El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 304
Era natural que se quedaran boquiabiertos.
¿Trabajo voluntario?
Habían cruzado medio mundo hasta Corea para negociar el estatus de miembro no permanente.
Finn preguntó:
—¿Hablas en serio?
—Claro que sí. Completamente en serio.
—¿Qué estás…?
—No estoy bromeando. Si vinieron a hablar de que Corea sea miembro no permanente por mi culpa, entonces eso significa que sólo me quieren a mí como recurso, ¿no? Entonces, ¿para qué armar tanto alboroto por una sola persona? A mí tampoco me gustan los procesos complicados. Si compartimos el objetivo de la paz mundial, estoy más que dispuesto a ayudar bajo la etiqueta de voluntariado. Como dije antes, no me interesa el dinero. A menos que…
Su-ho entrecerró ligeramente los ojos.
—No me digas que están calculando algo más que “necesitar mi ayuda por la paz mundial”, ¿verdad?
—……
—……
—……
Todos guardaron silencio, intercambiando miradas.
Porque todos sabían que Su-ho estaba diciendo la verdad.
Su-ho sonrió.
—Voy a salir tantito al baño.
Dicho eso, se levantó y salió.
Todos sabían que Su-ho les estaba dando espacio —a propósito—.
Así que empezaron a discutir rápido entre ellos.
—Capitán, ¿qué hacemos?
—Vamos a tener que reportarlo a la central. Pero, siendo honestos, su propuesta no es precisamente mala. Como él dijo, si de verdad nos ayuda como voluntario, podemos utilizarlo sin escalar el asunto.
—Pero los gates que requieren desplegar al Cuerpo de Paz no son normales. ¿De verdad nos va a ayudar?
—Eso…
Finn no pudo responder a la pregunta de Sein.
Porque no estaba seguro.
Esa incertidumbre era exactamente la razón por la que querían que Corea fuera miembro no permanente.
Pero era evidente que Su-ho no quería eso para su país.
Y no era cosa menor.
Que un jugador capaz se dedicara a limpiar gates era la mayor contribución posible a la humanidad.
—Haré una llamada.
Finn se levantó y se fue a un rincón tranquilo del restaurante.
Cuando terminó la llamada, regresó.
Para entonces, Su-ho ya había vuelto.
Su-ho le sonrió.
—¿Ya terminaron de hablar con la central?
—…Ja, contigo no se puede. Sí, ya hablamos. Pero, señor Su-ho, aunque todo suena muy bien, hay algo que nos preocupa.
—¿Les preocupa que no ayude con los gates importantes cuando llegue el momento?
—…Sí, exactamente eso.
—¿Y esa preocupación tiene tanto peso?
—¿Cómo?
—Seamos honestos: ¿no hay gente en el Cuerpo de Paz que renuncia de plano nada más para evitar entrar a ciertos gates? Eso significa que, en la práctica, la tasa real de despliegue a gates de nivel Cuerpo de Paz no es tan alta.
—Eso…
Cierto.
Fuera cual fuera la situación, a menos que tuvieran a la familia como rehén, no era fácil superar el miedo a la muerte.
Si no, ¿qué sentido tendría que existiera la deserción?
Pero aun así, eso no era un argumento que los terminara de convencer.
Así que Su-ho siguió.
—Ya hicieron una investigación completa de antecedentes sobre mí antes de venir, ¿no?
—Sí, la hicimos.
—Entonces también deben saber cuántos gates sellados he limpiado yo solo.
—Sí, más o menos.
—Entonces, ¿de verdad tengo que explicarlo? Ustedes saben qué es un gate sellado. Es un gate que fue sellado a la fuerza porque murió demasiada gente intentando limpiarlo. Los portales se bloquean con Cuadrados. Y esos Cuadrados están estandarizados por tratados internacionales. Yo entré a esos gates solo. A la mayoría de los gates sellados de Corea, de hecho.
Su-ho miró a cada uno a los ojos antes de continuar.
