando todos?! ¡Sigan analizando las propiedades de los ingredientes medicinales y de los alimentos!

Hessy blandió el wok con renovado ímpetu.

—¡Cuando termine este plato de carne de dragón salteada con pera de nieve y chile, seguro que no será peor que su cerdo agridulce!

Los investigadores presentes bajaron rápidamente la cabeza y continuaron trabajando en sus respectivas tareas.

Hurd permaneció allí con el rostro sombrío.

Miró a todos sus subordinados y negó repetidamente con la cabeza.

—Están todos enfermos de la cabeza…

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first