El Padrastro De Repente Se Volvió Popular - Capítulo 92
Mientras deslizaba el dedo por su teléfono, Lin Yi se topó con un anuncio de un coche eléctrico para niños.
La imagen mostraba un mini deportivo rojo, llamativo y adorable. En cuanto lo vio, pensó en Huo Mianmian.
Le quedaría perfecto.
Así que, al día siguiente, antes de que comenzara la filmación, Lin Yi llevó a Huo Mianmian a una tienda de una cadena conocida que vendía ese tipo de coches.
Huo Mianmian caminó obedientemente a su lado desde la entrada, mirando alrededor con curiosidad.
Había autos de todos los tamaños y colores, algunos con luces, otros con música, y varios con diseños de caricatura.
Tras observarlos un momento, levantó la cabeza.
—Papá… ¿por qué estamos aquí?
Lin Yi se agachó un poco para quedar a su altura y sonrió.
—Para comprarte un coche eléctrico para niños.
Los ojos de Huo Mianmian se abrieron, redonditos.
—¿De verdad… puedo conducir un auto?
—Claro que puedes —respondió Lin Yi con naturalidad—. Vas a ser un conductor profesional.
Huo Mianmian se quedó quieto dos segundos, como si su cabecita estuviera procesando la noticia.
Y luego, como si algo se encendiera dentro de él, sus ojitos brillaron.
Se emocionó de verdad.
En ese momento, un dependiente se acercó con una sonrisa profesional.
—Hola, señores. ¿Hay algún modelo que les interese?
Lin Yi sacó una foto que había guardado y se la mostró.
—¿Tienen este coche en la tienda?
El empleado miró la imagen y asintió de inmediato.
—Sí, claro. Por aquí, por favor.
Los condujo por un pasillo hasta un coche infantil con forma de deportivo, pintado de rojo brillante, con detalles diseñados para niños y unos dibujos animados en la carrocería que lo hacían todavía más encantador.
Cuanto más lo miraba Lin Yi, más satisfecho se sentía.
Se volvió hacia Huo Mianmian.
—Mianmian, ¿qué te parece este? ¿Te gusta?
Huo Mianmian rodeó el coche con pasos cortitos, lo inspeccionó como si fuera un experto y después asintió con seriedad.
—Me gusta.
Lin Yi no dudó.
—Entonces lo compramos.
El dependiente se quedó un instante sorprendido por lo rápido que era ese cliente para decidir, pero su sonrisa se amplió.
—Perfecto, señor. ¿Pagará con tarjeta u otro método? El total es ochenta y ocho mil.
Lin Yi sacó una tarjeta negra y se la entregó sin cambiar la expresión.
—Con esta.
El empleado se quedó todavía más impresionado. La tomó con ambas manos, con una actitud aún más respetuosa, y se retiró de inmediato para procesar el pago.
Apenas se fue, Lin Yi bajó la voz y bromeó con Huo Mianmian:
—Hijo, si hay algo más que quieras, solo dilo. Después de todo… esa tarjeta negra también es de tu papá. Úsala sin culpa.
Huo Mianmian lo miró fijamente un segundo y luego se animó a jugar.
Saltó un poquito en su lugar, muy serio, y anunció:
—Entonces compraré todos los autos de aquí.
Lin Yi se echó a reír.
—No hay problema. Aprovecha al máximo la tarjeta de tu papá. Total… él no está aquí. No nos va a encontrar.
Huo Mianmian asintió con entusiasmo.
—¡Está bien!
Padre e hijo siguieron conversando y riendo mientras observaban el coche.
Un rato después, el dependiente regresó con papeles en la mano.
—Señor, por favor firme aquí…
Veinte minutos después, el pago quedó completado.
Lin Yi se giró hacia Huo Mianmian con una sonrisa.
—Hijo, ese coche ahora es tuyo. Anda, súbete y pruébalo.
Huo Mianmian se acercó con sus piernitas cortas, abrió la puerta con cuidado y trepó al asiento.
Por ser tan pequeño, sentado en ese mini deportivo rojo se veía todavía más adorable.
Además, llevaba un disfraz de oso; el estampado del coche también tenía ositos, como si de verdad lo hubieran hecho a medida para él.
