El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 411

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“……!”

“……!”

“……!”

Una sonrisa social apenas visible—esa que usas cuando estás cansado pero tienes que terminar la entrevista—y la cara en blanco que esperaba a que el público se callara.

Esas habían sido las únicas dos expresiones que Su-ho mostró durante todo el tiempo.

Pero por primera vez, les enseñó a todos una expresión severa, cargada de advertencia.

—De aquí en adelante, les contaré lo que viví dentro de la Puerta de Takamagahara.

Con eso bastaba para echarles encima la presión necesaria.

La gente normalmente solo recuerda las primeras y las últimas palabras de un discurso largo.

‘Por algo eso de “poner lo fuerte al inicio” es tan popular.’

Así que soltó primero lo que quería decir, directo y caliente.

—No se conviertan en Apóstoles de Susanoo.

Si tenía oportunidad, era algo que quería decirle a todos… no, algo que tenía que decir a huevo.

Porque el rencor persistente de Susanoo se sentía como algo que iba a durar muchísimo.

‘Ya de por sí es un hijo de la chingada, y seguro va a estar esperando el más mínimo hueco para hacerme algo en cuanto encuentre una oportunidad.’

Pero Susanoo es un Trascendente.

Los Trascendentes no pueden influir la realidad directamente.

Entonces si un Trascendente quiere hacerle algo a un Jugador, solo hay un método.

Encontrar un Sucesor que herede su voluntad y encargarle su maldad como intermediario.

Por eso le advirtió a todos los ciudadanos japoneses.

No se conviertan en Apóstoles de Susanoo.

Era una vacuna bastante efectiva.

Pocos lugares valoran tanto la disciplina grupal como Japón.

‘El clavo que sobresale, lo martillan… así es Japón.’

Además de ser el país que más valora los manuales, Japón también es de los primeros lugares del mundo en eso de preocuparse por los ojos ajenos.

Así que por muy atractiva que sea la oferta de convertirse en Apóstol de un dios, si es para volverte Apóstol de un ser del que todos se callan, la mayoría de la gente probablemente nunca intentaría convertirse en Sucesor de Susanoo.

‘Claro, no puedo impedirlo al cien por ciento, pero… ¿cuántos Jugadores japoneses hay que quieran darle la espalda a toda su nación?’

Después de eso, Su-ho habló sobre lo que vivió dentro de la Puerta de Takamagahara.

Que primero tumbó a Susanoo, luego se encontró con Tsukuyomi y recibió su propuesta, y así sucesivamente.

Naturalmente, no dijo que había hecho un trato.

Tampoco dijo que Tsukuyomi había sido ennegrecido por el castigo del sistema.

Dejó lo bueno como bueno, omitió lo innecesario, y cuando lo contó de modo que Susanoo quedara como el villano—cómo dentro de la Puerta de Amaterasu volvió a tumbar a Susanoo una vez más, y cómo derrotó a la Amaterasu contaminada por Susanoo y la salvó—hubo gente que incluso empezó a llorar de emoción.

—Ahh……

—Como era de esperarse……

—Como era de esperarse, el presidente Yasuda es el héroe de Japón……

—¿Básicamente es Momotaro, no?

—Por cierto, Susanoo sí es un bastardo.

—Ya era un bastardo. ¿No conoces la historia de que Amaterasu se escondió en Amano-Iwato porque su tiranía estaba bien pasada?

—Al final hasta lo expulsaron del Reino Celestial y se volvió un dios del mundo humano.

—Ugh, una vez bastardo, siempre bastardo.

—Pero luego Susanoo mata a Yamata-no-Orochi por ellos, ¿no?

—Ah, este güey no tiene tacto. ¿Por qué sacas eso ahorita?

—¿Qué pedo? ¿Un vato que hizo noventa y nueve cosas mal hace una buena y ya con eso es bueno?

—¡Haz seppuku!

La opinión pública empezó a formarse justo hacia donde Su-ho quería.

Al tipo que señaló datos de manera imprudente lo tundieron, mientras que los listos cerraron la boca y maldijeron a Susanoo.

‘Sí. Así debe ser.’

Susanoo, ¿me estás viendo?

No sé cómo piensas vengarte de mí, pero como dios de Japón intentando reclutar japoneses como Apóstoles, parece que vas a batallar más de lo que crees.

Habiendo cumplido su objetivo inmediato, Su-ho sonrió por dentro, satisfecho, y volvió a alzar la voz.

—Ciudadanos, se los pido de corazón. Entiendo que el mundo está muy caótico ahora por el actual Segundo Cataclismo. Pero yo siempre me jugaré la vida y pelearé por la seguridad de Japón. Así que si ustedes están conmigo… entonces por favor no se conviertan en Apóstoles de Susanoo.

—¡Lord Yasuda…!

—Ahh, ¡es un héroe…!

—¡Woooow!!

