El padre carne de cañón de tres pequeños villanos - Capítulo 18

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Ji Zhiqiu tuvo sueños inquietos toda la noche y despertó muy temprano. Sentía como si tuviera una piedra presionándole el pecho, intranquilo y nervioso.

No lograba encontrar la razón, así que se obligó a vaciar la mente de emociones negativas y se levantó a preparar el desayuno.

Cuando salió de la cocina, vio a sus dos queridos hijos salir del baño, uno detrás del otro.

Eso nunca había ocurrido antes.

Ji Zishen daba muchísima importancia a su privacidad y a los límites personales. Cuando había más gente, siempre esperaba hasta el final para ir al baño, y jamás permitía que Ji Yanyan entrara a causar problemas.

Ji Zhiqiu arqueó una ceja, percibiendo vagamente algo.

Justo cuando iba a hablar, su atención fue desviada por los piececitos descalzos de Ji Yanyan.

—Yanyan, ¿por qué no llevas zapatos?

Ji Zhiqiu levantó a Ji Yanyan como quien arranca un rábano y miró sus pies sucios.

Ji Yanyan agitó manos y pies.

—¡Bájame! ¡Quiero caminar solo!

Ji Zhiqiu lo conocía demasiado bien.

Resopló.

—Si te dejo caminar solo, vas a saltar descalzo a la cama y llenarás la cobija de polvo.

Lo sentó sobre el lavabo, supervisó que se lavara bien los pies y volvió a ponerle las pantuflas. Solo entonces lo dejó ir.

Un adulto y dos niños se sentaron a la mesa.

Ji Yanyan era un pequeño glotón. Normalmente habría querido meter la cara entera en el tazón, pero esta vez resistió la tentación del aroma.

Sus ojitos negros se movían de un lado a otro, y de vez en cuando miraba a Ji Zishen.

Esa sensación extraña volvió a aparecer.

La parcialidad del antiguo Ji Zhiqiu había malcriado a Ji Yanyan. La relación entre los dos hermanos era bastante normal, incluso distante. ¿Por qué ahora se pegaba tanto a Ji Zishen?

Ji Zhiqiu colocó las gachas de leche frente a Ji Yanyan.

—¿Yanyan tiene algo que decirle a su hermano?

Ji Yanyan era caprichoso y directo, pero esta vez cerró la boquita con fuerza. Sus ojos se movieron aún más rápido, casi como si tuviera escritas en la cara las palabras “tengo algo en mente”.

Ji Zhiqiu estaba a punto de preguntar, pero Ji Zishen dejó de pronto el tazón y le cortó el hilo de pensamiento.

—Ya terminé. Se me hará tarde para la escuela, me voy primero.

Ji Zhiqiu miró el reloj.

Luego miró a Ji Zishen, que ya cargaba la mochila.

Su rostro se llenó de confusión.

Los niños crecían y tenían sus propios pensamientos. Además, la situación de Ji Zishen era especial. Así que no preguntó más y solo le recordó que tuviera cuidado en el camino.

Después de despedir a su hijo mayor en la puerta, al girarse solo vio la espalda de su hijo menor corriendo hacia la habitación, con el mechón rebelde de su cabeza claramente erizado.

Ji Zhiqiu terminó de recoger la mesa.

Cuando volvió al dormitorio, encontró la habitación en penumbra. En la cama había un pequeño bulto bajo la cobija. Ji Yanyan dormía profundamente, con un leve rubor en la cara.

Él no había dormido bien la noche anterior y se contagió del sueño de Ji Yanyan.

Se acostó en la cama abrazando al pequeño bollito de arroz glutinoso y pronto se quedó dormido.

…

Ji Zishen llegó a la escuela y saludó a sus amigos como siempre, con una apariencia inocente, alegre y soleada.

Nadie habría imaginado que su corazón estaba tan profundo como el mar, cargando con un asunto importante.

Ya que Ji Zhiqiu se atrevía a jugar con él de esa manera, él tampoco necesitaba ser cortés.

Lo que más le importaba a ese tonto era su hijo biológico.

Atacar a Ji Yanyan era el mejor método.

Ji Zishen bajó la mirada.

Mientras pensaba y planeaba, sacó tranquilamente los libros de la mochila y los acomodó para prepararse para clase.

Pero cuando sus dedos tocaron el libro, de pronto percibió algo extraño.

La duda apareció en sus facciones.

Abrió el libro de inmediato.

Dentro había un pequeño sobre.

En el sobre estaba escrito su nombre, con la letra de Ji Zhiqiu.

Su corazón se movió.

Lo abrió al instante.

Dentro había varios billetes rojos de Mao.

Para un niño de su edad, aquella suma era sin duda una cantidad enorme.

Además, había una nota.

[La cena de ayer estuvo deliciosa. Gracias, Shenshen. Esto es lo que mereces. Puedes usarlo como quieras.]

La firma era un muñequito dibujado con trazos simples, sosteniendo un montón de corazones, sonriendo hasta que los ojos se le curvaban.

En ese instante, por alguna razón, Ji Zishen comenzó a oír un zumbido en los oídos.

Cada vez más intenso.

Tan fuerte que incluso cubrió el ruido y las voces de juego del salón.

Así que Ji Zhiqiu se había colado ayer en su habitación solo para dejarle ese sobre.