Lin Yi sacó el teléfono y le tomó varias fotos.
Luego se acercó, levantó una ceja y lo provocó:
—Vaya… ¿y quién es este osito que anda manejando un deportivo?
El “osito” levantó la cabeza, dejando ver una carita redonda y preciosa.
—¡Papá, soy yo!
Lin Yi fingió sorpresa.
—Oh… entonces es nuestro pequeño Mianmian.
—Sí~ —asintió Huo Mianmian, y las orejas del gorro se movieron con el gesto.
Lin Yi se colocó junto al coche y empezó a dar instrucciones.
—Bien, Mianmian. Vamos a intentar conducir.
—Está bien~ —asintió obediente… pero al segundo siguiente se quedó quieto, miró el interior del coche y frunció ligeramente el ceño.
Entonces alzó la vista hacia Lin Yi con expresión de “auxilio”.
—¿Cómo… empiezo?
Lin Yi no aguantó.
—¡Jajaja!
Le resultó demasiado gracioso.
Se rió un buen rato y, cuando por fin se calmó, se agachó al lado del coche.
—Mira, aquí. ¿Ves el panel a tu derecha? El botón del medio es para encender. Luego manejas con el volante. Y el freno está junto a tus pies…
Lin Yi se lo explicó con paciencia, paso a paso.
Huo Mianmian escuchó con atención total, asintiendo de vez en cuando para demostrar que iba entendiendo.
Veinte minutos después, Huo Mianmian hizo su primera conducción.
Sujeto el volante con ambas manos, con expresión seria, y avanzó despacio.
Lin Yi caminó a su lado, vigilándolo.
Desde atrás, Huo Mianmian parecía un osito conduciendo con toda la concentración del mundo.
Al principio iba con cuidado, casi conteniendo la respiración.
Pero poco a poco se fue soltando.
Su postura se volvió más segura.
Y hasta se volteó para mirarlo con orgullo, sonriendo con dulzura.
—¡Papá, ahora sí puedo conducir!
Lin Yi levantó el pulgar.
—¡Nuestro Mianmian es increíble!
Huo Mianmian se giró de nuevo y siguió conduciendo, orgulloso como si acabara de ganar una carrera.
De vez en cuando, los transeúntes se detenían al ver la escena.
Sacaban el teléfono, tomaban fotos y exclamaban lo adorable que era el niño.
Lin Yi, completamente satisfecho, no pudo evitar presumir:
—¿Verdad que es lindo? Es mi hijo.
Algunos fanáticos reconocieron a Lin Yi y a Huo Mianmian y se emocionaron tanto que tomaron fotos sin parar.
Cuando padre e hijo regresaron, el camino empedrado de piedra azul les facilitó avanzar sin tropiezos.
Durante todo el trayecto, las miradas se volteaban hacia ellos.
Incluso alguien subió las fotos a Internet con un texto emocionado:
“¡¡¡Aaaaah!!! ¡Vi a Linlin y a Mianmian en persona! Gracias a Dios que decidí ir a la biblioteca hoy, ¡si no, me lo habría perdido!”
En las fotos, Lin Yi llevaba un conjunto de mezclilla azul claro y tenis blancos.
La brisa de la mañana le movía el flequillo, dejando al descubierto sus delicados ojos almendrados; se veía relajado, despreocupado y casual.
Y Huo Mianmian, con su traje de osito marrón, iba sentado en el coche rojo, duplicando su ternura.
Para ese punto, la popularidad de ambos ya se había disparado.
La publicación atrajo a muchos curiosos y algunas cuentas de marketing la compartieron de inmediato para captar tráfico.
No tardó en hacerse tendencia.
“¿Dónde es esto? ¡Yo también quiero ir!”
“Lin Yi es guapísimo y Mianmian es demasiado lindo.”
“Me dieron ganas de comprarme uno. No requiere licencia, qué maravilla.”
“Ya estoy convencido.”
Cuando llegaron al alojamiento, el cochecito no pasó desapercibido.
Un miembro del personal del programa se rió:
—Maestro Lin, ¿le compró un auto a Mianmian?
Lin Yi sonrió con sencillez.
—Sí. Pensé que le vendría bien.
Los demás invitados salieron también.
Los niños corrieron hacia Huo Mianmian.