—¡Yasuda! ¡Yasuda! ¡Yasuda!

—¡Hiro! ¡Hiro! ¡Hiro!

—¡Sumiyoshi! ¡Sumiyoshi! ¡Sumiyoshi!

—¡Héroe de Japón! ¡Yasuda Hiro!

Aplausos y gritos atronadores.

Todos clamaban por Yasuda Hiro y alababan a Su-ho.

‘Con esto debe bastar.’

A estas alturas, ya había hecho todo lo que podía hacer por ahora.

Así que decidió retirarse.

—Entonces, me retiraré a descansar. La historia detallada la entregaré a través de la Agencia de Habilidades Paranormales.

Para mantener una postura humilde hasta el final, Su-ho se inclinó de modo que se le viera la coronilla, luego salió en silencio del área de prensa y regresó hacia la mansión.

—¡Yasuda! ¡Yasuda! ¡Yasuda!

—¡Hiro! ¡Hiro! ¡Hiro!

—¡Sumiyoshi! ¡Sumiyoshi! ¡Sumiyoshi!

—¡Héroe de Japón! ¡Yasuda Hiro!

Incluso cuando ya había salido del salón y llegó al elevador de la mansión, todavía podía escuchar los vítores.

Al oírlos, no pudo evitar sonreír.

¡Ding!

Cuando el elevador con Su-ho por fin llegó al piso donde estaba Hiro, Hiro salió a recibirlo apresurado.

En cuanto Su-ho salió, la transformación se deshizo y volvió a su apariencia original.

—Fue una entrevista muy conmovedora, Maestro.

—¿La estabas viendo?

Ante la pregunta, Hiro señaló la TV: un canal de noticias lo estaba transmitiendo en vivo.

Su-ho asintió y le devolvió a Hiro el Dojigiri Yasutsuna que había pedido prestado.

—Descansa bien un rato. Hiciste algo grande, así que nadie podrá cargarte con responsabilidades ni presionarte. Y trata de no salir en transmisiones, si puedes.

—Sí. Aunque no sea “misticismo” como tal, voy a mantener algo parecido como setting.

—Bien. Entonces, por si pasa cualquier cosa, te voy a decir lo que de verdad ocurrió dentro de Takamagahara.

No todo, pero le contó como el 90%.

Hiro se lo merecía.

Cuando terminó la historia, Hiro abrió la boca y levantó un dedo.

—Usted es increíble, Maestro.

—No estuvo fácil. Pero gracias a eso, mi nivel ahora es 252.

—¿Q-qué? ¿252?

—Sí, 252. Solo te lo digo a ti. Así que no se te ocurra pensar cosas raras; nomás mírame bien y sígueme el paso.

—Wow……

Decirle su nivel a Hiro era, en parte, para ganarse confianza, pero también para intimidarlo tantito.

No es que Hiro fuera ese tipo, pero con la gente nunca sabes.

Cuando Su-ho cerró la conversación y se levantó, Hiro también se puso de pie.

—¿Va a salir de inmediato?

—Sí, ya apagué el incendio urgente, así que tengo que entrar de lleno al siguiente paso.

—¿A dónde va ahora?

—Secreto.

—Entendido.

—¿No te da más curiosidad?

—Creo que no me lo dice ahorita porque tiene una razón.

Ante eso, Su-ho soltó una risita.

‘Qué chico tan tierno.’

Pero era verdad que no podía decirle, porque de plano no podía hablarlo.

A donde iba ahora era un lugar bastante privado.

—La azotea está abierta, ¿no?

—Sí. Si sube al último piso, puede usar la terraza.

—Va. Ya me voy. No me acompañes.

—Ah, pero por favor al menos déjeme despedirlo.

—Está bien. Voy y vengo. Por cierto, después del Segundo Efecto… no, del Segundo Cataclismo, el mundo va a cambiar mucho. Así que no descuides tu entrenamiento con la espada. Yo voy a ayudar donde de verdad esté peligroso, pero en lo razonable, tú—el gran héroe de Japón—tienes que ponerte al frente y salir a limpiar.

—Entendido. Lo voy a grabar en el corazón una y otra vez.

—Bien.

Tras despedirse breve, Su-ho tomó el elevador directo al último piso.

De camino, Su-ho pensó:

‘Otras cosas son otras cosas, pero si tengo tiempo así… debería encargarme primero de ese tipo.’

Sobre todo ahora, lo que estaba por hacer era oportuno, porque el mundo estaba en caos por el Segundo Efecto.

Al llegar a la azotea amplia y abierta, Su-ho invocó de inmediato a Cheolma.

—Cheolma.

—¡Hiiiiii!

—Es un vuelo largo. Vámonos.

—¡Hiiiiiihhh!

Con Su-ho montado, Cheolma flotó y se elevó al cielo.

—¡Maten! ¡Maten a esos h—!