No para vigilarlo ni prevenirse contra él.

Tampoco para revisar sus cosas a voluntad.

Pero ¿por qué?

Claramente podía habérselo dado en persona.

¿Por qué esconderlo dentro del libro?

Ji Zishen no podía comprender la razón.

Tampoco sabía que Ji Zhiqiu lo entendía demasiado bien.

Ji Zhiqiu conocía las obsesiones y heridas de Ji Zishen. Si se lo daba frente a frente, parecería dinero de bolsillo entregado por un padre a su hijo, con un matiz de desigualdad. Para cuidar su autoestima, había colocado el dinero en secreto dentro del libro y le había dicho en la nota que ese dinero era fruto de su propio esfuerzo.

Le pertenecía solo a él.

Era su seguridad.

Su respaldo.

La escuela exigía comprar libros de apoyo y cuadernos de ejercicios.

Ji Zishen no quería humillarse, así que nunca se lo mencionaba a Ji Zhiqiu.

Pero sus compañeros no conocían la verdadera situación de su familia. Él solo podía devanarse los sesos inventando una excusa tras otra.

Sin embargo, las mentiras no podían sostenerse para siempre.

Por más que intentara remendarlas, seguían sonando torpes.

Algunos compañeros que siempre lo ayudaban empezaron a molestarse.

Ji Zishen no tuvo más remedio que bajar la voz y suplicar.

Él, que deseaba más que nada valerse por sí mismo y vivir libremente, se veía atrapado por un simple cuaderno de ejercicios.

Eso le causaba un dolor inmenso.

Ahora el problema estaba resuelto.

Solo que…

Una inmensa culpa lo ahogó.

Al recordar lo que había hecho antes, Ji Zishen tiró el libro y salió corriendo sin importarle nada más.

Ji Yanyan era prácticamente una copia exacta de su padre.

Tan tonto que echaba burbujas.

De verdad le creería.

Y de verdad lo haría.

…

Ji Zhiqiu dormía profundamente.

Aunque el pequeño en sus brazos tenía los ojos cerrados, los globos oculares se movían sin parar.

Ya no pudo seguir fingiendo.

Abrió los ojos en una rendija y miró a su papá.

Ji Yanyan temía despertarlo.

Se metió bajo la cobija, se arrodilló a medias sobre la cama y retrocedió hacia la esquina caminando hacia atrás.

Cuando levantó la cobija, tenía la carita roja por falta de aire.

Era la primera vez que hacía algo así a escondidas, por lo que estaba muy nervioso. Sus manitas se cerraron inconscientemente en puños.

Bajó de la cama con mucho cuidado y salió de puntitas.

Justo cuando llegó a la puerta, de pronto escuchó un leve sonido detrás de él.

Ji Yanyan se asustó tanto que casi gritó.

Por suerte, se tapó la boca a tiempo.

Con una culpa enorme de ladrón, volvió la cabeza, preocupado por enfrentarse al interrogatorio de Ji Zhiqiu.

Pero no esperaba ver que Ji Zhiqiu solo se había dado la vuelta y ahora abrazaba la almohada mientras dormía.

—…

Ji Yanyan imitó a los adultos y se palmeó el pecho con su manita, soltando un largo suspiro.

Qué susto le dio a ete bebé.

Después de cerrar la puerta del dormitorio, se escabulló hasta el estudio de al lado.

Se subió a una silla y, poniéndose de puntillas, sacó del armario su bolsita.

Ya lo había pensado todo.

Había metido dentro todo lo necesario.

La bolsa estaba tan llena que el piquito de pato de la mochila se había levantado, como si fuera a picotear a alguien en cualquier momento.

Luego sacó del armario un sombrerito amarillo y una mascarilla.

De pies a cabeza quedó cubierto por completo.

Papá le había dicho que había personas malas que secuestraban a los niños lindos.

Ahora que se había tapado la cara, ningún malo descubriría que era lindo.

Y, naturalmente, nadie vendría a secuestrarlo.

Jejeje.

De verdad era un bebé muy inteligente.jpg.

Ji Yanyan sostuvo su carita con ambas manos y meneó el traserito, perdido en su propia admiración durante un rato.

Solo entonces caminó hacia la puerta.

Con su mochilita de pato a la espalda y vestido también como un patito, inició su primer viaje saliendo solo de casa.

No era una fuga de casa.

Ji Yanyan era muy apegado a su papá.

Al caminar solo por un entorno desconocido, todo a su alrededor parecía de pronto enorme y vacío.

Apretó nerviosamente las correas de la mochila y se dio ánimos.

¡Yanyan era tan increíble que seguro encontraría un padrastro!

Esa mañana, su hermano le había dicho unas cuantas palabras.

A él le parecieron muy razonables.

Papá era malo.

Solo lo dejaba comer unas cuantas cucharadas de helado al día.

Si encontraba un padrastro, la atención de papá ya no estaría puesta en él, y entonces no lo controlaría tanto.

Además, si él mismo elegía al padrastro, sería más de su agrado.

Tendrían prioridad de contratación quienes le compraran muchos caramelos, helados y chocolates todos los días.

Ji Yanyan casi podía ver helados con alitas saludándolo.

Sus ojos se quedaron fijos.

Flotaba de felicidad.

Por un momento olvidó el miedo al entorno y, sin darse cuenta, caminó muy lejos.

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