Niangao dio vueltas alrededor del deportivo rojo, maravillado.
—Mianmian, ¡tu coche es tan hermoso! ¡Tú y tu coche son una pareja perfecta!
Para él, Mianmian parecía una muñeca adorable y el coche una pieza de colección.
Song Yutao apoyó una mano en el coche y comentó, como quien revela un secreto importante:
—Mianmian, yo tengo uno parecido en casa.
Antes no le daba mucha importancia a su coche, pero ahora… saber que Mianmian también tenía uno lo hizo sentir que compartían algo especial.
El niño que había traído Zhuang Che miró el coche con deseo, pero no se acercó.
Aún no estaba familiarizado con Huo Mianmian.
Los comentarios, mientras tanto, se llenaban de emoción.
“¡Mianmian se roba toda la atención!”
“¿Quién puede resistirse?”
“Quiero abrazarlo.”
“¡Mianmian es mío!”
Tras charlar un rato, el equipo les anunció la tarea del día.
No muy lejos de la antigua ciudad había un huerto. Con la llegada del otoño, los frutos estaban maduros: era el momento perfecto para la cosecha.
Los invitados recogerían fruta y ayudarían a promocionar los productos del huerto.
Después de prepararse, partieron.
Todos caminaron…
Excepto Huo Mianmian, que conducía su pequeño coche con una felicidad imposible de ocultar.
Los adultos detrás no pudieron evitar sentir envidia.
Zhao Jin suspiró:
—Realmente me gustaría volver a ser un niño. Ellos son tan despreocupados…
Lin Yi, sin embargo, respondió con otra perspectiva.
—No todas las infancias están llenas de felicidad.
Su tono fue suave, pero las palabras tenían peso.
Muchos niños cargaban cicatrices profundas desde la infancia, heridas que tardaban toda la vida en sanar.
Pensar en eso le hizo sentirse aliviado por una cosa: Huo Mianmian era demasiado pequeño para recordar por completo el dolor que había pasado.
De otro modo… sería desgarrador.
Zhao Jin asintió, y continuó:
—Pero en general… ¿no son más despreocupados que los adultos?
Lin Yi suspiró, como si ya hubiera pensado esa pregunta muchas veces.
—No necesariamente. Algunas personas viven tranquilas. Otras enfrentan dificultades en algún punto, o durante toda la vida. No importa si eres niño o adulto… hay gente a la que le toca más duro.
Zhao Jin lo miró.
—Entonces… ¿qué hacemos?
Lin Yi contestó despacio, como eligiendo bien cada palabra.
—No hay mucho que podamos hacer. La vida está llena de giros inesperados. Solo… aceptas lo que llega y sigues adelante.
Si uno podía reconciliarse con su propia vida, encontrar una manera de convivir con ella sin romperse… eso ya era suficiente.
Zhao Jin asintió, pensativo.
Los comentarios se desplazaron a toda velocidad.
“Lin Yi siempre habla como si hubiera vivido mucho…”
“Tal vez sufrió cosas que no sabemos.”
“Me dolió escucharlo.”
“Pero tiene razón: vive y ya…”
“Deseo que todos tengan menos dolor.”
“He estado atorado con un ‘¿por qué a mí?’, y esto me calmó.”
En medio de la charla, llegaron al huerto.
Desde lejos se percibía el aroma dulce de la fruta.
Cuando lo vieron de frente, quedaron asombrados.
El huerto estaba cubierto de frutos: las ramas se doblaban por el peso.
Uvas, naranjas, manzanas, peras…
El otoño había traído la alegría de la cosecha.
El chat se volvió loco.
“¡Rápido, pónganme eso en la boca!”
“Nunca vi tanta fruta junta.”
“Podría vivir aquí.”
“Estoy babeando.”
Antes de trabajar, pudieron probar.
Lin Yi arrancó una naranja grande y redonda.
Mientras la pelaba, el aroma dulce ya le llenaba las manos.
Al terminar, apareció una pulpa naranja rojiza, regordeta y jugosa.
Lin Yi tomó un gajo y se lo dio a Huo Mianmian.
El pequeño lo probó y los ojos se le iluminaron.
—Qué dulce~
Tan dulce que hasta se le marcaron los hoyuelos.
