El retorno del funcionario con rango de Dios de la Espada - Capítulo 301
“Por aquí.”
Cuando Su-ho bajó al sótano, Martin Park fue el primero en saludarlo.
Había algunos otros clientes en el bar subterráneo, pero Su-ho no les prestó atención y se sentó con naturalidad junto a Martin.
—¿Hoy tú invitas los tragos?
—Chamaco… tú ganas mucho más dinero que yo, ¿por qué te importa?
—Un funcionario no tiene dinero.
—Puras mamadas. Está bien, hazme reír y yo invito hoy.
—Hecho.
Con eso, Su-ho se giró hacia el bartender y dijo:
—Vodka martini. Shakeado, no revuelto.
—¡Pffft!
Martin Park escupió su bebida ante la orden inesperada.
—Wow… eso sí no lo vi venir. ¿Cómo demonios un mocoso de tu edad conoce eso?
—Soy fan del cine clásico.
—¿Y ahora 007 ya cuenta como clásico? Bueno… supongo. No han sacado nada nuevo desde hace años. Ya es prácticamente una pieza de museo.
Martin ya estaba entrado en años.
En su juventud, la saga 007 aún no era considerada un clásico. Pero con el tiempo y después del Gran Cataclismo, 007 ya era cosa del pasado… un artefacto cultural sin nuevas entregas.
Con una ligera risa, preguntó:
—¿Entonces? A ver el material.
—No es mucho, pero échale un vistazo.
Su-ho sacó los materiales que había reunido y comenzó a explicar.
—Este es del Complejo Industrial de Kaesong…
Mientras la explicación avanzaba, los ojos de Martin Park comenzaron a brillar.
Claramente, la historia detrás de los materiales disparaba su creatividad; parecían capaces de producir colores profundos y vibrantes.
Luego, Su-ho colocó sobre la mesa unas piedras cubiertas de musgo.
—Estas son de la Cascada Guryong, en el Monte Kumgang.
—¿Oh? ¿Monte Kumgang? ¿Ese Monte Kumgang?
—Sí, al que vas después de comer.
—Oho…
Sacó también algunas flores y hojas arrancadas del lugar.
Honestamente, no eran nada especial.
Su-ho básicamente tomó lo que encontró cerca mientras se daba prisa.
Aun así, Martin estaba emocionado, claramente encantado por la historia de origen.
‘Pues a mí no me parece nada del otro mundo… El mundo del arte sí está complicado.’
Debe haber algo aquí que yo no entiendo.
En ese momento, el bartender trajo el vodka martini—shakeado, no revuelto—y Su-ho le dio un sorbo mientras Martin examinaba los materiales con cuidado.
Un momento después, mientras Martin comenzaba a inspeccionarlos uno por uno, Su-ho preguntó con naturalidad:
—Por cierto, ¿viniste solo?
—Claro. ¿A quién más traería?
—¿En serio?
—Obviamente.
—Si estás mintiendo, el resto de estos materiales deja de existir.
—¿Qué…?
—Seamos honestos, ¿sí? A menos que este bar sea del bartender, no me creo que alguien como él esté sirviendo tragos casualmente en Corea.
“…”
La habitación quedó en silencio de golpe.
Pero Su-ho permaneció imperturbable. Sacó su identificación de funcionario y la puso sobre la barra, hablando directamente al bartender.
—Necesito verificar tu identidad. Soy An Su-ho, Jefe de Sección de la División Especial, Asociación Gran Cazador. Por la densidad de maná que estoy sintiendo, claramente eres un Jugador Despierto. Pero ninguno de los jugadores nacionales que conozco tiene este nivel de maná. Así que… tu identificación y licencia de Jugador, por favor.
El bartender observó a Su-ho por un momento y luego respondió con una suave sonrisa.
—¿A qué se refiere, señor?
—No te hagas.
