El Padrastro De Repente Se Volvió Popular - Capítulo 7

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Pronto llegaron al coche.

Lin Yi levantó el equipaje y lo acomodó en el maletero.

Huo Mianmian se quedó junto a la puerta del vehículo esperándolo, muy quieto, como siempre.

Durante ese tiempo intentó subirse solo… pero la base del coche era demasiado alta para él.

Lo intentó una vez.

No pudo.

Lo intentó otra vez, con más fuerza.

Tampoco.

Un miembro del staff, preocupado, se inclinó un poco y habló con suavidad:

—Mianmian… ¿quieres que te suba?

En cuanto oyó la propuesta, Huo Mianmian retrocedió un paso.

No lloró ni se alteró, pero la distancia era clara.

El staff entendió al instante y no insistió.

Mianmian volvió a intentarlo solo, pero esta vez se quedó quieto un segundo… y giró la cabeza hacia Lin Yi.

Lin Yi ya había cerrado el maletero y venía caminando.

Mianmian, sin decir nada, alzó los brazos hacia él.

Era un gesto simple.

Y aun así, a Lin Yi se le detuvo la mente un instante.

Era la primera vez que el pequeño le pedía algo así.

Lin Yi se agachó.

—¿No puedes subir?

Huo Mianmian asintió, con la carita seria, y mantuvo los brazos extendidos como si temiera que él se tardara.

Lin Yi arqueó una ceja, divertido.

—Qué exigente…

Lo levantó.

El peso era mínimo, pero la sensación era extrañamente nueva: Mianmian era suave por todas partes, mullido como una bolita de arroz.

Y olía ligeramente a leche dulce.

Lin Yi lo sostuvo con cuidado, lo subió al asiento infantil y le ajustó el cinturón.

El chat explotó.

“¡Ay no, ese abrazo!”
“Yo también quiero cargar a Mianmian.”
“Qué envidia.”
“¿Es ilegal adoptarlo a estas alturas?”

Lin Yi se incorporó… y, como si fuera un hábito incurable, le dio un toque leve en la mejilla antes de retirarse.

Luego volvió a su asiento.

El coche arrancó.

Lin Yi revisó el teléfono un rato y, apoyado contra el respaldo, terminó quedándose dormido.

Cuando abrió los ojos, ya habían llegado.

El set era una posada rural.

Una casa de dos pisos impecable, con huertos alrededor: verduras, frutas, tierra húmeda. No muy lejos se veía un río y colinas pequeñas.

Todo parecía tranquilo, como una postal.

Lin Yi bajó primero y fue directo por Mianmian.

El niño también había dormido y aún estaba adormilado. Parpadeaba lento y se frotaba los ojos con las manitas.

Lin Yi lo tomó con naturalidad, como si ya lo hubiera hecho cien veces, y le habló cerca:

—Mira, Mianmian. Aquí nos vamos a quedar. ¿Bonito, no?

Había prometido paisajes hermosos.

Y, por una vez en su vida, estaba cumpliendo una promesa sin esfuerzo.

Mianmian miró alrededor, con ojos atentos.

Luego sonrió apenas, con los labios fruncidos.

Los hoyuelos aparecieron de inmediato.

Lin Yi sonrió también.

—Entonces… ¿nos instalamos?

Mianmian asintió.

Entraron juntos.

Dentro de la posada ya había llegado otro dúo invitado.

El adulto era una celebridad masculina muy popular: sonrisa fácil, apariencia inofensiva, el tipo de “príncipe” que se ganaba al público con solo saludar.

El niño era un actor infantil que había aparecido en varias películas y dramas.

No eran padre e hijo reales, sino una pareja temporal que el programa vendía como “papá por un día y niño adorable”.

En cuanto Lin Yi vio al adulto, levantó una ceja, pero esta vez no era diversión.

Era reconocimiento.

—…Qué coincidencia.

He Nian.

Su primo.

Y una de las razones principales por las que el antiguo dueño del cuerpo terminó con esa reputación horrible.

He Nian sonrió cálido, impecable, como si fueran familia feliz.

—Primo, ya llegaste.

Si alguien no los conociera, juraría que eran cercanos.

Lin Yi respondió con un simple:

—Mm.

Nada más.

Pero el “mm” fue suficiente para que el ambiente cambiara un poco.

