El Segundo Protagonista Masculino se Enamoró de Mí - Capítulo 40
Ewan recuperó rápidamente su confianza y compostura. Con una sonrisa extendida en el rostro, comenzó a redactar una nueva carta. El contenido, en esencia, era:
“Si esa es realmente su intención, ¿cuándo debería ir a compartir una copa con usted?”
Al día siguiente llegó una respuesta tajante.
[Al marqués de Hampton,
Tomo la pluma admirando el refinado gusto del marqués de Hampton, quien conoce el ocio de una copa de vino. Sin embargo, así como la sabiduría humana se profundiza con la vida, el vino se vuelve más exquisito cuanto más tiempo se le permite madurar… (omitido)… Espero que considere la naturaleza del vino, y aguardo únicamente el día en que pueda compartir alegremente una copa con mi lord.
—Gillen Damian Balthazar de Blake, duque]
La carta, extrañamente más breve que la anterior, volvía a rechazar formalmente la visita de Ewan. Sin embargo, para los ojos de Ewan, la última línea brillaba más que ninguna otra.
—Así que básicamente está contando los días hasta que nos encontremos. Incluso debe estar marcándolos en su calendario.
—No dice exactamente eso —comentó Ricardo, leyendo la carta otra vez.
—¿No entiendes las indirectas? ¡Las indirectas! Y además es un noble. Los aristócratas nunca hablan directamente; siempre dan rodeos. Lo que realmente quiere decir está en esa última línea.
—Siguiendo esa lógica, sigue pareciendo una carta de rechazo.
—¿Y tú qué sabes? Solo eres un robot.
—Soy un robot creado por mi lord, y por ello poseo alta inteligencia y una gran capacidad de análisis. Soy capaz de sentir emociones y analizar expresiones y tonos de voz para deducir sentimientos ajenos. Mi lord me diseñó de esta manera—
—¡Suficiente! ¡Fuera!
—…Sí, mi lord.
Ricardo bajó extrañamente los hombros y salió del laboratorio. Ewan había pasado varios días encerrado allí, vestido solo con pijamas, inventando toda clase de artilugios. La espera de una respuesta de Gillen lo hacía sentir extrañamente ansioso e inquieto.
Para controlar su agitación, comía y dormía en el laboratorio, rodeado de sus inventos mientras mataba el tiempo. ¡Y después de toda esa espera, la respuesta había sido otro rechazo! Aunque mencionaba esperar el día en que pudieran verse, en realidad Ricardo no estaba del todo equivocado…
—¡Espera un momento!
Ewan volvió a desplegar la carta arrugada.
—Esto… esto tiene que ser una carta codificada.
Piénsalo bien. ¿Que lo rechazaran dos veces seguidas? ¿Eso siquiera era aceptable? El duque Blake había hecho una declaración pública de amor hacia Ewan, llegando incluso a celebrar una conferencia de prensa. Desde la perspectiva de Ewan, era un amante ridículamente patético.
‘¿Será que ese periodista… Nogarin o como se llame… lo está vigilando?’
Ewan hacía tiempo que había dejado de preocuparse, confiando en que Gillen se encargaría del asunto. Aun así, quizá aquella pequeña plaga fuera más persistente y aterradora de lo esperado. Con los ojos encendidos, Ewan volvió a leer la carta.
[Al marqués de Hampton,
Tomo la pluma admirando el refinado gusto del marqués de Hampton, quien conoce el ocio de una copa de vino. Sin embargo, así como la sabiduría humana se profundiza con la vida, el vino se vuelve más exquisito cuanto más tiempo se le permite madurar… (omitido)… Espero que considere la naturaleza del vino, y aguardo únicamente el día en que pueda compartir alegremente una copa con mi lord.
—Gillen Damian Balthazar de Blake, duque]
—¿Sa…sál…vame… sálvame…?
Ewan se puso de pie de un salto.
—¡Lo sabía! ¿Por qué este hombre tiene que expresar todo en código? Si no fuera un genio, jamás habría entendido esto, maldición…
Apretando la carta en la mano, Ewan lanzó inmediatamente un hechizo de teletransportación. En un destello, el paisaje frente a él cambió. Una habitación amplia, iluminada por el sol y decorada al estilo antiguo: el mismo dormitorio de Gillen.
—Oiga, uh… ¡Su Gracia! ¡Su Gracia!
El dormitorio estaba vacío, así que Ewan gritó mientras abría la puerta de golpe.
—¡Su Gracia! ¡Salga! Hablemos un momento.
Pero la mansión estaba extrañamente silenciosa. Algunas sirvientas que vagaban por el primer piso levantaron la vista sorprendidas, pero el viejo mayordomo con aspecto de cabra, el administrador flacucho como un pincho y los ayudantes con cara de perro del duque no se veían por ninguna parte.
—¡Oye! ¿Dónde está Su Gracia?
Ewan señaló a una sirvienta en el piso inferior, cuyos ojos estaban muy abiertos y la boca entreabierta. El rostro de la joven se puso rojo brillante.
—¡Ah! ¡L-lo siento!
Apretó los ojos con fuerza y, sin responder, salió corriendo.
—¿Qué demonios…? ¿Por qué actúa así? ¿Sorprendida por mi belleza?
Murmuró Ewan mientras se echaba el cabello hacia atrás. En ese momento, unos pasos resonaron desde arriba.
—¿Q-qué…? ¡Ewan! T-tú, cómo, qué… ahora… ¡¿qué está pasando?!