Lin Yi tomó otro gajo.
En cuanto mordió, el jugo explotó en su boca.
Las naranjas recién cortadas del árbol eran frescas de una manera incomparable.
Padre e hijo compartieron la naranja, luego comieron algunas uvas.
Y finalmente se pusieron a trabajar.
La división era clara.
Lin Yi recogía las frutas de los árboles.
Huo Mianmian las transportaba y las colocaba en el maletero del cochecito.
Cuando el maletero se llenaba, Huo Mianmian conducía hasta el camión de los granjeros.
El chat no paraba.
“¡Aplausos!”
“Este dúo padre-hijo es increíble.”
“Ahora entiendo por qué compró el coche: es perfecto.”
“Mianmian conduciendo… me derrito.”
Huo Mianmian ya era bastante hábil.
Conducía por el sendero, llegaba a la carretera principal, estacionaba con seriedad.
Los granjeros descargaban la fruta.
Y él volvía por más.
Una y otra vez.
Sin quejarse.
De hecho, parecía disfrutarlo.
“Mianmian es un bebé ángel.”
“Si fuera mi hijo, ya habría destruido el huerto.”
“Mianmian, tu hermana mayor cree en ti.”
Cuando volvió otra vez, Lin Yi lo miró con atención.
Sus mejillas estaban sonrojadas.
—Mianmian, ¿estás cansado? ¿Quieres descansar?
Sentado en el coche, Huo Mianmian negó con la cabeza.
—No estoy cansado.
En su mente, los granjeros trabajaban mucho más duro. Tenían las manos ásperas, los rostros bronceados por el sol.
Él quería ayudar más.
Lin Yi sonrió.
—Entonces toma agua primero.
Abrió una botella y se la dio.
Huo Mianmian la sostuvo con ambas manitas y bebió un buen rato, hasta que se terminó casi la mitad.
Lin Yi tomó la botella, le quitó con cuidado el gorrito de osito para que respirara mejor y le bajó un poco la cremallera de la chaqueta.
El flequillo del niño cayó suave sobre su frente.
Tenía las mejillas rojas y los ojos negros, brillantes como cristal.
Lin Yi no pudo evitar revolverle el cabello con cariño.
—Bien. Sigamos.
Huo Mianmian asintió.
—Está bien~
Volvieron al trabajo y en poco tiempo ya habían cosechado manzanas de dos o tres árboles.
El chat estaba encendido:
“¿Dónde está el enlace? ¡Quiero comprar!”
“Apoyen a los fruticultores.”
“Trabajan mucho, ánimo.”
“Esas manzanas se ven buenísimas.”
Después de trabajar casi todo el día, regresaron alrededor de las tres de la tarde.
Todos iban cansados y caminaron más lento, como para aflojar los músculos.
Solo Huo Mianmian siguió al frente, conduciendo su cochecito, liderando el camino como un pequeño capitán satisfecho.
Lin Yi lo miró desde atrás, con una ternura tranquila.
En ese instante, Shen Feng se acercó de repente, dramático.
—¡Lin Yi! ¡Descubrí algo importantísimo!
Lin Yi lo miró con indiferencia.
—¿Qué cosa “importantísima”?
Shen Feng le plantó el teléfono frente a la cara.
—¡Mira!
Lin Yi echó un vistazo. Era Weibo.
Pero no entendió el drama.
Le devolvió la mirada.
—¿Qué estás intentando decir?
Shen Feng parecía ofendido.
—¿No lo viste? ¡Yo te seguí en Weibo… y tú no me seguiste!
Lin Yi se quedó un momento en silencio.
—…¿Eso era lo importante?
Shen Feng se agitó aún más.
—¡Claro que sí! ¿Cómo no vamos a seguirnos? Si no me sigues, ¿cómo van a saber los demás que somos amigos cercanos?
Quería que todos vieran que su relación con Lin Yi era especial.
Lin Yi no respondió y siguió caminando.
Shen Feng lo alcanzó en dos pasos y no lo soltó.
—Sígueme de vuelta. No tardas nada.
Lin Yi bostezó, perezoso.
—Aunque no tarde… no tengo ganas.
Shen Feng se quedó sin palabras un segundo.