—¡Barran con todos! ¡Si no lo hacemos ahorita, no va a haber otra oportunidad!

¡¡KABOOM!!

Un rugido explosivo.

Junto con eso, gritos de la gente, disparos, y los sonidos alienígenas de habilidades que se oían intermitentemente se mezclaron en un caos brutal.

Este lugar, que parecía un campo de batalla, no era otro que México. En específico, la Ciudad de México, la capital de México.

Para alguien que no hubiera pasado por el Cataclismo, sería un espectáculo difícil de creer incluso viéndolo con sus propios ojos.

No era de extrañar: dentro de México, famoso por la inseguridad, la Ciudad de México había sido el único “zona segura entre zonas seguras”, donde la seguridad estaba garantizada.

Pero eso ya era cosa del pasado.

Después del Cataclismo, México se dividió en México del Norte y México del Sur, y el cártel mafioso más fuerte y más culero de la historia mexicana, la Familia Calavera, que unificó a las incontables pandillas existentes en una sola, se volvió el amo del norte.

Y los civiles que ganaron poder al convertirse en Jugadores tras el Cataclismo organizaron un grupo vigilante para recuperar México de la mafia: Nuevo Nuevo México, que defendía el sur.

Entre ellos, la Ciudad de México era el símbolo del México del Sur, la primera línea y el portero de Nuevo Nuevo México.

Ambos bandos, desde el Primer Efecto, habían mantenido la paz durante mucho tiempo usando la Ciudad de México como frontera.

Por más fuerte que fuera la familia mafiosa más poderosa de la historia, en muchos sentidos era demasiado pedir aplastar con pura fuerza bruta a un grupo vigilante de Jugadores unidos por habilidades paranormales.

Mientras tanto, empezó el Segundo Cataclismo—el Segundo Efecto.

Y esa fue una oportunidad perfecta para la Familia Calavera.

Una oportunidad excelente para, en medio del caos, empujar a Nuevo Nuevo México y tragarse todo el sur completo.

En cuanto comenzó el Segundo Efecto, la Familia Calavera lanzó ataques sorpresa simultáneos y esporádicos sobre la Ciudad de México, el símbolo del sur.

La operación salió redonda.

El sur ya estaba hecho un caos por el Segundo Efecto, y el asalto total del norte justo en ese momento era algo a lo que ni siquiera una fuerza vigilante con defensas firmes podía responder bien.

Mientras la masacre de la Familia Calavera continuaba—

Vrrrrrrrr!!

El sonido de una sierra girando.

Con ese metal áspero, todos los miembros de la Familia Calavera se congelaron al instante.

—N-no puede ser…

—¿E-es el Cardenal de la Sierra?!

—¡Escuché que ese cabrón se había replegado al extremo sur para completar una Puerta… cómo?!

El Cardenal de la Sierra.

Su nombre era Fernando Villalobos, y su apodo venía de que usaba una enorme motosierra de maná como arma principal.

Al mismo tiempo, era un peleador reconocido en todo el México del Sur, y un ser al que llamaban la esperanza de Nuevo Nuevo.

—¡No se achiquen! ¡Nomás mátenlo!!

—¡Sí, alv! ¿Hasta cuándo vamos a seguir corriendo! ¡Es un güey al que igual vamos a tener que matar algún día!

Pero hoy, ni los miembros de la Calavera se echaron para atrás.

Aunque el rival fuera el Cardenal de la Sierra, seguía siendo una montaña que tarde o temprano tenían que cruzar.

Así que se juntaron y se le fueron encima.

—¡Kraahahaha! ¡Vengan, todos ustedes, mocosos!!

Vrrrrrrrr!!

—¡Aaaarghhh!!

—¡Gggggghhh!!

—¡P-perdónenme!!

Los gritos se elevaron.

Y al mismo tiempo, la sierra giró con ellos.

De verdad, era el Cardenal de la Sierra.

A pesar del ataque combinado de incontables pandilleros, no cedió ni tantito y, como para presumirles, masacró a la Familia Calavera.

Cruel con el enemigo, pero la visión más reconfortante posible para los aliados.

Gracias a eso, muchos vigilantes de Nuevo Nuevo recuperaron valor y alzaron sus armas.

Gritaban que, en efecto, era el Cardenal de la Sierra.

Y entonces—

¡Shaaah!!

La sangre se disparó en todas direcciones.

El que quedó cortado con una línea recta desde la cabeza hasta la ingle, escupiendo sangre, no era otro que el Cardenal de la Sierra.

—¡Su Eminencia!!

—¡Fernando!!

Los miembros de Nuevo Nuevo alrededor, al ver eso, se les saltaron las venas del cuello y gritaron el nombre de Fernando.

Y el que recuperó la espada del cuerpo del Cardenal de la Sierra fue—

—Llegaste al lugar correcto.

No era otro que Su-ho.

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