Quien apareció en el descansillo fue Cecilia. Igual que la sirvienta de antes, tenía los ojos muy abiertos y la boca abierta por la sorpresa, tartamudeando mientras hablaba. Ewan sonrió con suficiencia.
—Cecil, no es la primera vez que me ves. ¿Por qué actúas así? ¿Me veo especialmente guapo porque ha pasado tiempo?
—¡N-no! ¡T-tú! ¡Estás usando solo un pijama que deja ver… todo tu pecho! ¿¡De verdad acabas de salir del dormitorio de mi padre vestido así!? ¿¡Estás loco!?
Solo entonces Ewan se dio cuenta de cómo iba vestido. Llevaba una especie de túnica larga a modo de pijama, con un escote profundo y pantalones sueltos que temblaban ligeramente. Tanto la parte superior como la inferior eran de una tela blanca y fina que dejaba ver sus pezones, e incluso la ropa interior debajo se distinguía claramente.
—Discúlpame.
Dicho eso, Ewan chasqueó los dedos. Instantáneamente, el pijama se transformó en camisa y pantalones, completándose además con calcetines y zapatos.
—¿Por qué estás siquiera aquí? Papá dijo que había terminado de tratar contigo. Ya rechacé tu propuesta una vez. No viniste a proponerme matrimonio otra vez, ¿verdad? Por favor, dime que no viniste para eso, Ewan.
—¿Crees que soy el tipo de persona que se aferra a alguien que dice no quererme? Una vez me rechazan, sé cuándo detenerme.
Puede que Ewan no se hubiera dado cuenta, pero en ese momento estaba tomando un camino distinto al de la historia original. Quizá ver a Gillen había provocado cierta autorreflexión, o quizá su atención había cambiado de Cecilia a Gillen, haciéndolo fingir. De una forma u otra, desde ese instante ya no era el mismo Ewan de la línea original.
—Entonces ¿por qué estás aquí? —preguntó Cecilia.
—Recibí una carta del duque. Contenía un código, básicamente diciendo “sálvame”. Si no fuera por mí, nadie habría podido interpretarlo. ¿Dónde está Su Gracia?
—¿Qué? ¿Papá envió una carta de “sálvame”? ¡Déjame verla!
La expresión de Cecilia se volvió seria. Ewan le entregó la carta arrugada que todavía sujetaba firmemente en la mano. Cecilia la recorrió rápidamente con la mirada, pero poco a poco su expresión se volvió extraña.
—¿Dónde dice “sálvame”?
—Mira bien. Aquí está “sal”, aquí “lyeo”, y aquí “ju”, “o”.¹ ¡Literalmente dice “sálvame”!
—…Solo estás juntando sílabas al azar. Yo no lo veo así en absoluto. Para mí parece una carta de rechazo completamente normal.
—Ha… por eso no puedo hablar con gente normal y simple sin frustrarme… oh, disculpa.
—Eso fue bastante grosero. Pero de verdad, no le pasa nada a papá. Hoy incluso salió con la vizcondesa Eiple. Los sirvientes fueron con él, y te asustaste solo por nada.
—¿Qué? ¿U-una cita?
Al escuchar esa palabra, Ewan se quedó petrificado, mirando a Cecilia como una estatua. Incluso para un genio como él, le tomó varios segundos procesarlo.
—Una cita… eso es, eh… cuando personas enamoradas… se encuentran, salen, comen y hacen… todas esas tonterías, ¿no?
—Bueno, supongo que podría decirse así. Papá no está saliendo realmente con la vizcondesa Eiple. Solo fue a hablar sobre proyectos benéficos, pero creo que se gustan mutuamente. Así que… es una cita, ¿no?
Después de la explicación de Cecil, la expresión rígida de Ewan se suavizó ligeramente.
—Cecil, de verdad no captas nada, ¿verdad? El duque no siente nada por esa vizcondesa Eiple. La persona que le gusta al duque… lamentablemente, soy yo.
¿Una cita con la vizcondesa Eiple…? ¡Ha! Casi caigo en la trampa. Claro, solo era Cecil sacando conclusiones apresuradas.
Ewan pensó eso mientras una sonrisa torcida se dibujaba en una comisura de sus labios.
—Así que solo salió por trabajo, ¿eh? Qué ridículo.
—No, en realidad papá dijo que cuando yo me casara, él—
—Basta, Cecil. Ya sé que tu opinión no ayuda en absoluto. ¿Puedes decirme cuándo volverá el duque? Regresaré entonces… vestido más apropiadamente. Necesito averiguar qué significa exactamente ese código.
—No, de verdad no es un código—
—Hmph. El duque también debe estar sufriendo. Y aquí estás tú, su querida hija, completamente indiferente a los asuntos personales de tu padre. ¿Qué habría pasado si yo no estuviera aquí? Deberías agradecerme, Cecil.
Después de dejar esas palabras, Ewan desapareció otra vez en un destello de teletransportación. Cecil, repentinamente sola, se llevó una mano al pecho con incredulidad.
—¿Por qué es realmente así? ¡En su vida pasada estaba encerrado en la Torre Mágica y ahora aparece de la nada! ¡Claire! ¡Ivy!
Cecil levantó su vestido y subió apresuradamente las escaleras, decidida a chismear inmediatamente sobre Ewan con Claire e Ivy. Al mismo tiempo, no pudo evitar sentir una pequeña preocupación por Gillen.
—¡Claire! ¡Ivy! ¡Prepárense para salir!
Nota: 살려주오 “sal-lyeo-ju-o” (sálvame): sílabas aleatorias que nuestro protagonista masculino interpretó como “sálvame” a partir de la carta.