El Padrastro De Repente Se Volvió Popular - Capítulo 22

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Hoy el equipo de producción invitó a los huéspedes a pescar cangrejos de río.

El lugar estaba en la colina detrás de la posada rural. Tras media hora de caminata entre senderos de tierra y hierba húmeda, el grupo finalmente llegó.

Ante ellos se extendía un estanque amplio, alimentado por agua que fluía tanto desde río arriba como hacia río abajo. El movimiento constante mantenía el agua clara y brillante.

Lo más llamativo era la vasta extensión de flores de loto.

Las hojas verdes, exuberantes y superpuestas, formaban una alfombra continua sobre la superficie. Entre ellas, los lotos florecían frescos y elegantes, como pinceladas rosadas en un cuadro natural.

Todos quedaron cautivados.

En la transmisión en vivo, los comentarios no tardaron en aparecer.

—“Este sí es un auténtico paisaje rural.”
—“Se nota que no hay contaminación, el agua está limpísima.”
—“¡Yo también quiero ir a esa posada!”

Lin Yi también se quedó contemplando el paisaje.

En su vida anterior había nacido en la ciudad y trabajado siempre en oficinas. Apenas había tenido contacto real con la naturaleza. Ahora, frente a aquella escena serena y viva, sintió que el aire mismo le despejaba el pecho.

Después de observar un poco más, notó algo que lo emocionó aún más.

—¡Hay vainas de loto!

Se acercó unos pasos al borde del estanque, se inclinó y arrancó una con cuidado.

Al verlo, los demás invitados hicieron lo mismo.

Lin Yi regresó junto a Huo Mianmian, sosteniendo la vaina.

—Mianmian, esto es una vaina de loto. Se puede comer.

Era la primera vez que el niño veía algo así. La miró con atención, sus ojos oscuros llenos de curiosidad. Después extendió la mano y la tocó con delicadeza.

Lin Yi sonrió.

—Déjame pelarte una semilla.

Con movimientos pacientes, extrajo una semilla, la peló, retiró el pequeño corazón amargo del centro y se la ofreció.

—Toma, pruébala.

Huo Mianmian abrió su boquita y la masticó.

Al instante, sus grandes ojos brillaron.

—¿Está buena? —preguntó Lin Yi.

El niño asintió con energía.

Lin Yi partió la vaina por la mitad y le entregó una sección.

—Ahora intenta pelarlas tú mismo.

Huo Mianmian se concentró con seriedad en la tarea. Sus pequeños dedos trabajaban torpemente pero con dedicación.

Mientras tanto, Lin Yi peló varias semillas más y las fue comiendo. Eran crujientes, jugosas y ligeramente dulces.

Al cabo de un rato, miró de reojo al niño… y se sorprendió.

Huo Mianmian seguía pelando, pero no había comido ninguna.

—Mianmian, ¿por qué no comes?

Pensó que quizá quería juntar varias para comerlas todas de una vez.

Sin embargo, el pequeño levantó las semillas que había pelado y, mirándolo con absoluta sinceridad, dijo:

—Papá, come~.

Había estado pelándolas para él.

El corazón de Lin Yi se ablandó por completo.

—Nuestro Mianmian es demasiado bueno.

Le acarició suavemente la mejilla redondita. El niño sonrió y apareció un pequeño hoyuelo en su rostro.

En la transmisión en vivo:

—“¡Yo también quiero semillas peladas por Mianmian!”
—“Otro día envidiando a Lin Yi.”
—“¡¡Es tan obediente!!”

Pronto, los adultos se prepararon para entrar al estanque a pescar cangrejos de río.

En ese momento comenzó a caer una llovizna ligera.

No era mucha para los adultos, pero los niños podían resfriarse fácilmente. El equipo de producción les entregó hojas de loto grandes para que se protegieran.

Huo Mianmian sostuvo una hoja por el tallo con su pequeña mano y la levantó sobre su cabeza como un paraguas improvisado. Se puso en cuclillas junto al estanque, observando atentamente a Lin Yi.

Pequeño y redondo, parecía una bolita de arroz glutinoso.

Llevaba una sudadera rosa suave que hacía resaltar aún más su piel clara y su expresión delicada. Sosteniendo la hoja verde, se veía adorable hasta el extremo.

—“¿Qué sentido tiene la vida si no puedo tener un Mianmian?”
—“Quiero raptarlo.”

Lin Yi se arremangó los pantalones hasta las rodillas y entró al agua con un balde y una red.

Shen Feng, que tenía un miedo casi irracional a cualquier criatura con pinzas o picos —igual que cuando le asustaron las gallinas el primer día—, no se atrevía a actuar solo y se pegó a Lin Yi.

Y además, no dejaba de hablar.

—Lin Yi, ¿ya atrapaste alguno?
—Oye, esas pinzas están enormes. Si te pellizcan, ¿se hincha durante días?
—Lin Yi…

Lin Yi ya conocía lo molesto que podía ser.

Se giró con resignación.

—Si estás tan asustado, ¿por qué no te quedas en la orilla?

Shen Feng levantó la barbilla con dignidad.

—¿Asustado? Por favor. Solo no tengo ganas de pescarlos yo mismo.

Lin Yi lo miró en silencio.

La parte más dura de Shen Feng definitivamente era su boca.

Sin previo aviso, levantó la red frente a él.

—¡Mira! ¡Cangrejos de río!

—¡¡Ahhhh!!

Shen Feng saltó casi un metro.

Lin Yi estalló en carcajadas.

—¿No que no tenías miedo?

Shen Feng, rojo de vergüenza, gruñó:

—¿No estás siendo infantil?

Lin Yi arqueó una ceja.