—No le tengo miedo a la muerte. Para acabar con los gates, alguien tiene que entrar. Yo voy a ser ese alguien. Si no hay voluntarios, entro solo. De hecho, así me gusta trabajar. Siempre lo he hecho así. Obviamente, no quiero compensación. Pero para limpiar el próximo gate, necesito quedarme con el botín de los que ya limpié. Ese es mi alimento para seguir creciendo. Eso es todo lo que quiero. No estarán pensando confiscar el loot solo porque sea voluntario… ¿verdad?
—……
Finn volvió a quedarse en silencio.
Luego, al cabo de un momento, habló en voz baja:
—Entendido. Señor Su-ho, su posición está clara. Sin embargo… aunque sea bajo el pretexto de trabajo voluntario, dudo que el gobierno coreano lo permita tan fácilmente. Como sabe, usted es un activo nacional de alto valor.
—Lo entiendo. Oficialmente estoy afiliado al Estado, así que no se vería bien que actuara nada más por capricho personal. Pero no se preocupen tanto. Si el gobierno es considerado conmigo, yo voy a corresponder. Pero si intentan arrastrarme sin una buena razón, no voy a dudar en actuar a mi manera.
—Impresionante. Había oído que la jerarquía en Corea es mucho más estricta que en Estados Unidos.
—Puede que sea un Cazador nacional, pero no sirvo a personas ni rangos. Trabajo para la nación y para el pueblo.
—Buenas palabras. Entiendo su postura, señor Su-ho. Vamos a tomarla muy en serio y revisar todo internamente. ¿Tiene un número de contacto directo?
—Claro.
Su-ho le entregó una tarjeta de presentación secreta con su número privado.
—Aquí está mi línea directa. Manténganla segura.
—Entendido. No tiene que preocuparse de eso.
—Entonces, ¿se regresan ya?
—Al menos tengo que mostrar la cara, ya que estamos de visita.
—En ese caso… ¿podrían dejarme fuera de la reunión de mañana?
—¿Dejarte fuera?
—Quiero decir… ya hablamos de todo lo importante. ¿Qué sentido tiene que vaya? Prefiero usar ese tiempo para avanzar con mi trabajo. Como mencioné antes, apenas vuelvo del Norte.
—Jajaja. Entiendo perfectamente lo que quieres decir. ¿Solo es ese favor?
—Sí, solo eso. Pero explíquenlo bien, por favor. Escuché que alguien insistió en que yo asistiera.
—Está bien. Nosotros nos encargamos de eso por adelantado.
—Gracias. De paso, mencionen algo de una operación de Purificación-Reunificación o lo que sea. Déjenles un poquito de brillo a los de arriba. Ni siquiera tiene que ser real.
—Hecho. Entonces, ¿puedo pedirle también un favor pequeño?
—¿Es personal o de parte de la ONU?
Finn frunció la nariz con gesto juguetón.
—Qué rápido eres. Por supuesto que es de parte de la ONU.
—¿Qué es? Si se trata de gates, ya sabes que siempre estaré dispuesto.
—Eso mismo. ¿Sería posible solicitar su ayuda con gates sellados en otros países? Le daremos todo el apoyo que podamos.
—Por supuesto. Pero espera… ¿no estaba planeando la ONU usar eso como otra prueba de mis capacidades?
—Jajaja… ya, déjame tantito en paz.
—Una petición así, justo ahora, ¿qué más podría ser? Bueno, está bien. Sea lo que sea, no lo voy a rechazar. Vemos los detalles luego. Ayudaría que me manden la información de los gates por adelantado.
—Gracias. Vamos a moverlo internamente.
—Perfecto. Ah, y otra cosa: pongan mucha atención a las restricciones de nivel. Voy a pasar el 200 en nada.
—Jajaja. Eso definitivamente ya está considerado.
Terminaron riéndose por ambos lados.
Su-ho fue el primero en salir del bar y se estiró.
Luego regresó al coche, revisó la hora y llamó a Jeong Cheol-min.
Contestaron rápido.
—Oh, Su-ho.
—¿Ya llegaste a tu casa?
