El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 354

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  4. Capítulo 354
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Por un momento, pensé que había oído mal.

¿De repente hablando así, por encima de mí?

Pero no… Su-ho no había oído mal ni visto mal.

Uno de los hombres se levantó, mientras que el otro permaneció sentado, alzando una sola mano en un saludo fingidamente amistoso.

El que estaba sentado con tanta arrogancia se llamaba Oota Isao, director de la Oficina de Puertas de la Agencia de Habilidades Paranormales.

A su lado, actuando como anfitrión, estaba Nakamura Yoshito, un jefe de sección.

El jefe de sección Nakamura sustituyó un saludo formal por una ligera reverencia.

Aun así, Hiro, pese a su arrogancia, no mostró ni la más mínima molestia.

En cambio, sonrió y empezó a presentarse a sí mismo y a Su-ho.

—Cuánto tiempo, director Oota. Por supuesto que usted me conoce, pero por la persona que viene con usted, permítame presentarme de nuevo. Soy Yasuda Hiro, del gremio Sumiyoshi, y el caballero que me acompaña es el vicepresidente Kim Su-ho, del Sindicato.

—Soy Kim Su-ho. Es un placer conocerlo.

Como Hiro había mostrado cortesía, Su-ho hizo lo mismo.

Sin embargo, el director Oota, pese a que tanto Hiro como Su-ho estaban siendo educados, expresó de inmediato su descontento.

—¿Eh? ¿Vicepresidente? ¿No presidente? Oiga, presidente Yasuda, ¿qué está pasando aquí?

Su-ho estaba a punto de responder, pero Hiro se adelantó.

—Ah, sí. Normalmente debería haber venido el presidente del Sindicato, pero si eso pasaba, por los horarios de viaje habría tardado al menos dos días más. Pensamos que era mejor que asistiera el vicepresidente, que ya estaba en Japón. Al final, el tiempo de ustedes dos vale más que el oro.

—Hmph, bueno, eso sí… tch, pero aun así no me gusta.

—Jaja, por favor disculpe la descortesía. Me aseguraré de atenderlos como se debe hoy para compensarlo.

—Hmm, la hospitalidad adecuada es lo mínimo que se espera…

Una vez que se sentaron, el director Oota, tras una pequeña tos, se quedó mirando fijamente a Su-ho y luego soltó una risita breve, burlona.

—Hablas japonés bastante bien, ¿no?

—Sí, estudié con anticipación por asuntos de negocios.

—¿Por asuntos de negocios, hm…? Entonces, ya que estamos en eso, ¿puedo preguntarte algo?

—Adelante.

—¿Por qué el Sindicato viene hasta Japón a hacer negocio de incursiones cuando tienen Puertas perfectamente buenas en su propio país? Tú sabes muy bien que la mayoría de los países solo otorgan permisos de incursión a empresas nacionales, no extranjeras.

Era verdad.

Por más que las Puertas fueran consideradas un desastre para la humanidad, no se podía negar que eran una fuente excelente de ingresos.

Su-ho respondió con total naturalidad.

—La razón es simple: dinero. El Sindicato es una empresa de incursiones, y nos conviene tener fuentes de ingresos no solo en casa, sino también en el extranjero.

—¿Sin otras intenciones ocultas?

—¿Intenciones ocultas?

—Bueno, dices que todo es por dinero, pero podría haber otros objetivos, ¿no?

—¿Como los dos de aquí?

—¿Qué?

El rostro del director Oota se torció; no de manera sutil, sino abiertamente, con burla y desprecio.

Así que Su-ho decidió hacer las cosas a su manera de siempre.

Hiro se sobresaltó.

—¿Vicepresidente?

Pero Su-ho ya lo había decidido.

No, en realidad, desde el momento en que entró a este ryōtei y pisó esta sala, la decisión ya estaba tomada.

—Disculpe, presidente, pero creo que no importa lo que se diga ahora: el resultado ya está decidido.

—Vicepresidente, ¿a qué se refiere?

—¿Aún no lo ha notado? La enorme intención asesina dirigida a nuestra sala.