—Solo un poco.

En la transmisión:

—“Pollo chillón confirmado.”
—“Es demasiado vívido.”

A pesar de todo, Lin Yi atrapó más de una docena de cangrejos regordetes y vivaces.

Regresó a la orilla y dejó el balde junto a Huo Mianmian.

—Mian, cuídalos. Voy por más.

El niño asintió solemnemente.

Se agachó frente al balde y observó fascinado a las pequeñas criaturas. Cuando uno intentó escapar trepando por el borde, abrió los ojos.

Estuvo a punto de empujarlo con la mano… pero recordó las pinzas.

Rompió un trozo del tallo de la hoja de loto y lo usó para empujarlo hacia adentro.

—No puedes escapar. Quédate en el balde —susurró con seriedad.

Era una tarea que papá le había encargado. Tenía que cumplirla bien.

En la transmisión:

—“Es demasiado inteligente.”
—“Protege la misión como un guardián.”

Después de un largo rato, regresaron a la posada.

Shen Feng no había atrapado ni uno.

Song Yutao lo miró con desdén.

—¿No atrapaste ninguno?

—¿Y quién dijo que tenía que hacerlo? —respondió Shen Feng con orgullo herido.

—Entonces, ¿qué vamos a comer?

—¿Me lo preguntas a mí? ¡Atrápalos tú!

Song Yutao: “…”.

Tenía cinco años.

Otro día más queriendo cambiar de tío.

Lin Yi no sabía cocinar cangrejos de río.

Pero en esta era digital, aprender era sencillo.

Sacó su teléfono, buscó recetas y comenzó a prepararlos.

Decidió hacer dos sabores: picante y adormecedor, y ajo.

Sorprendentemente, sus movimientos eran bastante fluidos. Después de tantos días cocinando en el programa, había adquirido experiencia.

Pronto, dos ollas fragantes estuvieron listas.

Además, separó el caldo picante, añadió un paquete de fideos instantáneos y los dejó absorber todo el sabor.

El aroma era irresistible.

—Parece que cocinar no es tan difícil. Si pierdo mi trabajo, puedo abrir un restaurante.

Luego recordó que, incluso si lo perdía, su marido le transfería cinco millones de yuanes al mes como asignación.

Pensándolo bien… pronto sería la siguiente transferencia.

Casi se le escapa una sonrisa frente a la cámara.

—“Esa sonrisa… algo bueno está pensando.”
—“Linlin se ve peligrosamente feliz.”

En la mesa, Huo Mianmian esperaba obedientemente.

Cuando Lin Yi sacó una cerveza fría, los ojos del niño se iluminaron.

—Los niños no beben alcohol. Tú leche.

Colocó un vaso frente a él.

Mianmian lo aceptó sin protestar. Bebió un sorbo. Dulce.

Se sintió envuelto en un suave aroma lácteo.

Padre e hijo comieron con gusto.

El aroma atrajo inevitablemente a Shen Feng y Song Yutao.

He Nian intentó invitar a Shen Feng a su mesa para acercarse a él, pero antes de que terminara la frase, Shen Feng ya se había sentado frente a Lin Yi.

Lo miró fijamente.

Lin Yi siguió comiendo.

Tras varios segundos incómodos, Shen Feng soltó:

—Aunque me invites, no comeré.

Lin Yi levantó la vista.

—No planeaba invitarte.

Shen Feng se atragantó.

Finalmente, Song Yutao intervino con sinceridad:

—Hermano Lin Yi, ¿puedo comer un poco?

—Claro.

El niño se sentó feliz.

Shen Feng parecía un husky abandonado.

Al final murmuró:

—¿Yo también puedo…?

—Adelante.

Comió con entusiasmo.

Más tarde, los adultos decidieron ir por más cangrejos. Los niños se quedaron en casa con Zhao Jin.

Antes de irse, Lin Yi se agachó frente a Huo Mianmian.

—Portate bien mientras no estoy.

El niño tiró suavemente de su manga.

Quería ir.

Lin Yi se derritió, pero mantuvo su decisión.

—Es muy lejos. Te cansarías. Además, los otros niños tampoco van.

Quería que Mianmian aprendiera a interactuar sin depender siempre de él.

El niño dudó… y asintió.

Cuando Lin Yi se fue, dio dos pasos para seguirlo, pero se detuvo.

Lo miró hasta que desapareció.

Su pequeña figura parecía aún más diminuta en la sala.

Más tarde, cuando Lin Yi regresó, Huo Mianmian corrió hacia la puerta y se aferró a su pierna.

—¿Aún no duermes, mi tesoro?

Asintió.

Zhao Jin suspiró exageradamente.

—Intenté todo, pero no me hizo caso. Tú no haces nada y te abraza.

Lin Yi sonrió con orgullo.

—Es un hecho.

Esa noche, padre e hijo se lavaron y se acostaron juntos.

Huo Mianmian, con las mejillas rosadas por el vapor, se acurrucó contra Lin Yi como un gatito.

—¿Saltamos el cuento y vemos dibujos animados?

Asintió de inmediato.

Sin embargo, mientras miraban, el más absorto resultó ser Lin Yi.

—Vaya, el diseño está bien hecho…
—Ese animalito es adorable…

Huo Mianmian lo miró en silencio.

En realidad, las caricaturas no le interesaban tanto.

Pero si a papá le gustaban… entonces a él también.

En la transmisión:

—“¿Quién está viendo a quién?”
—“No lo arruinen, déjenlo creer que es por el niño.”

La noche avanzó con el suave resplandor de la pantalla iluminando sus rostros.

Y, como siempre, Huo Mianmian se durmió aferrado a Lin Yi.

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