—Sí, acabo de llegar. De hecho estaba al teléfono. ¿Por?
—¿Con quién hablabas?
—Solo con el presidente de la Asociación, por ahora. ¿Por?
—Acabo de reunirme con unos de la ONU.
—…¿Qué? ¿Cómo terminaste reuniéndote con ellos?
Su-ho le explicó brevemente la situación.
Claro, omitió a Martin Park.
Solo dijo que había ido por petición de un amigo, y que la ONU se le acercó primero.
Le contó de la prueba, cómo los aplastó, cómo rechazó lo de miembro no permanente y les ofreció trabajar en plan voluntario.
Le resumió casi toda la conversación.
En parte porque confiaba en Jeong Cheol-min, pero sobre todo porque era más fácil manejar la logística si la gente adecuada estaba enterada.
Además, Jeong Cheol-min tenía mucha más influencia que el propio Su-ho.
Cuando terminó la explicación, Jeong Cheol-min dejó escapar un suspiro profundo.
—Ha… esos locos de Relaciones Exteriores…
—Siempre han atajado por donde no deben. No es la primera vez. En fin, la reunión de mañana será puro teatro.
—Los de arriba van a estar encima de eso. Por cierto, como la ONU pidió por ti específicamente, ¿qué se supone que les diga?
—Eso ya lo resolví. Les dije que lo arreglaran ellos por su lado.
—Cierto… si el Ministerio también está metido, solo se van a hacer de la vista gorda. Pero aun así, se supone que deberíamos ayudarnos entre nosotros; esto es absurdo. Ugh… ahora voy a tener que volver a llamar al presidente de la Asociación.
—Seguro lo entiende.
—¿Eso era todo?
—Sí, eso era todo. Bueno, de hecho… quería preguntarte: ¿puedo quedarme en el Norte hasta la próxima operación?
—Sabes que no falta mucho, ¿no?
—Lo sé. Volveré un día antes.
—Está bien. Pero, ¿cómo convenciste tan fácil a los de la ONU?
—Le perforé el estómago a uno y corté dos brazos.
—…¿Qué? Deja de bromear, lunático.
—No es broma. Finn y Albert, creo. Le corté el brazo al líder del equipo y al coreano-americano. Si no me crees, pregúntales.
—¡Estás enfermo! ¿Sabes siquiera quiénes son?!
—Ellos pidieron un combate simulado. Yo cooperé. Y les volví a pegar los brazos. Quedaron perfectos.
—Ese no es el punto—ugh, ya olvídalo. Ni sé qué decirte…
—Lo manejé limpio. Sin cabos sueltos.
—Sí, segurito… Oye, Su-ho.
—¿Sí?
—¿No te dijeron algo más?
—¿Como qué?
—O sea… bah, olvídalo.
Una respuesta vaga.
Pero Su-ho sabía lo que en realidad quería preguntar.
Así que sonrió y dijo:
—Jefe.
—¿Qué?
—No me voy a ir a otro país. Y tampoco voy a dejar la Asociación Gran Cazador. Así que no se preocupe.
—¿Eh—? ¡Yo no dije nada!
—¿No era eso lo que le preocupaba? Dejé un gremio tremendo para venir aquí por reclutamiento especial. Si el problema fuera el dinero, ya lo habría perseguido desde hace mucho. Lo mismo con el país. Por muy jodido que se ponga, creo que los coreanos deben quedarse en Corea. Me gusta mucho el kimchi y el ajo, ¿sabe?
—¿Quién dijo lo contrario?!
—Digo nada más~
—Este chamaco… ¡ya vete de regreso al Norte!
—¿Y si de paso me cambio de bando?
—¿Quieres morir o qué?!
—Jajaja, es broma. Cuelgo.
Como era de esperarse de Jeong Cheol-min.
Siempre era divertido molestarlo.
Después de reagruparse, Su-ho usó la Lanza Guiyeong que había clavado en el Monte Kumgang para cruzar de vuelta al Norte.
[ Paso Sombrío ha sido activado. ]
Shwip—
La figura de Su-ho desapareció.