He Nian sintió la diferencia, aunque no supo describirla. Lin Yi tenía los mismos rasgos… pero ahora lo miraba como si lo estuviera midiendo.

El chat se emocionó.

“¿Son familiares?”
“¡Ay, se viene la guerra!”
“Los estatus son mundos aparte.”
“Pero Lin Yi está más guapo, eso sí.”
“He Nian tiene 20M de seguidores, Lin Yi ni con bots.”
“¿Por qué Lin Yi no se va?”

A pesar del veneno del chat, afuera todo era armonía de cámara.

He Nian siguió actuando perfecto.

Sacó un peluche de su bolso y se agachó frente a Mianmian.

—Mianmian, traje un regalito. Los otros niños también tienen.

El público se derritió.

“He Nian es un santo.”
“Siempre tan considerado.”
“Hasta trae regalos… qué hombre.”

Mianmian miró el peluche.

Luego miró a Lin Yi.

Y negó con la cabeza.

No con rabia.

Con firmeza.

He Nian se quedó un segundo en el aire, pero sonrió y lo intentó de nuevo, acercando un poco el regalo.

—Tómalo. De verdad es lindo.

Mianmian negó otra vez, más decidido.

Y se acercó apenas hacia Lin Yi, como refugiándose en su lado.

Lin Yi no dijo nada, pero su expresión se suavizó un instante.

He Nian guardó el peluche con elegancia.

—Parece que no le gustó… la próxima le traigo otro.

La escena pasó… por fuera.

Por dentro, algo ya había quedado marcado.

Lin Yi dejó el equipaje en un rincón y fue al baño a lavarse las manos.

Apenas cerró el grifo, vio el reflejo de He Nian entrando detrás.

Lin Yi levantó la mirada a través del espejo.

Fría.

He Nian sonrió como si estuvieran en una reunión familiar.

—Primo, ¿en qué has estado ocupado últimamente?

Lin Yi tomó una toalla de papel, se secó con calma.

—En cosas pequeñas.

He Nian soltó una risita y bajó el tono.

—¿Sigues molesto por lo de aquella entrevista? Te juro que yo no sabía que iban a tratarte así. Incluso… pensé en mandar una carta de abogado.

Lin Yi alzó una ceja, sin emoción.

—Hazlo.

He Nian parpadeó.

—¿Qué?

—Mandar la carta. Dijiste que ibas a hacerlo.

El silencio se hizo incómodo.

He Nian carraspeó, buscando salida.

—Primo… tú sabes que en esta industria… no es tan simple. Yo solo soy un trabajador más, no tengo tanto poder…

Su voz traía el victimismo exacto: el que obligaba al otro a consolarlo.

Antes, el Lin Yi original lo habría hecho.

Pero Lin Yi tiró la toalla al bote y habló con una calma quirúrgica:

—Si no vas a ayudar, no lo vendas como si ya lo hubieras hecho. Y menos intentes que yo te lo agradezca.

He Nian se quedó helado.

Así que no era imaginación.

Su primo realmente era otro.

Lin Yi salió del baño.

He Nian lo siguió con prisa, cambiando el tema con rapidez.

—Ah, por cierto… como tú y el señor Huo ya están juntos, aún no los felicito. ¿Qué tal si paso a saludarlos cuando se pueda?

Ahí estaba.

La verdadera intención.

He Nian quería entrar por Lin Yi… para acercarse a Huo Jihan.

Lin Yi se detuvo y lo miró.

He Nian sostuvo la sonrisa, pero tragó saliva. La mirada de Lin Yi era demasiado serena, demasiado pesada, como si estuviera viendo a través de él.

Finalmente, Lin Yi habló:

—Ya veremos.

He Nian forzó una risita.

—¿Cómo que “ya veremos”? Solo quiero felicitarlos…

Lin Yi sonrió con cortesía impecable.

—El regalo basta. Tu presencia no es necesaria.

He Nian se quedó sin palabras.

—¿Estás… bromeando?

Lin Yi mantuvo la sonrisa.

—Adivina.

He Nian se quedó ahí, sin saber si acababan de cerrarle la puerta… o si lo habían invitado a entrar solo para humillarlo después.

Y por primera vez, sintió algo que no le gustó nada.

No entendía a Lin Yi.

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