El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 358

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  4. Capítulo 358
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Después de salir de la mansión, Su-ho entró una vez más a la [Casa de Subespacio].

Lanzó [Encantamiento] sobre Musashi y comenzó a interrogarlo.

—Nombre.

—Takeda Musashi.

—¿Ese es tu nombre real?

—Sí.

—De aquí en adelante, voy a desmantelar a Yamaguchi y convertir a Sumiyoshi en el gremio número uno de Japón. ¿Qué opinas?

—Creo que es una buena idea.

Tal como se esperaba de [Encantamiento].

El efecto era aterrador.

Su-ho soltó una risita.

—¿Verdad? Pero Yamaguchi es demasiado grande para eso. Escuché que el viceministro se te acercó hace poco para que fueras tras Sumiyoshi, ¿cierto?

—Sí, es correcto.

—Y tienes los libros con la corrupción de tus grupos subordinados, ¿no?

—No de todos, pero sí los suficientes como para tenerlos sujetos con correa.

—¿Dónde están?

—Los guardé en la bóveda de mi casa.

—¿Alguien además de ti puede entrar?

—No. Solo yo puedo.

—¿Ah, sí?

Qué fastidio.

Eso significaba que tendría que ir él mismo.

No había de otra.

Su-ho clavó la Lanza Guiyeong en el suelo cerca de la mansión, luego tomó la dirección de la casa de Musashi y montó el Caballo de Hierro de inmediato.

¡Whoooosh!

Por segunda vez ese día, terminó en Kobe.

Flotando sobre la casa de Musashi, Su-ho frunció el ceño al ver el enjambre de miembros del gremio Yamaguchi rodeando la propiedad.

‘Bueno, al menos están en pánico tras enterarse de que secuestraron a su jefe.’

Al escanear con [Percepción de Maná], vio que ninguno había entrado a la casa como tal.

Como era de esperarse.

Seguía siendo la casa del líder del gremio, después de todo.

Envuelto en [Soledad Incolora], Su-ho aterrizó en silencio con el Caballo de Hierro en la terraza del segundo piso.

Luego sacó a Musashi de la [Casa de Subespacio] y se dirigió a la bóveda.

La casa no estaba completamente vacía.

Sirvientes y gente que parecía ser familia se movían de un lado a otro, pero antes de que pudieran gritar, Su-ho les golpeó los puntos de sueño, dejándolos inconscientes.

Entró al estudio y abrió la puerta de la bóveda que estaba dentro.

Al ver lo que había, Su-ho no pudo evitar soltar una risa seca.

—Bueno, bueno… esto es prácticamente una bóveda bancaria.

No era exageración.

No era una de esas cajas fuertes de película escondidas detrás de un cuadro. Era un cuarto entero, como las bóvedas VIP de un banco.

Y lo que había dentro lo impactó todavía más.

—Vaya… ¿todo esto es oro?

No solo oro.

Joyas, dólares… toda clase de activos líquidos imaginables abarrotaban el lugar.

—Increíble…

Pero Musashi ignoró todo eso y se dirigió a un gabinete en la esquina. Señaló con cuidado.

—Estos documentos registran todos los negocios en los que Yamaguchi se ha involucrado desde que se convirtió en un gremio.

—¿Incluidos los libros?

—Sí.

Se veía igual que un archivero de un fiscal.

Su-ho hojeó hasta sacar un expediente.

Era sobre distribución de drogas. En específico, el mercado de Osaka. Un registro de todos los narcóticos manejados en Osaka tan solo el año pasado.

Tsk, parásitos que pudren a la sociedad…

De todos los crímenes, Su-ho detestaba más los relacionados con drogas.

Las drogas no perdonan ni a jóvenes ni a viejos; una vez que se sueltan, van vaciando la sociedad por dentro poco a poco. La peor invención de la humanidad.

En lo personal, consideraba las drogas peores que los asesinatos al azar.

Negando con la cabeza, Su-ho abrió la [Casa de Subespacio] y llamó a sus soldados clon para que empezaran a cargarlo todo.

Musashi se quedó a un lado, con las manos juntas de forma educada, esperando.

Mientras tanto, Su-ho volvió a escanear la bóveda y asintió.