—Jajaja… Me temo que no entiendo de qué habla…
Su evasiva educada solo hizo que la expresión de Su-ho se endureciera.
—No es broma. Entrégalas. Ahora.
El bartender volteó la mirada hacia Martin Park.
Martin suspiró y dijo:
—Sabía que no eras cualquier hijo de vecino… pero no esperaba que fueras tan agudo.
—¿Entonces sí sabías?
—Sí, sabía. Pero no te pongas paranoico. Este hombre…
—Yo me presento.
Interrumpiendo a Martin, el bartender levantó la mano.
Miró a Su-ho y habló.
—Perdón por no presentarme propiamente antes. No planeaba hacerlo así, pero… soy Albert Kim, Jugador afiliado a las Naciones Unidas.
—¿Un jugador de la ONU?
—Así es.
—Ajá. ¿Y tu identificación y licencia?
—¿Disculpe?
—¿Cómo se supone que sé que realmente eres de la ONU? Cualquiera puede decir eso.
—Ah…
Ante el tono implacable de Su-ho, Albert guardó silencio unos segundos… y luego soltó una ligera risa mientras sacaba su pasaporte y su credencial de empleado de la ONU.
Su-ho los examinó y comentó:
—Muy convincentes.
—Porque son reales.
Y sí lo eran.
Su-ho podía ver la energía blanca alrededor de él.
‘Si estuviera mintiendo, habría salido energía negra.’
Por eso Su-ho hizo el comentario de “convincente”: era una prueba.
Incluso con su regresión, Su-ho no tenía forma de detectar si un pasaporte o identificación habían sido falsificados profesionalmente.
Devolviendo los documentos, preguntó:
—¿Los otros allá atrás también son de la ONU?
—…Así que los notaste.
—Por supuesto.
—Uff, qué filoso. Bien, calmémonos.
—No hay necesidad de calmarnos.
—¿Eh?
—Cuando jugadores de este calibre entran al país, deben notificarlo. Cada uno equivale a un arma militar. Pero yo, aun con autorización de alto nivel, no recibí ninguna notificación. Así que, desde este momento, te sugiero elegir tus palabras con cuidado.
Los ojos de Su-ho se entrecerraron.
Al mismo tiempo—
[Avasallamiento ha sido activado.]
¡Boom!
La presión explotó, envolviendo a todos en el bar.
—Dependiendo de tu respuesta, puedo arrestarlos a todos aquí mismo como criminales en flagrancia.
“…”
“…”
“…”
Los jugadores de la ONU guardaron silencio.
Su-ho hablaba en serio.
Y parecía que ellos lo entendían.
Eventualmente, Albert habló.
—Tiene razón. Me disculpo. Estábamos en falta.
—Las disculpas no valen sin una explicación.
—Claro. Para aclarar… sí, entramos secretamente al país, exactamente como dijo. Pero no fue por cuenta propia. Esto fue coordinado con su Ministerio de Relaciones Exteriores.
—¿Con la Cancillería?
—Así es. Y solicitamos específicamente que no se notificara a la Asociación Gran Cazador.
—¿Y la Cancillería lo aceptó?
—Lo hizo. Aquí… esta es una confirmación oficial de ellos. La traje por si acaso…
Albert entregó un documento del Ministerio.
Energía blanca.
No estaba mintiendo.
Su-ho cerró los ojos.
‘No lo puedo creer.’
Incluso si era la ONU, existían procedimientos. Saltarse todo eso así…
Hay un límite para cuánto te puedes agachar.
Era casi audible la dignidad nacional siendo pisoteada.
Tras ojear el documento, Su-ho lo devolvió y preguntó:
—¿Entonces por qué tanto secreto?
—Como mencionamos en la solicitud oficial, nuestra intención era reunirnos con jugadores clave de Corea—especialmente con usted, Jefe An. Ya que muchos jugadores de alto nivel debían movilizarse, no teníamos alternativa.
Eso tenía cierta lógica.
