El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 420

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—¿“Puerta Gigante”?

—¿“La primera Puerta Gigante”?

—¿Qué carajos significa eso?

La WMD entró en caos.

No… también la ONU, su organismo superior.

—¿Puerta Gigante?

Hay muchos tipos de Puertas.

De todas, los únicos nombres que el Sistema había mencionado oficialmente eran Puertas normales y Puertas Ocultas; cosas como “Puertas Finales” eran clasificaciones hechas por humanos por conveniencia.

Y ahora, en medio de todo eso, el Sistema acababa de soltar un término totalmente nuevo: Puerta Gigante.

Naturalmente, a todos se les tensó el cuerpo.

Y no era una mención casual: venía con la frase “Con el inicio del Segundo Gran Cataclismo” y el pesado modificador de “Primera Puerta Gigante”.

—Si es la primera, ¿significa que van a venir más Puertas Gigantes?

—¿Cuántas?

—Dios santo…

El shock solo duró un instante.

La ONU se movió rápido.

Como la organización de paz más grande del mundo, no podían quedarse cruzados de brazos después de ver una notificación así.

—Primero: envíen todas las unidades del Cuerpo de Paz a Australia.

—Emitan órdenes de evacuación para la población australiana y movilicen barcos y aviones para pedir cooperación de refugio a las naciones aliadas más cercanas.

—¡Confirmen con Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea e Indonesia también! ¡No sabemos qué tan grande será el impacto de la Puerta Gigante!

Aun así, los profesionales eran profesionales.

En cuestión de minutos, ya estaban en marcha las medidas de respuesta inmediata.

En ese momento, Charlie Paul, director de la Secretaría de la Organización Mundial de Jugadores de la ONU, se acercó al secretario general Mac Anderson después de dar órdenes.

—Señor Secretario General, considerando lo grave de esto, ¿no deberíamos solicitar de forma preventiva a las naciones aliadas que despachen Jugadores en nombre de la ONU?

—Sería lo más sensato, pero después del Segundo Efecto todos siguen tambaleándose. No estoy seguro de que respondan.

—Pero no es cualquier lugar, es Australia. Ya está administrada como zona de peligro. Creo que deberíamos pedir cooperación antes de que pase algo peor.

—Entendido. Envía las solicitudes. Pero los demás países también vieron el aviso de la Puerta Gigante… dudo que suelten fácil a su personal de élite.

—Aun así haré lo posible.

En el rostro de Charlie se endureció la determinación.

—Qué desmadre.

Jeong Cheol-min encendió un cigarro en silencio mientras leía la notificación del Sistema.

¿Una Puerta Gigante para conmemorar el Segundo Gran Cataclismo?

¿Y qué chingados es una Puerta Gigante?

Fuera lo que fuera, estaba claro que no era algo normal.

Si hasta a un Jugador burócrata de bajo nivel como él le llegó la alerta, era señal de que venía otro caos enorme.

‘¿Ese cabrón de Su-ho también vio venir esto?’

No estaba seguro… pero de alguna forma, sentía que sí.

No: quizá no solo lo anticipó, sino que ya se preparó y hasta empezó a moverse.

Ese tipo a veces era absurdamente omnisciente.

Así que ahora estaba pensando:

Habiendo decidido quedarse en Corea para apoyar a Su-ho a fondo, ¿qué debía hacer a continuación?

La mayoría de los problemas de comunicación y otros daños por el Segundo Efecto ya se habían reparado.

Pero aunque la red volviera, eso no significaba que pudiera contactar a Su-ho.

No sabía dónde estaba ni qué estaba haciendo.

Ahí estaba el dilema: ¿cuál era la mejor manera de ayudarlo?

Y entonces—

Bzzzt!

Una llamada.

Un número internacional.

¿Qué?

¿Spam o estafa de “voz” en esta situación?

Si era spam o phishing en este momento, esos hijos de su madre merecían medalla… por tener los huevos de hacer eso mientras el mundo se caía a pedazos.

Frunciendo el ceño, Jeong contestó.

—Bueno.