—¿Intención asesina? ¿De qué está hablando?

Así que no podían sentirlo.

Qué lástima… los Jugadores de etapa temprana después de la Gran Catástrofe a menudo eran así.

Si el sistema no les daba una notificación clara para cosas como el maná o la intención asesina, por más nivel que tuvieran, eran como gente normal: completamente inconscientes.

Bueno, supongo que no se puede evitar. El dominio del control del qi normalmente no llega hasta mínimo la mitad del juego, tirándole a tarde.

Su-ho volvió la mirada al director Oota.

—Hay bastantes personas capaces esperando aquí, apuntándonos. Por sus niveles, parecen ser Jugadores decentes. ¿Son sus hombres, director?

Su-ho tuvo la cortesía de decirlo todo en japonés, de principio a fin.

Y quizá por eso…

justo cuando terminó, el rostro del director Oota se enfrió más que nunca.

—Qué agudo eres. Y por eso me caes todavía peor. Que un chosun-jing ande tan enteradito… por eso odio a los coreanos, ¿verdad, Yoshito?

—Sí, director.

—Parece que nuestra conversación terminó. Sácalo.

—Sí.

A la orden de Oota, Nakamura Yoshito, que había estado esperando cerca, sacó de su inventario un enorme tetsubō, un gran garrote de hierro, y el director Oota habló otra vez.

—Presidente Yasuda, usted es un hombre inteligente. Estoy seguro de que entiende. No cometerá el error de ayudar a una empresa coreana, ¿verdad?

—¡Director! ¿Qué significa esto?

—Shh, cállese. No permitiré más comentarios.

Cortándolo en seco, el director Oota volvió su mirada a Su-ho.

—Para ser un chosun-jing, sí captas las cosas rápido. Entonces también debes haber notado esto: de aquí no sales con vida.

—¿Ah, sí? ¿Eso cree?

—¿Qué?

—No sé a quién trajo, pero adelante: métalos. Quiero verles la cara.

—¡Puajajaja! ¿Puro ladrido hasta el final, eh? Así son ustedes, los coreanos. No te preocupes, no te voy a matar. Solo te voy a encerrar en la prisión subterránea de la Agencia de Habilidades Paranormales, te voy a cargar con todos los delitos que pueda, y jamás volverás a pisar tu patria… igual que tus malditos ancestros.

—Uy, qué miedo. Pero gracias a usted, ahora tenemos una justificación clarita. Usted empezó esto.

—¿Qué?

—Todos… en silencio.

En ese instante—

[ Mini Miedo ha sido activado. ]

—¡Ghhk!

—¡Urgh!

—¡Krrgh!

Con el murmullo suave de Su-ho, Mini Miedo se activó.

Los tres en la sala no pudieron soportar la presión opresiva y se tambalearon al instante—

No, más que tambalearse: apenas podían mantener el cuerpo en pie.

Su-ho volvió a hablar.

—Definitivamente es Miedo, pero es un poco distinto al Rugido del León.

Mini Miedo continuó.

Su-ho jamás alzó la voz.

Solo habló lento, casual, como si fuera una conversación normal.

Pero el Miedo de Dragón impregnado en su voz era verdaderamente aplastante.

Miró a las figuras retorciéndose de dolor: el director Oota y el jefe de sección Nakamura.

—Tsk, tsk… bien valientes y altaneros, y ni siquiera aguantan esto…

Justo entonces—

—Haa… haa… vicepresidente… ¿qué está pasando aquí?

El único que apenas conservaba la cordura era Hiro, quien aun así preguntó sin perder la compostura.

Así que… Mini Miedo no distinguía entre aliado y enemigo.

Qué pena.

Al menos Rugido del León permitía reconocer aliados.

Tras pensarlo un instante, Su-ho presionó un punto detrás de la oreja de Hiro.

[ Técnica de Puntos de Presión está activada. ]

En el momento en que lo hizo, el oído de Hiro quedó sellado.

Podría parecer excesivo, pero en esta situación era la mejor opción: el Miedo actuaba principalmente a través del sonido.

La comunicación no sería un problema.