—Llévense todo esto también.

“Todo esto” incluía los objetos de valor, incluido el oro.

De todos modos necesitaba oro puro para desbloquear la [Runa de la Codicia]. El resto planeaba dárselo al representante Ion.

Ion se había tomado la molestia de montar una sucursal en Japón, solo para que la disolvieran de la noche a la mañana.

Cuando terminaron de cargar, Su-ho cerró la bóveda y regresó a Akasaka con Musashi.

No fue a ver a Hiro de inmediato.

En su lugar, se acercó al auto donde el director Oota y el jefe de sección Nakamura esperaban cerca de la mansión de Hiro, y tocó la ventana.

—Abran.

—Sí, señor.

Ambos seguían bajo [Encantamiento].

Su-ho subió al asiento trasero del auto y comenzó el interrogatorio, preparándose para su visita a Habilidad Paranormal.

—Ustedes dos son subordinados directos de Habilidad Paranormal, ¿correcto?

—Sí, así es.

—¿Qué clase de hombre es el viceministro Miyamoto?

—El viceministro Miyamoto… es alguien que trae cien serpientes en la panza.

—¿Serpientes? ¿O sea, es astuto como una víbora?

—Es astuto, y también venenoso.

—¿Y su codicia? ¿Le gustan los sobornos?

—No. De hecho, es bastante limpio.

—¿Limpio?

—Sí. Trabaja única y enteramente para el Estado. Pero en vez de perseguir el bien, elige el mal menor.

No el bien: el mal menor.

Eso hizo que Su-ho sonriera.

Quizá ni siquiera necesitaría [Encantamiento]; Miyamoto podría moverse por cuenta propia.

Su-ho asintió.

—Bien. Llámalo ahora. Dile que necesitamos vernos. Inventa cualquier pretexto.

—Sí, entendido.

El director Oota marcó de inmediato a Miyamoto.

Estaba cerca de la medianoche, pero la llamada fue atendida rápidamente.

En cuanto Oota puso el altavoz, la voz de Miyamoto se escuchó.

—¿Qué es esto?

—Habla el director Oota. Viceministro, hubo una complicación.

—¿Complicación?

—N-nosotros… fallamos. Si le parece bien, ¿podría verlo en persona para darle un informe detallado? Dadas las circunstancias, no tuve otra opción más que llamar incluso a estas horas.

—…Bien. Te enviaré una dirección. Vengan ahí.

—Sí, entendido.

Oota estaba en la línea directa de Miyamoto, uno de sus hombres de mayor confianza.

Por eso se concedió la reunión, incluso a esa hora.

Llegó un mensaje con la dirección, y Nakamura condujo hasta el punto indicado.

Era debajo de un paso elevado sin señalamientos.

De vez en cuando, los trenes retumbaban arriba. El auto de Miyamoto ya estaba ahí.

Antes de bajarse, Su-ho se transformó con el rostro de Hiro, tal como se lo había advertido con anticipación.

Se bajó. En cuanto Miyamoto lo vio, abrió los ojos de par en par.

—¡¿P-presidente Yasuda?!

Pero en lugar de la sonrisa habitual de Hiro, Su-ho se acercó con la expresión más fría posible.

Al darse cuenta de lo mal que estaba la situación, Miyamoto retrocedió instintivamente, casi intentando huir.

Pero Su-ho no era alguien de quien un simple viceministro pudiera escapar.

—¡Hiiieek!

En un abrir y cerrar de ojos, Su-ho ya estaba frente a él. Miyamoto chilló y cayó al suelo.

El viceministro era un hombre enjuto con lentes: el estereotipo de oficinista frágil.

Mirándolo desde arriba, Su-ho habló.

—Soy Yasuda Hiro, de Sumiyoshi. Tú eres el viceministro Miyamoto, de Habilidad Paranormal, ¿sí?

—S-sí, pero…

—Párate. No te pongas nervioso. Por mucho que me gustaría despedazar al hombre que intentó asesinarme, decidí no hacerlo.

—¿Q-qué?

—Ya me enteré de todo. Así que evitemos la farsa. Romperé lazos con Union. También me encargaré de Yamaguchi. ¿Qué tal si Habilidad Paranormal trabaja con Sumiyoshi en su lugar?