—¿Hablo con Jeong Cheol-min, Director de la División Especial de la Gran Asociación de Cazadores?

¿Qué…?

¿Marcó y de inmediato recitó todo mi cargo?

Quien fuera, tenía agallas para soltar la info así.

Jeong sonrió apenas y preguntó:

—Sí, soy yo. ¿Quién habla?

—Mis disculpas por la tardanza en presentarme. Hola, señor. Soy Charlie Paul, Director de la Secretaría de la Organización Mundial de Jugadores de la ONU.

—……¡!

Al escuchar quién era, Jeong abrió los ojos y se quitó el cigarro de la boca al instante.

—¿La ONU?

—Sí, la ONU. Iré directo. Supongo que usted también vio el aviso de la Puerta Gigante hace un momento, ¿correcto?

—Sí. ¿La ONU sabe algo al respecto?

—No. Por eso estamos iniciando preparativos. Según lecturas de la WMD, el candidato más probable a la llamada Puerta Gigante es Australia.

—¡Australia…!

Al oírlo, Jeong asintió sin querer.

Normal: Australia había sobrevivido hasta ahora, pero era un milagro que no se hubiera derrumbado antes.

‘La neta, es un país viviendo de prestado.’

Australia era un lugar peculiar.

Geográficamente un continente, pero incluso antes del Cataclismo su población no llegaba a treinta millones en ese territorio enorme.

Gran parte era desierto, y su terreno antiguo y aislado había dado lugar a incontables especies únicas… esa biodiversidad fue justo lo que convirtió a Australia post-Cataclismo en un infierno.

‘Si una vez perdieron guerras contra conejos y emús… ¿qué crees que pasó cuando esos se volvieron monstruos?’

Y súmale las famosas “guerras” contra gatos ferales, sapos y camellos que también salieron mal… cuando esos enemigos se vuelven monstruos, el resultado se adivina.

Aun así, ciudades grandes como Sídney, Melbourne y Brisbane—donde vivía la mayoría—se fortificaron y formaron gremios regionales conjuntos.

Gracias a que los Jugadores locales cooperaron rápido, resistieron mucho más que la mayoría de países y mantuvieron infraestructura.

Pero si la WMD marcaba a Australia como candidata y era cierto, su futuro estaba clarísimo.

Obvio.

Entre más se dejan solas las Puertas, más maná acumulan y más monstruos escupen.

Y por la geografía australiana—desiertos y montañas imposibles de monitorear—muchísimas Puertas quedaron abandonadas por años.

‘Aunque no sepa exactamente qué sea una Puerta Gigante, si la WMD dice que Australia es candidata, significa que allá se está concentrando maná de forma anormal.’

Entonces, esas Puertas descuidadas también serían afectadas.

‘O las Puertas existentes se van a fusionar en una Puerta Gigante… o se va a formar una nueva.’

Y ninguna opción pintaba bien.

Entonces… ¿por qué el director de la ONU en persona me está llamando?

‘¿No me digas…?’

Jeong entrecerró los ojos.

—Ya veo. Si Australia es candidata, sí se ve incierto su futuro.

—Sí. Estamos enviando al Cuerpo de Paz y preparándonos de todas las maneras, pero…

La voz de Charlie se apagó.

Aun así, como director, tenía que hablar claro.

—Por eso… queremos pedir ayuda a Corea para evitar una catástrofe todavía mayor.

—¿Qué tipo de ayuda?

—Queremos solicitar el envío de Jugadores.

Ah, con que era eso.

Pero nuestra situación también está pesada.

Jeong estaba a punto de rechazar cuando Charlie se apresuró a añadir, medio segundo antes:

—No pedimos mucho. Y entiendo perfecto que la sociedad aún no se estabiliza tras el Segundo Cataclismo. También sé que no pueden reclutar Jugadores a la fuerza. Pero esto es un asunto enorme para toda la humanidad: si cada nación solo cuida su propio interés, después va a explotar en algo mucho peor. Usted lo sabe.