De aquí en adelante, Su-ho simplemente usaría Transmisión de Sonido.

[ Transmisión de Sonido está activada. ]

—¿Mejor?

—¿Eh? ¿Q—qué…?

Al escuchar la voz de Su-ho dentro de su cabeza, en vez de por los oídos, Hiro se sobresaltó visiblemente.

Su-ho solo asintió levemente, con una sonrisa tenue.

—Los detalles los hablamos después… Por ahora, enfoquémonos en controlar la situación. Parece que hay bastantes personas tras nosotros.

—¿Tras nosotros…?

En ese momento—

¡Crash! ¡Crash!

Hombres irrumpieron por la puerta.

Todos llevaban el mismo atuendo negro y máscaras, y cada uno empuñaba un arma distintiva.

—¡¿Qué demonios—?!

Hiro estaba claramente sacudido.

Era comprensible: cuando Su-ho mencionó la intención asesina, no se imaginó que habría tantos asesinos esperando.

Su-ho los contó con calma.

—Uno, dos, tres… ¿nueve? Vaya, sí que trajeron gente.

Nueve en total.

Con razón la intención asesina había sido tan fuerte.

Uno de ellos, aparentemente el líder, hizo señas dando órdenes: la mitad a rescatar al director y al jefe de sección; el resto a atacar a Su-ho y a Hiro.

Eso hizo que Su-ho soltara una sonrisita sin querer.

Y habló con ligereza.

—Échenle ganas.

Whoooom!

[ Mini Miedo ha sido activado. ]

Con una sola frase dicha como si nada, el aire en la sala volvió a temblar.

Los nueve asesinos se congelaron, músculos rígidos, incapaces de moverse.

Su-ho ni siquiera había desenvainado su espada.

Con las manos detrás de la espalda, caminó hacia delante a paso tranquilo.

—Deberían considerarse con suerte.

Bzzzzt!

—Si no tuviera al Miedo como herramienta…

Bzzzzt!

—…ya habrían perdido una pierna cada uno antes de que esto empezara.

¡Thud!

Para cuando terminó de hablar, la mayoría de los asesinos ya se habían desplomado inconscientes.

Mientras más maná metía en su voz, más fuerte se volvía el Miedo.

La mirada de Su-ho se movió hacia el único hombre que seguía de pie.

—¿Oh?

Era el líder del equipo que había dado las órdenes.

¿Aguantaba un poco más solo por ser el jefe?

Entonces se merecía un trato acorde.

Su-ho se acercó con una sonrisa amable.

El hombre apenas podía mantenerse consciente: su arma ya había caído al suelo con estrépito, y su cuerpo se balanceaba al borde del colapso.

Acercándose, Su-ho le susurró al oído—

—Bú.

—¡Ghhhaa—!

¡Thud!

Como si asustara a un niño: una palabra, y cayó.

Con el líder también fuera de combate, Su-ho por fin relajó un poco su expresión, miró alrededor de la sala y luego presionó otra vez el punto en la oreja de Hiro.

—¿Está bien?

—V–vicepresidente, ¿qué diablos está pasando?

—Vamos a tener que interrogarlos para saberlo. Pero si me pregunta a mí…

Dejó la frase colgando, agarró a uno de los asesinos inconscientes y le rasgó la ropa.

Lo que quedó al descubierto hizo que entrecerrara los ojos.

—Lo sabía.

—¡Esto es…!

—¿Lo reconoce?

—¿Cómo no? Esa es la marca del gremio Yamaguchi… ¡!

Exactamente como dijo Hiro—

En el cuerpo del hombre estaba el tatuaje característico del Yamaguchi-gumi, el gremio número uno de Japón y antes un enorme sindicato yakuza.

Todos los demás eran iguales.

Solo para estar seguro, Su-ho les rasgó la ropa a todos… y cada uno llevaba el mismo tatuaje.

Con una expresión ilegible, Su-ho habló.

—Parece que la Agencia de Habilidades Paranormales… o quizá incluso el propio gobierno japonés… tiene vínculos con el gremio Yamaguchi.

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