El Padrastro De Repente Se Volvió Popular - Capítulo 134

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  4. Capítulo 134
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Cerca de las nueve de la mañana, un sonido extraño comenzó a escucharse fuera de la ventana del hotel.

—Dong, dong, dong…

—Dong, dong, dong…

Sonaba como si alguien estuviera golpeando madera de forma rítmica.

En la gran cama del dormitorio, una pequeña bolita de masa se movió inquieta bajo la colcha. Se arqueó, rodó un poco… y, tras unos segundos, se incorporó.

Huo Mianmian había dormido muy bien. Un par de mechoncitos en la coronilla se le levantaban rebeldes, dándole un aire aún más adorable y travieso.

Parpadeó con ojos somnolientos y miró hacia la ventana, curioso.

—Dong, dong, dong…

El sonido seguía.

Huo Mianmian se quedó sentado en la cama con la carita llena de duda.

¿Qué era ese ruido?

En ese momento, Lin Yi también lo oyó y se despertó poco a poco.

La noche anterior habían dormido los tres juntos, pero Huo Jihan no estaba en ese instante; probablemente había salido a ocuparse de algo.

Cuando Lin Yi abrió los ojos, lo primero que vio fue a su bebé con la cabeza ladeada, como si “levantara las orejas” para escuchar.

Recién despierto, Huo Mianmian tenía la cara rojita como un melocotón. Sus ojos grandes, bonitos, parpadeaban con inocencia; sus pestañas largas temblaban suave.

Lin Yi sonrió y se incorporó.

—Bebé, ¿qué haces?

Como si hubiera descubierto un secreto enorme, Huo Mianmian se apresuró a compartirlo:

—Papá, escucha.

Y justo entonces volvió a oírse el ruido.

—Dong, dong, dong…

—Dong, dong, dong…

Los ojos de Huo Mianmian se abrieron como dos gemas negras.

—Papá, ¿lo oíste? ¡Es ese sonido!

Lin Yi rio bajito.

—Sí, lo oí.

Y, de hecho, casi adivinaba qué era.

Pero Huo Mianmian aún era pequeño, no había visto tantas cosas y no podía imaginar qué lo provocaba. La curiosidad le picaba en todo el cuerpo.

Lin Yi, por supuesto, no pensaba negárselo.

Lo llevó a lavarse y luego, de la mano, salieron a averiguar de dónde venía el sonido.

Cuando rodearon el hotel y llegaron al bosque frente a la ventana de su dormitorio, el golpeteo se volvió mucho más claro.

—Dong, dong, dong…

Huo Mianmian abrió bien los ojos, buscando por todas partes.

Tras unos segundos, lo encontró.

En el tronco de un árbol grande había un pájaro carpintero, firme, picoteando con su pico afilado.

—Dong, dong, dong…

—Dong, dong, dong…

Los ojos de Huo Mianmian se abrieron todavía más.

—¡Es un pájaro carpintero!

Era la primera vez que veía con sus propios ojos cómo picoteaba un tronco.

Se quedó clavado como un pequeño explorador ante un descubrimiento importante.

Lin Yi lo observó con una sonrisa, disfrutando también de aquella escena sencilla.

Después de mirarlo un buen rato, Huo Mianmian preguntó con absoluta seriedad:

—Papá… si el pájaro carpintero pica todo el tiempo, ¿no le duele el pico?

Lin Yi lo pensó un poco.

—No debería doler… ¿no? Si le doliera, no seguiría picoteando.

Huo Mianmian se tapó la boca con las dos manitas, como si él fuera el que había recibido el golpe.

—Pero… debe doler mucho.

Lin Yi soltó una carcajada.

—¡Jajaja!

¡Era demasiado tierno!

Luego, con curiosidad renovada, Huo Mianmian preguntó:

—¿Y por qué los pájaros carpinteros pican los árboles? ¿De verdad hay insectos adentro?

Lin Yi explicó con paciencia:

—Por lo general, lo hacen para buscar insectos y comérselos. Pero algunos también hacen agujeros para guardar comida, como nueces.

Huo Mianmian se asombró al instante.

—¡Son muy inteligentes!

—Sí —Lin Yi le despeinó suavemente—. La naturaleza tiene muchos animalitos increíbles. Si te gusta, en el futuro podemos pasear más y ver otras cosas.

Huo Mianmian sonrió, feliz, con las cejitas curvadas como una lunita.

—¡Sii~!

Se quedaron un rato más observando hasta que el pájaro carpintero por fin atrapó un insecto y se fue volando.

Padre e hijo regresaron al hotel satisfechos.

°°°

Al llegar al vestíbulo, vieron a Huo Jihan.