Cuando jugadores de alto nivel se movían, otras naciones tomaban nota. Su simple desplazamiento causaba revuelo.
Pero aun así… ¿era necesario ocultarlo de la Asociación?
Su-ho expresó su duda:
—Entiendo evitar llamar la atención de otros países. Pero ¿por qué ocultarlo a la AGC?
—Eso es…
En ese instante—
—Déjame explicarlo, Albert.
Otro hombre—uno de los “clientes” cercanos—habló en su lugar.
Era un estadounidense rubio de ojos azules, que ahora se dirigía a Su-ho en inglés.
—¿Hablas inglés?
—Lo hablo.
Su-ho respondió en perfecto inglés.
Los ojos del hombre se abrieron un poco, sorprendido, antes de volver a la calma.
—Un gusto. Soy Finn, también jugador de la ONU.
Finn.
Su nivel de maná era considerable.
Su-ho respondió:
—Soy An Su-ho. ¿Y bien? ¿Explicarás?
—Para ser sincero… vinimos a observarte.
—¿Observarme?
—¿Qué has oído de nuestra visita?
—Lo suficiente. Que la ONU está muy interesada en los mejores jugadores de Corea—especialmente debido a la próxima Operación de Purificación y Unificación.
—Para ser precisos, el interés es en ti. Por eso estamos aquí.
A diferencia de Albert, Finn no dudó.
Su-ho asintió, sin sorpresa.
—Natural. Pedir reunirse solo conmigo habría sido demasiado evidente.
—Vaya confianza tienes.
—¿Y por qué no?
—Jajaja. Espero que tu fuerza esté a la altura de tu ego. Ya que estamos siendo directos, iré al grano: Su-ho, la ONU siente mucha curiosidad por ti. En lugar de una reunión formal y rígida… ¿te gustaría mostrarnos qué tan increíble eres… en un ambiente más relajado?
La franqueza de Finn lo delataba:
Él era el que mandaba ahí.
Pero entre Finn, Albert y los demás… ninguno aparecía en los recuerdos del pasado de Su-ho.
La atención de la ONU hacia Corea debía llegar mucho más tarde.
Y ninguno de los jugadores que él vio en ese entonces estaba presente ahora.
‘Probablemente murieron en algún punto intermedio.’
Ese pensamiento los hizo parecerle algo patéticos.
Claro, también podían haber sobrevivido… solo relegados por la política interna, enviados a puestos irrelevantes donde Su-ho nunca los vio.
Aun así, el hecho de que no existieran en su memoria significaba que no hicieron nada importante.
Para Su-ho, eso los hacía dignos de lástima.
Quizá por eso aceptó la petición.
—Está bien. Hagámoslo.
—Genial. Seguro y confiado, igual que tu orgullo. ¿Nos movemos entonces?
—¿Tienen un lugar preparado?
—Por supuesto. ¿Crees que te pediríamos una reunión sin eso listo?
—Meticulosos. Pero antes de ir, solo tengo una pregunta.
—Pregunta lo que quieras.
En ese momento, Su-ho no miró a Finn… sino a Martin Park.
—Señor, ¿usted también es de la ONU?
Martin solo se encogió de hombros.
—Vamos. ¿En serio?
—¿Entonces por qué ayudarlos?
—Fácil. Hicimos un trato.
—¿Un trato?
—Me trajeron un ingrediente para pigmento que quería muchísimo.
Su-ho soltó una risa seca.
Qué hombre tan constante.
Pero al menos la razón era trivial.
—¿Algo que decirme?
—Perdón por engañarte.
—Anotado. Pero no acepto disculpas verbales. Como dije antes… da por terminado tu suministro de materiales.
—¿Qué? ¡Oye, no manches!
—Vámonos.
Su-ho se dio la vuelta y subió las escaleras.
—¡¡Aaaaugh!!
El lamento de Martin Park resonó detrás de él.