—…¿Qué?

Su-ho fue directo al punto.

Oota y Nakamura ya habían bajado del auto, parados respetuosamente con las manos juntas frente al vehículo.

Mirando de reojo entre ambos, Miyamoto se levantó con cautela.

—…¿Qué estás diciendo?

—Escuché que siempre trabajas por el interés nacional. Por eso vine. Consideraré el atentado de Habilidad Paranormal contra mi vida como un mal necesario por el bien mayor y lo dejaré pasar esta vez. Pero de ahora en adelante, quiero que te pongas del lado de Sumiyoshi, no del de Yamaguchi. Eso es todo.

—……

Su-ho expresó su intención sin rodeos.

Quizá por eso, Miyamoto se acomodó los lentes con un pañuelo, y luego fijó la mirada en Su-ho.

—Debes ser, en efecto, uno de los cinco mejores jugadores del país. Escuché que los asesinos de Yamaguchi no eran cualquier cosa, y aun así Equator Hiro no pudo contra ti.

—Sí. Así ha sido, y así seguirá siendo.

—Entiendo la postura de Sumiyoshi. Pero ¿sabes por qué elegimos a Yamaguchi en primer lugar?

—Por la escala. Aunque seamos el número dos en la industria, Sumiyoshi solo opera dentro de Tokio, mientras que Yamaguchi cubre todo el país.

—Entonces, ¿has considerado que Yamaguchi seguirá atacando después de esta noche?

—No tienes por qué preocuparte por eso.

—¿No preocuparme?

—Debes saber mejor que la policía cómo manejamos lo de Inagawa. Yamaguchi tardará más, pero el método será el mismo. Claro, si nos echas una mano, será mucho más sencillo.

—Inagawa y Yamaguchi no son lo mismo. ¿De verdad crees que Yamaguchi va a desaparecer solo porque yo le mueva tantito al avispero?

—Sí. Van a desaparecer. Así que, por favor, piensa solo en el interés nacional. ¿Te vas a poner del lado de Yamaguchi, que todavía esconde crimen yakuza tras la máscara de un gremio, o del de Sumiyoshi, que antes fue yakuza, pero ahora maneja negocios legítimos?

—…Tu confianza es impresionante.

—Tomé la presidencia de Sumiyoshi sin respaldo alguno. ¿Cómo no iba a tener confianza?

Miyamoto sonrió de lado ante eso.

Sacó un cigarro y lo encendió.

—Bien. Pero entonces, ¿qué es lo que de verdad quieres? ¿Ganancias monopolísticas?

—No. Tengo dinero de sobra. Lo que quiero es honor.

—…¿Perdón?

—Exactamente lo que dije. No quiero nada más. Solo quiero convertirme en el mejor jugador de Japón y proteger a mi gente. Con eso me basta.

—…¿Y esperas que yo crea eso?

—Créelo o no, es tu decisión. Pero escuché del director Oota: no aceptas sobornos y siempre eliges el mal menor por el bien del país. Piensa en mí igual.

Esa última frase, repitiendo las palabras de Oota, lo selló.

Miyamoto asintió con una sonrisa.

—Ja… muy bien. Pero si quieres que Habilidad Paranormal se ponga de tu lado, primero tráeme pruebas de que Yamaguchi puede ser aplastado. Nosotros no actuamos solo con palabras.

—Entendido. Entonces dame un día. Ah, y una cosa más.

Su-ho les hizo una seña a Oota y Nakamura para que se acercaran.

Ellos lo hicieron.

En el instante en que quedaron frente a él, Su-ho hundió sus puños en el pecho de cada uno.

¡Crack! ¡Crack! ¡Thud!

Cayeron.

No… estaban muertos.

Un solo golpe a cada uno, pero suficiente para matarlos al instante.

Cargando sus cadáveres sobre los hombros, Su-ho dijo:

—Con estas dos vidas, daré por saldado cualquier rencor por el asunto de esta noche. De aquí en adelante, espero tu cooperación. Yo me encargo de la limpieza.

Metió los cuerpos en su auto, se sentó al volante y se fue en silencio.

Al verlo alejarse, el viceministro Miyamoto tragó saliva sin darse cuenta.

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