Estaba sentado en un sofá con una laptop sobre las rodillas, en medio de una videoconferencia. Su expresión era seria, la postura recta, impecable.

Lin Yi no lo interrumpió. En cambio, llevó a Huo Mianmian a desayunar.

El desayuno era estilo occidental: leche, pan, sándwiches, tocino…

Lin Yi se sentó, bebió un poco de leche y tomó un sándwich.

Huo Mianmian lo imitó. Bebió leche con mucho cuidado y luego agarró el sándwich.

Para él, era enorme: no podía sostenerlo con una sola mano y tuvo que usar sus dos manitas.

Le dio un gran mordisco.

Se le inflaron las mejillas y la boca quedó tan llena que parecía un hámster.

Lin Yi lo miró, encantado.

—Nuestro Mianmian es bien fácil de cuidar. No es quisquilloso con la comida.

Huo Mianmian, al ser elogiado, mordió con más ganas todavía.

Ahora sí parecía un hámster profesional.

Lin Yi no pudo evitar reír.

En ese momento, Huo Jihan entró al restaurante.

Llevaba una camisa gris hierro, lo que lo hacía ver más sereno… y más insondable.

Se acercó, sacó la silla junto a Lin Yi y se sentó a su lado.

Mientras Lin Yi pinchaba un trozo de tocino con el tenedor, preguntó:

—¿Todavía no desayunaste?

—Ya comí —respondió Huo Jihan en voz baja—, pero me quedo contigo.

Lin Yi no pudo evitar sonreír.

Le acercó el tocino con el tenedor.

—¿Quieres probar? Está buenísimo.

Huo Jihan lo aceptó, lo masticó un par de veces.

—Sí. Está rico.

—Entonces toma otro.

Lin Yi le ofreció otro trozo.

Y justo cuando el ambiente estaba dulce y natural, desde la puerta del restaurante se escuchó un grito emocionado:

—¡Hermano y cuñada! ¿Por qué son tan dulces?

Era Huo Mengyan.

A su lado, Qing Ling no dijo nada… pero su expresión lo decía todo.

Lin Yi, muy tranquilo ante cualquier situación, alzó la vista hacia los cuatro en la puerta y sonrió:

—¿Qué? ¿También quieren una parte?

Ji Yunchuan respondió al instante, con instinto de supervivencia:

—¡No, no, no! Si me como algo de mi cuñada, me da miedo que el hermano Huo me mate a golpes.

Huo Jihan lo miró con frialdad.

Ji Yunchuan retrocedió dos pasos.

—Hermano Huo… no me mire así, da mucho miedo.

Todos soltaron una risa.

Luego, empezaron a hacer maletas.

Al fin y al cabo, el viaje era de tres días… y ese ya era el tercero.

Pronto, el grupo caminó hacia la playa con el equipaje.

Iban a partir en barco.

Huo Mengyan suspiró, con un puchero.

—No me divertí lo suficiente. Tres días es demasiado poco.

Luego le sonrió a Lin Yi:

—Cuñada, si estás libre, podemos venir seguido.

Lin Yi asintió.

—Claro.

Ji Yunchuan levantó la mano de inmediato.

—¡Inclúyanme! ¡No se olviden de mí!

Eran personas cercanas, y por eso todo se sentía ligero, animado, cálido.

Poco después llegaron a la playa.

Una brisa marina fuerte les golpeó el rostro.

Huo Jihan reaccionó al instante, colocándose delante de Lin Yi y Huo Mianmian para protegerlos.

La familia de tres quedó junta, apretada… y esa imagen era cálida por sí sola.

Detrás, los otros cuatro solteros soportaron el viento sin refugio.

Y, por alguna razón, a todos les dio envidia.

No envidia superficial, sino esa que nace al ver algo que uno también desea: una familia pequeña, feliz, con calor.

Cuando el viento aflojó, Huo Jihan soltó a Lin Yi y a Huo Mianmian y los llevó al barco.

Los otros cuatro se quedaron un poco atrás.

Huo Mengyan suspiró otra vez.

—De repente envidio a mi hermano mayor… tiene a su amante y a un bebé lindo.

Después de aquella relación que la había decepcionado, había jurado cerrar el corazón. Pero al ver esa escena, el anhelo volvía a moverse dentro de ella.

Ji Yunchuan asintió, conmovido.

—El hermano Huo estuvo soltero más de treinta años… y al final encontró a su persona. Es feliz de verdad.

°°°

A las tres de la tarde, el grupo regresó a la capital.

Al bajar del barco, ya los esperaba un conductor.

Un Bentley negro estaba estacionado a un lado.

Huo Mianmian, quizá un poco mareado por el viaje, caminó directo hacia la cabina del conductor sin darse cuenta.