—…Sí, lo sé. Pero no todos piensan como la ONU. Y por muy alto nivel que tenga un Jugador, ¿cuántos van a arriesgar la vida por la humanidad… superando el miedo a lo desconocido, o más bien, el miedo a morir? Además…

Jeong dudó y luego dijo:

—Francamente, la persona por la que ustedes más habrán estado esperando—el Jefe de Sección An Su-ho—ahora mismo está desaparecido tras entrar a la Operación de Purificación y Unificación de Corea del Norte.

—¿Qué? ¿Qué dijo?

—Es verdad. Cuando empezó la operación, él se infiltró solo a lo profundo de Corea del Norte en una misión especial. Pero luego cayó el Segundo Cataclismo y apenas se restauraron comunicaciones… así que todavía no sabemos si el Jefe An Su-ho está vivo.

—Eso… es imposible…

Para Charlie, fue como si se le cayera el cielo.

Corea ni siquiera era miembro permanente ni no permanente del Consejo de Seguridad; técnicamente no le debía nada a la ONU.

Pero la razón real de la llamada, claro, era Su-ho.

Tras los encuentros previos, la fuerza de Su-ho ya se había reportado por completo a los altos mandos.

Y el propio Su-ho incluso había insinuado antes—

Que aunque Corea no fuera del Consejo de Seguridad, podían pedirle ayuda “voluntaria” cuando quisieran.

Y ahora, justo cuando más lo necesitaban, no podían contactarlo.

Jeong dijo:

—Es la verdad. ¿Por qué le mentiríamos a la ONU? Pero entendemos su solicitud. Lo voy a reportar por la cadena de mando y en cuanto logremos contactar al Jefe An Su-ho, responderemos de inmediato. También voy a consultar con otros gremios nacionales por si alguien quiere unirse al Cuerpo de Paz.

—…Entendido. Gracias.

—Claro.

La llamada terminó.

Charlie bajó el brazo, cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás.

—Carajo…

Así que An Su-ho no podía ir.

Él había pensado que, como Su-ho era Jugador funcionario, sería más fácil que reclutar de gremios privados.

No tenía forma de saber si Jeong decía la verdad.

Pero tampoco podía presionarlo como si fuera un interrogatorio.

Tras un breve instante de desesperación, Charlie empezó a buscar otras opciones.

Al fin y al cabo, era el máximo responsable de la Organización de Jugadores de la ONU.

—……

Después de colgar, Jeong Cheol-min se quedó viendo la pantalla apagada del teléfono por un buen rato.

Luego se volvió a poner el cigarro en los labios.

—……

Se quedó mirando esa pantalla oscura unos segundos más y, ya decidido, abrió sus contactos y buscó el número de Su-ho.

‘Por si acaso.’

No era que Jeong no entendiera las intenciones de Charlie.

Él era del mismo tipo de gente que Charlie y Su-ho:

Un hombre que creía que el interés personal debía ceder ante la paz de la humanidad.

Había prometido apoyar a Su-ho, sí… pero si lo mirabas de cerca, la paz de la humanidad iba primero; el soporte a Su-ho, segundo.

Así que, aunque decidió no intervenir lo más posible, también pensó que al menos debía intentar llamar una vez.

Estaba por presionar “marcar” cuando—

Bzzzt!

—……¡!

Le entró una llamada.

Jeong abrió los ojos al ver el identificador.

El que llamaba era… Su-ho.

Sobresaltado, contestó de inmediato.

—¿Su-ho?

—Sí, señor. Soy yo, Su-ho.

—¿Dónde estás? Justo estaba decidiendo si llamarte.

—¿Por lo de la Puerta Gigante?

—Sí. Llamó la ONU… preguntando si podía mandarte.

—¿Y?

—Les dije que iba a revisar y responder. Pero también dije que ahora mismo estás desaparecido en Corea del Norte.

—Buena jugada. De hecho, justo iba a contactarlo por eso.

—¿Contactarme?

—Sí. Ahorita estoy en Australia.

—¿Australia?

—Sí, Australia.

El cigarro se le cayó de la boca a Jeong Cheol-min.

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