Luego empezó a molestarlo sin descanso, como una gota constante.
Cuando por fin llegaron al alojamiento, Lin Yi sintió que le iban a salir callos en las orejas.
Lo miró.
—¿No te cansas de hablar tanto?
Shen Feng cruzó los brazos.
—No pararé hasta que digas que sí.
Era directo. No disimulaba.
Lin Yi, por primera vez, casi se sintió… impresionado por esa persistencia absurda.
No entendía de dónde salía, pero para conservar su paz mental, sacó el teléfono, buscó el Weibo de Shen Feng y lo siguió.
No era gran cosa.
Shen Feng se iluminó de inmediato.
—Si me hubieras seguido desde el principio, no habríamos tenido tantos problemas.
Lin Yi lo fulminó con la mirada.
—¿Entonces ahora resulta que fue mi culpa?
Shen Feng resopló, sin admitirlo.
Luego intentó estirar aún más la cuerda.
—Ahora que me seguiste… ¿por qué no sigues también mis otras cuentas?
Lin Yi lo miró sin emoción.
—¿Sabes qué significa “no tientes a la suerte”?
Shen Feng se congeló y luego carraspeó.
—Está bien. Solo Weibo entonces.
Mientras se vieran mutuamente en Weibo, el mundo lo notaría.
Y con eso le bastaba.
De vuelta, los invitados descansaron en las sillas del patio.
El equipo de producción les dio a cada uno un tazón de vino de arroz.
Este vino era especial: en lugar de blanco, era rojo.
Decían que estaba hecho de arroz y fruta del dragón.
Sea como fuera, estaba delicioso.
Lin Yi se bebió uno de un trago y pidió otro.
Huo Mianmian también lo probó… y le encantó.
Se terminó un tazón grande sin pensarlo.
El problema era que el “efecto posterior” era fuerte.
Después de beber, sus mejillas se pusieron rosadas.
Cuando se levantó para dejar el tazón, se tambaleó un poco.
Lin Yi lo miró con una sonrisa divertida.
—¿Nuestro Mianmian está borracho?
Huo Mianmian parpadeó, confundido.
—No estoy borracho.
En cuanto lo dijo, se tambaleó otra vez.
Lin Yi extendió los brazos, riéndose.
—Ven aquí, bebé.
Huo Mianmian intentó caminar con dignidad, dando pasitos cortos.
Casi se desvió, corrigió el rumbo con seriedad y finalmente llegó a Lin Yi.
Lin Yi lo sentó en su regazo, lo rodeó con un brazo y con la otra mano le pellizcó suavemente la mejilla.
—¿Seguro que no estás borracho?
Huo Mianmian pensó un momento, lento, como si las palabras le pesaran.
—No lo sé…
Luego preguntó, con una voz tan seria que era imposible no derretirse:
—Papá… ¿me voy a emborrachar y armar alboroto más tarde?
Lin Yi se quedó un segundo en silencio.
Y luego estalló.
—¡Jajaja!
¿Quién preguntaba con tanta ternura si iba a hacer berrinche borracho?
Y además… ¿quién “anunciaba” que se iba a portar mal?
Lin Yi se burló con cariño:
—¿Por qué no intentas ponerte ruidoso?
Huo Mianmian frunció el ceño e intentó poner una expresión feroz… pero se quedó quieto, obediente, sin saber qué hacer.
Lin Yi rió aún más fuerte.
—¿Eso es armar alboroto? No, no… así no funciona.
Huo Mianmian inclinó la cabeza pensando con esfuerzo.
Entonces, de repente, se abalanzó sobre los brazos de Lin Yi y fingió morderlo.
—Aowu~ Aowu~
Lin Yi lo sujetó con cuidado para que no se cayera y fingió estar asustado.
—¡¿De dónde salió este pequeño león?! ¡Qué miedo!
Huo Mianmian se emocionó con el juego y, con su vocecita suave, repitió con entusiasmo:
—Aowu~ Voy a morderte~ Déjame morderte~
Lin Yi no podía parar de reír.
Esto no era “armar alboroto”.
Esto era… emborracharse con leche.
Los comentarios se inundaron.
“¡Aaaaah, qué ternura!”
“¿Cómo puede existir una pareja padre-hijo así de adorable?”