Subió con cautela… y solo al sentarse se dio cuenta de algo.

Miró al frente, confundido.

—¿Por qué… por qué hay un volante?

Lin Yi no pudo evitar sonreír.

—Cariño, ¿vas a ser el conductor?

Huo Mianmian parpadeó, bajó del asiento con torpeza y luego volvió a mirar, como si estuviera evaluando el puesto.

Lin Yi, divertido, lo animó:

—Está bien. Tú conduce. Nosotros somos los pasajeros.

Eso encendió su interés.

Huo Mianmian volvió a subir, agarró el volante y lo giró con seriedad, como si de verdad estuviera manejando.

Total, el auto ni siquiera estaba encendido.

Lin Yi aplaudió con entusiasmo, actuando de manera dramática:

—¡Guau! ¡Nuestro Mianmian conduce increíble! ¡Qué habilidades!

Los demás aplaudieron también, siguiéndole el juego.

Huo Mianmian se emocionó aún más. Tomó el volante con ambas manos y lo giró con máxima concentración.

Ese día llevaba un mono blanco y un sombrerito de sol con dos “cuernitos”.

Parecía un conductor profesional en miniatura.

Verlo ahí, “manejando”, hacía reír a cualquiera.

Cuando ya jugó lo suficiente, Lin Yi lo bajó del auto.

Por fin, el conductor real ocupó su lugar y encendió el coche.

De regreso a la ciudad, cada quien tomó su rumbo.

Excepto Lin Yi y Huo Mianmian, todos tenían trabajo pendiente.

Al final, padre e hijo regresaron a la zona de la villa.

Cuando entraron a casa, Lin Yi se sintió increíblemente cómodo y tranquilo.

Salir es divertido, sí…

pero el hogar siempre es el refugio eterno.

El mayordomo y los sirvientes los recibieron con alegría.

—¡El señor Lin y el joven maestro han vuelto!

—Señor Lin, ¿tiene hambre? Le pediré a la cocina que prepare algo.

—El joven maestro estuvo fuera varios días… ¿creció un poquito?

Entre saludos, Lin Yi y Huo Mianmian entraron a la sala.

Lin Yi repartió algunas especialidades que había traído de la isla.

—Vengan, prueben. A ver si les gusta.

—¡Gracias, señor Lin!

—¡Qué amable!

La conversación fluyó con calidez.

El mayordomo fue a pedir que prepararan comida rica.

Mientras esperaban, Lin Yi sacó su celular para jugar.

Huo Mianmian se quitó los zapatos, se subió al sofá y se recostó contra Lin Yi, mirando la pantalla con atención.

Lin Yi jugaba un juego casual: controlaba a un muñequito que corría y saltaba obstáculos.

En un momento, se distrajo.

El personaje no alcanzó a subir… y cayó de espaldas con un sonido muy realista.

—¡Pah!

El efecto sonoro era exageradamente vívido.

Y, por alguna razón, eso hizo que Huo Mianmian estallara en risa.

—¡Jajaja!

Lin Yi giró la cabeza, sorprendido.

—¿Es tan divertido?

Huo Mianmian se reía con toda la cara.

—¡Sí! ¡Ese pequeñito es muy gracioso! ¡Jajaja!

Cuando el personaje se levantó, Lin Yi intentó pasar el obstáculo… y a propósito lo hizo caer otra vez.

—¡Pah!

—¡Jajajajaja!

Huo Mianmian se rio tanto que se dobló, y al final cayó en los brazos de Lin Yi.

Lin Yi lo atrapó, riéndose también.

¿De verdad era tan chistoso?

Lo hizo por tercera vez.

Subió… y cayó.

—¡Pah!

Huo Mianmian se reía hasta que no se le veían los ojos, mostrando una hilera de dientecitos blancos y limpios.

Aunque Lin Yi no entendía del todo el punto de risa, eso no le impidió repetirlo una y otra vez, solo para escuchar esa risa.

Huo Mianmian rio hasta quedarse sin aire.

Cuando por fin paró, se quedó quietito, recuperando fuerzas.

Lin Yi le preguntó, divertido:

—¿Por qué ya no te ríes?

Huo Mianmian respondió con total seriedad:

—Porque estoy muy cansado de reír. Tengo que descansar un rato… y luego vuelvo a reír.

Se frotó la carita con las manitas, como si le dolieran las mejillas, haciendo una expresión un poco amarga.

Con esa carita regordeta, apretada por sus manitas, parecía todavía más esponjoso.

Lin Yi estalló en risa.

—Jajaja… está bien, descansa un ratito. Luego nos reímos otra vez.

Su bebé era realmente único.

Hasta para reír… tenía que tomar pausas.

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